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sábado, 25 de junio de 2022

Teléfono negro (Scott Derrickson 2021)

 

No es fácil innovar en el género de terror y Black Phone es una película que se mueve entre géneros y trata de innovar. Su director, Scott Derrickson, tiene ya una serie de éxitos en el terreno del género de terror y de la fantasía.

Partiendo de un relato breve de Joe Hill, el guion ha sido escrito por el propio Derrickson y por C. Robert Cagill, un compañero en películas anteriores como Dr. Strange (2016) o la serie Sinister (2012 y 2015), entre otras. La historia de la que se parte es interesante y lo es también el desarrollo que se le ha dado en la película por parte de director y guionistas.

Teléfono negro es una obra sobre la violencia y su correlato, el miedo que provoca en las personas. Es más que una historia de terror y nos lleva a reconsiderar a qué debemos tener miedo en la sociedad, por lo que una lectura sencilla de la obra nos puede llevar a consideraciones equívocas, algo que puede ocurrir en casos como este.

Podríamos decir que se construye sobre tres círculos concéntricos: el paranormal, que es el que desarrolla el terror en lo sobrenatural; el criminal, con un psicópata secuestrador y torturador de niños; y, por último, el de la violencia social, una constante en toda la película.

La historia de dos hermanos, Finney (el actor Mason Thames) y  Gwen (la actriz Madeleine McGraw), que han heredado de su madre fallecida años atrás unas capacidades paranormales sirve como elemento que se contrasta con los crímenes cometidos por la zona y que nadie ha logrado resolver, produciéndose la desaparición periódica de niños.

La inteligencia de la película es mostrarnos principalmente la brutalidad social en su forma más directa en la vida cotidiana de los niños, especialmente contra Finney, víctima constante de acoso en el colegio y en las calles del pueblo. Se vuelve a incidir en la base de la violencia habitual en los Estados Unidos, la violencia escolar. Esa es la base del terror que vemos, el que ha sido socialmente asumido y el que parece no importar demasiado. Su hermana Gwen, se nos muestra desde el principio, tiene esas dotes de vidente onírica que le hacen soñar con los desaparecidos y padecer la violencia en sus noches. La videncia es rechazada por su propio padre (Jeremy Davies), que no quiere ver cómo se reproduce en su hija lo que era un sufrimiento en su madre.

El segundo nivel, el del psicópata asesino, está estilizado gracias a la interpretación tras la máscara de Ethan Hawke (The Grabber), lo que le otorga un doble papel simbólico, probablemente un personaje sometido a su vez a abusos.

El centro de la película son los dos hermanos y su conexión con ese mundo más allá de la realidad que acaba interviniendo a través de ese teléfono negro que da título a la obra. De muy meritoria hay que considerar el trabajo de los jóvenes Mason Thames y, de forma muy especial, el de Madeleine McGraw, que sabe dar los matices que un papel de este tipo necesita para sobrevivir al estereotipo.

Como película de género que es, Teléfono negro, apenas juega con la sorpresa, lo que en este caso no es un demérito dado el carácter altamente simbólico que la obra presenta, con un importante fondo de ironía, como se nos revela con claridad en los planos del regreso de Finney al centro escolar.

El género de terror sirve aquí para hacer esa radiografía de la violencia y de la admiración social que provoca, de cómo se encuentra entre nosotros marcando sus normas. Hay que temer más a los vivos que a los muertos.

Un buen trabajo en la dirección nos muestra que esta es una apuesta muy personal por parte del director, que ha querido, moviéndose dentro del género, decir algo más sobre la gran epidemia de la violencia que nos asola y que no tienen forma de parar en los Estados Unidos en sus centros escolares.


Joaquín Mª Aguirre 

 

 

Teléfono negro (Black Phone 2021)     

Director: Scott Derrickson

Guionistas: Joe Hill (relato),  C. Robert Cagill y Scott Derrickson

Intérpretes: Mason Thames, Madeleine McGraw, Ethan Hawke, Jeremy Davies...

género: terror

sábado, 11 de diciembre de 2021

Querido Evan Hansen (Stephen Chbosky 2021)

 


En estos tiempos en los que todo tiende a convertirse en musical para alimentar una escena facilona, nos llega esta "Querido Evan Hansen", dirigida por un director con cuatro filmes, incluyendo este, un musical extraño y oscuro, con una muestra de personajes que alimentan sus propios miedos y tendencias que les arrastran.

Los espectadores se enfrentan a un musical, como decimos, atípico en el que es arrastrado más allá del límite de la comodidad. No esperen fantasía alternativas al mundo real. En Querido Evan Hansen no hay concesiones, no hay escapismo. Muy al contrario.

Quizá hay una frase en la que se podría centrar el mundo que se nos muestra. Cuando el personaje de Alana (Amanda Stenberg), la chica modelo del instituto, le pregunta al protagonista, Evan, (Ben Platt) "¿qué tomas?".  En otras circunstancias podríamos pensar que es una invitación a beber algo. Aquí se refiere a la ristra de medicamentos que tanto él (el fracasado) como ella (la triunfadora) toman para sobrevivir en una sociedad inmisericorde en la que la apariencia lo es casi todo y el dolor y el fracaso se deben esconder. El encuentro en los columpios es una de las mejores secuencias de la película, un momento simbólico por el escenario, la infancia segura, y emotivo por sus confesiones.


El filme de Chbosky es un retrato descarnado de la juventud. Quizá lo sea más allá de los Estados Unidos y nos muestre un sufrimiento que se ha ido extendiendo por las sociedades modernas como una peste. La presión insoportable que unos y otros siente, la ansiedad y frustración de unos y otros en un mundo perfecto que esconde dolor y más dolor.

No es muy difícil suponer de dónde procede la idea cuando los medios de comunicación nos ofrecen información diaria sobre matanzas en institutos o suicidios de jóvenes, sobre epidemias de presión y consumo de todo tipo de medicamentos y sustancias para intentar calmar lo que les supones la oscuridad en la que viven.

El detonante de la trama es sencillo: un joven incapaz de relacionarse con los demás recibe la instrucción de su terapeuta de escribirse una carta a sí mismo exponiendo sus problemas. Es lo que nos da el título de la película. Un malvado del instituto se hace con la carta. Se suicida y le encuentran esa carta que, por la presentación —Querido Evan— piensan que ha dirigido al único amigo que tenía.


Sobre este equívoco se construye una película que le permite al director y a los guionistas indagar en los fantasmas familiares, en los remordimientos, en las hipocresías sociales.

La obra en su totalidad rezuma una ironía trágica, un doble movimiento entre la piedad que nos suscita el personaje por su sufrimiento y el sufrimiento que nos produce ver cómo alivia el suyo construyendo una gran mentira que le permita sobrevivir siendo aceptado por la comunidad que antes le rechazaba.

Con estos elementos, la obra permite entrar en el interior de cada personaje, reservando el de Jared (Nik Dodani) como una visión exterior, conocedora de todo el tinglado que se ha montado. Es interesante el juego que se hace con este personaje, un amigo obligado por la amistad de las madres, gay y con rasgos hindúes. La verdad está en posesión de este personaje, que se sitúa en el mismo nivel que el espectador.


De las virtudes cantantes de los intérpretes no podemos decir nada y habrá que esperar a que lo podamos escuchar en su versión original, ya que las canciones han sido dobladas, lo que creo que, dado que el musical no tiene nada de infantil, es un error a estas alturas. Hubiera sido mejor poder escuchar las voces de los actores y también unas letras menos forzadas. No es nada fácil poder encajar las frases en el canto y que tenga un sentido más allá de las rimas fáciles.

Junto a los señalados, hay que resaltar la confrontación entre actores consagrados, como es el caso de las dos madres, Julian Moore (Heidi Hansen) y una magnífica Amy Adams (Cynthia Murphy, la madre del suicida). Ambas actrices logran una rica gama interpretativa manifestando el amplio abanico de sentimientos ante lo que sus hijos han hecho a lo largo de su vida. Danny Pino pone rostro al padre del suicida. Este está interpretado por Colton Ryan, como Connor Murphy, que es el centro real de la obra, el hijo desconocido que cada uno quiere construir a su manera,

Los intérpretes jóvenes ofrecen unas buenas interpretaciones de papeles que no son fáciles, ya que es la contención, la dificultad de expresar lo que se siente realmente lo que caracteriza el mundo que se nos describe, más preocupado de las apariencias que de atender los conflictos que provoca. Es destacable la actuación de Kaitlyn Dever, en el papel de Zoe Murphy, la hermana del suicida Connan. A Ben Platt le toca el dramatismo de las canciones, en las que se refleja su auténtico sentir, el dolor y el miedo, también la vergüenza.


Como musical, Querido Evan Hansen no es un entretenimiento. Nos sumerge en el problema real de una juventud en una sociedad de enorme dureza en la que la gente se encierra en sí misma por temor a parecer débil y convertirse en el centro de las miradas. Solo los narcisistas son capaces de disfrutar de ese riesgo. Los demás tienen que forzarse a base de medicamentos a salir a la calle e ir al instituto.

Todos son víctimas y verdugos, armados con sus teléfonos móviles, capaces de destruir a otros con unas imágenes lanzadas a las redes sociales. El momento más impactante de la película es cuando vemos, ante los tropiezos del protagonista, cómo van sacando los envenados teléfonos móviles con los que se empieza a grabar. Solo por esa escena vale la pena ver la película y entender cuál es el fondo deshumanizado en el que nos movemos.

No es fácil hacer un musical tan al margen de lo habitual. Es un género que tiene sus dramas, pero este pone el dedo en la herida. La pregunta que nos lanza es ¿puede construirse algo sólido sobre las mentiras? Quizá debiera verse o representarse en escuelas e institutos para que el arte nos ayude a sobrevivir lanzado luz sobre nuestra oscuridad.

Joaquín Mª Aguirre

 



Querido Evan Hansen (2021)    

Director: Stephen Chblosky

Guionista y compositores: Steven Levenson, Benj Paseky Justin Paul

Intérpretes: Ben Platt, Julianne Moore, Kaitlyn Dever, Amy Adams, Danny Pino, Amanda Stenberg, Colton Ryan, Nik Dodani...

Género: drama, musical

domingo, 5 de diciembre de 2021

La Casa Gucci (Ridley Scott 2021)


 Ridley Scott es uno de esos importantes directores que casi nunca nos viene a la mente. Sin embargo, una persona que ha dirigido "Los duelistas" (1977), "Alien" (1979), "Blade Runner" (1982), "Thelma y Louise" (1991) y "Gladiator" (2000) y entre otras, que no solo son "buenas" sino algo diferente, "influyentes". Ser "influyente" significa que tus huellas se pueden rastrear en otros filmes, que has abierto nuevos caminos para que otros hagan las suyas. Hay muchas otras películas de Scott que han sido éxitos, pero creo que las señaladas son suficientes como para entender que forma parte de ese grupo de directores que a mediados de los 70 irrumpieron cambiando el cine y sacándolo de cierta confusión, por no decir directamente crisis, que se había producido a mediados de los sesenta con el cambio de forma de producción, promoción, temático, etc. Ridley está entre ellos por méritos propios.

Scott ha estrenado, con unas pocas de semanas de diferencia, "El último duelo" (2021) y ahora "La Casa Gucci". Vimos la primera, un intento de escritura diferente, pero en la que no le acompañaba la mitad del reparto, sobresaliendo Jodie Comer frente al reparto masculino, con la excepción de Adam Driver, que cumplía. Este último repetirá en La Casa Gucci.

Quizá resulte indicado decir que en El último duelo nos muestra conflictos medievales mediante una narración poliédrica, la misma historia percibida desde personajes diferentes, mientras que en La Casa Gucci nos cuenta una historia de hoy con moldes de siempre.


En La Casa Gucci se ha hecho con un elenco de artistas consagrado y una casi recién llegada, Lady Gaga. Desde el punto de vista de la narración, esta se centra en los personajes, interpretados por actores muy significativos que se enfrentan a Lady Gaga, que a su vez se enfrenta a una manera de interpretar a una italiana, fuerza y espontaneidad, que surge del tópico pero se desarrolla de forma comedida dando lugar a un espléndido personaje, el de Patrizia Reggiani, la joven ambiciosa que tiene que tirar de su marido, un estupendo Adam Driver, para que ascienda en la escala de la Casa, habida cuenta de que esta se encuentra en clara decadencia.

La película tiene algo de tragedia y mucho de comedia, de mezcla de géneros, algo que se logra por el tratamiento que los propios actores le dan, estableciendo formas interpretativas muy distintas. De la exageración bufonesca de Jared Leto a la sobriedad histriónica de Jeremy Irons, pasando por un Al Pacino también exagerado, arrastrado por Leto o por Driver, que es el personaje evolutivo frente al estatismo caricaturesco del resto.

Son Adam Driver y Lady Gaga los que cargan con el peso de la historia desarrollada y de la que el resto de la familia Gucci es el fondo de paisaje humano. Patrizia Reggiani y Maurizio Gucci son el centro y el drama consiste en cómo los de arriba usan a los de abajo hasta que los de abajo, Patrizia, acaban haciendo justicia por su propia mano. La ironía es que el esfuerzo de ella y su éxito es lo que determinará su propio fracaso. Creo que esa es la rabia de Patrizia, ver cómo son otros parásitos sociales los que se benefician de su esfuerzo trabajador.

El retrato de la familia es inmisericorde. Ya no son de este mundo, sino un mero espectáculo mediático en un escenario en el que el poder familiar ha sido absorbido por el de las empresas e inversores. Son frustraciones decadentes andantes, cada uno en su línea alejada de la realidad. Patrizia viene de fuera, es vital y ambiciosa.

De toda la película destaca, sin duda, el trabajo perfeccionista, en su espontaneidad italiana, de Lady Gaga, controlando cada gesto y movimiento, puestos al servicio del personaje. Su vulgaridad contrasta con la decadencia de los miembros de la familia enzarzados en sus juegos y obsesiones. Es un trabajo que ya está siendo premiado y que lo seguirá siendo en entregas futuras de los premios. Son merecidos.

Joaquín Mª Aguirre



La Casa Gucci (2021)   

Director: Ridley Scott

Guionistas:  Becky Johnston y Roberto Bentivegnabasado en el libro de Sara Gay Forden

Intérpretes: Lady Gaga, Adam Driver, Al Pacino, Jeremy Irons, Jared Leto, Jack Huston, Salma Hayeck, Alexia Murray...

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Simpatía por la diablesa  (Pisando charcos 2/12/2021)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Quizá era inevitable que ocurriera. La película de Ridley Scott "La Casa Gucci" estaba destinada a la controversia desde su mismo origen. Me imagino que es lo que ocurre cuando se trata una situación demasiado próxima, hechos muy cercanos. Si a esto le añadimos el carácter público, muy público, de una gran empresa que vive de su propio nombre o, si se prefiere, que su nombre es su principal activo, la controversia está servida, máxime si hay un asesinato por medio.

La CNN da cuenta de lo mal que le ha sentado a la empresa la película: 

The family took particular issue with the depiction of Reggiani, played by Lady Gaga, as "a woman definitively convicted of ordering the murder of Maurizio Gucci... as a victim" in the movie itself and in statements by cast members, Italian media agency ANSA reported.

The heirs criticize "the indulgent tones towards a woman who, definitively convicted of having been the instigator of the murder of Maurizio Gucci, is painted not only in the film, but also in the statements of the cast members, as a victim trying to survive in a male and male chauvinist corporate culture," ANSA continued.

The letter went on to say that Gucci "was an inclusive company," adding that in the 1980s, when the film is set, there were several women who occupied top positions in the company.

"The Gucci family reserve the right to take every initiative (necessary) to protect their name and image and those of their loved ones," a letter signed by Aldo Gucci's heirs said.

The statement also alleged that in the movie members of the Gucci family were falsely portrayed as "hooligans" who were "ignorant and insensitive to the world that surrounded them," ANSA added.

CNN has contacted Scott's representatives for comment.*

  

En síntesis, es una descripción de los problemas que plantea hacer una película actual, con personajes reales y hechos que, por muy reales que sean, son vistos e interpretados desde puntos de vista distintos.

Precisamente la anterior y casi simultánea película de Ridley Scott, estrenada unas pocas semanas antes, "El último duelo" (2021) es una película también histórica, solo que unos cientos de años atrás, en el mundo medieval, pero con el peculiar tratamiento narrativo de ofrecernos la misma historia percibida desde cuatro ángulos distintos. Mientras que la historia medieval tiene una perspectiva relativista de la historia, lo que se nos cuenta en La Casa Gucci levanta ampollas acusada de unilateral y partidista.

Quizá sea que lo histórico, ya sea puntual o temático, requiere distancia. Es la diferencia entre la Historia y el Periodismo. La distancia elimina ciertos obstáculos (como las quejas de los afectados, aunque este concepto también pueda ser relativo, ya que toda obra acaba hablando del presente), pero mantiene otros. La película sobre la actualidad tiene, en cambio, muchos obstáculos aunque algunas ventajas. La proximidad implica controversia porque, como es el caso, la Casa Gucci reacciona ante su imagen, que considera malinterpretada y dañada. Pero esa misma controversia acabará beneficiando a Gucci, llevándola al primer plano mediático, y por supuesto a la propia película, que se ve promocionada por los escándalos que se generen.

¿Es cine sensacionalista como hay prensa sensacionalista? Quizá todo se trate de un ejercicio de estilo de Ridley Scott tratando de indagar (como hizo François Truffaut en los 70) entre los géneros y las realidades. ¿Son reales los seres que aparecen en la prensa del corazón, que copan las portadas sensacionalistas? ¿Cómo contar su historia en el futuro?

La película es película y es consumida como tal. Pero su efecto es ser tomada por la historia "verdadera", que ¡vaya usted a saber cómo fue! ¿Eran las personas tan retorcidas como  sus personajes? ¡Quién sabe! Lo que sí es cierto es que, entre tanto tonto, elitista y ambicioso, el personaje de Patrizia Reggiani, interpretado magistralmente por Lady Gaga se lleva las simpatías por muy antipática o asesina que sea. Cumple, además, el estereotipo de la italiana pasional frente a los decadentes Gucci. Ella es energía ascendente que tiene que tirar de un marido tirando a flojo para que este llegue a la cima y prescinda allí de ella.

¿Historia frente a ficción? Hace mucho tiempo que se entendió que la "Historia" es un tipo de discurso que escriben los vencedores, que necesita revisiones periódicas cada vez que hay un fuerte cambio político, social o generacional. Si la película llegara a ser un "clásico", los personajes quedarían fijados y superarían a las personas que los motivaron.

Toda obra de ficción es una interpretación; pero también la Historia lo es, por más que trate de centrarse en datos, números o cualquier otro autoengaño de objetividad. "La Casa Gucci" es una película. Para los Gucci —en la película se nos dice que ya no quedan Gucci en Gucci— puede ser un cruel retrato de una familia en clara decadencia, a la vista del filme.

En el fondo, es una descripción de una "decadencia y caída" por más que la marca siga su exitosa trayectoria, quizá por librarse de ellos. Forma parte de un género y tiene sus propios tópicos. El modisto Tom Ford (que aparece como personaje) dice con tono despectivo que es un "culebrón" tipo Dinastía. ¿Y qué? Dice que estuvo muy triste tras ver la película. No debió ir porque entró en la sala con la película de su vida y esto era otra cosa. Enjuiciar las películas con las experiencias pasadas y los sentimientos fijados no es bueno. "Era mejor la novela", en este caso su vida. La película te lleva a crear nuevos sentimientos que a lo mejor crean conflictos.

¿Fue Patrizia Reggiani una víctima? En una historia de ambiciosos y presuntuosos, el personaje de Patrizia se nos presenta como "la gran mujer detrás de un hombre débil". Finalmente es un tradicional caso de despecho entre mármoles y visones, un conflicto entre mujer emprendedora y varones ociosos y débiles. ¿Ve el público con simpatía a la asesina, Simpatía por la diablesa, que dirían los Rolling Stone?

En una galería de este tipo, la simpatía se decide por el menos malo. El corazón de los espectadores no es justo, solo resuelve los dilemas que se le plantean. Ella quería ser buena, pero no la dejaron; ellos se extinguieron simplemente por sus propias decisiones y tonterías personales, familiares y empresariales. ¿Es todo cierto? Por el precio de una entrada no tienes más derecho a más verdad.


  

* Nicola Rutuolo y Amy Woodyatt "Gucci family hits out at portrayal in 'House of Gucci' movie" CNN 30/11/2021 https://edition.cnn.com/style/article/house-of-gucci-family-intl-scli/index.html

domingo, 21 de noviembre de 2021

Ultima noche en el Soho (Edgar Wright 2021)

 


Muchas son las virtudes de este filme dirigido por Edgar Wright, autor también de la historia y del guión junto Krysty Wilson-Cairns. Es justo juntar a director y guionista en la primera línea de esta crítica porque es hace bueno aquello de que sin una buena historia no es posible una buena película. Guión e imágenes se complementan en esta historia bien llevada, a la que auguramos que se convertirá en una película de culto, pues dispone de todos los elementos para ello.

Última noche en el Soho (Las Night in Soho) es un filme con el que sueña todo director, una conjunción de elementos bien seleccionados, de la fotografía a los actores, del guion a la música o la puesta en escena. Es una pequeña obra maestra con apariencia de serie B, una pequeña lección de puesta en escena en la que se utilizan todo tipo de retales de la historia del cine para construir una película nueva y sorprendente que te mantiene atado a la butaca hasta su última escena.


La película es un filme de género, con la salvedad, de que el género narrativo va oscilando y produce una de esas películas híbridas en las que cuando el espectador está convencido de que caminará por una senda se le lleva al carril paralelo por el que es guiado durante una parte de la película.

Si hay algún marco de referencia para este filme, debemos situarlo en un maestro en esto, Brian de Palma, al que creo que filmes como "Vestida para matar" o "Carrie", como dos referencias claras, nos llevan. Todo ello se ciñe a una estética muy lograda de los años 60, una referencia para el mundo que la protagonista desea desarrollar.

Recordemos que ya entonces Brian de Palma seguía sin disimulo alguno a su maestro, Alfred Hitchcock, al que homenajeaba sin límites en cada uno de sus filmes, cada vez más truculentos. El filme del británico Edgar Wright tiene mucho de homenaje al género o mezcla de ellos, mostrando que la genialidad no es crear lo nuevo sino construir con lo viejo renovándolo.


Como es propio del género híbrido al que se nos lleva, la película está llena de espléndidas trampas, bien construidas, que hacen que el espectador quede seducido por el arte del ilusionismo, que lo que muestre tu mano derecha oculte lo que hace tu mano izquierda. Esto queda perfectamente delimitado con la atracción de las imágenes y la seducción de los personajes. El juego de espejos que se nos muestra en el filme con ese viaje de marco en marco a través del mundo de los sueños.

Para que esta película adquiera la fuerza que tiene dispone de dos extraordinarias actrices jóvenes, una es Anya Taylor-Joy (Sandy), que acumula papeles brillantes apoyándose en su inteligencia interpretativa y un rostro bello e inquietante con el que transmitir la amplia gama de emociones que el guion exige de ella. En el otro lado está la neozelandesa Thomasin McKenzie (Eloise), otra actriz joven, poco más de 20 años, que se constituye en el otro lado del personaje encarnado por Taylor-Joy. Ambas constituyen una unidad perfecta en lo interpretativo, siendo cada rasgo de una contestado desde el otro lado por las virtudes equilibradas. Felicitaciones a los que decidieron el casting porque la película con otras actrices sería una película muy distinta.


El salto de Eloise, de vivir protegida y cuidada por su abuela en una casa de campo, hasta el Londres agresivo al que llega será determinante de su estado de ánimo. El refugio ideal parece ser ese Londres sesentero que se nos muestra, pero este esconde demasiados secretos y violencia. Sobre ello se construye el filme.

Como el ambiente, ese atractivo mundo de los sesenta, es un punto esencial de la película está presente recogido en colores y luz, en calles y casas, perfectamente sincronizado con el mundo interior del personaje. La música forma parte de la historia tanto la que es ajena a universo ficticio como la que los personajes escuchan de sus viejos discos, un punto de unión entre los personajes en cada lugar en el que se encuentran, ya sean en sus casas o en los clubes, donde podemos ver actuar, por ejemplo, a Cilla Black.


El reparto funciona bien, con actores como Michael Ajao, en el papel de John, el amigo de Eloise cuando llega a Londres; un magnífico Matt Smith, en el papel del inquietante Jack, el chulo; un recuperado Terence Stamp, en sus recorridos por el Soho; y una irreconocible Diana Rigg. Un grupo bien llevado de actores jóvenes configuran los compañeros de Eloise en ese Londres abusador que se representa en la Escuela de Diseño.

El peso de la película cae en las dos interpretaciones de Thomasin McKenzie y Anya Taylor-Joy unidas por los lazos del sueño dando lugar a un brillante juego de presencias y transformaciones.

A falta de cuatro minutos para las dos horas, la película fluye con el interés del guion, la interpretación de los actores, la fotografía y la música, levándonos de sorpresa en sorpresa, con un crescendo en la presión sobre el espectador, al que se le ha llevado de la luz del Londres nocturno a la oscuridad tenebrosa de los protagonistas.

La película, como señalamos al inicio, tiene todos los factores para convertirse en película de culto, como las de Palma o Carpenter; de ellas ha aprendido su solidez narrativa y el poder de las imágenes.

 Joaquín Mª Aguirre

 



Última noche en el Soho (2021)   

Director: Edgar Wright

Guionistas: Edgar Wright (historia) y Krysty Wilson-Cairns (guión)

Intérpretes: Thomasin McKenzie, Anya Taylor-Joy, Matt Smith, Michael Ajao, Terence Stamp, Diana Rigg, Synnove Karlsen...

domingo, 26 de septiembre de 2021

Cry Macho (Clint Eastwood 2021)


Cuando terminó la película, el chico que hace la limpieza de la sala preguntó a una pareja que ya salía: ¿qué tal? La mujer le dijo: "Una historia muy bonita, pero da pena verlo tan mayor".  La visión opuesta es la alegría que da ver que una persona con 91 años a sus espaldas sigue haciendo buen cine. Es el vaso medio vacío o medio lleno. Pero eso es algo que viene de fuera del filme, en donde debemos aceptar sus supuestos iniciales.

Clint Eastwood ha sabido esperar las películas en cada momento de su vida. Dicen que pasó años para poder interpretar el personaje de "Sin perdón", la película que le consagró definitivamente como un clásico vivo, expresión que se le suele aplicar. Esta película es una historia para la que no sé si ha esperado, pero sí que merece la penar ver por muchos motivos. 

Cry Macho es una película aparentemente sencilla en el mejor sentido del término, el del arte que no esconde nada y que muestra, sin trampa ni cartón, sus objetivos. Y es además una película, en otro orden, también relativamente optimista. Eastwood construye un mundo inicialmente negativo y llega a un final en el que el futuro es corto pero intenso para uno, el personaje de Eastwood, Mike Milo, y largo e incierto para otro, el joven al que debe llevar de regreso a los Estados Unidos desde México, para Rafael. Pero lo importante —y esto es una filosofía de vida— no es lo que puede ocurrirnos, siempre algo abierto a todo tipo de incidencias e incertidumbres, sino lo que vamos dejando atrás, día a día, lo que es nuestro equipaje existencial. En cada momento, su decisión.

Cry Macho es una "road movie" de personajes extremos, en este caso en forma de ver el mundo, culturalmente y por la edad. El género mete en un mismo vehículo o sube a unos caballos a dos personajes dispares y los somete a todo tipo de pruebas durante el viaje, símbolo de la vida y de la transformación. "A story of been lost... and found", dice el cartel norteamericano de la película, lo que lleva a varias preguntas sobre el derecho a la redención a costa ajena o, si se prefiere, si "final feliz" significa lo mismo para todos. Pero quizá sea así la vida, lo que nos llevaría por otros derroteros.

Por un sentido del compromiso ("¡me lo debes!") Mike Milo se mete en un viaje para devolver al hijo de su antiguo jefe a los Estados Unidos. Tendrá que pasar la frontera y buscar al hijo que se encuentra con una "madre", que lo tuvo, pero no ha querido saber mucho de él. Más bien se le ha generado una personalidad conflictiva y rebelde con la Milo, una vez encontrado, deberá lidiar en su accidentado regreso.

El filme sigue la novela de N. Richard Nash, de donde habrá sacado las vicisitudes y resultados. En este sentido, la película es una road movie, un filme de género. Es una película sobre lo que la vida te quita, a veces te lo devuelve. Por el camino, ambos, Mike Milo y Rafael, se van encontrando con sus pruebas y con sus conversaciones descubriendo que su sentido negativo de la vida tiene otras alternativas. La interpretación sobre hasta qué punto es cierto a través de lo que vemos queda en manos de los espectadores, pues la historia nos ha sembrado de suficientes elementos negativos como para ir más allá de que la felicidad dura poco, es un estado transitorio, y hay que saber aprovecharla.

Desde el punto de vista cinematográfico, la película cuenta con una excepcional fotografía de Ben Davis, que sabe crear a través de la luz y los encuadres unos ambientes específicos para la épica o para la intimidad de los personajes.


Los personajes, más allá de los sicarios o encuentros del camino, son una estupenda Natalia Traven en el papel de Marta, regente de una isla femenina en el camino; los padres de Rafael, interpretados por el cantante country Dwight Yoakam y la actriz chilena, Fernanda Urrejola. El personaje de Rafael está interpretado por Eduardo Minett que es capaz de dar cuenta de la evolución.

Después de dejar madurar la película un par de días, creo que es más "oscura" de lo que a primera vista percibimos, que esa "bonita historia" tiene más aristas de las que pensamos y que Eastwood, una vez más, nos ha metido en un universo ambiguo, con una ineludible dimensión moral a la que ha de enfrentarse en espectador.

Cry Macho es una historia de padres sin hijos y de hijos sin padres; también de padres que no valoran a los hijos y de hijos que valoran en exceso a los padres. De todo ello surge es mundo que Eastwood nos muestra en este filme, aparentemente sencillo, pero no tanto.

Joaquín Mª Aguirre

 



Cry Macho (2021)     

Director: Clint Eastwood

Guionistas: Nick Schenk, N. Richard Nash

Producción: USA

Intérpretes: Clint Eastwood, Natalia Traven, Eduardo Minett, Dwight Yoakam

domingo, 15 de agosto de 2021

Cuestión de sangre (Stillwater, Tom McCarthy 2021)



Probablemente haya varias formas de enfrentarse a la crítica de esta película. La primera es la que algunos han tomado confrontando la vida americana con la europea. No creo que se trate de eso. Otros han hablado del desmontaje del héroe medio norteamericano, sea este el que sea. Tampoco es esta una línea que me parezca demasiado productiva.

Voy a aventurarme por una línea, que la propia película marca con una palabra que solo es dicha una vez en las 2 horas y 20 minutos de metraje: "maktub".

La palabra, árabe, se la dice la hija a su padre y le da una pequeña explicación: es lo que está escrito, lo que viene dado y contra lo que no se puede ir por su propia naturaleza. Desde esta perspectiva, el filme adquiere un fondo existencialista, que podríamos calificar como "camusiano", en especial, en El extranjero, donde ese "maktub" es el elemento que hace que seamos un juguete en manos de la vida, algo que se escapa de nuestras manos. Desde esa perspectiva existencialista o, si se prefiere, existencial, "todo" encaja, incluso el escenario francés que se ha elegido para la historia, con un mundo árabe emigrado esparcido por la Marsella francesa. Los lectores camusianos podrán interpretar a su manera esos planos en la libertad del agua que definían a Mersault, ese flotar sin tensiones, que en la película veremos dos veces, una por personaje.



La historia de un padre (Matt Damon) que abandona Oklahoma periódicamente para ir a visitar a su hija (Abigail Breslin), que lleva cuatro años encarcelada en Marsella, condenada por el asesinato de su novia, una chica árabe, que fue apuñalada. Ella manifiesta que es inocente, pero los abogados no encuentran forma de aportar nuevas pruebas con las que reabrir el caso. El padre se niega a aceptar el rechazo y decide, por su cuenta y engañando a la hija, tratar de encontrar las pruebas que permitan sacarla de la cárcel.

En el camino, el azar pone a una mujer francesa, Virginie (Camille Cottin), con una hija pequeña, Maya (Lilou Siauvaud), con las que pasa a vivir. Sera Virginie quien le ayude, dados sus nulos conocimientos del idioma francés, en la búsqueda de un personaje al que su hija menciona, Ahmed, pero que nadie ha conseguido encontrar.

La obra nos muestra a un personaje encerrado en una vida que se cumple a sí misma, mientras va dejando atrás las nuevas oportunidades que se le van ofreciendo. La vida ofrece mucho, pero para quien está cegado solo hay la línea de lo que ya está escrito y se ha de cumplir.



Matt Damon da cuerpo a un personaje osco, Bill, procedente de Oklahoma, un personaje de "sí, señora-no, señora" continuos explosivo y obsesivo; bien intencionado, pero ciego. Su fondo es el sentimiento de culpabilidad por su hija, con la que no se entiende —y que confesará ser como él— y la dificultad de expresarse emocionalmente en su precariedad de recursos. En Virginie y Maya, Bill encuentra una posibilidad, la familia que no consiguió tener por la muerte de su esposa y el enfrentamiento con su hija, que la hizo irse a Francia.

La película es densa, dura por lo que tiene de "realidad" y de ir contra todos los tópicos de este argumento que se ha dado múltiples veces en el cine. Pero el cine es algo que se proyecta en una pantalla y la idea del director y guionista Tom McCarthy es otro cine y una pantalla espejo de la vida.

Los escenarios pasan de la Norteamérica rural a una Marsella arabizada, espacio de enfrentamientos y violencia, de racismo que surge en cuanto se escarba un poco, de territorialidad tribal entre los grupos.



Tenemos un personaje que reza "¡Tú no me abandonas, yo no te abandono!" en un mundo donde los dados están echados, ¡maktub! La claridad ante la vida solo se da cuando ya es demasiado tarde; cegados por el momento, solo queda contemplar los errores cometidos.

La película se cimenta en un buen guion y en un buen trabajo de los actores, incluida la falta de expresividad del personaje de Bill, que es parte de su forma de ser. Estupenda Camille Cottin y la pequeña Lilou Siauvaud. Mención aparte merece Abigail Breslin, actriz a la que hemos visto crecer película a película, en el personaje de la hija, de una enorme complejidad en su trazado. No hay plano que desaproveche para mostrarnos sus cualidades y su comprensión del personaje.

La contraposición en la forma de actuar es deliberada. A la espontaneidad de los actores y personajes franceses se le opone el muro de los sentimientos elevado por el padre y la hija, encerrados en su tosquedad.

La película es intensa por sus giros fatales, esas llamadas del destino de las que no se puede huir. Quizá un recorte en el largo metraje habría hecho ganar al filme, pero creo que McCarthy ha querido darle su propio desarrollo interno, ese tono de normalidad rota por la obsesión.


La traducción del título al español pone el énfasis en la cuestión familiar, "Cuestión de sangre", desviando la lectura hacia esos lazos de sangre, que creo que es solo un aspecto de la fatalidad. "Stillwater", en cambio, pone el acento sobre otro aspecto sobre el que girará la trama, que siempre está en los detalles.

Algunas crónicas se refieren al caso de Amanda Knox, estudiante norteamericana encarcelada Italia por el asesinato de su compañera de piso, como inspiración. La propia Knox ha acusado a Damon de "explotar su caso" en su beneficio. Las relaciones entre el arte y la vida son complejas y, a veces, complicadas. 

Por mi parte, apunto a lo señalado anteriormente y a una conexión cinéfila con la magnífica película surcoreana, Mother (Bong Joon Ho 2009)

Joaquín Mª Aguirre

 


Cuestión de sangre (Stillwater 2021)   

Director: Tom McCarthy

Guionistas: Tom McCarthy, Marcus Hinchey, Thomas Bidegain y Noé Debré

Nacionalidad: USA

Intérpretes: Matt Damon, Camille Cottin, Lilou Siauvaud, Abigail Breslin

sábado, 24 de julio de 2021

El cover (Secun de la Rosa 2021)

 


Los dos principales méritos de El cover, el filme escrito y dirigido por Secun de la Rosa, son —a mi entender— no haberse dejado arrastrar por una historia a la americana, los jóvenes que van a Los Angeles para ser artistas y que acaban de camareros, sirviendo mesas. El truco de Secun de la Rosa es coger la historia tradicional y darle la vuelta, convertirla en la del joven que no quiere ser estrella cuando tiene condiciones para serlo.

Pero esta historia se nos disuelve rápidamente en algo mucho más interesante, esas dos características que señalábamos al principio. La primera de ella es el tratamiento del espacio. Sabedor que sería ridículo comparar Los Angeles con Benidorm, de la Rosa toma una decisión inteligente: convierte a Benidorm en una abstracción, en una especie de entelequia de luces y figuras geométricas, un espacio simbólico, arquetípico. De hecho, lo sorprendente es la estilización que logra de una ciudad monstruosa, una excrecencia ladrillar. El Benidorm de Secun de la Rosa es una brillante construcción mítica, lejos de cualquier reconstrucción turística, como estamos viendo en tantas películas españolas (y algunas extranjeras) en las que se buscan subvenciones a base de reproducir monumentos, lugares pintorescos y edificios representativos. Benidorm es el borde exterior de la trama, un tercer anillo envolvente, el límite espacial. Obviar una ciudad que te rodea convirtiéndola en un escenario simbólico es un ejercicio que de la Rosa ha sabido resolver.



Como es el director y el guionista, el acierto hay que atribuírselo directamente a él, con la inestimable ayuda de los encargados de cámara y fotografía Amando Crespo, Santiago Racaj y Johnny Yebra, un aspecto importante de la película. La fotografía sirve para aislar a los personajes en determinados momentos, a través de las lentes adecuadas, convirtiendo el entorno en ese espacio evanescente, que es Benidorm, fragmentado en tres o cuatro microespacios diferentes, del bar en el que trabaja Dani (Álex Monner) al bar donde actúan El Spanglish, la playa, la residencia del abuelo y esas calles por las que se circula como si fueran recorridos imaginarios, solo marcados por las luces de fondo.

El trasfondo de la película es una pregunta: qué significa ser "auténtico" en un mundo en el que nadie lo es, que —traducido por los propios personajes en la película— se expresa en un "¿por qué querer ser un desgraciado cuando se puede ser feliz?". La felicidad la alcanza cada uno como puede o, para ser más preciso, se la hace cada uno con su propio personaje. La reflexión sobre qué es ser uno mismo da ciertos toques existenciales a la película, pero el consejo es muy "mediterráneo": se feliz con lo que tienes y no te preocupes tanto por los demás y lo que puedan opinar de ti.



Esto nos lleva al segundo gran acierto de la película de Secun de la Rosa: los personajes. Alrededor del personaje central, Dani, comienzan a aparecer tres generaciones muy distintas: su abuelo (bien interpretado por Juan Diego), la gente de la generación de sus padres, los que han sobrevivido (representados por Carmen Machi y Susi Sánchez, también estupendas) y después todo un repertorio de personajes que viven una extraña vida, entre la realidad y la fantasía, imitando a cantantes, como es el caso "Adele/Sandra" (Marina salas) o "Amy" (Carolina Yuste), dos actrices que saben dar cuerpo y alma a sus personajes. No es fácil, pues la película nos va descubriendo las debilidades de los que prefieren vivir escondidos tras los personajes que imitan antes que mostrarse ante los demás. Esto se nos muestra especialmente a través del personaje de Carolina Yuste, una gran interpretación, como una Amy Winehouse, un personaje real torturado que le sirve para realizar su propio sueño vital.



Hay una lectura de la película y es precisamente el grado de agresividad que se vive en las distintas generaciones. El retrato que se hace de la generación actual, la de los protagonistas, creo que está dotado de mucha más profundidad de lo que es habitual. En este sentido, la historia de fondo, la que lleva a vivir dentro de los personajes que eligen para vivir a través de ellos acaba componiendo un mosaico que es el verdadero retrato de la película, su fondo sobre esa diluida ciudad que les rodea.

Uno de los elementos más flojos en muchas películas españolas es el guión. No es así en este caso; hay historia. Y si los actores acompañan, como es el caso, la película se desliza ante nosotros con una naturalidad que no siempre está presente en nuestro cine.

Lander Otaeola sabe dar el tono a su personaje del amigo de Dani. El resto —y la película tiene muchos alrededor del personaje central, interpretado por Alex Monner cumple con creces tanto individualmente como en su coralidad. Hay que señalar que en la película la música (como acción y metáfora)  es el fondo que sirve para empastar todos los elementos, de la historia a los personajes. Es el aliño que hace que todo cuadre, dando consistencia a los espacios y a los personajes. Magnífica la larga secuencia en El Spanglish, el local donde se dan las interpretaciones, en las que cada grupo se nos muestra a través de una canción, mostrando una amalgama que, sin embargo, funciona. Es una magnífica secuencia que permite unir todos los elementos, una secuencia de gran complejidad técnica e interpretativa que se resuelve a la perfección por parte de todos.



Los personajes más pequeños tienen su drama, su sentido dentro de la película, adquiriendo consistencia en ese mundo fantástico en el que viven, un lugar falso en el que crearse un personaje para subirse a un escenario y cantar cada noche a turistas que nada les importa. Pero lo importante, como se señaló, es cómo vives tú tu propia vida.

El cover es sobre todo es un retrato generacional, una película que viene bien en estos momentos de confusión, que es lo que se refleja en la película, de miedo a ser uno mismo. Elegir un rostro, una voz, un estilo, para avanzar por una vida dura, sin concesiones. Pero vivir. ¡Cómo no se pueden enamorar dos personas a las que les gusta Bambino! El destino es el destino.

Le deseamos a El Cover un buen recorrido este verano. En el cine, en la primera sesión, estábamos dos personas. Espero que estas líneas animen a algunos a pasar una tarde de verano en una fresca sala de cine escuchando su música y viendo ese paisaje de luces. Merece la pena dedicarle un rato a algo que se hace con esfuerzo e ilusión.

 

Joaquín Mª Aguirre

 

 


 

El cover (2021)           

Director y guionista: Secun de la Rosa

País: España

Intérpretes: Álex Monner, Marina Calas, Carolina Yuste, María Hervás, Susi Sánchez, Carmen Machi, Juan Diego, María Hervás, Lander Otaola,  Lidia Mínguez...

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