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domingo, 8 de enero de 2023

Al descubierto (Maria Schrader 2022)

 

Hacer una película sobre el mundo del cine deriva generalmente es una colección de tópicos sobre la fábrica de los sueños. No es sencillo porque Hollywood ha creado su propia imagen para el consumo exterior. Se ofrecen películas sobre cómo se hacen películas y alguna vez, no muchas, se adentran en las miserias que supone crear películas para que la gente olvide la vida. Así fue durante mucho tiempo.

Al descubierto (She Said) no es una película sobre Hollywood; es Hollywood hecho película, tratando de ofrecer precisamente lo que no se ve, no se cuenta y por ello no existe, un principio peligroso en el arte y en la vida.

La elección del título en inglés, She Said, está tomada del libro que surgió de los reportajes realizados por dos reporteras de The New York Times. Finalmente, lo que fueron conversaciones y notas, se organizó como artículo, el artículo como libro y el libro acabó siendo una película y cerrando el círculo. "She Said" dice mucho más en inglés que "Al descubierto" en español que transmite la acción engañosa de retirar una manta ficticia. "Ella dijo", en cambio, nos lleva directamente al juego de quién dice la verdad y esta, como sabemos, es plato cocinado por los poderosos, especialmente por aquellos que disponen de todo un ejército de constructores de imágenes y opiniones.

Algunos han señalado la ironía de que Brad Pitt sea productor del filme. Angelina Jolie le advirtió a Pitt de los acosos que había sufrido por parte de Harvey Weinstein. Pero solo se trataba de un "she said"; una cosa es lo que cuentan las mujeres y otra lo que ocurre.

Al descubierto no trata directamente de Harvey Weinstein, al depredador sexual, sino de la lucha por conseguir que las mujeres lo contaran. Y que las creyeran, claro.

En este sentido, la película de Maria Schrader pone el dedo en la herida, en el fallo del sistema que hace que el poderoso se vuelva innombrable y, con ello, invisible e impune por cualquier fechoría. Si las mujeres callan, Weinstein gana. 

Desde esta perspectiva, la película es algo más que una película. Es la ruptura del silencio en el medio que Weinstein controlaba, el cine. Aunque todo se supiera ya, aunque todo estuviera contando, Al descubierto es la historia de cómo empezar a contar, a cómo se perdió el miedo a poder denunciar a un hombre que lo era todo en el cine, del que dependían las vidas de decenas de miles de personas que podían ver frustradas su vidas y carreras con solo un gesto. Pero el cine ha sido el último en contarlo. Tras la prensa, tras los libros... un filme.

La tensión de la película no se puede basar en lo que ya sabemos, que Weinstein está en la cárcel, que fue condenado. Se centra en la pérdida del miedo de decenas de mujeres que fueron acosadas, violadas, despedidas por el todo poderoso productor, lleno de amigos y admiradores a su trabajo, personas muchas de ellas que sabían lo que ocurría pero preferían mirar hacia otro lado y disfrutar de la amistad y protección de Harvey Weinstein.

La película no nos muestra apenas a Weinstein. Nos muestra el ejército de todo tipo de empleaods y empleadas tras los que se esconde, personas que hablan en su nombre, que evitan que se exponga. Cuando se le hace aparecer es porque se encuentra acorralado y quiere intimidar con su presencia. La película nos muestra su espalda, su cabeza, pero no su rostro. Los rostros que importan son los de las mujeres que tuvieron que ocultarse y testimoniar sin dar los nombres para evitar ser represaliadas, destruidas por la maquinaria judicial y empresarial de Weinstein.

La película es sobre el poder y su perversión; sobre cómo se construye sobre él un imperio que permite que un monstruo actúe con normalidad ante los ojos de cientos de personas sin que nadie se atreva a decir nada. Es una película sobre el poder y la cobardía; también sobre la desesperación y sobre cómo vencer el miedo. Es una película que ha renunciado expresamente al algún tipo de héroe de películas porque eso era lo que había que evitar, la falsedad que tapa la peor realidad con diversos tonos de música.

La técnica narrativa de la película es sencilla: sigan a las reporteras. Ella son las que luchan por obtener confirmación de lo que todos saben. En realidad, la técnica realista empleada es la de mostrar la gran ficción que el poder puede crear taponando los accesos a la verdad. Algunas de las mujeres que denunciaron finalmente aparecen en la propia película como es el caso de Ashley Judd. Asumen el papel más difícil de sus vidas, el de ellas mismas.

Las dos reporteras están encarnadas por dos actrices convincentes y presentadas como personas llenas de debilidad, pero que van entendiendo el concepto de dignidad como una necesidad de todas las mujeres. Zoe Kazan interpreta a Jodi Kantor y Carey Mulligan a Megan Twohey.

Carey Mulligan ha señalado en una entrevista en La voz de Galicia que "se necesita un coraje extraordinario para enfrentarse a un hombre como Harvey Weinstein". Es cierto y la prueba más clara es que pocos hombres se implicaron en esta batalla por la dignidad, por poner sobre la mesa el agravió y enfrentarse a ese mal consentido al poderoso.

"Al descubierto" es una película que debe verse, pero no como una película. La batalla que se nos muestra no es la del "final feliz" a la que hombres como Weinstein nos tienen acostumbrados desde hace mucho. Es una película que reflexiona sobre el propio mundo que la ha producido y hay que entenderla en sus fisuras. La batalla primera se ganó y Weinstein acabó en la cárcel. Que se haya hecho esta película es también una victoria, pero más fácil, menos costosa pese a las muchas dificultades que pueda haber tenido. ¿Lavará Hollywood su propia imagen con lo único que tiene, películas? ¿La premiarán?

Debe verse y debe reflexionarse más allá de una industria o de uno de sus poderosos representantes. Todavía ayer veía un documental sobre cine en el que se hablaba de Harvey Weinstein como una gran figura de la industria, como un ser privilegiado dentro de del mundo del cine. Puedes verlo, pero no puedes evitar pensar en esa figura en su despacho pidiendo que le den un masaje y quitándose su albornoz.

 Joaquín Mª Aguirre

Al descubierto (She Said 2022)   

Directora: Maria Schrader

Guion: Rebecca Lenkiewicz,;Jodi Kantor y Megan Twohe

Intérpretes: Zoe Kazan,Carey Mulligan, Emma O'Connor,Tom Pelphrey, Adam Shapiro, James Austin Johnson, Katie Nisa, Patricia Clarkson, Andre Braugher, Frank Wood, Sarah Ann Masse, Lola Petticrew, Katherine Laheen...

País: USA


sábado, 26 de noviembre de 2022

La mujer rey ( Gina Prince-Bythewood 2022)

 

Lo primero que llama la atención es de La mujer rey (The Woman King) es precisamente su título. ¿Una mujer "rey"? ¿Por qué no "reina"? Pronto comprendemos el porqué. El propio lenguaje establece las relaciones de poder: el rey es el poder supremo; la reina está a su lado.

La mujer rey está dirigida por una mujer, escrita por otra mujer y producida por mujeres. Su elenco es femenino y se centra en sus relaciones. Es una película que va de la épica al sentimiento, pero pasado por un filtro que revela, por contraste, lo que hay de femenino en el discurso. No se si es casualidad que se haya estrenado en el Día Internacional contra la Violencia de Género, pero es una buena forma de celebración.

No es fácil escribir una historia en la que se entremezclen la violencia de género, el colonialismo, el sistema patriarcal, la lucha política por el poder, las formas de sumisión/dominación. O a lo mejor sí, porque así es en la vida misma. El arte actúa muchas veces como un filtro que separa y nos da una lectura parcial en la que se anula la visión conjunta de todas esas cosas (y algunas más) unidas en la vida real. Quizá el análisis oculta más que revela y es necesario ver todo esto en su conjunto para no perder de vista las conexiones. ¿Por que decimos que el arte "revela" cuando también —la mayor parte de las ocasiones— oculta, distorsiona, niega la realidad para idealizarla ante nuestros ojos? ¿Wakanda o Dahomey?

La película de Gina Prince-Bythewood, escrita por Dana Stevens y Maria Bello, es quizá un punto de ruptura con mujeres que deciden contar de otra forma mostrando otras cosas. La realización se pone al servicio de una historia que nos habla de otro tipo de relaciones a las que habitualmente nos tienen acostumbrados en el cine comercial. Hay una plena intencionalidad y mucho de aguda precisión en el diagnóstico y en la imagen resultante.

La mujer rey es una película sobre el poder o, más precisamente, sobre qué significa realmente el poder. Las poderosas y eficaces mujeres guerreras son solo una pieza de la maquinaria montada por el poder del reino. Y este no es más que una pieza de un poder más amplio, el de los conquistadores económicos, los colonizadores esclavistas que condicionan todo el sistema para obtener lo que quieren: esclavos.

Como se nos muestra en la película, las guerras son solo momentos de un sistema agresivo y violento, un sistema de dominación, que se reparte en una sociedad patriarcal que usa a las mujeres tanto para venderlas como esclavas, casarlas a la fuerza y — ¿por qué no?— usarlas como sistema defensivo, como guerreras que tienen el alto privilegio de morir defendiendo al rey, un interesante personaje que ha accedido al poder eliminando a los miembros de su propia familia.

La película nos muestra cómo funciona el sistema de dominación y cómo, las mujeres que vemos como heroínas —las guerreras ante las que hay que bajar la vista, las que tienen el privilegio de vivir encerradas en un palacio, las que renuncian al amor, a la familia... — no son más que una pieza más sobre el tablero del poder.

Los poderosos y los más poderosos constituyen un sistema en el que existen los aparentemente poderosos y los que están faltos de cualquier poder, toda una escala. Pero incluso el hombre más humilde tiene un poder, el de comprar y vender a sus hijas como esclavas, como esposas, con poca diferencia. Es una inversión, como ocurre todavía y ha ocurrido siempre. ¿Qué diferencia hay entre el esclavista europeo y el que vende a sus hijas como esclavas? ¿Qué diferencia hay entre el colonizador que las compra y el padre que las vende o el rey que paga el tributo con mujeres para ser vendidas y embarcadas rumbo a América? La única diferencia real es la de poder imponer el precio de los tributos, la de fijar los precios.

La película está bien escrita y bien contada. Son dos horas de cine que dan paso a muchas otras de pensar lo que se nos ha ofrecido y contado, una historia revisada sobre la Historia, sobre ese poder capaz de cambiar sus discursos para mantenerse siempre en la cima controlando el conjunto.

Frente a esto se ofrecen una alternativas que se desarrollan a través de las historias díscolas de las que llegadas a un punto crítico se siente más solidarias entre ellas, por su destino, que por lo que las normas guerreras les exigen, como forma final de abandono de ellas mismas, de poder ser como ellas se sienten. Como nos han contado analistas de las formas del poder (de Michel Foucault a Judith Butler, esta última especialmente al centrarse en el género), el esclavo interioriza las formas del amo, lo que crea esa dependencia. La lucha que se nos muestra es precisamente la de liberarse de aquello que ha crecido como un falso poder y que no es más que una férrea dependencia. Por eso la película nos muestra el desvío de la dependencia hacia otras formas que habían sido anuladas, como la maternidad o la verdadera amistad. El poder necesita todo nuestro amor, es absorbente y celoso.

Si la película resulta fascinante en sus planteamientos, no podemos dejar de mencionar el extraordinario reparto y la forma en que es capaz de transmitirnos esos conflictos internos, de la amistad a la maternidad o el enamoramiento. Por muchas batallas que veamos en la película, por muchas peleas, el verdadero conflicto es el que llevan dentro, el que les define y oprime impidiéndoles vivir por ellas mismas.

Cualquier cosa buena que se diga de la actriz Viola Davis es repetirse; lo que nos ha ofrecido en tantas interpretaciones extraordinarias es un verdadero legado. Aquí nos ofrece una gran interpretación, quizá llevada por la misma motivación de la historia, con la que es posible identificarse en muchos planos.

Junto a Davis, merece una especial mención el extraordinario trabajo de Thuso Mbedu (Nawi) como la joven que se enfrenta al marido al que la quieren vender y acaba dentro del palacio donde se encuentran las mujeres guerreras. Ella será el detonante de los acontecimientos y la que haga aparecer las contradicciones de esa forma "privilegiada" de esclavitud. Su trabajo merece un enorme aplauso porque es capaz de transmitir la compleja gama de sentimientos que la tienen en constante conflicto.

La película cuenta además con dos enormes actrices, Lashana Lynch (Izogie) y Sheila Atim (Amenza). Son los personajes que permite expresar tanto a Nanisca (Viola Davis) como a Nawi (Thuso Mbedu) lo que piensan y sienten dadas las barreras jerárquicas existentes y el control de las emociones. Sus trabajos son impecables.

El trabajo de la dirección se maneja entre las escenas intimistas y los momentos físicos, los de los entrenamientos militares y los de las batallas, mostradas en su dimensión cruel. Las guerreras se han convertido en máquinas de guerra al servicio del poder y eso hace necesario deshumanizarlas en la lucha, hasta que eso cambia y la batalla muestra la dimensión emocional que las devuelve su humanidad.

"La mujer rey" posee una hermosa fotografía que nos muestra tanto los primeros planos de los rostros, con los que se expresan las emociones, como los paisajes del mundo que recorren con sus acciones guerreras. Especialmente bien coreografiadas las batallas para mostrarnos lo que hemos señalado, esa deshumanización que supone la violencia. El montaje es fluido y sabe aprovechar la buena labor interpretativa para ofrecernos en un mismo plano a dos actrices en pleno trabajo expresivo. Así ocurre con las diferentes parejas en las conversaciones, en los momentos de expresión conjunta. De esta forma se aprecia en su densidad la sinceridad y emoción de las interpretaciones.


Una película para ver y, sobre todo, para pensar en sus diferentes ángulos, en todo lo que nos ofrece. Es algo más que una "película de mujeres" o una "película con mujeres"; es, como hemos señalado, una película sobre cómo está construido el mundo, sobre el poder que lo diseña y sobre los efectos que tiene sobre todo; es una película sobre la manipulación, los modelos que se nos ofrecen para mostrarnos y vivir a través de ellos. Pero todo ello está envuelto en una historia, puesto en acción. Si usted quiere verla como una película de acción, no se prive. Pero hay mucho, mucho más.

Joaquín Mª Aguirre

 

La mujer rey (2022)  

Directora: Gina Prince-Bythewood

Guionistas: Dana Stevens y Maria Bello

Intérpretes: Viola Davis, Thuso Mbedu, Lashana Lynch, Sheila Atim, John Boyega, Jordan Bolger, Hero Fiennes Tiffin, Jimmy Odukoya, Masali Baduza, Jayme Lawson, Adrienne Warren, Chioma Antoinette Umeala, Siyamthanda Makakane, Shaina West, Sivuyile Ngesi, Riaan Visman, Seputla Sebogodi, Angélique Kidjo

Nacionalidad: USA

sábado, 22 de octubre de 2022

Mira cómo corren (Tom George 2022)

 

En una cartelera bastante rutinaria y llena de efectos especiales, nos llega una película de las de antes de la croma, "Mira cómo corre", dirigida por el televisivo Tom George, un especialista premiado en los BAFTA por la serie británica "This Country". La referencia es importante porque la película es un ingenioso y divertido espectáculo con un fondo histórico. Se sitúa en 1953, en plena celebración de las 100 primeras representaciones de "La ratonera", la célebre obra de teatro de Agatha Christie, que batió todos los récords de permanencia en cartel habidos y por haber.

La película cuenta con un sólido y divertido guion de Mark Chappell, otro escritor, productos y actor ocasional de televisión. Si a esto le añadimos una buena interpretación del elenco, con dos buenos actores, como Saoirse Ronan y Sam Rockwell, en la pareja de policías, el maduro y la novata, en bordando sus papeles, dándoles el tono que la película requiere, "Mira cómo corren" se convierte en hora y media de comedia inteligente.

Hay tanta chabacanería en las comedias que se agradece de vez en cuando una película como esta, que parece sacada de ese 1953 en el que se supone que ocurre en la pantalla.

Esto no es trivial porque la película juega con los planos de la realidad y del teatro, el ambiente en el que se mueve. Hay una conciencia específica de encontrarnos ante una representación, lo que hace que nos encontremos ante un filme que juega con su propia condición.

Los sucesos, los personajes, el mismo escenario teatral en que ocurren los acontecimientos son ficciones y realidad, un mundo doble al que se le añade el del mismo espectador, con el que se juega estableciendo un diálogo que supone su conocimiento de muchas de las cosas que acontecen y, sobre todo, del destino de los propios personajes, incluida una aparición de la propia Agatha Christie.

La comedia juega con todos esos planos, el de la propia "La ratonera" y su modelo de misterio teatral, con los acontecimientos que ocurren a su alrededor y, por supuesto, con el espectador que está en su butaca contemplando lo que ocurre, tal como lo estaban los espectadores de 1953 en el teatro londinense en el que se estreno. A esto contribuye una realización que nos divide las pantallas ofreciéndonos una técnica de contrapunto de las imágenes para mostrarnos los mundos divergentes con los que se juega.

Sam Rockwell y Saoirse Ronan están estupendos en su cara a cara cómico, una pareja de policías británicos que se ven lanzados a ese acontecimiento, el crimen en la escena del crimen, valga el juego de palabras que se deriva del origen teatral del crimen mismo.

Tiene un papel destacado Adrien Brody en su papel de director de cine norteamericano, contratado para hacer una insólita versión cinematográfica de "La ratonera", que debe realizarse cuando se terminen las representaciones londinenses, algo que ellos piensan cercano y nosotros sabemos que no será así. La versión incluirá como final la canción "I saw the light", a cargo del cantante country Hank Williams, uno de los chistes que salpican la obra.

El guion es un juego constante que nos hace mantener la sonrisa a lo largo de toda la proyección. El humor se centra en ese tono que hemos señalado, en la relación entre las líneas del tiempo y frases bien construidas para mostrarnos ese mundillo del espectáculo desde la sátira.

Una comedia de otro tiempo para este tiempo, que falta nos hace recuperar el humor inteligente, las bromas sobre el cine mismo y su mundillo. Una película para divertirse y salir de buen humor del cine.

Joaquín Mª Aguirre


  Mira cómo corren (2022)     

Director: Tom George

Guion: Marke Chappell

Intérpretes: Saoirse Ronan, Sam Rockwell, Adrien Brody, Ruth Wilson, Pearl Chanda, John Woolf, Harris Dickinson, David Oyelowo, Ania Marson, Jacob Fortune-Lloyd, Sian Clifford, Charlie Cooper...

Producción: británica

domingo, 9 de octubre de 2022

Smile (Parker Finn 2022)

La experiencia de una película de terror está en el patio de butacas. Hay películas que se pueden ver en silencio y otras que ganan muchos si escuchas los gritos en la sala. Smile es de estas últimas. La entrada de grupos de adolescentes armadas con sus refrescos y palomitas auguraba un buen público, al que nadie mandó callar, a lo largo de la película.  En Smile se sufre y se disfruta.

Smile es el primer largometraje del director Parker Finn, en cuyo haber solo aparecen dos cortometrajes, ambos pertenecientes a al mismo género. Siendo una película de género es importante saberse las reglas del juego y Parker Finn parece conocerlas bien. En este género, las cosas funcionan o no. No suele haber término medio. El guion de la película es del propio Finn, lo que no confirma el buen conocimiento de esas reglas de género, respetadas tanto en la historia como en su narración visual.

Smile parte de dos inversiones: se le da la vuelta a la "sonrisa", convirtiéndola en un gesto terrorífico; y se le da la vuelta a la psiquiatra protagonista, la doctora Cotter, que pasa de la posición de superioridad de tratar a sus pacientes a convertirse en el centro de la locura. Son dos elementos habituales en el género, pero hay que saber unirlos. El hecho de que hayamos visto imágenes de la película y sepamos ya de esa horrenda sonrisa que aparece en los carteles anunciadores y que sigan funcionando nos muestra que Finn ha sabido graduar el horror para hacer que vaya in crescendo a lo largo del filme. El terror, a diferencia del misterio, no se resuelve al final. Va creciendo desde sus propios fundamentos, desde las raíces bien agarradas. Eso sucede en Smile.

La idea de la inversión se ve potenciada visualmente por la propia película, en la que determinados planos invertidos nos dan cuenta de ese cambio que se está produciendo.

Todo esto no funcionaría sin la presencia de una actriz capaz de hacer que nos sintamos proyectados en ella. Se trata de la actriz Sosie Bacon, quien realiza una estupenda interpretación reflejando el inicial control superior de la psiquiatra sobre sus pacientes y el camino gradual hacia un universo nada racional. Sosie Bacon hace algo muy difícil para cualquier actor o actriz: mantener esa línea de cambio de forma gradual y coherente. Ella es el centro y la referencia de los espectadores, por lo que resulta esencial que ese camino que recorre pueda ser compartido.

A su alrededor se crea un universo que va cambiando en su valoración al adentrarse en la locura en que se ve mezclada. Ese universo es el que le ofrece resistencia, la observa con extrañeza. El personaje de la doctora Cotter se encuentra incomprendida entre dos aguas; solo los espectadores sabes sus padecimientos.

Como hemos señalada en alguna otra ocasión, el cine de terror ha redescubierto la oscuridad gracias a las nuevas técnicas y dispositivos capaces de trabajar en condiciones de luz muy bajas, lo que también aprovecha los humanos temores ancestrales de los espectadores. El ahorro en luz de los filmes norteamericanos es cada vez mayor. Lo que tanto nos cuesta aquí, se lleva drásticamente allí. Ironías aparte, la fotografía pasa a ser un elemento esencial en la creación de ambientes y en esas figuras que salen de habitaciones cada vez más oscuras.

La realización, del filme, la escritura del guion y la interpretación de los actores hacen de Smile un disfrute en donde se nos da mucho, pero también se van desarrollando situaciones que se resuelven en lo inesperado. Lo "esperado" es esencial en el género de terror. Es el juego entre lo que esperamos ver y lo que se nos da a ver donde reside gran parte de ese extraño placer en el sufrimiento en la sala.

Joaquín Mª Aguirre 

 

Smile (2022)    

Director: Parker Finn

Guión: Parker Finn

Intérpretes: Sosie Bacon, Jessie T. Usher, Kyle Gallner, Robin Weigert, Caitlin Stasey, Kal Penn, Rob Morgan, Gillian Zinser, Judy Reyes, Jack Sochet...

Producción: USA

domingo, 25 de septiembre de 2022

No te preocupes, querida (Olivia Wilde 2022)

 

La película “No te preocupes, querida” (2022) tiene dos grandes virtudes. La primera es la interpretación de Florence Pugh, una actriz que va creciendo, de enorme personalidad y presencia en pantalla. Pugh nos ha dejado estupendas interpretaciones en todos los registros, de la comedia (Viuda Negra) a la tragedia (Lady Macbeth, Midsommar), pasando por Mujercitas, por la que estuvo nominada al Oscar. Pugh es una garantía interpretativa, con una presencia que fascina a la cámara en cualquier posición o ángulo. Su estilo es muy personal, una actriz intuitiva, con gran fuerza vital y que acierta en la construcción de sus personajes.

El segundo factor importante en la película es la meticulosa, matemática, dirección de Olivia Wilde, actriz y productora conocida por el gran público por su labor como actriz en la serie House, con ocho trabajos en su haber, de videoclips a dos largometrajes. Vemos en ella una gran capacidad creativa, una labor concienzuda de puesta en escena y de cuidado del detalle visual y narrativo.

Cuanto menos se sepa de esta película más se disfrutará de su compleja construcción, tanto de guion como visual, dos aspectos que no siempre van de la mano. Hay películas que hay que seguir con el ritmo que se nos propone, ser naif, estar mental y visualmente en cada momento en el lugar que se nos pide.

“No te preocupes, querida” es una historia que se desarrolla a su propio ritmo, algo esencial para el género esquivo en el que se mueve. Si la recomienda, no dé muchos detalles, Deje que los otros sigan el proceso natural de acceso a la historia.

La película destaca en la fotografía, dotada de un color y brillo particulares en función de los escenarios, algo que tiene pleno sentido para el relato, creando climas emocionales adecuados. También es destacable el montaje, que da en cada momento un ritmo adecuado, tanto a las escenas como en la gradación de la película, que va creciendo en tensión. La distinción en diversos niveles se refuerza con las diferencias visuales.


Un mérito de Olivia Wilde es la forma de tratar los espacios y la forma de encuadrarlos. El espacio es esencial en la trama de esta película, esa comunidad de Victoria, es algo más que un elemento continente, y por ello el tratamiento que se le da es de gran importancia para la comprensión. Wilde hace un trabajo milimétrico en su construcción visual. Cada plano responde a una meticulosa selección de los encuadres haciendo que visualmente resulte impecable tanto en los interiores como en ese barrio prototípico de los años cincuenta en el que se desarrolla la película.

El complejo guion es de Katie Silverman, que también fue autora del anterior largometraje de Wilde, un filme muy distinto a este. "No te preocupes, querida" se desarrolla sobre una historia creada por Carey y Shane Van Dyke.

La historia tiene mucho de fábula inquietante, que se resuelve en una dimensión moral, en una enunciación clara de aquello que denuncia y vamos descubriendo. El personaje de Pugh nos hace sentir la soledad y el aislamiento progresivo al que se ve sometida. Quizá sea ese contraste entre la fuerza de la actriz y la frialdad del entorno de donde resulte más atractivo este interesante filme.

"No te preocupes, querida" está construida sobre los pequeños detalles, sobre las formas, sobre los movimientos, convertidos todos ellos en signos de una realidad más allá de lo que vemos. Wilde nos sitúa junto a la protagonista para ir captando con ella el sentido que se nos escapa.

Nos gustaría poder extendernos aquí en los detalles de esta película, pero es mejor que sean los espectadores los que se adentren en ella de forma poco condicionada.

Joaquín Mª Aguirre

 

No te preocupes, querida (Don’t Worry, Darling 2022)

Directora: Olivia Wilde

Guion: Katie Silverman, sobre una historia de Carey y Shane Van Dyke

Intérpretes: Florence Pugh, Harry Styles, Chris Pine, Olivia Wilde, Kiki Layne, Gemma Chan...

Producción: USA 2022

sábado, 18 de junio de 2022

Lightyear (Angus McLane 2022)

 

¿Cómo enfrentarse a la Historia? ¿Cómo enfrentarse —peor— a nuestros recuerdos idealizados de la infancia (y más allá)? Son algunas preguntas que surgen cuando uno se enfrenta a películas como la recientemente estrenada Jurassic World (Colin Trevorrow) o esta de la que nos ocupamos hoy, Lightyear (2022), dirigida por alguien, Angus McLane, que ha pasado por todas las capas de la animación, atesorando experiencia en película como Los increíbles, Ratatouille o Buscando a Dori, entre otras.

La experiencia de Angus McLane en la dirección de largos se reduce al Buscando a Dori como codirector. La intensa y extensa experiencia en la animación nos lo presenta como un buen director técnico a la vista del resultado de la película.

Es un Toy Story sin Toy Story; se nos dice que esta es la película que vio el niño protagonista y que le hacía tener a Buzz como héroe, lo que no deja de ser una buena explicación, pero no resuelve ciertos problemas, como son las reacciones emocionales y narrativas (¿existe esto?) del público, que se concentran en sus expectativas, es decir en los deseos acumulados alrededor de estos entes fascinantes que son las películas míticas, las que han roto moldes y han echado raíces en nuestra cultura. Lo que se ha hecho es dar un origen ficcional a un muñeco, una vía un tanto peculiar y que tiene sus consecuencias y preguntas propias.


Algo está fallando en la imaginación cinematográfica que necesita de estas serializaciones, que es como apostar sobre seguro cuando se consigue un éxito; algo falla cuando no se dejan reposar los mitos y vivimos en una constante reedición de diferentes obras con diferentes destinos. Toy Story ha tenido sucesivas ediciones prolongando el mundo de los juguetes. Ahora, con Lightyear, se ha intentado una vía novedosa con esa "película origen" que se supone que alimentó los sueños de Andy, el niño que tenía los juguetes originales entre los que se encontraba Buzz Lightyear. La duda que tengo es que ese punto de conexión sea factible. Es decir, dudo que si Andy, de siete años, viera esta película se quedara fascinado con esta película, que tiene unos planteamientos mucho más adultos.

Ya en Buscando a Dori (una película bastante depresiva), Angus McLane ahondaba en los miedos e inseguridades, algo que no sé si es lo más adecuado a lo que se esperaba, pero sí a lo que ha derivado.

La realización de la película es impecable, perfectamente planificada y con una brillantísima iluminación. ¿De dónde vienen las dudas entonces que han hecho que la película tenga ahora mismo un 5 en la IMDB, que suele ser un indicador aceptable del gusto? Me temo que la respuesta es doble: a) demasiada complicación psicológica del personaje (dudo que un niño de 7 años, por seguir su propia propuesta, se mostrara entusiasmado por una película más adulta, en estas complejidades de la personalidad de Buzz); y b) en sentido contrario a la complejidad del héroe se ha creado un mundo plano y repetitivo en los compañeros de equipo. 


En la comedia, la conjunción de los elementos es básica, lo que se demuestra perfectamente en el dúo Woody-Lightyear, del que procedía gran parte de la comicidad. Pero me temo que la química creada con los nuevos personajes no es la más adecuada, especialmente. Con la excepción del personaje de Alisha Hawthorne (también aquejado de su propia patología), la relación con el resto de los personajes es complicada y repetitiva.

Los problemas de la película son, evidentemente, de guion o, si se prefiere, de construcción de los personajes, más una galería friqui que un grupo de "alegres compañeros de fatigas" como nos presentaba Toy Story. Y eso se nota mucho en una comedia. Mucho me temo que sea un problema congénito del director, es decir, su tendencia a problematizar en exceso la comedia. Si se quiere hacer un drama hay que indicarlo y seguir otras reglas. Ya pasó con Buscando a Dori.


Toy Story ha dejado anteriormente notables secuelas. Este Lightyear no es una secuela, ni técnicamente una precuela; es una película que vio Andy y no la realidad que el Andy de siete años vivió. El Toy Story inicial contó con Joss Whedon y Joel Coen entre sus ilustres guionistas. Lograron hacer de la primera película totalmente digital, una obra maestra con una sencilla y sólida historia, con unos personajes consistentes, incluso para ser "patatas" o "perros de muelles". Lograron que la tecnología revolucionaria quedara por detrás de una historia de amistad. Eso se llama "saber construir". En Lightyear ocurre lo contrario; la tecnología queda por delante de la historia. Impecable realización, pero la comedia necesita una cosa más: personajes, relaciones, chispa.

Creo que es aquí donde están fallando algunos de estos aprovechamientos de obras maestras previas. Los fallos del último Jurassic, igualmente, son los de un guion inconsistente y precipitado. Lightyear está cuidado al milímetro en cada plano, técnicamente sobresaliente, pero no nos sentimos atraídos por lo que escuchamos o vemos hacer; las relaciones entre los personajes son demasiado simples o demasiado complicadas. Probablemente el público al que se dirige no esté interesado en las paradojas del tiempo como el de Jurassic no lo está en las teorías de la genética. Una buena historia es necesaria detrás de cualquier película y más de una leyenda.

Joaquín Mª Aguirre 


Lightyear (2022)  

Director: Angus MacLane

Guionistas: Angus MacLane, Matthew Aldrich y Jason Headley

Género: Animación

Nacionalidad: USA

Duración: 1 hora 40 minutos

sábado, 23 de abril de 2022

El hombre del norte (Robert Eggers 2022)

 

Lo más repetido en los diversos sitios donde ya se ha estrenado “El hombre del norte” son las palabras “brutal”, “bestial” y otras de este tenor. Pero inmediatamente hay que limpiar las palabras de cualquier consideración negativa y explicar que se trata de una forma que tiene sentido en el conjunto de la obra. Es una película bestial para una historia brutal. Lp es porque así es el mundo que se nos describe y los personajes ue lo habitan. El director Robert Eggers ha llegado a una conclusión: no hay una forma delicada de cortar cabezas ni una forma elegante de arrancar un corazón.

Eggers es un director coherente que crea películas coherentes. Lo hizo con la muy interesante La bruja (2015). Un folk-tale de Nueva Inglaterra, como se señalaba, en el subtítulo de la obra. Si allí era la leyenda la que daba forma a la historia y a su universo, aquí será una forma entre mito (el marco) y leyenda (la historia en sí) lo que de forma a El hombre del norte. Esto es importante porque son los géneros los que producen los espacios, sus reglas y sus personajes y no al contrario como suele ser habitual. La gran mayoría de ñas veces vemos héroes más próximos a nosotros que a los tiempos en los que viven y a la forma de los relatos en los que están inmersos.

La preocupación de Eggers es es pues coherencia de la historia con el género y de este con su estética para formar una unidad coherente. Esto es frecuente en la literatura cuando, por ejemplo, usamos unas voces arcaizantes para mostrarnos un universo antiguo. Los mayores condicionamientos del cine hacen que esto no se suela respetar. Eggers crea una estética brutal a través de la fotografía, del espacio retratado para una historia brutal. Eso lleva a unos personajes que son interpretados desde una forma primitiva que los asemeja en ocasiones a los animales,  algo que ellos mismos asumen como forma totémica.

Al igual que ocurría en La bruja, la historia es brutal, pero no realista. Es decir, nos movemos en un universo de leyenda donde los personajes estarán sujetos a las creencias del mundo en que viven.  Eggers no hace una película fantástica, sino que crea una leyenda en un mundo legendario. Esto le da un aspecto visual especial, con secuencias de una realidad irreal. Aquello que se cree es lo que existe y la percepción está marcada por la creencia. El hombre del norte es leyenda y sigue sus reglas narrativas, sus arquetipos heroicos y las posibles resoluciones coherentes propias.

A este tono contribuyen de forma esencial dos elementos clave en el filme, la magnífica fotografía, obra de Jarin Blaschke, que nos muestra un mundo real cada vez más irreal, donde las formas acaban siendo abstracciones (del paisaje a escenas como la lucha final), y, por otro lado, la música, de un primitivismo atroz, firmada por Robin Carolan y Sebastian Gainsborough. La imagen y el sonido son los que construyen el marco no solo de la historia, sino que contribuyen a la unidad formal del conjunto.

El guion está firmado por el propio Eggers junto a Sjón. Las más de dos horas de metraje se siguen de forma fluida, tanto por la historia en sí como por el tratamiento visual. Un buen guion y un montaje al servicio de la mencionada estética unitaria.


Igualmente, las interpretaciones se suman a esta visión total para crear ese universo propio que transforma Islandia en un espacio único, poblado por una especie legendaria que actúa conforme al destino, el gran enemigo de lo humano, que busca siempre una libertad ilusoria. Lo mágico ocurre por encima de los propios humanos, que son incapaces de entender cuáles son sus límites, con un universo que solo comprenden parcialmente y en el que el error puede ser esencial en la construcción del devenir. Error es otro nombre para el destino.  Finalmente será la entrada en el Hel, a lomos de los corceles de las walkirias lo que resuelva una vida sacudida por los vaivenes de las traiciones y el veneno de la sangre.

El cuadro de magníficos intérpretes actúa conforme a esta visión del director; han asimilado lo que se espera de ellos, una actuación descarnada y visceral, en donde la venganza es el eje motivacional de unos y otros. Magnífico en su brutalidad  Alexander Skarsgård como Amleth; igualmente magníficos Nicole Kidman como la reina Gudrún, Claes Bang como el traidor Fjölnir, Ethan Hawke como el rey Aurvandil War-Raven y una Anya Taylor-Joy como Olga, repitiendo con el director que ya la dirigió en La bruja, su primera película. Todos hacen lo que se esperaba de ellos, ese exceso de un mundo pasional y primario en su complejidad de sentimientos.

Joaquín Mª Aguirre

 


El hombre del norte (2022)   

Director: Robert Eggers

Guionistas: Sjón y Robert Eggers

Intérpretes: Alexander Skarsgård, Nicole Kidman, Claes Bang, Ethan Hawke,  Anya Taylor-Joy...

Producción: USA

sábado, 19 de marzo de 2022

The Batman (Matt Reeves 2022)


El origen de nuestros modernos mitos se encuentra en los cómics,  en las epopeyas gráficas que se ven renovadas en nuevos ciclos alternativos en los que continuar las bases salidas de ellos. Tras el buen recibimiento general del último Spider-Man, nos llega el reinicio de otro ciclo, esta vez de Batman, dirigida por el director y guionista Matt Reeves, que se había prodigado anteriormente con otro clásico, esta vez literario y cinematográfico, pero igualmente mítico, el derivado del “planeta de los simios”.

Cuando el chico que entró a limpiar la sala me preguntó si me había gustado la película, le dije que sí y me medio una información que me había pasado desapercibida. “¡Son casi tres horas de película!”, me dijo. No me lo podía cree y miré la esfera iluminada del reloj. Faltaban unos pocos minutos para llegar a las tres horas, en efecto. Puede que el dato no parezca relevante, pero el cuerpo en una butaca es también un crítico del filme. No había mirado la hora durante toda la proyección, mis ojos habían estado pendiente de la pantalla del principio al fin de la película. Eso ya nos dice algo, sí.

El segundo detalle es que no reconocí a Colin Farrell tras su disfraz, lo que quiere decir que el actor desaparece tras tras el personaje, y esto es algo que va más allá del personaje o del actor.


Quizá todo ello se produzca porque el verdadero protagonista no es Batman ni un actor como Robert Pattinson, sino la oscura ciudad de Gotham, por un lado, y la mente igualmente oscura de Batman. Pasamos del “caballero oscuro” de Christopher Nolan a esta “ciudad oscura” de Gotham.

La verdadera protagonista es Gotham y la narración son los efectos morales de su corrupción. De esta forma los descubrimientos de Batman se convierten en indagaciones sobre su propio origen, un recorrido por los entresijos de la ciudad, de su historia y del papel de su propia familia.

El filme nos lleva a los primeros años de Batman y al enfrentamiento contra el villano adecuado, Enigma, ya que contribuye a crear un clima esencialmente interrogativo. Donde otros villanos le hubieran llevado al enfrentamiento físico, Enigma le lleva a preguntarse por el sentido de lo que ocurre y al papel que juega cada uno, incluido él mismo. Es en él, Batman, donde se libran las batallas internas. La ciudad es el escenario esencial, la consecuencia de lo que ocurre, el resultado. Transformar la ciudad en un espacio mental, en un “state of mind”, es el gran acierto de la película. Gotham es el espejo que nos revela la verdadera naturaleza oscura de las cosas. Oscuridad del espacio recorrido, necesidad de llevar una luz que ilumine su sentido para el protagonista. Pero la luz no siempre ilumina una verdad gratificante sino muchas veces desoladora. Acabar con los villanos apenas resuelve nada; el mal está por encima de ellos.

La palabra que más se nos repite es “venganza”, el móvil que lleva a unos contra otros y que el propio Wayne y Batman deberán sacar a la luz en sus zonas. En este sentido, es el “enigma” que se les propone el que nos lleva a través de unos y otros personajes a lo largo del filme. ¿Por qué? es la pregunta que mueve la acción. Y ahí radica el secreto de los más de 170 minutos del metraje y de cómo se nos lleva a través de él.


Aunque parezca una paradoja, la película es tremendamente visual por el empleo de la oscuridad. Gotham es la oscuridad que se surca. El ojo se acostumbra a navegar por ella con los personajes. La iluminación se centra en crear la ausencia de luz para definir un ambiente. Hay una escena de pelea en la que la única iluminación se produce con los destellos de los disparos. Nuestros ojos se acaban acostumbrando a la oscuridad, verdadera metáfora visual que define el mal como la ausencia de la luz, que ha huido y que tímidamente trae el amanecer final. Comprendemos plenamente que la oscuridad es el medio natural del hombre murciélago, pero también que no hay luz alrededor de Bruce Wayne.

La acción está magníficamente retratada y mimada en la secuencia de la persecución en el batmóvil al Pingüino, una secuencia que reúne las virtudes de la dirección de Reeves. Dice el director que entre sus referencias está el filme The French Connection (William Friedkin 1971), otra historia de corrupción con una célebre persecución automovilística. La fotografía, el montaje y la música se hermanan adecuadamente, en el lenguaje cinematográfico, dando lugar a ese flujo continuo que nos lleva a visitar los angostos espacios de los crímenes y las posteriores salidas a la ciudad oscura, un ritual que se repite de crimen en crimen. Un filme de acción mental.


En el capítulo interpretativo, la película nos trae un introspectivo Robert Pattison ajustado tras la máscara y a una sólida Zoë Kravitz en el papel de Selina y Catwoman. Los villanos están naturalizados, dejando cualquier atisbo mistificador al margen.  No son una especie diferente, sino el producto de esa ciudad oscura, como lo es el propio Bruce Wayne. La deformidad física es solo el reflejo de la deformidad moral, es la consecuencia de la corrupción que ha inundado ese espacio, como ocurrirá con sus oscuras aguas. Reeves juega con un simbolismo, con un valor religioso que hace del diluvio una tímida posibilidad de renacimiento ante un futuro en el que se irán desvelando nuevos frentes de oscuridad, secreciones ciudadanas del mal, que está en la raíz de la ciudad misma.

Batman ha sido siempre el héroe torturado, una vida doble que tiene mucho de represión y salida de la rabia. En este filme se nos muestra descarnado en su contención de lo que hay dentro de él, esa rabia que estalla en momentos en los que se acerca a los secretos que le rodean. Siendo la venganza lo que les anima, el conjunto de sentimientos que la rodean, de la ira al remordimiento, necesita de otros personajes que representen el regreso al equilibrio, de Andy Serkis como Alfred a Jeffrey Wright como el comisario Gordon. Matt Reeves ha logrado un sólido reparto, bien equilibrado para transmitir esas tensiones alrededor del doble eje de Batman y Wayne.

Hay varios proyectos más allá de la ya rutinaria trilogía que rodea a estos personajes que nos llegan de las raíces de la cultura popular de masas, auténticos crisoles de sentimientos y acción. Esta vez, son más ambiciosos los proyectos y prometen llegar a la dimensión televisiva expandiéndose en varias series. Los buenos resultados conseguidos en críticas y taquillas animan los proyectos.

 Joaquín Mª Aguirre



The Batman (2020)   

Director: Matt Reeves

Guionistas: Matt Reeves y Peter Craig

Interpretes: Robert Pattinson, Zoë Kravitz, Paul Dano, Jeffrey Wright, John Turturro, Colin Farrell,

Peter Sarsgaard, Jayme Lawson, Andy Serkis...

Producción: USA

 Género: Aventuras, cómic, DC

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