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domingo, 15 de febrero de 2026

Cumbres borrascosas (2026)

 Las adaptaciones de clásicos suelen ser polémicas. Lo son porque luchan contra algo que es amado, contra algo que nos ha gustado anteriormente, contra un recuerdo enquistado. En el caso de Cumbres borrascosas, la lucha en doble: contra una novela amada y una película clásica, con actores que hicieron época.

Como ha ocurrido con el reciente Frankenstein, de Guillermo del Toro, la lucha con el pasado es una dura batalla.  Pero estas batallas son necesarias cuando el gusto y la cultura de la que se alimenta cambian en el tiempo. El movimiento cultural es una suma de relecturas, de adaptaciones constantes a los cambios que el propio tiempo produce.

La pregunta, por tanto, es: ¿es el Cumbre borrascosas de Emerald Fennell una relectura adecuada a los tiempos que la gestan? Se trata de dilucidar si se trata de una lectura correcta (sea lo que sea esta) de una novela que fue mal leída en su momento, pero que fue creciendo hasta llegar a ser a una de las cimas literarias de la lengua inglesa y, por extensión, de la novela moderna. ¡Curioso destino el de las hermanas Brontë, encerradas en su casa por los prejuicios patriarcales y produciendo la más importante literatura de su época... percibidas desde otra!

En los últimos tiempos algo ha cambiado. Lo percibimos en las lecturas distintas de ciertos clásicos. Es un signo de que necesitamos nuevas interpretaciones para mantener el fondo.

Cumbres borrascosas, de Emerald Fennell, es una lectura de hoy, lo que gusta a unos y molesta a otros. Es claramente un proyecto personal que engloba tanto a la dirección y guión de Fennell, que tiene una muy buena trayectoria de éxitos, y es un proyecto personal de producción e interpretación por parte de Margot Robbie, otra sólida y valorada actriz.

En sus manos Cumbres borrascosas tiene personalidad y empaque, también valor, porque enfrentarse a un clásico consolidado no es fácil. Y lo han hecho a sabiendas del riesgo, algo que también hay que valorar.

En el terreno cinematográfico, Cumbres borrascosas se mueve entre una forma naturalista y la abstracción visual, lo que determina su estilo. Pasamos de los primeros planos expresivos de los actores a la construcción de encuadres sofisticados que nos hacen mantener las distancias. Se busca nuestra implicación y, a la vez, nos distanciamos en un ejercicio estilístico complejo.

Los actores están soberbios. Tanto Robbie como Jacob Elordi transmiten el apasionamiento de un amor que se vuelve condena y resulta odioso para quien lo contempla, que somos nosotros, conocedores del malentendido y de las fuerzas negativas que lo producen y sostienen. Es el uso del amor para hacer daño lo que vertebra el filme, lejos de cualquier idealización. De las distancias sociales a las personales, Cumbres borrascosas puede calificarse de muchas formas, menos de romántica. Y en esto se nota el paso del tiempo, en un distanciamiento casi brechtiano respecto a cualquier idealización del amor, que pasa a ser carnal y vengativo, incontrolable y destructivo.

El Cumbres borrascosas de Emerald Fennell es un mundo sin idealizar, sin la idea vieja de que el amor libera, como se puede ver a través de un personaje esencial, el de Isabella (¡magnífica Alison Oliver!), que nos da las claves del fondo y permite comprender el alcance maléfico de los planes amorosos y vengativos de Heathcliff con quien tiene una escena cumbre, que nos muestra el control y la misoginia del personaje.

Buena fotografía y buena música nos acompañan a lo largo de la proyección, dando forma a lo que pasa a ser un recital interpretativo, tanto en la contención como en el exceso, en la franqueza como en la doblez de los personajes, como en el caso de otro gran trabajo de Hong Chau, que interpreta a Nelly.

Resaltar la fascinante fotogenia de Jacob Elordi en todas las dimensiones del personaje. Sabe construirlo con su sola presencia. Esto implica un gran trabajo en la selección y dirección de los actores, un trabajo notable de la directora.


En su conjunto es un trabajo notable, que podemos valorar por sí mismo o por su destrucción de convenciones y clasicismo. A lo mejor nuestra idealización romántica se resiste a ver esta manera de mostrarnos un amor destructivo.


Cumbres borrascosas (2026)

Directora: Emerald Fennell

Guionistas:  Emerald Fennell, según la novela de Emily Brontë

Intérpretes: Margot Robbie, Jacob Elordi, Hong Chau, Shazad Latif, Alison Oliver, Martin Clunes...

Fotografía: Linus Sandgren

Música: Anthony Willis

Producción: Reino Unido

Duración: 2 horas 16 minutos

martes, 7 de octubre de 2025

Una batalla tras otra (Paul Thomas Anderson 2025)

 

Esta película es una obra maestra para casi todos y un aburrimiento para Carlos Boyero, algo bastante habitual. Lo que no me parece habitual es la insistencia en las críticas en qué es “muy divertida”, algo que afecta a mi sentido de la diversión.

En realidad, lo que la película nos presenta como ficción es un acercamiento a la realidad subyacente de los Estados Unidos de Donald Trump, como lo era otra película reciente “Guerra Civil” (Civil War, Alex Garland 2024).

El cine, como otras artes, puede vincularse con el mundo en que se da de muchas maneras e incluso ignorándolo se define. Hay películas que viven de espaldas al mundo, al igual que otras tratan de ser documentos del presente y dejar testimonio. Otras eligen un camino más complejo, advertir de dónde nos lleva el presente anticipando el futuro. Creo que “Una batalla tras otra” (Paul Thomas Anderson 2025) entra en ese último supuesto. Es una radiografía del futuro.

Si se parte de ese supuesto, maldita la gracia que se le encuentra a una sociedad en la que el supremacismo blanco campa a sus anchas, está organizado y se considera un crimen haber tenido relaciones con alguien de otro color; una sociedad en la que se puede matar impunemente tras ser decretado por un grupo que decide sin control alguno, militar o paramilitar, que aquí viene a ser lo mismo. ¿Dónde está la gracia?


La película de P.T. Anderson anticipa el recorrido de una sociedad que se encamina al totalitarismo pasando por el supremacismo blanco como eje principal. Se parte de un grupo de revolucionarios que se deshizo en su momento y que vuelve a ser perseguido pasado el tiempo.

Que haya cierto grado de caricatura en algunos personajes no supone una “diversión” sino una forma de crítica a lo que representan. Es una forma de “distanciamiento”, no un cambio de género. Muestran las incongruencias de su forma de ser y pensar.

Lo terrible del filme es que no puedes dejar de ver en pantalla lo que has visto horas antes en los noticiarios, en esa realidad de la que está prohibido hablar por las amenazas de ser declarado antiamericano o, peor, terrorista, un etiquetado cada vez más frecuente en los Estados Unidos.

La película surge de la novela “Vinelad” (1990) del muy injustamente olvidado Thomas Pynchon. Se recogen en ella los proyectos clandestinos del FBI para deshacerse de los grupos revolucionarios desde los años cincuenta en adelante.


En el artículo firmado por Juan Manuel Vial, con el título “La macabra lucidez de Pynchon” (Revista UDP 09), se apunta un dato de interés: 

Las conspiraciones descritas en los libros de Pynchon no son, como pudiera pensarse en un primer instante, producto de una imaginación enfurecida y desatada. Allí, en ese rasgo perturbador, radica uno de los más grandes placeres de leer a Pynchon: su inventiva afiebrada no se desboca a la hora de describir conflagraciones; las conflagraciones están y siempre estarán ahí, a tiro de piedra. Leer a Pynchon implica calibrar la paranoia del que escribe y, luego, en mayor o menor grado, comenzar a sentirla en carne propia. Es sorprendente el número de personajes secundarios reales (o si se prefiere “históricos”) que animan las ficciones de Pynchon, así como también lo es el llamativo número de complots genuinos, aunque no muy conocidos, que el escritor plasmó en sus novelas. Tras leerlas, siempre persiste una macabra interrogante: ¿y si Pynchon estuviera en lo cierto?

Creo que es una lúcida idea. Puede que Pynchon aplicara el sarcasmo a sus personajes y textos, pero es probable que lo que atrajo a Paul Thomas Anderson para realizar esta película fuera precisamente la pregunta que el presente nos deja:  ¿y si Pynchon estuviera en lo cierto?

Cada adaptación, cada remake habla a su tiempo con palabras de hoy. Anderson seleccionó el texto de Pynchon porque le decía algo sobre el hoy. De esta forma nos habla con un presente inquietante, el de esa América trumpista.

Una batalla tras otra no es una película divertida; es una buena película. Es meticulosa en su trama para evitar ser malinterpretada. Los actores crean sus personajes desde lo que representan, más que desde lo que son. Son piezas en un juego conjunto del que importa el mosaico formado. Es importante esta supeditación de lo individual al conjunto para evitar que se pierda el efecto buscado, que creo que es algo patente en esta obra.


Los actores funcionan bien, tanto los veteranos como los noveles. DiCaprio, del Toro, Penn y Regina Hall componen sus personajes desde la experiencia, con grados de histrionismo variable. Para los nuevos, se reserva otra forma de actuación. Estupenda la joven Chase Infinity, que pasa a ser el eje de la historia.

Creo que, con la excepción de Boyero, la crítica ha sido unánime. Se trata de una película ácida (no divertida, que maldita la gracia) sobre un mundo posible, cada vez más posible.


Una batalla tras otra (2025)      

Director: Paul Thomas Anderson

Guionista: Paul Thomas Anderson, Thomas Pynchon

Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Sean Penn, Benicio Del Toro,  Teyana Taylor, Regina Hall, Chase Infiniti...

Música: Jonny Greenwood

Fotografía: Michael Bauman

Nacionalidad: Estados Unidos

Duración:  161 minutos


 

sábado, 11 de enero de 2025

A real pain (Jesse Eisenberg 2024)

 Demasiado “vital” para ser solo una película, una ficción, pues trata de indagar sobre la vida misma, sobre sus oscuridades y sinsentidos. “A real pain” es tan desconcertante que no se han atrevido a traducirle el título, dejándolo como algo exótico, cuando en realidad habla de lo que vivimos cada día, de cómo podemos llegar a ficcionalizar el dolor para ignorarlo.

La película es un trabajo personal, escrito, dirigido y protagonizado por Jesse Eisenberg, al que estamos acostumbrados a ver en papeles de lo más variado. Esta vez se ha metido en un auténtico reto, una película que diríamos extraña por lo natural, sincera por afrontar algo que hace mucho que no vemos en las pantallas: el dolor cotidiano, el real, aquel del que apenas se habla.

El argumento es sencillo: dos primos, casi hermanos, que vivieron juntos gran parte de su vida y ahora están separados en circunstancias muy distintas. emprenden un “tour judío” sobre el holocausto, un viaje por su Polonia, el origen familiar. Su abuela, superviviente de un campo de concentración, acaba de fallecer en Estados Unidos, donde emigró, y ellos quieren visitar su residencia polaca. El tour está integrado por un pequeño grupo de judíos de muy diverso origen al que se añade la pareja de primos.

Los primos tienen un comportamiento muy diferente y pronto vemos cómo uno de ellos, un soberbio Kieran Culkin, un actor que va de los Razzies a los Globos de Oro, empieza a imponer su personalidad agresiva y seductora, manipuladora, frente al primo interpretado por el propio Eisenberg, que vive en Nueva York, donde tiene un trabajo y una familia estable, a diferencia de su compañero, que no tiene soporte alguno.

El viaje "turístico" se acaba convirtiendo en un recorrido emocional entre los dos primos y en un recorrido sobre la convencionalidad del dolor, como el que supone su conversión en “tour” turístico, guía incluido. La película se mueve entre ese dolor real del que habla el título y el dolor convencional, escénico en que ha convertido el holocausto.

La película se sigue con interés a través de la relación familiar y de ambos con el grupo. Es a través del desvelamiento de lo que la convención impone como vamos viendo ese dolor oculto que finalmente se manifiesta.

Hay que valorar muy positivamente la labor triple de Eisenberg, como actor, guionista y director. Ha sabido combinar las tres facetas en un proyecto personal, que es lo que necesita el cine norteamericano para salir de tanto trabajo inútil. Esta es una película “barata” en costes y “rica” en sus logros. Es un empeño de actores en buscar algo que les haga sentir vivos en sus papeles o trabajando para los compañeros. Cada vez es más frecuente encontrarnos con proyectos como este en el que también contamos con Emma Stone en la producción.

Rodada casi en su integridad en Polonia, en los sitios reales, la película ahonda en esa gran escena final en la propia incongruencia humana, en su necesidad de buscar lo que cubra ese dolor real, al que alude el titulo. Es en el levantamiento de esas capas que cubren el dolor de la soledad de lo que trata la película. 

Buen uso de la música para crear en fondo del sentimiento que la película comunica. La película sabe ser simbólica, como toda obra de arte digna de tal nombre, y realista, cotidiana. 

Magistral secuencia final, que sirve en su sencillez para hacernos entender el destino de los personajes y del propio ser humano. Una película sobre el dolor y la soledad.

Joaquín Mª Aguirre 


A real Pain (Jesse Eisenberg 2024)    

Dirección y guión: Jesse Eisenberg

Fotografía: Michal Dymek

Intérpretes: Jesse Eisenberg, Kieran Culkin, Will Sharpe, Jennifer Gray, Kurt Egyiawan, Ellora Torchia...

Nacionalidad: USA

 

martes, 22 de octubre de 2024

La habitación de al lado (Pedro Almodóvar 2024)

Lo siento, pero me pasa en casi todas las películas de Pedro Almodóvar: siento qué él mismo hace algo que no debe, algo que va en detrimento de lo que ha ido construyendo hasta el momento.

Lo hablo con algunas personas y coincidimos en el diagnóstico. Esta vez es la construcción de un filme basado en la intimidad de dos personas con un fin no inesperado, sino inadecuado. La diferencia es obvia: lo inesperado puede sorprender; lo inadecuado deshace lo que su propia construcción elabora. Es como si Pedro Almodóvar tuviera un sello negativo con el que marcar sus películas. Como es algo que siento a menudo con sus películas me debato entre pensar que es algo "suyo" o algo "mío". ¡Que se le va a hacer! Después de tantos años con la misma sensación, no parece que él ni yo hayamos cambiado.

La habitación de al lado es una películas sensible y emocional sostenida sobre el trabajo sólido de dos actrices brillantes que son capaces de situarnos en un entorno, en un espacio que deja de ser físico para ser algo más, un mundo propio que les sirve de continente a sus propias vidas.

El trabajo de Tilda Swinton es memorable y da profundidad a un personaje que se acaba convirtiendo en próximo a los espectadores. El filme busca esa empatía, esa solidaridad que no siempre es fácil del construir con un personaje en una situación extrema, el enfrentarse a la muerte.

Dicen los filósofos que el ser humano es un "ser para la muerte" y la antigua sabiduría consistía en vivir para aceptar este hecho trágico. No en otra cosa se puede ser sabio; es la mejor inversión y lo demás es solo apariencia, inversión inútil. El conocimiento se acumula; la sabiduría es saber desprenderse de lo superfluo para esa aceptación final. Almodóvar hace en este sentido una película cuidada al milímetro, en el que el trabajo actoral está reflejando ese miedo a la muerte en soledad.

No es una película filosófica, sino humana, bien llevada e interpretada por Julianne Moore y Tilda Swinton. El tiempo fílmico se va ralentizando a la espera de ese otro tiempo que se pierde, el vital.

Por eso se siente cierta merma cuando se introducen los elementos triviales que nos alejan del centro dramático y existencial del filme. Todo lo demás se percibe como molesto y artificial una vez que se confronta argumentalmente con el hecho central.

Narrativamente, la película funciona en la recogida de ese clima. Deja de hacerlo cuando se intenta sacarlo e introducir elementos que chirrían. Almodóvar deja de ser lírico e introduce esos elementos de ruptura del propio clímax, como ocurre con la secuencia final, que sobra claramente.

Pero la película es de Almodóvar, no mía. Yo solo estoy en una butaca y miro.

Me sorprendió estar solo cinco personas en una sala pequeña. ¿Cómo se ve hoy a Pedro Almodóvar?

Magnífica la música de Alberto Iglesias, capaz de acompañarnos en el refuerzo lírico. Un escenario magnífico para ayudar a crear un espacio simbólico para la acción reducida a ese tiempo interior. La fotografía de Eduard Grau es capaz de captar esa doble condición interior y exterior de los personajes.

La película inicial funciona y se sigue con interés y emoción. No ocurre lo mismo con esos insertos almodovarianos con los que deshace lo que le ha llevado tiempo y maña construir.

Joaquín Mª Aguirre

 



La habitación de al lado (2024)    

Director y guionista: Pedro Almodóvar
Música: Alberto Iglesias
Fotografía: Eduard Grau
Intérpretes: Tilda Swinton, Julianne Moore, John Turturro, Juan Diego Botto...
Producción: España

martes, 5 de marzo de 2024

Monstruo (Hirokazu Kore-eda 2023)

 A veces el cine tiene que demostrarnos que ver no significa comprender, que las cosas son vistas desde ángulos distintos, que el "ver para creer" es algo ilusorio. La película del gran director japonés Hirokazu Kore-eda no solo es una lección de cine, sino una lección de vida.

La historia que Kore-eda nos cuenta es una subversión del mirar y, por ello, de la neutralidad objetiva de la mirada. Todo ocurre a la vez y solo el relato (en cualquiera de sus versiones, como novela, cuento, película...) nos hace creer en la linealidad. Lo expresaba Aldous Huxley en los primeros párrafos de El genio y la diosa: solo lo escrito tiene sentido; la vida no. Comprendemos películas y novelas, pero apenas podemos comprender lo que ocurre ante nuestros ojos, que no es sino el resultado de miles y miles de líneas que se cruzan en ese punto.

La película de Hirokazu Kore-eda es un recordatorio de que el papel del espectador, agracias a un artificio constructivo, es el de fingir que la vida tiene sentido y olvidar por unos instantes la ficción de la ficción.


Monstruo es un ejercicio estilístico que nos muestra esa realidad del sin sentido hasta que parece tenerlo. Pero quizás nuevos giros nos hagan cambiar de opinión. Una mirada en un instante, el descubrimiento de una zancadilla, por ejemplo, puede hacernos cambiar el sentido de lo que vemos, puede revelarnos algo y hacer trizas lo anterior. Quizá esa sea la sana perversión del arte, revelar y ocultar, hacernos olvidar lo que siempre ha temido el ser humano, el no comprender, el sentir que nos rodeas lo incomprensible a lo que creemos dar sentido.

La compleja historia que nos cuenta esta película, ganadora en Cannes del premio al mejor guion, obra de Yuji Sakamoto, nos lleva de niños a adultos, de familia a las instituciones educativas. Nos maneja a lo largo del filme para que vayamos modificando nuestras creencias, basadas en las apariencias, algo que pasa a ser consustancial en lo que se busca.

Las interpretaciones son capaces de establecer las máscaras sociales, la forma en que nos manifestamos y construimos unas identidades ajustadas a lo que necesitamos. La idea de máscara, necesaria ante la presión social, afecta a unos y otros, en todas las edades, quedando pocos espacios y momentos en los que se puede ser uno mismo.


Las interpretaciones de los niños protagonistas son lo suficientemente auténticas como para poder apreciar esa falsedad de lo que se vive, siempre con temor a los otros. Los adultos representan también esa mascarada, ese jugo del aparentar para poder mantenerse dentro de las instituciones.

La película, como hablan los niños refiriéndose a sus propios juegos, realiza un renacer continuo, un ejercicio de retroceso hacia una verdad que nos elude. Para ello la forma de estructurar la historia es esencial.

La película de Hirokazu Kore-eda nos muestra un buen momento del cine japonés, que se adentra en historias tras esas apariencias. Cuando Roland Barthes llegó a Japón dijo encontrarse en "El paraíso de los signos", título que dio al resultado libresco de su visita. Todo era signo, es decir, apariencia; todo debía "leerse", interpretarse. Eso se nos pide hoy, que regresemos más que al paraíso, al infierno de los signos.

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

 

 

Monstruo (2023)*  

Director: Hirozaku Kore-eda

Guionista: Yuji Sakamoto

Música: Ryuichi Sakamoto

Intérpretes: Sakura Andô, Eita Nagayama, Soya Kurokawa, Hinata Hiiragi, Mitsuki Takahata...

Duración: 127 minutos

Producción: Japón

* Blue-ray

domingo, 25 de febrero de 2024

Ferrari (Michael Mann 2023)


Los denominados "biopics" suelen tender hacia ciertos formatos próximos al documental. Ferrari, la película de Michael Mann con la vida del ingeniero y propietario de la famosa empresa automovilística, se aleja de ese modelo y va en busca de otros formatos.

El filme tiene tres niveles destacados: el automovilístico, con sus modelos y carreras; el empresarial, con la supervivencia de fondo; y un tercero, el fundamental, el que indaga en la relaciones personales entre Enzo (Adam Shiver), Laura Ferrari, su esposa (Penélope Cruz)) y su amante, Lina Lardi (Shailene Woodley).

Lo primero que hay que señalar son dos aspectos esenciales sobre los que se construye la película. El primero es la solidez del guion, basado en una obra biográfica del periodista Brock Yates (1933-2016). Las páginas de información de la película hablan de un proyecto que comenzó a tejerse en el año 2000, lo que significa más de 20 años para su estreno, múltiples actores propuestos para el papel principal y muchas manos en el proyecto. Finalmente está aquí, en las pantallas. Creo que el resultado merece la pena. El guion es muy sólido y los motivos profundos que marcaron la vida de Enzo Ferrari van saliendo a la luz a través de los diálogos y enfrentamientos entre los personajes.

Una película como esta solo sale a la luz con un compromiso de los actores con sus personajes. En esto los tres protagonistas cumplen con creces. Un convincente Adam Shiver, trabajando a fondo su personaje: un más que convincente Penélope Cruz en su papel pasional reprimido y una Shailene Woodley que logra encontrar un papel a su altura tras unos cuantos años sin dar con ello. Es un trío sobre el que se puede construir una historia compleja y convincente, subterránea y explosiva. El guion ofrece a los actores la posibilidad de convivir con ese dolor, con esas frustraciones interiorizadas que solo salen a la luz en los momentos en los que el director les crea un espacio en la película.

Hay momentos realmente emocionales entre los personajes, especialmente, entre una Penélope Cruz muy italiana y un Shiver recogido en su mundo de los negocios y una vida paralela con la que trata de convivir.

La película tiene una más que correcta dirección de Michael Mann, que sabe escoger esos momentos densos y darles el tratamiento visual adecuado para que los actores puedan expresarse con la intensidad requerida. Pese a los diferentes niveles y a su espectacularidad, Ferrari es un drama de descubrimiento sentimental, de explosión de lo reprimido bajo los silencios; es el afloramiento del dolor tras la máscara.


Pronto comprendemos que los coches, las carreras, el éxito no son más que bálsamos inútiles para el verdadero dolor, el que se manifiesta ante la visita diaria a la tumba del hijo perdido. Magníficas las escenas en esos diálogos que niegan la muerte para poder seguir viviendo.

Merece especial mención la magnífica fotografía de Erik Messerschmidt y el montaje de Pietro Scalia, que le dan empaque visual tanto en los momentos de intimidad como en la espectacularidad de las carreras.

Ferrari es una película meritoria, se sigue con interés en lo humano y en lo visual. A ello contribuye lo fluido de la historia con ese entrelazado de líneas antes señalado. Es una pena que ninguno de los dos guionistas llegara a ver en pantalla el filme, dado lo prolongado de su trayectoria. Que un proyecto vaya de mesa en mesa durante 20 años nos dice bastante de su complejidad, de las dudas y, finalmente, del interés despertado por un proyecto así, que da forma a la vida de Enzo Ferrari dándole un sentido que es probable que él mismo no pudiera percibir en la claridad que Michael Mann, los guionistas y los actores han sabido darle. Esa es la función del arte, dar formas y sentido a lo que puede no tenerlo; es una tentativa de explicación.

Podríamos entender esta película como una muestra de algo que solemos olvidar: la diferencia entre el éxito y la felicidad.

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Ferrari (2023)    

Director: Michael Mann

Guionistas: Troy Kennedy Martin (1931-2009) y Brock Yates (1933-2016)

Fotografía: Erik Messerschmidt

Intérpretes: Adam Shiver, Penélope Cruz, Sheilene Woodley, Gabriel Leone, Sarah Gadon, Jack O'Connell, Patrick Dempsey, Michele Savoia, Giuseppe Bonifati, Erik Haugen...

Duración: 130 minutos

Producción: USA, Reino Unido, Italia, China

domingo, 22 de octubre de 2023

Los asesinos de la Luna (Martin Scorsese 2023)

 

El metraje de Los asesinos de la luna, la última se acerca a las tres horas y media. No es un reproche en absoluto sino la constatación de que el objetivo del director era hacer algo más que una película. Creo que Scorsese ha encontrado un tema que ha querido desarrollar sin dejar resquicio. La película pues nos da todo tipo de detalles de una forma de ejercer la maldad humana que pocas veces se puede percibir con tanto desprecio hacia sus causas.

El tema es sencillo en su planteamiento: las pobres tierras que se les han dado a la tribu de los indios Osage adquieren un nuevo valor cuando comienza a manar el petróleo en ellas. Lo que era un lugar abandonado y sin interés comienza a convertirse en un foco de gasto económico y perdición moral para quedarse con el dinero de los indios. La película nos muestra la hipocresía y la bajeza moral de los que allí van a destruirles haciéndoles despilfarrar el dinero y concentrándolo mediante matrimonios y muertes.

Es difícil hacer una radiografía más precisa de la bajeza humana, de la hipocresía. Para ello Scorsese nos lo muestra en los dos niveles, el general de la población, con su mundo de gastos enloquecidos para sacarles el dinero, y, en otro plano, la bajeza personal mostrándonos un caso específico, el representando por la pareja compuestas por Ernest Burkhart (Leonardo di Caprio) y Mollie Burkhart (Lily Gladstone), su esposa india.

La película es un proyecto claramente personal, llevado hasta el milímetro en todas sus dimensiones. Una película de estas dimensiones no se centra en las escenas, sino en el conjunto, en su articulación. Scorsese nos va mostrando esa premeditada destrucción, llevada con toques de hipócrita santidad, tratando de "corregir el error" de que los indios pudieran ser ricos y, por ejemplo, tener "criadas blancas", algo contra natura y alguna que otra ley divina a los ojos de los que se asientan en la reserva para hacerse con el dinero mediante todo tipo de estafas y engaños, llevándolos a la degradación para desangrarlos económica y físicamente.

La labor de los actores es excelente en todos los niveles. La película gira sobre el centro que es William Hale, interpretado con la solidez habitual por Robert de Niro, cuyo personaje es el centro de toda la trama de destrucción paulatina de la tribu. Su forma de ver el mundo, entre el hermano masón y el mafioso, entre la bondad predicada y la maldad ejercida, quedará como uno de esos villanos despreciables que el cine nos da de vez en cuando.

Di Caprio hace también una creación de un personaje entre la maldad y el recelo, incapaz de sentir nobleza alguna en su vida y actos. La que hace un extraordinario papel por todos sus matices dentro de una cierta buscada inexpresividad es Lily Gladstone en el papel de la esposa. Es sobre ella que Scorsese hace girar la trama. Ella se convierte en el punto en el que tratamos de ver la reacción ante tanta maldad reunida.

El sólido trabajo de los secundarios se cierra en su parte final con las intervenciones de algunos secundarios de lujo, como John Lithglow y Brendan Fraser, que bordan sus breves e intensos papeles.

No creo que la intención de Scorsese haya sido solo describir un momento de la historia, un acontecimiento único. La película es metáfora de la maldad, de la codicia, de la hipocresía y la desidia. Todos ellos son males que siguen acosándonos porque muchos son los que se benefician de ellos. La película es, en este sentido, sobre todo moral.

El guion está bien construido; de otra forma, el metraje se hubiera hecho insufrible. Las piezas van encajando en su diseño, que es el que nos muestra precisamente el deterioro moral, la maldad de todos y cada uno de los participantes. La hipocresía racista en la que un personaje dice tener escrúpulos para matar, hasta que le dicen que se trata de matar un indio, en cuyo caso los escrúpulos desaparecen. En este sentido la radiografía de Scorsese es implacable. Puede que muchos no se lo perdonen.

La historia del Oeste o elementos relacionados con él nos ha mostrado todo tipo de tropelías, pero no recuerdo algo como lo que Scorsese, sobre una obra de David Grann, periodista de The New Yorker y escritor, nos muestra. Quizá sea esa normalidad, esa impunidad  que se nos muestra lo que espanta.

Llama la atención ese resumen final en términos radiofónicos, en un programa patrocinado por el FBI, en el que se nos da cuenta del destino de los personajes. Es un cierre a una ironía creciente que se aplica a los personajes y a la sociedad misma que no quiere ver lo que no le conviene ver. La autopsia social no se detiene ante ningún elemento y se nos muestra su abuso de forma nítida.

En el aspecto técnico, la fotografía es impecable y el ritmo de la secuencias bien medido para dar el punto de vista necesario. Scorsese sabe ser épico, sentimental e irónico al mostrarnos el espectáculo de la maldad.

Los asesinos de la luna es una película que devuelve al cine algo más que el entretenimiento; le devuelve sentido de la denuncia, una moral a la que el arte no tiene porqué renunciar. Es difícil olvidar esta película. Y así debe ser.

Joaquín Mª Aguirre

 

 

Los asesinos de la Luna (2023)     

Director: Martin Scorsese

Guion: Eric Roth y Martin Scorsese, David Grann (autor del libro)

Intérpretes: Robert de Niro, Leonardo di Caprio, Lily Gladstone, John Lithglow, Brendan Fraser...

Nacionalidad: USA

sábado, 25 de febrero de 2023

Ellas hablan (Sarah Polley 2022)

Ellas hablan es una película que se ve, se escucha y se piensa. Son tres formas de recepción de un texto cinematográfico que no siempre se dan las tres juntas y cuando lo hacen puede ser en proporciones muy distintas. El filme de la actriz y directora canadiense Sarah Polley mantiene el equilibrio entre esas tres formas miramos, escuchamos y pensamos sobre lo que nos ofrece.

Es el cuarto largometraje en una carrera reflexiva, con un uso intenso del filme para adentrarse en problemas de nuestras vidas, en problemas que nos afectan a todos y sobre los que focaliza. El filme está nominado al Oscar al mejor guion adaptado, mérito de la propia directora. También lo está el cuadro responsable como mejor producción del año, es decir, el premio a la mejor película. En total acumula dos nominaciones, más 21 premios prestigiosos y más de cien nominaciones. Una buena presentación para una película que vimos en su estreno menos de diez personas en la sala en la primera sesión.

Ellas hablan es lo que promete su título. Nos ofrece un universo cerrado, la vida entre las mujeres de una secta religiosa que las mantiene alejadas del mundo, controladas por un poder religioso y manipuladas en todos los sentidos, violadas por "fantasmas" hasta que al atrapar por vez primera a uno de esos violadores y maltratadores descubren que son los hombres que les rodean. Todo es un mito para esconder la violencia contra las mujeres.

No descubrimos nada del argumento porque lo que la película escenifica como situación no es más que una representación simbólica de lo que ocurre en un sistema patriarcal que abusa cada día de las mujeres en diferentes sentidos y tácticas.

El cartel de la edición americana lleva al pie esta inscripción: "Do nothing, Stay and fight. Leave". A nuestros publicistas les ha parecido demasiado serio y lo han eliminado. Son las tres opciones que las mujeres se plantean desde el principio del filme, las tres posibilidades de actuación, seguir igual que siempre, aguantando; quedarse y luchar por sus derechos o, finalmente, partir y crear su propia comunidad alejadas de los hombres.

La película nos ofrece los debates, las discusiones —los pros y contras, que deberán ser anotados por un hombre, ya que a ellas no se les enseña a escribir— que se entablan en un espacio de discusión, un granero. Irán discutiendo su propia identidad, su situación y qué pueden esperar. La película abre ese momento de las explicaciones, de los intereses de cada una de las mujeres que abogan por situaciones distintas según su condición y forma de ver el mundo.

Nos encontramos en un filme en donde el diálogo es esencial. El hecho de que Sarah Polley esté nominada como mejor guion adaptado ya nos indica algo sobre ese valor de la palabra que se despliega gracias a un conjunto extraordinario de actuaciones. Polley ha usado la palabra, pero también la magia interpretativa que nos transmiten sus actrices, una excepcional y luminosa Rooney Mara, una torturada Clare Foy, una oscura Frances McDormand; la juiciosa Judith Ivey (ganadora de 2 premios Tony y directora teatral)... un reparto en el que todas actúan individual y coralmente en su representación de mujeres tipo. Y, con ellas, un actor en alza, Ben Whishaw, el único personaje masculino, expulsado de la comunidad y maestro para los niños con las mujeres.

Gracias a la dirección de Polley y a la labor del reparto, la película se va desarrollando a través de esos diálogos en los que se van exponiendo su vida como mujeres, su perspectiva, cómo han crecido alienadas en una sociedad que justifica en la obediencia religiosa la violencia, una sociedad que le plantea que deben perdonar a sus violadores porque de otra forma no entraran en un cielo que les espera.

En la producción tenemos los nombres (de nuevo) de Brad Pitt y de Frances McDormand, embarcados en una línea de cine distinto al meramente comercial, bien construidos en sus guiones y atrayendo buenos actores y actrices, con direcciones inteligentes y buenas causas, las que no entraban en los medios comerciales habitualmente.

Ante una película de este tipo, una obra en dirección contraria al comercialismo, vemos que se va abriendo camino una cierta línea de películas con intención de romper la ilusión cinematográfica, la fábrica de sueños, y así devolvernos a un arte que, con cualquier estilo, deje al descubierto la realidad que habitualmente esconde. Es una película en la línea de Nomanland, que renuncia a la parafernalia para centrarse en lo esencial que se quiere transmitir; no es entretenimiento, sino una reflexión sobre lo que nos rodea, algo que se echa en falta en la gran mayoría de las ocasiones. Tiene que haber de todo, es cierto, pero este cine, centrado en ideas e interpretaciones, que cuida al detalle la dirección para que todo forme un paquete compacto que deja en manos de los espectadores, es cada día más necesario.

Nosotros somos los que decidimos qué hacer con lo que se nos dice.

Joaquín Mª Aguirre 

 


 

Ellas hablan (Women Talking 2022)    

Dirección y guion: Sarah Polley

Obra original: Miriam Toews

Intérpretes: Rooney Mara, Clara Foy, Jessie Buckley, Frances McDormand, Judith Ivey, Emily Mitchell, Kate Hallett, Liv McNeil, Sheila McCarthy, Michelle McLeod, Kira Guloien, Shayla Brown, Vivien Endicott Douglas, Ben Whishaw, August Winter

domingo, 5 de febrero de 2023

Almas en pena en Inisherin (Martin McDonagh 2022)


 Almas en pena en Inisherin (Martin McDonagh) es una película distinta a lo que estamos acostumbrados a ver y el primer problema es su clasificación, su adscripción a un género, algo que provoca su guion, lo que se nos cuenta y cómo se nos cuenta. Esto es un problema nuestro, no del filme; tratamos de clasificar nuestra experiencia cinematográfica en los cajones mentales construidos con nuestras experiencias. Y esta película va rechazando una a una las expectativas que nos vamos haciendo conforme avanza el filme. Cuando creemos que estamos en un filme, descubrimos que estamos en otro.

Esa experiencia, que no es fácil expresar o describir, dora a la película de una enorme fuerza, pues nos obliga como espectadores a ir asimilando la historia conforme los personajes avanzan en sus relaciones. Almas en pena en Inisherin es lo que su título nos propone. En su brevedad, es lo que nos promete y lo que cumple.


La historia que se desarrolla en ese pequeño pueblo aislado, una isla de paz frente a la que transcurre una guerra civil al otro lado del mar, de la que apenas vemos el humo de las explosiones en los bombardeos. Inisherin está lejos del mundo conflictivo, de la guerra. Todo es paz y tranquilidad, pero eso se puede convertir en un infierno de desesperación.

"Desesperación" es la palabra clave para dar sentido a lo que McDonagh nos ofrece en esta tragicomedia (término incompleto e insatisfactorio, una aproximación) que representan un estado interior, el de esas "almas en pena" a las que se refiere el título español.

La aproximación que se me ocurre, aquella que me llega a la memoria tras la visión del filme, es asociativa. No va a ningún filme, sino al Esperando a Godot, la obra de Samuel Beckett, un ilustre irlandés, al que esta sociedad virtual, de redes sociales, selfies, contactos, etc. tiene muy olvidado. McDonagh nació en Londres, pero creo que está más cerca de Beckett y de esa Irlanda extrema, simbólica que se nos muestra. 


En este sentido, la obra de McDonagh nos hace preguntarnos por una serie de términos que llevan a esa desesperación, a esa soledad, vacío profundo, que se puede sentir aunque se esté rodeado. De esta forma, se acerca a uno de los grandes temas contemporáneos: el aburrimiento y sus secuelas. En un mundo entretenido, como es el nuestro, un mundo-espectáculo donde el aburrimiento (Flaubert le dio forma) es cuestión de oferta y demanda. McDonagh nos muestra un mundo cerrado, de soledad compartida, alejado de cualquier posibilidad de entretenimiento que les saque de esa profunda soledad que todos combaten con la rutina, un gran invento para combatir el mal de la soledad que consume a los humanos. La película es un drama de lo ridículo expresado en ese espacio reducido y mágico que es el pueblo de Inisherin.

Cuando vamos adentrándonos en la historia, vamos descubriendo que lo que nos parecía una broma (desde nuestra posición en la sociedad del entretenimiento) es un drama profundo, solo a medias simbólico. Solo cuando vemos que lo que nos parecía retórico se transforma en literal nos damos cuenta de dónde estamos.

Para construir esta historia sobre el vacío y la desesperación no se nos muestran grandes diálogos ni grandes momentos. El vacío está vacío, es algo reducido a lo mínimo. Los paisajes idílicos no nos calman, ni los santos, cruces y vírgenes de las encrucijadas nos consiguen proteger de ese mal que nace de dentro y nos va destruyendo.

Para que esta historia mínima funcione y se mantenga en pie hasta el final, hace falta algo que ya tiene, una historia bien escrita (el guion de McDonagh es candidato a los premios Oscar, Bafta y otros premios importantes), unos buenos actores (también Colin Farrell, Brendan Gleeson y Kerry Condon también lo están) y un buen director. McDonagh lo es. Lo demostró con otra película atípica, Tres anuncios en las afueras (2017).

La película es meritoria y demostrativa de que en el cine se pueden hacer muchas cosas que funcionen más allá de las grandes entradas de taquilla. Hay sitio para Avatar y para películas como esta, reducidas a mínimos.

Las interpretaciones de los tres protagonistas son meticulosas y nada fáciles, pues es lo que llevan dentro y no manifiestan, lo que es importante para la historia. Es especialmente brillante la interpretación de Kerry Gordon en el papel de la hermana y, no se nos puede olvidar, la brillantísima actuación del joven Barry Keoghan, en su difícil papel, capaz de darles las réplicas a todos los otros actores en varias escenas memorables, como la que tiene con Kerry Gordon.

En el filme tienen importancia los animales, compañía de los humanos. Me parece una labor inteligente del director mostrar una estructura clásica de plano-contraplano utilizando a los animales, observadores de ese mundo de sus amos y que acaban siendo parte de su mundo más cercano. No son elementos ambientales, sino parte intensa de la trama.

El filme es una pieza delicada, alejada de los estándares habituales. Es un drama moderno, una fábula llevada a otros tiempos e intemporal. No es una historia "irlandesa", sino universal, un drama humano, beckettiano, en tiempos en que tapamos nuestras vergüenzas con ansiolíticos y matamos el tiempo pegados a un teléfono, placebos cuya retirada causa violentas reacciones y en ocasiones sangrientos dramas.

Una aclaración: el título original es "The Banshees of Inisherin". El término "banshee" se refiere a un tipo de bruja en Irlanda cuya presencia y gritos anuncia la muerte de un familiar. Refuerza ese carácter de fábula que la historia tiene y permite comprender mejor algunas de las cosas que ocurren. 

Joaquín Mª Aguirre

 


Almas en pena en Inisherin (The Banshees of Inesherin 2022)     

Director: Martin McDonagh

Guionista: Martin McDonagh

Intérpretes: Colin Farrell, Brendan Gleeson, Kerry Gordon, Barry Keoghan...

Producción: Irlanda, Reino Unido, USA

 

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