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domingo, 15 de septiembre de 2024

Pequeñas cartas indiscretas (Thea Sharrock 2023)

 

Una pequeña joya británica, un cine basado en la fuerza del guion y en la calidad de las interpretaciones, "Pequeñas cartas  indiscretas" es una de esas películas que pueden pasar desapercibidas porque no disponen de todos esos elementos que convierten una película en espectáculo, pero tiene todo lo que necesita una película para ser una "buena" película, Es uno de esos casos en los que la noticia te llega más por el amigo que la vio que por alguno de esos críticos interesados en la necrofilia fílmica.

Empezando por el principio, la fortaleza del guion de Jonny Sweet (Reino Unido 1985), basado en una historia real que parece fantástica, llevado entre el thriller local, la crítica de costumbres y un fondo de crítica cultural que pasa a primer término, Es una radiografía detallista, con ese punto de humor británico, que no reduce la crudeza de la propia historia de esas tres mujeres y, finalmente, del concepto de lo femenino, de lo religioso y de la propia convivencia,

Para que esto funcione hace falta una dirección inteligente, como la que aporta la directora Thea Sharrock, capaz no solo de no perder las sutilezas de la historia dentro del conjunto de la narración, sino de aportar una estética unitaria que da el tono general al filmen. Estupenda comprensión de la historia, de las dos dimensiones, la particular de los personajes y la general del momento, de la social y sus vicios. Comedia, drama, sátira social... la película es llevada con firmeza a través de estos registros, transitando de unos a otros. Magnífica la fotografía que nos retrata ambientes de la intimidad y los locales del pueblo, el escenario social.

El tercer nivel es el de la interpretación, aquel en el que las ideas, hechos y sentimientos se hacen carne bajo la piel de los actores, en este caso realmente bien dirigidas para mostrarnos ese mundo "incompleto", "limitado" de las tres protagonistas. La increíble Olivia Colman (¡que actriz, capaz de pasar de ser reina a mendiga!) en el papel de la frustrada y reprimida Edith Swan; en contraste con ella, la irlandesa Jessi Buckley en el papel de la vitalista y maleducada Rose Gooding; cierra el trío femenino sobre el que gira la trama Anjana Vasan, en el papel de Gladys Moss,  la "policía femenina" (entenderán las comillas quienes vean la película) que actúa con enorme inteligencia en un personaje que está atrapado por el silencio en muchas ocasiones,


Estos tres personajes tienen su contraste diferente con el extraordinario Timothy Spall, un actor habitual en nuestras pantallas pero al que pocas veces le hemos visto hacer un papel tan complejo y compacto. Una auténtica demostración de inteligencia interpretativa. Hace eficaz pareja con él la actriz Gemma Jones en el papel de su esposa y madre de Edith Swan (O. Colman)

Puesto que una de las líneas que cruzan el filme es el de la hipocresía, la del fariseísmo, es importante resaltar esta forma de actuar en la que se dice lo contrario de lo que se piensa, se piensa lo contrario de lo que se muestra y donde los silencios son muy expresivos, no solo del personaje sino de su capacidad de expresión ante los otros. Hace falta comprender la motivación profunda que el propio personaje no llega a entender. Extraordinaria la escena final en su lucidez.


Lo real de la historia es el cierre, lo que permite recuperar una forma social o cultural para entender su crítica desde un presente preocupante. Lo que podía haber sido una película excesivamente "didáctica" se convierte, gracias a lo resaltado anteriormente, en un completo ejercicio de indagación en las personas, en sus inseguridades, en sus capas múltiples, en su preocupación por lo que los demás vean en nosotros.

En este sentido, la historia en sí y el filme que la trae a la vida, es una indagación, a través de tres mujeres muy distintas, víctimas de una forma u otra, de una forma de dominación o anulación. No hay discursos, sino acciones; hay más preguntas que respuestas. Hay emoción y esa verdad que necesitamos para llegar a ella.

La historia ocurrió en los años 20, hace un siglo, pero el problema es absolutamente actual, un mundo de difamaciones e insultos. La comedia, como lo debe hacer la auténtica comedia, es la crítica de los vicios sociales. Esta lo hace. Ríete y piensa.

Se estrenó en abril y se puede ver en Moviestar+.

Joaquín Mª Aguirre 

 

Pequeñas cartas indiscretas (2023)    

Directora: Thea Sharrock

Guion: Jonny  Sweet

Intérpretes: Olivia Colman, Jessi Buckley, Anjana Vasan, Timoty Spall, Gemma Jones, Alisha Weir, Malachi Kirby...

Producción: británica

domingo, 25 de febrero de 2024

Ferrari (Michael Mann 2023)


Los denominados "biopics" suelen tender hacia ciertos formatos próximos al documental. Ferrari, la película de Michael Mann con la vida del ingeniero y propietario de la famosa empresa automovilística, se aleja de ese modelo y va en busca de otros formatos.

El filme tiene tres niveles destacados: el automovilístico, con sus modelos y carreras; el empresarial, con la supervivencia de fondo; y un tercero, el fundamental, el que indaga en la relaciones personales entre Enzo (Adam Shiver), Laura Ferrari, su esposa (Penélope Cruz)) y su amante, Lina Lardi (Shailene Woodley).

Lo primero que hay que señalar son dos aspectos esenciales sobre los que se construye la película. El primero es la solidez del guion, basado en una obra biográfica del periodista Brock Yates (1933-2016). Las páginas de información de la película hablan de un proyecto que comenzó a tejerse en el año 2000, lo que significa más de 20 años para su estreno, múltiples actores propuestos para el papel principal y muchas manos en el proyecto. Finalmente está aquí, en las pantallas. Creo que el resultado merece la pena. El guion es muy sólido y los motivos profundos que marcaron la vida de Enzo Ferrari van saliendo a la luz a través de los diálogos y enfrentamientos entre los personajes.

Una película como esta solo sale a la luz con un compromiso de los actores con sus personajes. En esto los tres protagonistas cumplen con creces. Un convincente Adam Shiver, trabajando a fondo su personaje: un más que convincente Penélope Cruz en su papel pasional reprimido y una Shailene Woodley que logra encontrar un papel a su altura tras unos cuantos años sin dar con ello. Es un trío sobre el que se puede construir una historia compleja y convincente, subterránea y explosiva. El guion ofrece a los actores la posibilidad de convivir con ese dolor, con esas frustraciones interiorizadas que solo salen a la luz en los momentos en los que el director les crea un espacio en la película.

Hay momentos realmente emocionales entre los personajes, especialmente, entre una Penélope Cruz muy italiana y un Shiver recogido en su mundo de los negocios y una vida paralela con la que trata de convivir.

La película tiene una más que correcta dirección de Michael Mann, que sabe escoger esos momentos densos y darles el tratamiento visual adecuado para que los actores puedan expresarse con la intensidad requerida. Pese a los diferentes niveles y a su espectacularidad, Ferrari es un drama de descubrimiento sentimental, de explosión de lo reprimido bajo los silencios; es el afloramiento del dolor tras la máscara.


Pronto comprendemos que los coches, las carreras, el éxito no son más que bálsamos inútiles para el verdadero dolor, el que se manifiesta ante la visita diaria a la tumba del hijo perdido. Magníficas las escenas en esos diálogos que niegan la muerte para poder seguir viviendo.

Merece especial mención la magnífica fotografía de Erik Messerschmidt y el montaje de Pietro Scalia, que le dan empaque visual tanto en los momentos de intimidad como en la espectacularidad de las carreras.

Ferrari es una película meritoria, se sigue con interés en lo humano y en lo visual. A ello contribuye lo fluido de la historia con ese entrelazado de líneas antes señalado. Es una pena que ninguno de los dos guionistas llegara a ver en pantalla el filme, dado lo prolongado de su trayectoria. Que un proyecto vaya de mesa en mesa durante 20 años nos dice bastante de su complejidad, de las dudas y, finalmente, del interés despertado por un proyecto así, que da forma a la vida de Enzo Ferrari dándole un sentido que es probable que él mismo no pudiera percibir en la claridad que Michael Mann, los guionistas y los actores han sabido darle. Esa es la función del arte, dar formas y sentido a lo que puede no tenerlo; es una tentativa de explicación.

Podríamos entender esta película como una muestra de algo que solemos olvidar: la diferencia entre el éxito y la felicidad.

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Ferrari (2023)    

Director: Michael Mann

Guionistas: Troy Kennedy Martin (1931-2009) y Brock Yates (1933-2016)

Fotografía: Erik Messerschmidt

Intérpretes: Adam Shiver, Penélope Cruz, Sheilene Woodley, Gabriel Leone, Sarah Gadon, Jack O'Connell, Patrick Dempsey, Michele Savoia, Giuseppe Bonifati, Erik Haugen...

Duración: 130 minutos

Producción: USA, Reino Unido, Italia, China

domingo, 26 de noviembre de 2023

Napoleón (Ridley Scott 2023)

  


Confieso que no iba con muchas esperanzas a ver el Napoleón de Ridley Scott. No me había animado a ello el tráiler que había visto anteriormente en otras sesiones. Por el mismo motivo debo confesar que he disfrutado de ese Napoleón, de esas dos horas y media de metraje en el que se nos vuelve a presentar el personaje.

He seguido con agrado el suceder de las imágenes, los cambios de lo personal llevado hasta lo vulgar y de lo grandioso llevado hasta la barbarie. Creo que en ello reside esta especie de biografía anti biográfica, este canto —entre grandioso y ridículo— de un personaje que nos muestra que la Historia se escribe a base de muertes y ego.

Creo que uno de los aciertos de Scott es haber convertido esta película en una sucesión de "episodios", ¿qué otra cosa es la historia? Percibimos sin perjuicio alguno esos saltos a los momentos estelares en la historia, a esos momentos en los que la muerte llega a los campos de batalla. En este sentido, el guion de David Scarpa es magnífico en su labor de costura (unión de los episodios) y bordado (dibujo de los personajes y el contexto). El resultado final es esa certera mirada sobre lo próximo y el fondo del lienzo histórico.

La recreación espectacular de los momentos de las carnicerías sin fin no tiene como objetivo hacer una película bélica, como en muchos otros filmes, en los que se disfruta de esa espectacularidad. Scott ha buscado otra cosa, otra dimensión de lo bélico, especialmente contrastada con esa indiferencia de los gobernantes que sencillamente no piensan en el sufrimiento de sus decisiones para los que están allí.

Hay un gesto que se repite en Napoleón a lo largo de la película: se tapa sus oídos tras dar la orden de disparar de los cañones. Scott centra en ese signo la simbolización que le quiere dar al filme, su sentido al personaje.

A cada batalla que se nos muestra en pantalla, Scott le da un tratamiento unitario, un cierto estilo marcado por el propio espacio, por sus características. Cada batalla es esa conjunción del momento ajustado a un espacio propio que define la acción. Eso hace que su propia filmación sea única.

Los espacios de los palacios definen igualmente el marco de la vida de Napoleón, posteriormente de Napoleón y Josefina, magníficamente interpretados por Joaquín Phoenix y Vanessa Kirby, que escenifican su propia guerra a lo largo de su vida juntos y separados.

El filme recoge una visión del personaje histórico que roza lo bufo en ocasiones. ¿Cuál es el Napoleón verdadero, el que nos cuentan los biógrafos que buscan crear una figura en el panteón de los grandes hombres? Scott le da un tono a Napoleón que Phoenix traslada al personaje con acierto. No se trata de si es "cierto" o si "se acerca al Napoleón real". No hay un "Napoleón real", sino una construcción desde un punto de vista que lo puede mostrar "heroico", "megalómano", "vulgar", "despiadado"... según el interés. Lo único "real", que se nos da en los rótulos finales, son las muertes que la gloria conlleva.

El filme de Scott nos da tres planos para contarnos al personaje: el del campo de batalla, el de las intrigas y relaciones políticas tanto francesas como europeas para hacerse con el poder en cada nivel, y finalmente el de la vida privada, en donde se muestran las relaciones de Napoleón y Josefina. El gran Napoleón, el estratega, el político audaz, por un lado, y el amante vulgar, zafio, superado por una Josefina que hace del sexo su arma y de la natalidad su fracaso.

Hay muchas secuencias memorables en la película, como las que nos muestran a Napoleón frente a la momia en Egipto, la de la huida perseguido por los diputados cuando pretender hacerse con el poder en el triunvirato, la batalla de Austerlitz o la final de Waterloo.

Creo que el Napoleón de Ridley Scott es una buena película a la que el tiempo dará solera y maduración. Encontrará su público, algo que no va siendo fácil para muchos cineastas de generaciones anteriores, enfrentados hoy a una forma de ver, hacer y criticar cine que carecen de sintonía.

Scott no ha hecho esta película para el público mayoritario de hoy. Es una película hecha para sí misma, con un estilo diferente, una fotografía diferente y una forma de contar diferente a lo que se está haciendo.

Es, junto a Oppenheimer (Christopher Nolan) y Los asesinos de la Luna (Martin Scorsese), una de las tres películas grandes de 2023. Son películas grandes y grandes películas, son películas que son de enorme riqueza y calidad, pero no hechas para un público cada vez más cercano a fórmulas contrarias. Las tres películas definen un momento en el que el proyecto se opone al cálculo previo. Son tres cineastas de peso que deciden hacer tres películas contracorriente, apostando por el cine, por su historia, pos su evolución, más que por la taquilla, a la que no hay que despreciar, pero tampoco idolatrar. Hay muchas formas de definir el éxito.

La película de Ridley Scott está llena de amor por el detalle, por el ajuste a la realidad del momento, la realidad de los palacios y alcobas, la realidad de los campos de batalla. Merece la pena ver este Napoleón que nada tiene que ver con los napoleones anteriores, sin gloria. Obsérvese si no el momento de su muerte, una genialidad simple que nos dice mucho de lo que el filme contiene.

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

 


Napoleón (2023)   

Dirección: Ridley Scott

Guion: David Scarpa

Intérpretes: Joaquin Phoenix, Vanessa Kirby, Tahar Rahim, Rupert Everett, Mark Bonnar, Ben Miles, Riana Duce, Ludivine Sagnier, Edouard Philipponnat, Miles Jupp...

Producción: USA

Duración: 158 minutos

domingo, 1 de octubre de 2023

The Creator (Gareth Edwards 2023)

 

Ahora que tenemos todos los días en las noticias algo sobre la Inteligencia Artificial, The Creator nos presenta una perspectiva nueva, la de un mundo dividido entre humanos y simulantes. Pero creo que la película apunta a otro conflicto, esta vez de tipo geopolítico y especialmente el de la propaganda.

La Ciencia-Ficción siempre ha servido como crítica del presente proyectada hacia el futuro y The Creator nos habla tanto de hoy como de mañana. Es un mañana postnuclear, gestionado desde la política y desde una cultural imperialista que se percibe desde el inicio en la propia geografía que se nos propone.

The Creator es una buena película de Ciencia-Ficción. Es una película de género, pero que establece sus propias leyes que la hacen muy especial. Es una intensa historia de amor por encima del mundo, con sus golpes de guión. Pero es también una forma de plantear un problema de hoy proyectándolo hacia el futuro.

Toda película de Ciencia-Ficción tiene que crear o recrear un mundo, un momento en el que definir su forma. La manera elegida por Gareth Edwards, su director, y guionista junto a Chris Weitz, es un presente definido por la reclusión de los enemigos de la IA en Asia, adoptando sus formas y también una cultura budista que asumen como fondo.

La definición del universo creado, de su historia y acontecimientos, de sus hábitos y "normalidad" es esencial en la Ciencia-Ficción y de ello depende en gran medida la coherencia de la acción y nuestra capacidad para asumirla. En The Creator se nos ofrece un mundo coherente en el que se desarrolla una idea inicial simple que liga lo general (la guerra) con lo particular (la peripecia sentimental) convirtiendo al mismo objeto, en este caso una niña fruto de la Inteligencia Artificial, en la confluencia de ambas.

La historia está bien planificada en su sencillez, bien contada en su complejidad visual, y bien interpretada asumiendo los personajes el universo en el que se mueven. Es mérito de la dirección haber logrado dar cohesión al conjunto y hacer confluir las líneas hacia un final en el que todo se acelera. El espacio de los sentimientos deja lugar a la acción donde son los diseños de ese mundo tecnológico los que prevalecen. Una buena combinación entre mundos sin que se rompa la relación entre ellos.

Visualmente, la película es atípica en la Ciencia-Ficción que tiende más a mostrar la tecnología creada y a la concentración en espacio de este tipo. En The Creator hay una predilección por contrastar ambos mundos, el natural en el que habitan los simulantes, contemplado desde sus propias creencias budistas y espacios, frente al de la frialdad del producido por los norteamericanos, identificados como tales en esta guerra desigual.

Buenas interpretaciones de John David Washington, de una actriz como Allison Janney siempre pendiente de buenos papeles para dar lo bueno que tiene, con Gema Chan y la niña Madeleine Yunba Voyles. Presencia eficaz del veterano Ken Watanabe.

El director ha sabido crear un ambiente sórdido para este mundo contrastando los dos escenarios principales, el norteamericano y el asiático, donde logra recrear esas diferencias extremando los elementos culturales dándoles prioridad sobre los tecnológicos. La idea es que en ese mundo futuro, capaz de desarrollar las inteligencias artificiales con plena humanidad, los simulantes adoptan la humanidad en todas sus consecuencias.

Una película atípica en muchos aspectos, como ya lo era Rogue One dentro del universo Star Wars. Su fondo es la idea de "verdad oficial", de manipulación, del descubrimiento de una verdad aceptable.

Joaquín Mª Aguirre

 

 

The Creator (2023)    

Director: Gareth Edwards

Guion: Gareth Edwards y Chris Wietz

Intérpretes: John David Washington,Madeleine Yuna Voyles, Gemma Chan, Allison Janney, Ken Watanabe, Sturgill Simpson, Amar Chadha-Patel...

Nacionalidad: USA

domingo, 23 de julio de 2023

Oppenheimer (Christopher Nolan 2023)

Con Oppenheimer (2023), Christopher Nolan le da la vuelta a su "reversible" película anterior Tenet (2020). Si en aquella el tiempo fluía en diversas direcciones, en Oppenheimer Nolan ha apostado por un realismo en dos tiempos, con saltos entre ellos, pero manteniendo una linealidad, la de la Historia, la de los acontecimientos ligados unos con otros, aunque necesitados de constante lectura y relectura. En efecto, la Historia no son los acontecimientos, sino la forma en que los ordenamos para darles un sentido, que no es definitivo sino algo que se modifica conforme disponemos de más datos. En este sentido, Nolan sigue su preocupación por cómo leemos el mundo que nos rodea en su multiplicidad, en su incompletitud.

Oppenheimer es una serie de acontecimientos ocurridos ante la vista de todos, pero también de lo que permanece oculto en nuestras mentes y en los hilos que desconocemos. En este sentido, la película es un ejercicio de prestidigitación: mientras la acción se nos muestra con la mano derecha, es la izquierda la que está moviendo los hilos haciéndonos creer que lo que vemos es una realidad única, absoluta, compartida. Y nada más lejos de la realidad.

Las tres horas del filme son tres horas de descubrimiento y redescubrimiento. Las iniciales ideas sobre el mundo cuántico, un mundo dentro de otro mundo, son la gran metáfora que usa Nolan para describir que lo que percibimos es solo una apariencia, un engaño sensorial que nuestro cerebro acepta. El mundo no es sólido, como nuestro tacto nos hace creer, sino un vacío apenas rellenado.

Oppenheimer es algo más que una biografía de un científico. Es una seria reflexión sobre lo que entendemos y de cómo somos manipulados, empezando por la propia obra fílmica que nos muestra solo una parte de la realidad, siempre parcial porque implica un punto de vista, un espacio-tiempo percibido por una conciencia que lo vive, pero diferente en cada percepción. El incidente entre Oppenheimer (Cillian Murphy) y Albert Einstein (Tom Conti) es percibido por un tercero, Lewis Strauss (Robert Downey Jr.). Son tres momentos, tres percepciones, un acto poliédrico distinto para cada uno. Ver es suponer, interpretar.

Los dos tiempos de la película son resueltos por Nolan usando el blanco y negro y el color cuando es necesario. De la misma forma, el uso estilístico de encuadres y movimientos de cámara nos hacen sentir una "realidad" que distingue entre un aparente "documental" y uno dramático. Esto le permite jugar a Nolan con una amplia gama de registros que hace que se vayan marcando los niveles. Entre el plano del documental y otros plenamente expresionistas o incluso fantasías imaginadas por los personajes respecto a los otros, como ocurre en la escena en que Kitty Oppenheimer "ve" a Jean Tatlock (Florence Pugh) durante la vista.

Entre el realismo documental y la subjetividad de la mente, Nolan se mueve de un registro a otro con una fluidez extraordinaria. Técnicamente la película es impecable, algo que permite a los actores desarrollar su trabajo.

Cillian Murphy hace un trabajo interpretativo realmente apabullante. Le acompaña un actor que se reivindica a sí mismo, Robert Downey Jr. en un papel de enorme complejidad ya que supone el otro eje de la narración, integrada por dos espacios públicos, la sesión privada de aprobación de sus permisos para Oppenheimer y la sesión pública para el acceso a un puesto gubernamental. De esta forma, Nolan nos muestra que la "verdad" que ambos grupos buscan en cada caso es un elemento manipulable, una "convención" en la que el poder y la capacidad de manipulación determinarán finalmente que es "verdad".


Especial reconocimiento merecen las dos actrices principales en un reparto esencialmente masculino y de enorme brillantez en los papeles secundarios. Tanto Florence Plugh como Emily Blunt hacen unos trabajos magníficos, actuando como contrapunto de las preocupaciones de los hombres en ese mundo en el que se encuentran. Florence Pugh nos transmite con eficacia a la depresiva Jean Tatlock, todo el drama interior de su personaje, y Emily Blunt —una actriz capaz de dar vida a Mary Poppins y de ponerse a cazar narcotraficantes o alienígenas con el mismo convencimiento— nos muestra las diversas etapas de la pareja en su evolución. Un gran trabajo el de ambas.


El poder contar con tan buenos actores en papeles más pequeños es signo del entusiasmo que un buen guion y una sólida trayectoria fílmica pueden lograr. Como ocurre con otros grandes directores, lo buenos actores quieren quedar en sus filmes. Es la forma de ser recordados, de que su trabajo quede años por delante. Oppenheimer es una película que quedará, sin duda. Pese a su duración, se sigue con interés en todo momento.

Nolan usa el sonido de forma muy expresiva, no de simple acompañamiento. Le sirve para dar matices y sentido a determinados momentos de la película. Al igual que las metáforas visuales sobre el invisible mundo cuántico, el sonido también participa de esa corrientes simbólica que la película maneja frente al puro realismo de superficies (la verdad no es lo que ves, que es ilusión, percepción sensorial).


La película tiene sus diferentes dimensiones: política, científica, humana. Las primeras son las del poder (políticos, militares) y del control de trabajo de los científicos, que es finalmente donde radica el dilema moral, el tratar de separar el conocimiento y su aplicación, en este caso, militar al final de una guerra que ya no daría mucho de sí. Nolan nos muestra esa parte, más conocida, del conflicto moral que supuso para muchos científicos la creación de una tecnología que podía acabar con el propio mundo. Son diferentes círculos concéntricos sobre los que gira la película. Nolan nos va llevando de uno a otro plano y desde diferentes perspectivas.

Christopher Nolan va teniendo su público; la sesión a la que acudí estaba prácticamente llena. Una trayectoria cinematográfica como la suya no es de desdeñar. Puede que nos siempre le salgan las cosas como quiere, pero arriesga, que es lo importante. Esta vez ha acertado de pleno.

Joaquín Mª Aguirre (UCM) 

Oppenheimer (2023)     

Director: Christopher Nolan

Guionistas: Christopher Nolan (con base en las obras biográficas de Kai Wird y Martin Sherwin)

Intérpretes: Cillian Murphy, Robert Downey Jr., Emily Blunt, Florence Pugh, Matt Damon, Kenneth Branagh, Alden Ehrenreich, Jason Clarke, Matthew Modine, Rami Malek, Olivia Thirlby, Casey Afleck, James Remar, Gary Olman...

País: USA

domingo, 18 de junio de 2023

Asteroid City (Wes Anderson 2023)

 No merece la pena contar el argumento de Asteroid City. ¿Para qué? Contar el argumento sirve de algo cuando el argumento, la historia, sirve para algo. Pero en las películas de Wes Anderson el argumento sirve para otras cosas, es algo diferente a lo que habitualmente suele ser. No digo que el argumento de Asteroid City no sirve para nada, sino simplemente que sirve para otra cosa, que mantiene una relación distinta con el desarrollo de las imágenes. No es una forma convencional, sino una historia que busca su propia forma.

Cuando una película tiene un reparto millonario, una acumulación de actores de primera línea de tal calibre significa dos cosas: la primera es que los actores desean trabajar en el proyecto, que sienten admiración por su trabajo y desean formar parte de él; en segundo lugar, significa también que no es un producto del star system, algo que también nos dice muchos sobre estas películas de Anderson.

Todo esto nos deja algunas preguntas, pero sobre todo nos permite disfrutar de una película en la que la trama va por su lado y los actores pueden dejar de ser estrellas, incluso, parodiarse ellos mismos.

Anderson desvía la mirada de la historia —cuanto más absurda, más eficaz— y del fetichismo del actor —cuantas más estrellas menos fijación en ellas— para concentrarse en la forma cinematográfica, que es lo que queda cuando quitas historia y actores.

La forma de hacerlo es la autoconsciencia de la narración. Nos sitúa dentro de una historia contada —¡estupendo Bryan Cranston en su actuación imitación del presentador televisivo Ed Sullivan, una vieja gloria de la época heroica del medio!— que nos hace conscientes de la fabricación de la historia, una obra teatral llamada "Asteroid City". Cranston es simplemente "the host", no un personaje, sino una función, alguien que nos separa de un mundo "real" en blanco y negro, para presentarnos un mundo ficticio en color. "El presentador" es lo que marca ese mundo intermedio entre la ficción y los espectadores, a los que se dirige para "explicar" lo que vamos a ver. Y lo que vamos a ver es un mundo dividido en "actos" y "escenas", del que conocemos los "seres reales", empezando por el "autor" de la obra y a los "actores", que preparan sus intervenciones en lo que serán "su" visión en ese mundo. Solo que, a diferencia de lo que ocurre en otros filmes que utilizan ese doble plano, los actores pueden ser ligeramente distintos a los personajes que representan. Un actor representa a un actor que representa a un actor que representa. La película se nos presenta como un juego de muñecas rusas, unas dentro de otras, unas "matrioshkas".

Anderson nos escamotea lo que es habitual en un filme, la creación de una realidad ficticia para darnos una ficción dentro de una ficción dejando al descubierto toda la artificialidad del proceso creativo para hacernos olvidar algo: que estamos ante una construcción, pieza a pieza, gesto a gesto, plano a plano.

En este sentido Asteroid City acumula "distanciamientos" en cada uno de sus planos, en cada una de sus secuencias, en el conjunto armado con todo ello. Un filme es una construcción, una pieza elaborada a golpe de imágenes artificiales, que no nos deja olvidar que no es real. Allí donde otros buscan la ilusión, Wes Anderson busca otra cosa: hacernos conscientes de ella. Para ello nada mejor que un argumento delirante y absurdo y retorcer el concepto de plano, la idea de composición.

La película hay que verla plano a plano porque así lo requiere, ver cómo cada escena está construida específicamente rompiendo las reglas de la composición y creando las propias en cada caso. Las conversaciones desde sus ventanas entre Midge Campbell (Scarlett Johansson) y Augie Steenbeck (Jason Schwartzman) obligan a una forma de componer diferente. Lo que vemos en las ventanas en los travelling laterales que recorren las fachadas nos permite cambiar los planos en el mismo movimiento. La cámara, en estos casos, busca a los personajes en sus espacios hasta hacerlos visibles. Se desplaza en giros que dan cuenta de ese espacio cerrado por el que se mueven. Están allí y los tránsitos son como paradas en cada uno de ellos, tras lo cual sigue buscando hasta encontrar a los siguientes.

Cada personaje tiene construida su propia historia, absurda la mayoría de los casos, que requiere su propio tratamiento, como en el caso de la historia del fotógrafo y las tres niñas y el hermano, a los que se añadirá el abuelo (Tom Hanks). El personaje del general Grif Gibson (Jeffrey Wright) es un ejemplo claro de cómo cada personaje lleva asociado su propio tratamiento visual y escenificación dentro de ese mundo cerrado (en cuarentena) que es Asteroid City. Ese mundo solo es atravesado por persecuciones de criminales que pasan y se alejan o perturbado momentáneamente por explosiones nucleares. Asteroid City es solo un punto en el mapa imaginario en el que se han encontrado una serie de personajes salidos de la mente de un autor problemático.

Interpretaciones dislocadas, montaje distanciante y un color significativo que busca la artificialidad de los decorados, ya de por sí artificiales, crean este mundo extraño que se nos va haciendo familiar conforme nos adentramos en las historias locales (el asteroide) y las conmemoraciones, con una extraña conjunción de actores desdoblados, niños prodigio que deben recibir un premio, un fotógrafo y su familia (sin la madre fallecida), una actriz en busca de sí misma y hasta una banda de música country que pondrá música y baile a una canción compuesta para los extraterrestres.

No es una película realista, sino una construcción de niveles, del autor teatral a los actores participantes, con ese presentador intermedio. Las historias fluyen por los dos niveles, en el de los intérpretes y en el de lo interpretado. La racionalidad se pone al servicio del puro disparate en ambos niveles. No estamos viendo el mundo, sino una "película" dentro de una película, con sus propios créditos, con su propio color, otra forma de establecer capas.

No es el tipo de cine que le gusta a todo el mundo. Es un ejercicio precisamente de desmontaje de la ilusión cinematográfica edificando una forma casi brechtiana de hacer cine. Como en películas anteriores de Anderson, la historia del cine sirve para no repetirla, como fuente de motivos y formas que se han de eludir jugando con ellas. Como se nos dice en el filme, "lo importante es seguir contando"; da igual dónde nos lleve.

Ayer, día de su estreno, yo estaba solo en el cine. Fue algo entre Wes Anderson y yo.

Joaquín Mª Aguirre

 

 

Asteroid City (Wes Anderson 2023)

Guión: Wes Anderson, Roman Coppola

Intérpretes: Jason Schwartzman, Scarlett Johansson, Tom Hanks, Jeffrey Wright, Tilda Swinton, Bryan Cranston, Edward Norton, Adrien Brody, Liev Schreiber, Hope Davis, Steve Park, Rupert Friend, Maya Hawke, Steve Carell, Matt Dillon, Hong Chau, Willem Dafoe, Margot Robbie, Tony Revolori, Jake Ryan, Jeff Goldblum, Grace Edwards, Aristou Meehan, Sophia Lillis, Ethan Josh Lee...

Producción: USA

sábado, 25 de marzo de 2023

John Wick 4 (Chad Stahelski 2023)


John Wick 4 dura casi tres horas (2 h 48'), algo de lo que solo te das cuenta cuando miras el reloj al finalizar la película. Los que hayan visto filmes anteriores de esta saga, no necesitan de mucha explicación sobre su argumento, un asesino profesional que intenta redimir su vida en un mundo regido por complejas normas de honor entre criminales, un mundo regido por algo llamado la Alta Mesa, donde se concentra el poder del sistema criminal. Esta es la cuarta entrega y se produce una especie de concentración de todo lo aprendido, cinematográficamente hablando.

John Wick 4, dirigida por Chad Stahelski, tiene en estos momentos una de las puntuaciones de público y crítica más elevadas tras un estreno, un 8,4 y los comentarios más elogiosos de los espectadores que le conceden méritos para considerarla de las mejores cintas de acción no ya del año sino de los últimos años.

Dejando de lado las comparaciones, que son subjetivas (pero abundantes, en este caso), vayamos por otro de los caminos de la subjetividad para tratar de aclararnos este extraño fenómeno de conjunción del gusto en una entrega de una serie que empezó muy bien, siguió bien y algunos esperaban que mostrara signos de fatiga. Lo más sorprendente es que no se ido por otros derroteros, como suele hacerse cuando se teme el agotamiento. La estrategia seguida ha sido la contraria: seguir lo bueno e intensificarlo hasta el perfeccionamiento.

John Wick 4 es una extraña combinación de movimiento (las peleas), danza y sentido plástico de la composición. Chad Stahelski es un director con poca experiencia como tal, pero con una enorme experiencia, muy reconocida y premiada, en la coreografía de las peleas. La historia ha seguido su línea, pero las peleas han conseguido alcanzar la maestría que hace que tenga sentido el término "coreografía", que la acerca a la danza.

La danza necesita de dos componentes para resaltar el trabajo de los danzantes: la música y el escenario. Con todo ello tenemos el ballet montado. Y eso es lo que es John Wick un gigantesco ballet que se mueve por el mundo.

Stahelski ha conseguido coreografiar a la perfección los cientos, miles de choques que son característicos de la serie y llevarla en dos sentidos: uno hacia oriente, integrando las artes marciales y formas de lucha en sus espacios; el otro es el fondo monumental europeo, de Roma a París, que es utilizado de forma dinámica.

Magistrales las peleas, auténticas batallas campales, por ejemplo, alrededor del Arco del Triunfo en París, en mitad de un colosal atasco de tráfico. Es de lo mejor que se ha visto. La pelea en las escaleras de Montmarte es también un buen ejemplo, esta vez en vertical. En la acción de los videojuegos se suele distinguir entre peleas horizontales —a lo ancho de un campo, como en el Arco— y en verticales —como en las escaleras de Montmarte, con un continuo subir para descender de nuevo—. En John Wick 4 tenemos todas las modalidades y todas increíblemente coreografiadas.

Una de las escenas de peleas más deslumbrantes en su coreografía es la que sigue a la partida de póker, en mitad de una fiesta la pelea no altera; es un buen ejemplo de cómo se integran las peleas con sus entornos, convirtiéndose en auténticos ballets.

Pero todo esto —la historia, las peleas, los escenarios monumentales— no serviría de nada si no se hubiera acertado plenamente con la planificación y el encuadre. No hay un plano malo en John Wick 4. Hay una tendencia a la composición equilibrada, contraponiendo elementos estáticos y dinámicos en el plano, al uso de la luz como forma de contraste y composición. El filme adula al ojo, complaciendo el gusto por la simetría, por los equilibrios, por su ruptura y recomposición. En este sentido, la fotografía, a cargo del danés Dan Laustsen, es extraordinaria en los dos aspectos, en los movimientos de cámara y en su manejo de la luz. Sin él, la película sería otra cosa.

La música cuenta en este ballet marcial. Encaja perfectamente dando sentido al movimiento y añadiendo el sentimiento en los momentos adecuados. 

Otro aspecto de sabiduría en la construcción del filme ha sido añadir al elenco de actores a dos glorias del cine oriental, al japonés Hiroyuki Sanada y al chino Donnie Yen, impagable en su papel de Caine, el luchador ciego.

A estos dos actores, la película suma los habituales en la serie, Laurence Fishburne (Bowery), Lance Reddick (Charon), Ian McShane (Winston), y tiene un gran acierto al incorporar el joven actor sueco Bill Skarsgård, el terrorífico payaso de la última versión cinematográfica del It, de Stephen King.

Entre todo este mundo de luchas y honores criminales, entre hoteles refugio, de venganzas, el personaje de Wick sigue moviéndose con un Keanu Reeves sometido a todo tipo de palizas, caídas y lanzamiento por los aires y todo lo que se pueda uno imaginar, que es mucho.

El valor simbólico de los perros, como esa entrega absoluta en un mundo en donde los amigos son obligados a traicionarte, se mantiene como en las anteriores. Cómo tratas a los perros te retrata. Al final acaban entregándolo todo por un sentido del honor basado en la amistad más que en las reglas. La serie tiene mucho de lectura paralela sobre ciertos principios y cómo se organiza el mundo. Al final, ese tratamiento que hemos señalado crea ese mundo paralelo que aceptamos suspendiendo nuestra credulidad, dejándonos llevar por esos principios que dan sentido a ese mundo.

La película es una conjunción de muchas cosas y sobre todo de respeto a un público que ha respondido bien a las diferentes entregas y se ve compensado por este esfuerzo artístico que ha supuesto esta película, donde se ve el cuidado de todos y cada uno de los planos.

Son más de 24.000 los espectadores que han votado por la película en la IMDB, considerándola como una gran obra de entretenimiento. En Rotten Tomatoes, el 95% de 163 reseñas de críticos han sido positivas con un 8,2 de promedio. Público y críticos se han puesto de acuerdo.

El cine tiene de todo, gracias a Dios. Unos días toca Bergman y otros disfrutar con este ballet marcial, un espectáculo llevado a decorados reales, combinando dos mundos en uno solo. 

Joaquín Mª Aguirre

 


John Wick 4  

Director: Chad Stahelski

Guion: Shay Hatten y Michael Finch, basado en los caracteres de Derek Kolstad

Intérpretes: Keanu Reeves, Laurence Fishburne, Lance Reddick, Ian McShane, Donnie Yen, Hiroyuki Sanada, Aimée Kwan, Lance Reddick, Clancy Brown, Rina Sawayama, Natalia Tena, etc.

Producción: USA

sábado, 25 de febrero de 2023

Ellas hablan (Sarah Polley 2022)

Ellas hablan es una película que se ve, se escucha y se piensa. Son tres formas de recepción de un texto cinematográfico que no siempre se dan las tres juntas y cuando lo hacen puede ser en proporciones muy distintas. El filme de la actriz y directora canadiense Sarah Polley mantiene el equilibrio entre esas tres formas miramos, escuchamos y pensamos sobre lo que nos ofrece.

Es el cuarto largometraje en una carrera reflexiva, con un uso intenso del filme para adentrarse en problemas de nuestras vidas, en problemas que nos afectan a todos y sobre los que focaliza. El filme está nominado al Oscar al mejor guion adaptado, mérito de la propia directora. También lo está el cuadro responsable como mejor producción del año, es decir, el premio a la mejor película. En total acumula dos nominaciones, más 21 premios prestigiosos y más de cien nominaciones. Una buena presentación para una película que vimos en su estreno menos de diez personas en la sala en la primera sesión.

Ellas hablan es lo que promete su título. Nos ofrece un universo cerrado, la vida entre las mujeres de una secta religiosa que las mantiene alejadas del mundo, controladas por un poder religioso y manipuladas en todos los sentidos, violadas por "fantasmas" hasta que al atrapar por vez primera a uno de esos violadores y maltratadores descubren que son los hombres que les rodean. Todo es un mito para esconder la violencia contra las mujeres.

No descubrimos nada del argumento porque lo que la película escenifica como situación no es más que una representación simbólica de lo que ocurre en un sistema patriarcal que abusa cada día de las mujeres en diferentes sentidos y tácticas.

El cartel de la edición americana lleva al pie esta inscripción: "Do nothing, Stay and fight. Leave". A nuestros publicistas les ha parecido demasiado serio y lo han eliminado. Son las tres opciones que las mujeres se plantean desde el principio del filme, las tres posibilidades de actuación, seguir igual que siempre, aguantando; quedarse y luchar por sus derechos o, finalmente, partir y crear su propia comunidad alejadas de los hombres.

La película nos ofrece los debates, las discusiones —los pros y contras, que deberán ser anotados por un hombre, ya que a ellas no se les enseña a escribir— que se entablan en un espacio de discusión, un granero. Irán discutiendo su propia identidad, su situación y qué pueden esperar. La película abre ese momento de las explicaciones, de los intereses de cada una de las mujeres que abogan por situaciones distintas según su condición y forma de ver el mundo.

Nos encontramos en un filme en donde el diálogo es esencial. El hecho de que Sarah Polley esté nominada como mejor guion adaptado ya nos indica algo sobre ese valor de la palabra que se despliega gracias a un conjunto extraordinario de actuaciones. Polley ha usado la palabra, pero también la magia interpretativa que nos transmiten sus actrices, una excepcional y luminosa Rooney Mara, una torturada Clare Foy, una oscura Frances McDormand; la juiciosa Judith Ivey (ganadora de 2 premios Tony y directora teatral)... un reparto en el que todas actúan individual y coralmente en su representación de mujeres tipo. Y, con ellas, un actor en alza, Ben Whishaw, el único personaje masculino, expulsado de la comunidad y maestro para los niños con las mujeres.

Gracias a la dirección de Polley y a la labor del reparto, la película se va desarrollando a través de esos diálogos en los que se van exponiendo su vida como mujeres, su perspectiva, cómo han crecido alienadas en una sociedad que justifica en la obediencia religiosa la violencia, una sociedad que le plantea que deben perdonar a sus violadores porque de otra forma no entraran en un cielo que les espera.

En la producción tenemos los nombres (de nuevo) de Brad Pitt y de Frances McDormand, embarcados en una línea de cine distinto al meramente comercial, bien construidos en sus guiones y atrayendo buenos actores y actrices, con direcciones inteligentes y buenas causas, las que no entraban en los medios comerciales habitualmente.

Ante una película de este tipo, una obra en dirección contraria al comercialismo, vemos que se va abriendo camino una cierta línea de películas con intención de romper la ilusión cinematográfica, la fábrica de sueños, y así devolvernos a un arte que, con cualquier estilo, deje al descubierto la realidad que habitualmente esconde. Es una película en la línea de Nomanland, que renuncia a la parafernalia para centrarse en lo esencial que se quiere transmitir; no es entretenimiento, sino una reflexión sobre lo que nos rodea, algo que se echa en falta en la gran mayoría de las ocasiones. Tiene que haber de todo, es cierto, pero este cine, centrado en ideas e interpretaciones, que cuida al detalle la dirección para que todo forme un paquete compacto que deja en manos de los espectadores, es cada día más necesario.

Nosotros somos los que decidimos qué hacer con lo que se nos dice.

Joaquín Mª Aguirre 

 


 

Ellas hablan (Women Talking 2022)    

Dirección y guion: Sarah Polley

Obra original: Miriam Toews

Intérpretes: Rooney Mara, Clara Foy, Jessie Buckley, Frances McDormand, Judith Ivey, Emily Mitchell, Kate Hallett, Liv McNeil, Sheila McCarthy, Michelle McLeod, Kira Guloien, Shayla Brown, Vivien Endicott Douglas, Ben Whishaw, August Winter

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