Un grupo de adolescentes recibía unas serias instrucciones
por parte de Lola, la taquillera. La sala estaba llena y no se podías sentar
todos juntos y debían mantener silencio y molestar lo menos posible. La sala fue
llenando, pero no se escuchó ni una mosca después de que comenzará la película,
La momia de Lee Cronin. Me imagino
que más que por respeto por lo que veían en pantalla. Digo esto porque no es
fácil que nos escuche un comentario, una broma, etc. en una sala repleta de
público joven.
Hay que achacárselo a lo que veían en pantalla, un horror
tras otro, desde el principio hasta el final.
La película de Cronin se llama La Momia, pero podría llamarse
con más tino "El exorcista" dada la proximidad temática sin dejar de
ser original, pero en el cine de terror hay que elegir entre una de las dos
vías, la de la continuidad o la de la originalidad. Un filme estrenado este año
pasado "Weapons", por ejemplo, apostaba por la segunda vía, la de la
novedad.
La momia es una eficaz película de terror, sigue los modelos
clásicos, pero aplicando algo que no debe faltar en el género: poca luz y
efectos especiales. Cronin elige una falso remake sobre la tradición (las
películas múltiples desde la primera "momia"), para pasarse al género
de las posesiones y exorcismos. No renuncia a los orígenes egipcios ni en lo
físico ni en lo mítico, pero luego se decanta con eficacia hacia un drama
familiar y el exorcismo, por la posesión diabólica. Luego se rompe el espacio
original con una inmersión en Nuevo México, que es donde se produce la parte
intensa del terror.
De esta forma, el director y guionista realiza una fusión de
géneros y espacio, de Egipto actual al Oeste norteamericano, del relato mítico
al drama familiar, un elemento bien trabado que le da densidad psicológica.
Excelente fotografía y una banda sonora de infarto, llena de
ruidos y efectos sonoros como para poner los pelos de punta al más sereno,
mezclado con cosas de The Band y otros sonidos ambientales de la época.
La película cuenta con la eficaz presencia de la actriz española Laia Acosta en el papel principal de la madre.
Si le gusta sufrir con palomitas, La momia de Lee Cronin es
una buena elección. Los críticos y el público la han valorado bien, algo que no
es fácil dentro del género.
La momia de Lee Cronin 2026
Director:
Lee Cronin
Guionista:
Lee Cronin
Intérpretes: Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy, Natlie
Grace, Verónica Falcón, May Elghety...
Anaconda es la típica película en la que la gente sería nunca
reconoce haberse reído. Yo me he reído y la mayoría de los espectadores en la
sala también. Puede que haya dejado de ser serio o que quizá no lo fui nunca,
solo lo aparentaba.
La
película es una obra que se ríe de sí misma, de sus personajes y del mundo del
cine, tres niveles que cuando se reúnen van añadiendo riesgo uno a uno.
En su primera
mitad, la película funciona como una comedia convencional. En la segunda mitad nos
tienen reservado un ejercicio de comicidad autodestructiva, con varios puntos
en los que se superan las barreras cómicas del gag sin temor alguno. Es aquí,
en estos picos, donde nos reímos con más ganas, dejándonos caer por la rampa
que se nos ofrece. Lo verosímil deja de ser un obstáculo y nos dejamos arrastrar.
Resistirnos no tiene sentido y es mejor salir de la sala.
Podríamos
pensar que es una película hecha al azar, dejándose llevar por los problemas,
tal como se nos propone en la ficción, pero en el cine siempre es engañosa la
apariencia de improvisación, y si Anaconda
funciona es porque está meticulosamente calculada.
La
misma elección de los actores trabaja en el sentido de dar protagonismo a
actores que no son habitualmente protagonistas, lo que les permite sentirse adecuadamente
como divos de pacotilla para mayor disfrute de los espectadores y probablemente de ellos mismos. La verdad es
que están todos ellos perfectamente metidos en sus papeles y cumplen su función
de equilibrio en el grupo, como debe ser en una comedia que se precie.
La
película tiene un trabajado guión bajo su apariencia disparatada y la realización
de Tom Gormican es ajustada para llevar el ritmo adecuado tanto en el humor
verbal como en los gags visuales.
En este
falso reboot de un filme ya existente,
Anaconda (Luis Llosa 1997), sus
referencias a él son constantes y ya nos define a los personajes, deseosos de
alcanzar el éxito en sus fracasadas vidas, algo que pretenden cambiar. En el
cine no solo sueñan los espectadores, sino los que aspiran a producir sus
propios sueños.
Cabe
señalar que la Anaconda de 1997 apenas tiene un 2,9 en FilmAffinity, mientras
que está, el "reboot", sobrepasa el 5 y el 6 en la IMDB. ¡Ironías de la vida!
El
guión está firmado por el propio Gormican y por un guionista que ya ha trabajado
anteriormente con él, Kevin Etten, con experiencia en series televisivas mayoritariamente.
Merece
destacarse la música estupenda de Dave Fleming que acompaña perfectamente las
peripecias y los paisajes del filme. La fotografía de Nigel Bluck también nos
deja secuencias de enorme belleza y calidad, especialmente en un par de las
nocturnas en la jungla.
Anaconda resulta divertida de ver porque es una
película que se mete en todos los berenjenales y los sortea. Las personas serias,
como decimos, le dirán que no se han reído, pero dé por seguro que lo han
hecho. Será pronto un clásico para ver en casa con los amigos un sábado de
lluvia.
Anaconda
(2025)
Director:
Tom Gormican
Guionistas:
Kevin Etten & Tom Gormican
Intérpretes:
Jack Black, Paul Rudd, Steve Zahn, Thandiwe Newton, Daniela Melchior...
Esta película es una obra maestra para casi todos y un
aburrimiento para Carlos Boyero, algo bastante habitual. Lo que no me parece
habitual es la insistencia en las críticas en qué es “muy divertida”, algo que
afecta a mi sentido de la diversión.
En realidad, lo que la película nos presenta como ficción
es un acercamiento a la realidad subyacente de los Estados Unidos de
Donald Trump, como lo era otra película reciente “Guerra Civil” (Civil War,
Alex Garland 2024).
El cine, como otras artes, puede vincularse con el mundo
en que se da de muchas maneras e incluso ignorándolo se define. Hay películas que
viven de espaldas al mundo, al igual que otras tratan de ser documentos del
presente y dejar testimonio. Otras eligen un camino más complejo, advertir de
dónde nos lleva el presente anticipando el futuro. Creo que “Una batalla tras
otra” (Paul Thomas Anderson 2025) entra en ese último supuesto. Es una
radiografía del futuro.
Si se parte de ese supuesto, maldita la gracia que se le
encuentra a una sociedad en la que el supremacismo blanco campa a sus anchas,
está organizado y se considera un crimen haber tenido relaciones con alguien de
otro color; una sociedad en la que se puede matar impunemente tras ser decretado por un grupo que decide sin control alguno, militar o paramilitar, que aquí
viene a ser lo mismo. ¿Dónde está la gracia?
La película de P.T. Anderson anticipa el recorrido de una
sociedad que se encamina al totalitarismo pasando por el supremacismo blanco
como eje principal. Se parte de un grupo de revolucionarios que se deshizo en su momento y
que vuelve a ser perseguido pasado el tiempo.
Que haya cierto grado de caricatura en algunos personajes
no supone una “diversión” sino una forma de crítica a lo que representan. Es
una forma de “distanciamiento”, no un cambio de género. Muestran las
incongruencias de su forma de ser y pensar.
Lo terrible del filme es que no puedes dejar de ver en
pantalla lo que has visto horas antes en los noticiarios, en esa realidad de la
que está prohibido hablar por las amenazas de ser declarado antiamericano o,
peor, terrorista, un etiquetado cada vez más frecuente en los Estados Unidos.
La película surge de la novela “Vinelad” (1990) del muy
injustamente olvidado Thomas Pynchon. Se recogen en ella los proyectos clandestinos del
FBI para deshacerse de los grupos revolucionarios desde los años cincuenta en
adelante.
En el artículo firmado por Juan Manuel Vial, con el
título “La macabra lucidez de Pynchon” (Revista UDP 09), se apunta un dato de
interés:
Las conspiraciones descritas en los libros de
Pynchon no son, como pudiera pensarse en un primer instante, producto de una
imaginación enfurecida y desatada. Allí, enese rasgo
perturbador, radica uno de los más grandes placeres de leer a Pynchon: su
inventiva afiebrada no se desboca a la hora de describir conflagraciones; las
conflagraciones están y siempre estarán ahí, a tiro de piedra. Leer a Pynchon
implica calibrar la paranoia del que escribe y, luego, en mayor o menor grado,
comenzar a sentirla en carne propia. Es sorprendente el número de personajes
secundarios reales (o si se prefiere “históricos”) que animan las ficciones de
Pynchon, así como también lo es el llamativo número de complots genuinos,
aunque no muy conocidos, que el escritor plasmó en sus novelas. Tras leerlas,
siempre persiste una macabra interrogante: ¿y si Pynchon estuviera en lo
cierto?
Creo que es una lúcida idea. Puede que Pynchon
aplicara el sarcasmo a sus personajes y textos, pero es probable que lo que
atrajo a Paul Thomas Anderson para realizar esta película fuera precisamente la
pregunta que el presente nos deja: ¿y si Pynchon estuviera en lo cierto?
Cada adaptación, cada remake habla a su
tiempo con palabras de hoy. Anderson seleccionó el texto de Pynchon porque le
decía algo sobre el hoy. De esta forma nos habla con un presente inquietante,
el de esa América trumpista.
Una batalla tras otra no es una película divertida; es una buena
película. Es meticulosa en su trama para evitar ser malinterpretada. Los
actores crean sus personajes desde lo que representan, más que desde lo que
son. Son piezas en un juego conjunto del que importa el mosaico formado. Es
importante esta supeditación de lo individual al conjunto para evitar que se
pierda el efecto buscado, que creo que es algo patente en esta obra.
Los actores funcionan bien, tanto los veteranos
como los noveles. DiCaprio, del Toro, Penn y Regina Hall componen sus
personajes desde la experiencia, con grados de histrionismo variable. Para los
nuevos, se reserva otra forma de actuación. Estupenda la joven Chase Infinity, que pasa a ser el eje de la historia.
Creo que, con la excepción de Boyero, la crítica ha sido unánime. Se trata de una película ácida (no divertida, que maldita la gracia) sobre un mundo posible, cada vez más posible.
Una batalla tras otra (2025)
Director: Paul Thomas Anderson
Guionista: Paul Thomas Anderson, Thomas Pynchon
Intérpretes:Leonardo DiCaprio, Sean Penn, Benicio Del Toro, Teyana Taylor, Regina Hall, Chase Infiniti...
Demasiado “vital” para ser solo una película, una ficción, pues trata de indagar sobre
la vida misma, sobre sus oscuridades y sinsentidos. “A real pain” es tan
desconcertante que no se han atrevido a traducirle el título, dejándolo como
algo exótico, cuando en realidad
habla de lo que vivimos cada día, de cómo podemos llegar a ficcionalizar el dolor para ignorarlo.
La película es un trabajo personal, escrito, dirigido y protagonizado por
Jesse Eisenberg, al que estamos acostumbrados a ver en papeles de lo más variado.
Esta vez se ha metido en un auténtico reto, una película que diríamos extraña por lo
natural, sincera por afrontar algo que hace mucho que no vemos en las
pantallas: el dolor cotidiano, el real, aquel del que apenas se habla.
El argumento es sencillo: dos primos, casi hermanos, que vivieron juntos
gran parte de su vida y ahora están separados en circunstancias muy distintas. emprenden un “tour judío” sobre el holocausto, un viaje por su Polonia, el origen familiar. Su abuela, superviviente de un campo de concentración, acaba de
fallecer en Estados Unidos, donde emigró, y ellos quieren visitar su residencia polaca. El tour está integrado por un pequeño grupo de judíos de muy diverso
origen al que se añade la pareja de primos.
Los primos tienen un comportamiento muy diferente y pronto vemos cómo uno
de ellos, un soberbio Kieran Culkin, un actor que va de los Razzies a los
Globos de Oro, empieza a imponer su personalidad agresiva y seductora,
manipuladora, frente al primo interpretado por el propio Eisenberg, que vive en
Nueva York, donde tiene un trabajo y una familia estable, a diferencia de su
compañero, que no tiene soporte alguno.
El viaje "turístico" se acaba convirtiendo en un recorrido emocional entre los dos
primos y en un recorrido sobre la convencionalidad del dolor, como el que supone su
conversión en “tour” turístico, guía incluido. La película se mueve entre ese dolor real del
que habla el título y el dolor convencional, escénico en que ha convertido el
holocausto.
La película se sigue con interés a través de la relación familiar y de
ambos con el grupo. Es a través del desvelamiento de lo que la convención
impone como vamos viendo ese dolor oculto que finalmente se manifiesta.
Hay que valorar muy positivamente la labor triple de Eisenberg, como actor,
guionista y director. Ha sabido combinar las tres facetas en un proyecto
personal, que es lo que necesita el cine norteamericano para salir de tanto
trabajo inútil. Esta es una película “barata” en costes y “rica” en sus logros.
Es un empeño de actores en buscar algo que les haga sentir vivos en sus papeles
o trabajando para los compañeros. Cada vez es más frecuente encontrarnos con
proyectos como este en el que también contamos con Emma Stone en la producción.
Rodada casi en su integridad en Polonia, en los sitios reales, la película
ahonda en esa gran escena final en la propia incongruencia humana, en su necesidad de
buscar lo que cubra ese dolor real, al que alude el titulo. Es en el
levantamiento de esas capas que cubren el dolor de la soledad de lo que trata la película.
Buen uso de la música para crear en fondo del sentimiento que la película comunica. La película sabe ser simbólica, como toda obra de arte digna de tal nombre, y realista, cotidiana.
Magistral secuencia final, que sirve en su sencillez para hacernos entender
el destino de los personajes y del propio ser humano. Una película sobre el dolor y la soledad.
Joaquín Mª Aguirre
A
real Pain (Jesse Eisenberg 2024)
Dirección
y guión: Jesse Eisenberg
Fotografía: Michal Dymek
Intérpretes:
Jesse Eisenberg, Kieran Culkin, Will Sharpe, Jennifer Gray, Kurt Egyiawan,
Ellora Torchia...
La segunda entrega de la saga del Joker está destinada a la
discusión. Es difícil hacer la segunda parte de una película que tenga tan poco
que ver con la primera parte.
Tampoco tenía mucho que ver el Joker que inició esta parte
con los encarnados anteriormente en la pantalla. Nada que ver con aquel lejano
Cesar Romero de los 60 o con el Jack Nicholson de la versión de finales de los
80. Tampoco con todos los demás Joker que han salido de la oscuridad hacia la
luz de la pantalla.
Quizá todo esto haya pasado porque el Joker ha dejado de ser
un personaje, para convertirse en algo más, en un símbolo de una sociedad que
hace del mal un espectáculo. Esa es mi consecuencia general de este Joker: Folie à deux que nos ha traído
Todd Phillips.
De todos los malvados y villanos que pululan por el universo
de los cómics y las películas que los encarnan en el celuloide, el Joker es el
que representan la absurdidad del mal. No necesita ideas, le basta la risa
absurda, que se vuelve incontrolada para él mismo.
Todd Phillips nos sorprendió a todos con su Joker,
especialmente a los fans del personaje, que son muchos dando forma y sentido a
ese personaje absurdo. En tiendan bien cuando digo "absurdo", no es
un sentido crítico sino en un sentido de algo que estaba en candelero, el
"absurdo", el sin sentido del mundo, lejos de cualquier destino o
fuerza.
Si esperamos ver una película de superhéroes no la veremos.
Tampoco una de "súper villanos", que el propio devenir de los
discursos cinematográficos del género ha estado posibilitando.
Veamos cómo trata Filmaffinity de describir el
"género" del filme. Estos nos dicen: " Thriller. Drama. Musical.
Romance | Crimen. Drama judicial / Abogados/as. Drama carcelario. Drama
psicológico. Cómic. DC Comics. Secuela". Esto nos indica que lo primero
que ha hecho el filme de Phillips es volar por los aires los géneros, y en
especial ese derivado de los cómics. No tenemos un género claro sino una obra
que se mueve entre todas las etiquetas posibles pero al que no es posible fijar
ninguna. ¿Eso es malo?
Si nos sorprendió el primer Joker, este segundo nos vuelve a
sorprender con una película distinta, un buceo, más que en sus raíces, en sus
posibilidades. La simplicidad del origen se transforma en la complejidad del
resultado final. Es casi un Joker hamletiano, a la busca de su verdadero ser.
Todd Phillips se ha agenciado de nuevo un compañero de
guion, Scott Silver, especializado en personas problemáticos, conflictivos con
el mundo que les rodea y, es especial, con ellos mismos. En gran parte se debe
a él ese Joker situado en el ojo del huracán.
Desde el punto de vista narrativo, la película recurre a la
música de canciones que se insertan en la mente de los protagonistas. Los
autores recurren a una fórmula arriesgada, que las canciones estándar representen
ideas y sentimientos. Eso marca el tono del filme en gran medida y permite la
introspección y el diálogo.
Ese tono cálido de las canciones se hace contrastar con el
otro elemento que juega en la película. Una realización efectiva y efectista
que se mueve en lo formal en los juicios y en la brutalidad de la prisión y los
carceleros.
Joker se mueve entre dos planos: el pseudo romántico con el
personaje de Gaga y uno, sentimental y brutal con el personaje del carcelero,
que no es simplemente funcional, y la mejor prueba es que se le ha dado el
papel a un extraordinario Brendan Gleeson. Joker se mueve entre ellos. De la
prisión al juzgado y viceversa; esos son los escenarios entre los que se mueve
Joker y también las zonas de expresión.
Esta película se basa en un guion denso y en unas
interpretaciones ajustadas al drama que escenifican, que va más allá de los
propios personajes. El público asistente al juicio, convertido, en espectáculo,
tiene más de coro griego, que de meros participantes. Nos muestran el drama que
vive el personaje, el que ha vivido desde sus inicios.
Lo que hacen Phillips y Scott Silver es sacar al Joker del
vacío original para darle un sentido humanizado. Es algo que él mismo trata de
encontrar frente al Joker público.
Si están interesado en una respuesta directa: sí, me ha
gustado la película. Y lo ha hecho por varios motivos. El primero de ellos es
el riesgo. En estos tiempos de secuelas fáciles, de imitaciones y multiversos,
lo que han hecho es traer al Joker a un mundo real, un mundo en el que el mal no
es un show, aunque nos alimenten cada día con él. Desde el punto de vista de la
interpretación, vemos en el filme distintas formas, de la más naturalista a la
más estereotipada. En el fondo es una película sobre la máscara, sobre si es
más real que el rostro. La máscara
está hoy en el centro de nuestra cultura, en una lucha sobre la identidad real
o si esta ha sido desplazada por ficciones. En este sentido, la película nos
deja buenos diálogos, esclarecedores, en su parte final. Finalmente, la
realización sabe hacernos llegar los espacios y las acciones, su dramatismo y
su teatralidad. La fotografía es magnífica, buen complemento de la realización.
Si Christopher Nolan le dio negrura a Batman, Todd Phillips le ha dado humanidad a este Joker,
sacándolo del estereotipo del mal para ir más allá. Ha jugado con géneros e
interpretaciones.
Joaquín Phoenix y Lady Gaga, con el apoyo esencial de
Brendan Gleeson escenifican este drama extraño y directo, en el que entrevemos
más realidad de la debida.
No es una película para todo el mundo, quizá mucho menos
para los que esperan la vuelta del Joker de siempre,
menos existencialista y del que no acabemos teniendo lástima.
Joaquín Mª Aguirre
Joker: Folie à
Deux (Todd Phillips 2024)
Director: Todd
Phillips
Guionistas:
Todd Phillips y Scott Silver
Música:Hildur Guðnadóttir
Fotografía:Lawrence Sher
Intérpretes:
Joaquin Phoenix, Lady Gaga, Brendan Gleeson, Catherine Keener, Steve Coogan...
Tras la
exitosa serie de TV "Miércoles", con Jenna Ortega, en la que Tim Burton
utilizaba la memoria de La familia Addams
para retomar sus líneas originales, el director regresa ahora a sus propias
fuentes con una segunda entrega de un clásico, Bitelchús (1988).
Cuando
repasas la trayectoria cinematográfica de Burton te encuentras con una líneas
maestras que una veces han funcionado mejor y otras no tanto. Bitelchús fue el primer largometraje de
éxito de Burton, un filme que le permitió dar el salto a un Batman (1989), también con Michael
Keaton, quien repite ahora el personaje protagonista, aunque esta obra es
esencialmente coral.
El
nuevo Bitelchús, Bitelchús (no se
puede decir tres veces su nombre porque aparece, recuerden) es una prolongación
del aquel original con sus personajes en el tiempo. Nos reboot, remake o
cualquier otra variante, sino una recuperación continuada de unos personajes
que asumen las distancias entre el origen y su presente.
Si
Burton siempre destacó por su capacidad para crear ambientes alejados de la
normalidad y hacerlos consistentes, en este nuevo filme es el elemento destacable.
Lo de menos es la historia en sí, lo relevante en el universo que crea para que
esos personajes, viejos y nuevos, habiten. El personaje auténtico es el
espacio, la forma que el universo adopta entre la realidad y el submundo
(también real). Esto nos recupera al Burton visual y desmiembra la película en
las historias sobre la forma de enfrentarse y aceptar o no ese mundo nuevo para
unos y medianamente conocido para otros.
A los
personajes conocidos —Lydia Deetz (Winona Ryder), Delia Deetz (Catherine
O'Hara)— se añaden unos nuevos, como Astrid Deetz, una Jenna Ortega estupenda
en su papel.
Los
papeles de Rory (Justin Theroux) y de Jeremy (Arthur Conti) sirven para crear
subtramas que acaban interfiriendo en el destino de las tres mujeres Deetz, ,
que son el eje principal del filme.
La película
es coral, manteniendo las tres generaciones Deetz en liza e incorporando en
cada nivel-generación su propio motivo dentro de conjunto. El guion mantiene
entrelazadas las historias de cada nivel haciéndolas coincidir finalmente en la
probablemente más excéntrica de la escenas de Burton, en la que el absurdo se
plantea bajo la canción, McArthur Park,
un clásico de Jim Webb, interpretado por el actor Richard Harris, y del que
Burton saca un provecho increíble en todos los sentidos de la palabra.
Se ha
creado un universo especial. con sus propias reglas, que son descubiertas por
los personajes y aceptadas por los espectadores, que han de seguirlas en su
lógica peculiar. El espectador acepta, mientras que el personaje ha de ser
convencido, produciéndose ese curioso efecto inverso pero inteligente. El
personaje puede ser racional; al espectador se le pide que no lo sea, que acepte
la imaginación.
Si el
humor ha sido siempre una variable esencial en el cine de Burton, en este filme
alcanza unos niveles de parodia y auto parodia notables. Los gags van de la
sencillez de una imagen hasta construcciones más complejas.
Sin
embargo, en mi opinión, es en la integración del espacio con la historia donde
el filme resulta más memorable. Es el espacio el que da unidad, ese más allá burocratizado,
el que permite la integración de las historias, de la abuela a la nieta.
Mención
especial a los personajes de Monica Belluci (Delores) —no sé si sus fans
perdonarán a Burton— y de Willem Dafoe (Wolf Jackson), el policía actor o actor
policía, usados por el director como formas de presión en ese universo.
Visualmente,
la película es un Burton clásico y narrativamente un Burton más enloquecido de
lo habitual. La película se ve bien, se sigue con una sonrisa permanente.
Joaquín
Mª Aguirre
Bitelchús
Bitelchús (2024)
Director:
Tim Burton
Guionistas:
Alfred Gough & Miles Millar, Seth Grahame-Smith
Intérpretes:
Michael Keaton, Winona Ryder, Catherine O'Hara,
Jenna
Ortega, Justin Theroux, Willem Dafoe, Monica Bellucci, Arthur Conti...
El
metraje de Los asesinos de la luna, la última se acerca a las tres horas y
media. No es un reproche en absoluto sino la constatación de que el objetivo
del director era hacer algo más que una película. Creo que Scorsese ha
encontrado un tema que ha querido desarrollar sin dejar resquicio. La película
pues nos da todo tipo de detalles de una forma de ejercer la maldad humana que
pocas veces se puede percibir con tanto desprecio hacia sus causas.
El tema
es sencillo en su planteamiento: las pobres tierras que se les han dado a la tribu
de los indios Osage adquieren un nuevo valor cuando comienza a manar el petróleo
en ellas. Lo que era un lugar abandonado y sin interés comienza a convertirse
en un foco de gasto económico y perdición moral para quedarse con el dinero de
los indios. La película nos muestra la hipocresía y la bajeza moral de los que
allí van a destruirles haciéndoles despilfarrar el dinero y concentrándolo
mediante matrimonios y muertes.
Es
difícil hacer una radiografía más precisa de la bajeza humana, de la
hipocresía. Para ello Scorsese nos lo muestra en los dos niveles, el general de
la población, con su mundo de gastos enloquecidos para sacarles el dinero, y,
en otro plano, la bajeza personal mostrándonos un caso específico, el
representando por la pareja compuestas por Ernest Burkhart (Leonardo di Caprio)
y Mollie Burkhart (Lily Gladstone), su esposa india.
La
película es un proyecto claramente personal, llevado hasta el milímetro en
todas sus dimensiones. Una película de estas dimensiones no se centra en las
escenas, sino en el conjunto, en su articulación. Scorsese nos va mostrando esa
premeditada destrucción, llevada con toques de hipócrita santidad, tratando de
"corregir el error" de que los indios pudieran ser ricos y, por
ejemplo, tener "criadas blancas", algo contra natura y alguna que
otra ley divina a los ojos de los que se asientan en la reserva para hacerse
con el dinero mediante todo tipo de estafas y engaños, llevándolos a la
degradación para desangrarlos económica y físicamente.
La
labor de los actores es excelente en todos los niveles. La película gira sobre
el centro que es William Hale, interpretado con la solidez habitual por Robert
de Niro, cuyo personaje es el centro de toda la trama de destrucción paulatina
de la tribu. Su forma de ver el mundo, entre el hermano masón y el mafioso,
entre la bondad predicada y la maldad ejercida, quedará como uno de esos
villanos despreciables que el cine nos da de vez en cuando.
Di
Caprio hace también una creación de un personaje entre la maldad y el recelo, incapaz
de sentir nobleza alguna en su vida y actos. La que hace un extraordinario
papel por todos sus matices dentro de una cierta buscada inexpresividad es Lily
Gladstone en el papel de la esposa. Es sobre ella que Scorsese hace girar la trama.
Ella se convierte en el punto en el que tratamos de ver la reacción ante tanta
maldad reunida.
El
sólido trabajo de los secundarios se cierra en su parte final con las
intervenciones de algunos secundarios de lujo, como John Lithglow y Brendan
Fraser, que bordan sus breves e intensos papeles.
No creo
que la intención de Scorsese haya sido solo describir un momento de la
historia, un acontecimiento único. La película es metáfora de la maldad, de la
codicia, de la hipocresía y la desidia. Todos ellos son males que siguen
acosándonos porque muchos son los que se benefician de ellos. La película es,
en este sentido, sobre todo moral.
El
guion está bien construido; de otra forma, el metraje se hubiera hecho
insufrible. Las piezas van encajando en su diseño, que es el que nos muestra
precisamente el deterioro moral, la maldad de todos y cada uno de los
participantes. La hipocresía racista en la que un personaje dice tener
escrúpulos para matar, hasta que le dicen que se trata de matar un indio, en
cuyo caso los escrúpulos desaparecen. En este sentido la radiografía de
Scorsese es implacable. Puede que muchos no se lo perdonen.
La
historia del Oeste o elementos relacionados con él nos ha mostrado todo tipo de
tropelías, pero no recuerdo algo como lo que Scorsese, sobre una obra de David
Grann, periodista de The New Yorker y escritor, nos muestra. Quizá sea esa normalidad, esa impunidad que se nos muestra lo que espanta.
Llama
la atención ese resumen final en términos radiofónicos, en un programa
patrocinado por el FBI, en el que se nos da cuenta del destino de los personajes. Es un cierre a una ironía creciente que se aplica a los personajes y a la sociedad misma que no quiere ver lo que no le conviene ver. La autopsia social no se detiene ante ningún elemento y se nos muestra su abuso de forma nítida.
En el
aspecto técnico, la fotografía es impecable y el ritmo de la secuencias bien
medido para dar el punto de vista necesario. Scorsese sabe ser épico,
sentimental e irónico al mostrarnos el espectáculo de la maldad.
Los asesinos de la luna es una película que devuelve al cine algo más que el entretenimiento; le devuelve sentido de la denuncia, una moral a la que el arte no tiene porqué renunciar. Es difícil olvidar esta película. Y así debe ser.
Joaquín
Mª Aguirre
Los
asesinos de la Luna (2023)
Director:
Martin Scorsese
Guion:
Eric Roth y Martin Scorsese, David Grann (autor del libro)
Intérpretes:
Robert de Niro, Leonardo di Caprio, Lily Gladstone, John Lithglow, Brendan
Fraser...
Ahora
que tenemos todos los días en las noticias algo sobre la Inteligencia
Artificial, The Creator nos presenta
una perspectiva nueva, la de un mundo dividido entre humanos y simulantes. Pero creo que la película
apunta a otro conflicto, esta vez de tipo geopolítico y especialmente el de la
propaganda.
La
Ciencia-Ficción siempre ha servido como crítica del presente proyectada hacia
el futuro y The Creator nos habla
tanto de hoy como de mañana. Es un mañana postnuclear, gestionado desde la
política y desde una cultural imperialista que se percibe desde el inicio en la
propia geografía que se nos propone.
The
Creator es una buena película de Ciencia-Ficción. Es una película de género,
pero que establece sus propias leyes que la hacen muy especial. Es una intensa
historia de amor por encima del mundo, con sus golpes de guión. Pero es también
una forma de plantear un problema de hoy proyectándolo hacia el futuro.
Toda
película de Ciencia-Ficción tiene que crear o recrear un mundo, un momento en
el que definir su forma. La manera elegida por Gareth Edwards, su director, y
guionista junto a Chris Weitz, es un presente definido por la reclusión de los
enemigos de la IA en Asia, adoptando sus formas y también una cultura budista
que asumen como fondo.
La
definición del universo creado, de su historia y acontecimientos, de sus
hábitos y "normalidad" es esencial en la Ciencia-Ficción y de ello
depende en gran medida la coherencia de la acción y nuestra capacidad para
asumirla. En The Creator se nos ofrece un mundo coherente en el que se
desarrolla una idea inicial simple que liga lo general (la guerra) con lo
particular (la peripecia sentimental) convirtiendo al mismo objeto, en este
caso una niña fruto de la Inteligencia Artificial, en la confluencia de ambas.
La
historia está bien planificada en su sencillez, bien contada en su complejidad
visual, y bien interpretada asumiendo los personajes el universo en el que se
mueven. Es mérito de la dirección haber logrado dar cohesión al conjunto y
hacer confluir las líneas hacia un final en el que todo se acelera. El espacio
de los sentimientos deja lugar a la acción donde son los diseños de ese mundo
tecnológico los que prevalecen. Una buena combinación entre mundos sin que se
rompa la relación entre ellos.
Visualmente,
la película es atípica en la Ciencia-Ficción que tiende más a mostrar la
tecnología creada y a la concentración en espacio de este tipo. En The Creator
hay una predilección por contrastar ambos mundos, el natural en el que habitan
los simulantes, contemplado desde sus
propias creencias budistas y espacios, frente al de la frialdad del producido
por los norteamericanos, identificados como tales en esta guerra desigual.
Buenas
interpretaciones de John David Washington, de una actriz como Allison Janney
siempre pendiente de buenos papeles para dar lo bueno que tiene, con Gema Chan
y la niña Madeleine Yunba Voyles. Presencia eficaz del veterano Ken Watanabe.
El
director ha sabido crear un ambiente sórdido para este mundo contrastando los
dos escenarios principales, el norteamericano y el asiático, donde logra
recrear esas diferencias extremando los elementos culturales dándoles prioridad
sobre los tecnológicos. La idea es que en ese mundo futuro, capaz de
desarrollar las inteligencias artificiales con plena humanidad, los simulantes adoptan la humanidad en todas
sus consecuencias.
Una
película atípica en muchos aspectos, como ya lo era Rogue One dentro del universo Star
Wars. Su fondo es la idea de "verdad oficial", de manipulación, del descubrimiento de una verdad aceptable.
Joaquín
Mª Aguirre
The Creator
(2023)
Director:
Gareth Edwards
Guion:
Gareth Edwards y Chris Wietz
Intérpretes:
John David Washington,Madeleine Yuna Voyles, Gemma Chan, Allison Janney, Ken
Watanabe, Sturgill Simpson, Amar Chadha-Patel...
Lo
primero que llama la atención es de La
mujer rey (The Woman King) es precisamente su título. ¿Una mujer
"rey"? ¿Por qué no "reina"? Pronto comprendemos el porqué.
El propio lenguaje establece las relaciones de poder: el rey es el poder
supremo; la reina está a su lado.
La
mujer rey está dirigida por una mujer, escrita por otra mujer y producida por
mujeres. Su elenco es femenino y se centra en sus relaciones. Es una película
que va de la épica al sentimiento, pero pasado por un filtro que revela, por
contraste, lo que hay de femenino en el discurso. No se si es casualidad que se haya estrenado en el Día Internacional contra la Violencia de Género, pero es una buena forma de celebración.
No es
fácil escribir una historia en la que se entremezclen la violencia de género,
el colonialismo, el sistema patriarcal, la lucha política por el poder, las
formas de sumisión/dominación. O a lo mejor sí, porque así es en la vida misma. El
arte actúa muchas veces como un filtro que separa y nos da una lectura parcial en la que se
anula la visión conjunta de todas esas cosas (y algunas más) unidas en la vida real.
Quizá el análisis oculta más que revela y es necesario ver todo esto en su
conjunto para no perder de vista las conexiones. ¿Por que decimos que el arte "revela" cuando también —la
mayor parte de las ocasiones— oculta, distorsiona, niega la realidad para idealizarla
ante nuestros ojos? ¿Wakanda o Dahomey?
La
película de Gina Prince-Bythewood, escrita por Dana Stevens y Maria Bello, es
quizá un punto de ruptura con mujeres que deciden contar de otra forma mostrando
otras cosas. La realización se pone al servicio de una historia que nos habla
de otro tipo de relaciones a las que habitualmente nos tienen acostumbrados en el cine comercial. Hay
una plena intencionalidad y mucho de aguda precisión en el diagnóstico y en la
imagen resultante.
La
mujer rey es una película sobre el poder o, más precisamente, sobre qué
significa realmente el poder. Las poderosas y eficaces mujeres guerreras son
solo una pieza de la maquinaria montada por el poder del reino. Y este no es
más que una pieza de un poder más amplio, el de los conquistadores económicos,
los colonizadores esclavistas que condicionan todo el sistema para obtener lo
que quieren: esclavos.
Como se
nos muestra en la película, las guerras son solo momentos de un sistema
agresivo y violento, un sistema de dominación, que se reparte en una sociedad
patriarcal que usa a las mujeres tanto para venderlas como esclavas, casarlas a
la fuerza y — ¿por qué no?— usarlas como sistema defensivo, como guerreras que
tienen el alto privilegio de morir defendiendo al rey, un interesante personaje
que ha accedido al poder eliminando a los miembros de su propia familia.
La
película nos muestra cómo funciona el sistema de dominación y cómo, las mujeres
que vemos como heroínas —las guerreras ante las que hay que bajar la vista, las
que tienen el privilegio de vivir encerradas en un palacio, las que renuncian
al amor, a la familia... — no son más que una pieza más sobre el tablero del
poder.
Los
poderosos y los más poderosos constituyen un sistema en el que existen los
aparentemente poderosos y los que están faltos de cualquier poder, toda una escala. Pero incluso el hombre más humilde tiene un poder, el de
comprar y vender a sus hijas como esclavas, como esposas, con poca diferencia. Es una inversión, como ocurre
todavía y ha ocurrido siempre. ¿Qué diferencia hay entre el esclavista europeo y el que
vende a sus hijas como esclavas? ¿Qué diferencia hay entre el colonizador que
las compra y el padre que las vende o el rey que paga el tributo con mujeres
para ser vendidas y embarcadas rumbo a América? La única diferencia real es la
de poder imponer el precio de los tributos, la de fijar los precios.
La
película está bien escrita y bien contada. Son dos horas de cine que dan paso a
muchas otras de pensar lo que se nos ha ofrecido y contado, una historia
revisada sobre la Historia, sobre ese poder capaz de cambiar sus discursos para
mantenerse siempre en la cima controlando el conjunto.
Frente
a esto se ofrecen una alternativas que se desarrollan a través de las historias
díscolas de las que llegadas a un punto crítico se siente más solidarias entre
ellas, por su destino, que por lo que las normas guerreras les exigen, como
forma final de abandono de ellas mismas, de poder ser como ellas se sienten.
Como nos han contado analistas de las formas del poder (de Michel Foucault a Judith
Butler, esta última especialmente al centrarse en el género), el esclavo
interioriza las formas del amo, lo que crea esa dependencia. La lucha que se
nos muestra es precisamente la de liberarse de aquello que ha crecido como un
falso poder y que no es más que una férrea dependencia. Por eso la película nos
muestra el desvío de la dependencia hacia otras formas que habían sido
anuladas, como la maternidad o la verdadera amistad. El poder necesita todo
nuestro amor, es absorbente y celoso.
Si la
película resulta fascinante en sus planteamientos, no podemos dejar de
mencionar el extraordinario reparto y la forma en que es capaz de transmitirnos
esos conflictos internos, de la amistad a la maternidad o el enamoramiento. Por
muchas batallas que veamos en la película, por muchas peleas, el verdadero
conflicto es el que llevan dentro, el que les define y oprime impidiéndoles
vivir por ellas mismas.
Cualquier
cosa buena que se diga de la actriz Viola Davis es repetirse; lo que nos ha
ofrecido en tantas interpretaciones extraordinarias es un verdadero legado. Aquí
nos ofrece una gran interpretación, quizá llevada por la misma motivación de la
historia, con la que es posible identificarse en muchos planos.
Junto a
Davis, merece una especial mención el extraordinario trabajo de Thuso Mbedu (Nawi)
como la joven que se enfrenta al marido al que la quieren vender y acaba dentro
del palacio donde se encuentran las mujeres guerreras. Ella será el detonante
de los acontecimientos y la que haga aparecer las contradicciones de esa forma
"privilegiada" de esclavitud. Su trabajo merece un enorme aplauso
porque es capaz de transmitir la compleja gama de sentimientos que la tienen en
constante conflicto.
La
película cuenta además con dos enormes actrices, Lashana Lynch (Izogie) y
Sheila Atim (Amenza). Son los personajes que permite expresar tanto a Nanisca
(Viola Davis) como a Nawi (Thuso Mbedu) lo que piensan y sienten dadas las
barreras jerárquicas existentes y el control de las emociones. Sus trabajos son
impecables.
El
trabajo de la dirección se maneja entre las escenas intimistas y los momentos
físicos, los de los entrenamientos militares y los de las batallas, mostradas
en su dimensión cruel. Las guerreras se han convertido en máquinas de guerra al
servicio del poder y eso hace necesario deshumanizarlas en la lucha, hasta que
eso cambia y la batalla muestra la dimensión emocional que las devuelve su
humanidad.
"La
mujer rey" posee una hermosa fotografía que nos muestra tanto los primeros
planos de los rostros, con los que se expresan las emociones, como los paisajes
del mundo que recorren con sus acciones guerreras. Especialmente bien
coreografiadas las batallas para mostrarnos lo que hemos señalado, esa
deshumanización que supone la violencia. El montaje es fluido y sabe aprovechar la buena labor interpretativa para ofrecernos en un mismo plano a dos actrices en pleno trabajo expresivo. Así ocurre con las diferentes parejas en las conversaciones, en los momentos de expresión conjunta. De esta forma se aprecia en su densidad la sinceridad y emoción de las interpretaciones.
Una
película para ver y, sobre todo, para pensar en sus diferentes ángulos, en todo
lo que nos ofrece. Es algo más que una "película de mujeres" o una
"película con mujeres"; es, como hemos señalado, una película sobre
cómo está construido el mundo, sobre el poder que lo diseña y sobre los efectos
que tiene sobre todo; es una película sobre la manipulación, los modelos que se
nos ofrecen para mostrarnos y vivir a través de ellos. Pero todo ello está
envuelto en una historia, puesto en acción. Si usted quiere verla como una
película de acción, no se prive. Pero hay mucho, mucho más.