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domingo, 10 de agosto de 2025

Weapons (2025)

 

En estos tiempos de remakes, secuelas y precuelas, se agradece una película tan sumamente original como es esta Weapons, firmada por el director Zach Cregger, que se hace cargo además del guion y de la música. Todo ello nos hace comprender que estamos ante una película personal, entendiendo aquella que es fabricada en sus detalles esenciales, por más que el cine sea un arte colectivo y complejo.

Esto se agradece más en un género que busca distanciarse de sí mismo, es decir, romper con las expectativas que llevamos acumuladas por películas de terror, después de las cuales es difícil que no te metan en una línea determinada.

Gran parte del atractivo de Weapons es que no sabes por dónde te va a llevar, algo que es de agradecer en un género que debería basarse en la sorpresa que casi nunca ocurre. No sé si llevamos demasiado cine en las espaldas y es difícil no repetirse. Pero de Weapons puede decirse que logra ser una película original, que nos tiene en tensión porque no sabemos con qué nos vamos a encontrar en la siguiente escena.

A esto contribuye el excelente guion, un guion de gran complejidad, atípico en su estructura y calculado al milímetro, en el que todo encaja.

En las películas de terror te piden que no cuentes el final, algo que también se saltan aquí, ya que son ellos mismos los que te lo cuentan en las primeras frases que se nos dirigen. Pero tiene su propia lógica que esto ocurra, ya que el filme, por decirlo así, no va hacia el final, sino al principio. Esto solo puede hacerse con un guion construido con la precisión de un reloj suizo (de los de antes).

El guion nos va dando información que se completa en distintos momentos del filme, por lo que vamos comprendiendo lo que no comprendíamos en el momento adecuado para la evolución del conjunto. 

Ajustada a lo que el filme requiere, la oscura fotografía de Larkin Seiple. La oscuridad casa bien con el género y el mundo que se nos describe.

Impecables los actores, de la estupenda Julia Garner al veterano Josh Brolin, que forma parte de los productores de la película y al que suponemos fue fácil enganchar para el proyecto tras la lectura del guion. Los demás actores dan la talla, incluido el niño Cary Christopher, que borda su papel.

Cregger sabe dar el protagonismo a los personajes en esta historia discontinua que juega con un principio básico que se suele olvidar con demasiada frecuencia: lo inexplicable es inexplicable.

Una muy grata sorpresa en la cartelera veraniega. Durante la proyección no se escucha un alma en la sala. Solo una persona salió al baño.

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

 


                                          

 Weapons (2025)      

Director: Zach Cregger

Guionista: Zach Cregger

Intérpretes: Julia Garner, Josh Brolin, Alden Ehrenreich, Austin Abrahams, Cary Christopher, Benedict Wong, Amy Madigan...

Música: Ryan Holladay, Hays Holladay, Zach Cregger

Fotografía: Larkin Seiple

Nacionalidad: Estados Unidos

Duración: 128 minutos

sábado, 7 de septiembre de 2024

Bitelchús Bitelchús (Tim Burton 2024)


Tras la exitosa serie de TV "Miércoles", con Jenna Ortega, en la que Tim Burton utilizaba la memoria de La familia Addams para retomar sus líneas originales, el director regresa ahora a sus propias fuentes con una segunda entrega de un clásico, Bitelchús (1988).

Cuando repasas la trayectoria cinematográfica de Burton te encuentras con una líneas maestras que una veces han funcionado mejor y otras no tanto. Bitelchús fue el primer largometraje de éxito de Burton, un filme que le permitió dar el salto a un Batman (1989), también con Michael Keaton, quien repite ahora el personaje protagonista, aunque esta obra es esencialmente coral.


El nuevo Bitelchús, Bitelchús (no se puede decir tres veces su nombre porque aparece, recuerden) es una prolongación del aquel original con sus personajes en el tiempo. Nos reboot, remake o cualquier otra variante, sino una recuperación continuada de unos personajes que asumen las distancias entre el origen y su presente.

Si Burton siempre destacó por su capacidad para crear ambientes alejados de la normalidad y hacerlos consistentes, en este nuevo filme es el elemento destacable. Lo de menos es la historia en sí, lo relevante en el universo que crea para que esos personajes, viejos y nuevos, habiten. El personaje auténtico es el espacio, la forma que el universo adopta entre la realidad y el submundo (también real). Esto nos recupera al Burton visual y desmiembra la película en las historias sobre la forma de enfrentarse y aceptar o no ese mundo nuevo para unos y medianamente conocido para otros.

A los personajes conocidos —Lydia Deetz (Winona Ryder), Delia Deetz (Catherine O'Hara)— se añaden unos nuevos, como Astrid Deetz, una Jenna Ortega estupenda en su papel.

Los papeles de Rory (Justin Theroux) y de Jeremy (Arthur Conti) sirven para crear subtramas que acaban interfiriendo en el destino de las tres mujeres Deetz, , que son el eje principal del filme.

La película es coral, manteniendo las tres generaciones Deetz en liza e incorporando en cada nivel-generación su propio motivo dentro de conjunto. El guion mantiene entrelazadas las historias de cada nivel haciéndolas coincidir finalmente en la probablemente más excéntrica de la escenas de Burton, en la que el absurdo se plantea bajo la canción, McArthur Park, un clásico de Jim Webb, interpretado por el actor Richard Harris, y del que Burton saca un provecho increíble en todos los sentidos de la palabra.


Se ha creado un universo especial. con sus propias reglas, que son descubiertas por los personajes y aceptadas por los espectadores, que han de seguirlas en su lógica peculiar. El espectador acepta, mientras que el personaje ha de ser convencido, produciéndose ese curioso efecto inverso pero inteligente. El personaje puede ser racional; al espectador se le pide que no lo sea, que acepte la imaginación.

Si el humor ha sido siempre una variable esencial en el cine de Burton, en este filme alcanza unos niveles de parodia y auto parodia notables. Los gags van de la sencillez de una imagen hasta construcciones más complejas.

Sin embargo, en mi opinión, es en la integración del espacio con la historia donde el filme resulta más memorable. Es el espacio el que da unidad, ese más allá burocratizado, el que permite la integración de las historias, de la abuela a la nieta.

Mención especial a los personajes de Monica Belluci (Delores) —no sé si sus fans perdonarán a Burton— y de Willem Dafoe (Wolf Jackson), el policía actor o actor policía, usados por el director como formas de presión en ese universo.

Visualmente, la película es un Burton clásico y narrativamente un Burton más enloquecido de lo habitual. La película se ve bien, se sigue con una sonrisa permanente.

Joaquín Mª Aguirre

 


Bitelchús Bitelchús (2024)      

Director: Tim Burton

Guionistas: Alfred Gough & Miles Millar, Seth Grahame-Smith

Intérpretes: Michael Keaton, Winona Ryder, Catherine O'Hara,

Jenna Ortega, Justin Theroux, Willem Dafoe, Monica Bellucci, Arthur Conti...

Género: comedia de terror

Año: 2024

Producción: USA


domingo, 9 de octubre de 2022

Smile (Parker Finn 2022)

La experiencia de una película de terror está en el patio de butacas. Hay películas que se pueden ver en silencio y otras que ganan muchos si escuchas los gritos en la sala. Smile es de estas últimas. La entrada de grupos de adolescentes armadas con sus refrescos y palomitas auguraba un buen público, al que nadie mandó callar, a lo largo de la película.  En Smile se sufre y se disfruta.

Smile es el primer largometraje del director Parker Finn, en cuyo haber solo aparecen dos cortometrajes, ambos pertenecientes a al mismo género. Siendo una película de género es importante saberse las reglas del juego y Parker Finn parece conocerlas bien. En este género, las cosas funcionan o no. No suele haber término medio. El guion de la película es del propio Finn, lo que no confirma el buen conocimiento de esas reglas de género, respetadas tanto en la historia como en su narración visual.

Smile parte de dos inversiones: se le da la vuelta a la "sonrisa", convirtiéndola en un gesto terrorífico; y se le da la vuelta a la psiquiatra protagonista, la doctora Cotter, que pasa de la posición de superioridad de tratar a sus pacientes a convertirse en el centro de la locura. Son dos elementos habituales en el género, pero hay que saber unirlos. El hecho de que hayamos visto imágenes de la película y sepamos ya de esa horrenda sonrisa que aparece en los carteles anunciadores y que sigan funcionando nos muestra que Finn ha sabido graduar el horror para hacer que vaya in crescendo a lo largo del filme. El terror, a diferencia del misterio, no se resuelve al final. Va creciendo desde sus propios fundamentos, desde las raíces bien agarradas. Eso sucede en Smile.

La idea de la inversión se ve potenciada visualmente por la propia película, en la que determinados planos invertidos nos dan cuenta de ese cambio que se está produciendo.

Todo esto no funcionaría sin la presencia de una actriz capaz de hacer que nos sintamos proyectados en ella. Se trata de la actriz Sosie Bacon, quien realiza una estupenda interpretación reflejando el inicial control superior de la psiquiatra sobre sus pacientes y el camino gradual hacia un universo nada racional. Sosie Bacon hace algo muy difícil para cualquier actor o actriz: mantener esa línea de cambio de forma gradual y coherente. Ella es el centro y la referencia de los espectadores, por lo que resulta esencial que ese camino que recorre pueda ser compartido.

A su alrededor se crea un universo que va cambiando en su valoración al adentrarse en la locura en que se ve mezclada. Ese universo es el que le ofrece resistencia, la observa con extrañeza. El personaje de la doctora Cotter se encuentra incomprendida entre dos aguas; solo los espectadores sabes sus padecimientos.

Como hemos señalada en alguna otra ocasión, el cine de terror ha redescubierto la oscuridad gracias a las nuevas técnicas y dispositivos capaces de trabajar en condiciones de luz muy bajas, lo que también aprovecha los humanos temores ancestrales de los espectadores. El ahorro en luz de los filmes norteamericanos es cada vez mayor. Lo que tanto nos cuesta aquí, se lleva drásticamente allí. Ironías aparte, la fotografía pasa a ser un elemento esencial en la creación de ambientes y en esas figuras que salen de habitaciones cada vez más oscuras.

La realización, del filme, la escritura del guion y la interpretación de los actores hacen de Smile un disfrute en donde se nos da mucho, pero también se van desarrollando situaciones que se resuelven en lo inesperado. Lo "esperado" es esencial en el género de terror. Es el juego entre lo que esperamos ver y lo que se nos da a ver donde reside gran parte de ese extraño placer en el sufrimiento en la sala.

Joaquín Mª Aguirre 

 

Smile (2022)    

Director: Parker Finn

Guión: Parker Finn

Intérpretes: Sosie Bacon, Jessie T. Usher, Kyle Gallner, Robin Weigert, Caitlin Stasey, Kal Penn, Rob Morgan, Gillian Zinser, Judy Reyes, Jack Sochet...

Producción: USA

sábado, 25 de junio de 2022

Teléfono negro (Scott Derrickson 2021)

 

No es fácil innovar en el género de terror y Black Phone es una película que se mueve entre géneros y trata de innovar. Su director, Scott Derrickson, tiene ya una serie de éxitos en el terreno del género de terror y de la fantasía.

Partiendo de un relato breve de Joe Hill, el guion ha sido escrito por el propio Derrickson y por C. Robert Cagill, un compañero en películas anteriores como Dr. Strange (2016) o la serie Sinister (2012 y 2015), entre otras. La historia de la que se parte es interesante y lo es también el desarrollo que se le ha dado en la película por parte de director y guionistas.

Teléfono negro es una obra sobre la violencia y su correlato, el miedo que provoca en las personas. Es más que una historia de terror y nos lleva a reconsiderar a qué debemos tener miedo en la sociedad, por lo que una lectura sencilla de la obra nos puede llevar a consideraciones equívocas, algo que puede ocurrir en casos como este.

Podríamos decir que se construye sobre tres círculos concéntricos: el paranormal, que es el que desarrolla el terror en lo sobrenatural; el criminal, con un psicópata secuestrador y torturador de niños; y, por último, el de la violencia social, una constante en toda la película.

La historia de dos hermanos, Finney (el actor Mason Thames) y  Gwen (la actriz Madeleine McGraw), que han heredado de su madre fallecida años atrás unas capacidades paranormales sirve como elemento que se contrasta con los crímenes cometidos por la zona y que nadie ha logrado resolver, produciéndose la desaparición periódica de niños.

La inteligencia de la película es mostrarnos principalmente la brutalidad social en su forma más directa en la vida cotidiana de los niños, especialmente contra Finney, víctima constante de acoso en el colegio y en las calles del pueblo. Se vuelve a incidir en la base de la violencia habitual en los Estados Unidos, la violencia escolar. Esa es la base del terror que vemos, el que ha sido socialmente asumido y el que parece no importar demasiado. Su hermana Gwen, se nos muestra desde el principio, tiene esas dotes de vidente onírica que le hacen soñar con los desaparecidos y padecer la violencia en sus noches. La videncia es rechazada por su propio padre (Jeremy Davies), que no quiere ver cómo se reproduce en su hija lo que era un sufrimiento en su madre.

El segundo nivel, el del psicópata asesino, está estilizado gracias a la interpretación tras la máscara de Ethan Hawke (The Grabber), lo que le otorga un doble papel simbólico, probablemente un personaje sometido a su vez a abusos.

El centro de la película son los dos hermanos y su conexión con ese mundo más allá de la realidad que acaba interviniendo a través de ese teléfono negro que da título a la obra. De muy meritoria hay que considerar el trabajo de los jóvenes Mason Thames y, de forma muy especial, el de Madeleine McGraw, que sabe dar los matices que un papel de este tipo necesita para sobrevivir al estereotipo.

Como película de género que es, Teléfono negro, apenas juega con la sorpresa, lo que en este caso no es un demérito dado el carácter altamente simbólico que la obra presenta, con un importante fondo de ironía, como se nos revela con claridad en los planos del regreso de Finney al centro escolar.

El género de terror sirve aquí para hacer esa radiografía de la violencia y de la admiración social que provoca, de cómo se encuentra entre nosotros marcando sus normas. Hay que temer más a los vivos que a los muertos.

Un buen trabajo en la dirección nos muestra que esta es una apuesta muy personal por parte del director, que ha querido, moviéndose dentro del género, decir algo más sobre la gran epidemia de la violencia que nos asola y que no tienen forma de parar en los Estados Unidos en sus centros escolares.


Joaquín Mª Aguirre 

 

 

Teléfono negro (Black Phone 2021)     

Director: Scott Derrickson

Guionistas: Joe Hill (relato),  C. Robert Cagill y Scott Derrickson

Intérpretes: Mason Thames, Madeleine McGraw, Ethan Hawke, Jeremy Davies...

género: terror

domingo, 21 de noviembre de 2021

Ultima noche en el Soho (Edgar Wright 2021)

 


Muchas son las virtudes de este filme dirigido por Edgar Wright, autor también de la historia y del guión junto Krysty Wilson-Cairns. Es justo juntar a director y guionista en la primera línea de esta crítica porque es hace bueno aquello de que sin una buena historia no es posible una buena película. Guión e imágenes se complementan en esta historia bien llevada, a la que auguramos que se convertirá en una película de culto, pues dispone de todos los elementos para ello.

Última noche en el Soho (Las Night in Soho) es un filme con el que sueña todo director, una conjunción de elementos bien seleccionados, de la fotografía a los actores, del guion a la música o la puesta en escena. Es una pequeña obra maestra con apariencia de serie B, una pequeña lección de puesta en escena en la que se utilizan todo tipo de retales de la historia del cine para construir una película nueva y sorprendente que te mantiene atado a la butaca hasta su última escena.


La película es un filme de género, con la salvedad, de que el género narrativo va oscilando y produce una de esas películas híbridas en las que cuando el espectador está convencido de que caminará por una senda se le lleva al carril paralelo por el que es guiado durante una parte de la película.

Si hay algún marco de referencia para este filme, debemos situarlo en un maestro en esto, Brian de Palma, al que creo que filmes como "Vestida para matar" o "Carrie", como dos referencias claras, nos llevan. Todo ello se ciñe a una estética muy lograda de los años 60, una referencia para el mundo que la protagonista desea desarrollar.

Recordemos que ya entonces Brian de Palma seguía sin disimulo alguno a su maestro, Alfred Hitchcock, al que homenajeaba sin límites en cada uno de sus filmes, cada vez más truculentos. El filme del británico Edgar Wright tiene mucho de homenaje al género o mezcla de ellos, mostrando que la genialidad no es crear lo nuevo sino construir con lo viejo renovándolo.


Como es propio del género híbrido al que se nos lleva, la película está llena de espléndidas trampas, bien construidas, que hacen que el espectador quede seducido por el arte del ilusionismo, que lo que muestre tu mano derecha oculte lo que hace tu mano izquierda. Esto queda perfectamente delimitado con la atracción de las imágenes y la seducción de los personajes. El juego de espejos que se nos muestra en el filme con ese viaje de marco en marco a través del mundo de los sueños.

Para que esta película adquiera la fuerza que tiene dispone de dos extraordinarias actrices jóvenes, una es Anya Taylor-Joy (Sandy), que acumula papeles brillantes apoyándose en su inteligencia interpretativa y un rostro bello e inquietante con el que transmitir la amplia gama de emociones que el guion exige de ella. En el otro lado está la neozelandesa Thomasin McKenzie (Eloise), otra actriz joven, poco más de 20 años, que se constituye en el otro lado del personaje encarnado por Taylor-Joy. Ambas constituyen una unidad perfecta en lo interpretativo, siendo cada rasgo de una contestado desde el otro lado por las virtudes equilibradas. Felicitaciones a los que decidieron el casting porque la película con otras actrices sería una película muy distinta.


El salto de Eloise, de vivir protegida y cuidada por su abuela en una casa de campo, hasta el Londres agresivo al que llega será determinante de su estado de ánimo. El refugio ideal parece ser ese Londres sesentero que se nos muestra, pero este esconde demasiados secretos y violencia. Sobre ello se construye el filme.

Como el ambiente, ese atractivo mundo de los sesenta, es un punto esencial de la película está presente recogido en colores y luz, en calles y casas, perfectamente sincronizado con el mundo interior del personaje. La música forma parte de la historia tanto la que es ajena a universo ficticio como la que los personajes escuchan de sus viejos discos, un punto de unión entre los personajes en cada lugar en el que se encuentran, ya sean en sus casas o en los clubes, donde podemos ver actuar, por ejemplo, a Cilla Black.


El reparto funciona bien, con actores como Michael Ajao, en el papel de John, el amigo de Eloise cuando llega a Londres; un magnífico Matt Smith, en el papel del inquietante Jack, el chulo; un recuperado Terence Stamp, en sus recorridos por el Soho; y una irreconocible Diana Rigg. Un grupo bien llevado de actores jóvenes configuran los compañeros de Eloise en ese Londres abusador que se representa en la Escuela de Diseño.

El peso de la película cae en las dos interpretaciones de Thomasin McKenzie y Anya Taylor-Joy unidas por los lazos del sueño dando lugar a un brillante juego de presencias y transformaciones.

A falta de cuatro minutos para las dos horas, la película fluye con el interés del guion, la interpretación de los actores, la fotografía y la música, levándonos de sorpresa en sorpresa, con un crescendo en la presión sobre el espectador, al que se le ha llevado de la luz del Londres nocturno a la oscuridad tenebrosa de los protagonistas.

La película, como señalamos al inicio, tiene todos los factores para convertirse en película de culto, como las de Palma o Carpenter; de ellas ha aprendido su solidez narrativa y el poder de las imágenes.

 Joaquín Mª Aguirre

 



Última noche en el Soho (2021)   

Director: Edgar Wright

Guionistas: Edgar Wright (historia) y Krysty Wilson-Cairns (guión)

Intérpretes: Thomasin McKenzie, Anya Taylor-Joy, Matt Smith, Michael Ajao, Terence Stamp, Diana Rigg, Synnove Karlsen...

viernes, 28 de agosto de 2020

Los nuevos mutantes (2020)


Los nuevos mutantes es una película extraña dentro del mundo creado por Marvel, una película que te va haciendo saltar de género en un espacio cerrado doble: el escenario opresivo del centro en el que los jóvenes están encerrados y en las mentes bloqueadas de los adolescentes que se defienden de sus propios miedos. Quizá habría que elegir este último motivo psicológico, el miedo, junto con la culpa, ya que son los dos que definen la adolescencia, el tema central de la película.
Los nuevos mutantes, está dirigida con corrección, en un difícil equilibrio, por Josh Boone, director de dos películas, Bajo la misma estrella (2014) y Un invierno en la playa (2012). 
Me gusta cómo ha definido el director y guionista su creación en la entrevista concedida a La Vanguardia: "Es horror sobrenatural. Las películas de X-Men son de fantasía y ciencia ficción, mientras que aquí es una combinación entre Alguien voló sobre el nido del cuco y El resplandor, o entre Inocencia interrumpida y Pesadilla en Elm Street 3. Es una película de horror realista que se convierte en algo diferente en el último acto."
Creo que toda película, probablemente toda obra de arte, forma parte de una red; es un punto en el que se entrecruzan múltiples líneas, tal como hace Josh Boone para tratar de definir su película. Lo nuevo se explica por lo conocido puesto que nada surge de la nada, sino que es un equilibrio entre lo existente y lo que somos capaces de hacer con ello. El arte es reciclado creativo, jugar con las piezas existentes y darles sentido en nuevos juegos creativos.


La película tiene la virtud de hacernos ver como algo nuevo aquello que hemos conocido a través de muchas otras, tanto del universo de los X-Men como de la cultura popular. En este sentido es un punto de encuentro. Me ha gustado ver las dos referencias a un universo anterior, me refiero a los momentos en los que aparece el personaje de Rahne Sinclair (Maisie Williams) contemplando la televisión. La vemos en pantalla viendo dos fragmentos de la innovadora serie de televisión Buffy Cazavampiros. En aquella serie precisamente se expresaba la crisis de la adolescencia a través de un mundo primigenio y terrorífico  surgido de suelo bajo el instituto, un portal infernal del que emergían esas criaturas del mundo monstruoso. La serie seguía al grupo de adolescentes a través del instituto y posteriormente a la universidad.
Son interesantes los dos fragmentos seleccionados, de apenas unos segundos, porque nos acercan al personaje de Maisie: el beso entre las adolescentes Willow y Tara en la serie nos anticipa lo que ocurrirá, para la primera parte, y una batalla contra los monstruos, con Buffie al frente en la segunda. Es una forma de cita visual que se reconoce como parte de un género mixto y de una tradición, y además se sitúa en el flujo narrativo de la propia película integrándose como un fondo premonitorio. Hay muchas referencias visuales a otros filmes, pero Buffy es la más explícita y próxima narrativamente hablando, algo más que un homenaje, ya que forma parte del personaje de Maisie. La serie fue innovadora y ya va saliendo la generación que bebió de ella.


Ese "horror realista" del que habla el director describe bien el sentido de la película, porque el verdadero mal al que se enfrentan es fruto de la manipulación que han sufrido por aquellos que dicen protegerlos. La película nos muestra a unos adolescentes torturados por su pasado, bloqueados por sus peores miedos para ser manipulados.
Como ya ocurría en Buffy Cazavampiros, el horror es un elemento que simboliza los males sociales. Me viene a la memoria un ejemplo de uno de sus episodios en el que hay una chica invisible. Su invisibilidad se ha producido porque todos la ignoran en el instituto. A fuerza de dejar de mirarla, han dejado de verla.
Los nuevos mutantes conecta con X-Men, donde la escuela de mutantes es también una forma de protección frente al mundo "normal" o la manipulación les puede llevar hacia el mal, convirtiéndose en criminales como reacción al rechazo social. Esta película regresa a los principios, al fondo de la adolescencia a través de esos dos conceptos señalados, el miedo y la culpa, que son las herramientas básicas del control social desde el principio de los tiempos.


Cada personaje representa una forma de culpa o, si se prefiere, una forma de manipulación para los objetivos para los que serán utilizados. La película tiene algo de El club de los Cinco (The Breakfast Club 1985), el clásico de la adolescencia del director John Hughes, pero en términos de ese terror realista. Los conflictos, la manipulación, la lucha, la superación, etc. forman parte de esos motivos narrativos que se repiten en tonos distintos.
Los actores cumplen con sus papeles capaces de mostrar creíblemente esa lucha de emociones, unas veces escondidas  y otras explosivas, que caracterizan a sus personajes adolescentes. El peso de la película se sostiene sobre seis personajes, los cinco adolescentes y su guardiana, la doctora Reyes, interpretado por Alice Braga. El resto de los personajes son recuerdos, miedos, apoyos, en sus mentes torturadas.


Como ocurría en El Club de los Cinco, cada personaje representa una forma de estar en el mundo, cada uno con su miedo, con su culpa. La llegada de la joven Dani Moonstar, interpretado por Blu Hunt, que sirve de eje sobre el que rota la película, nos permitirá ir comprendiendo la fachada de los demás personajes, la agresiva Illyana Rasputin, interpretada por Anya Taylor-Joy; su opuesto, la dulce Rahne Sinclair, interpretada por Maisie Williams, por la parte femenina;  el conquistador Roberto, a cargo de Henry Zaga, y finalmente Charlie Heaton interpretando al atormentado personaje de Sam Guthrie. Todos ellos cumplen con sus papeles en los que se da ese proceso de ocultación tras la máscara para evitar exponer sus miedos.


La película funciona bien y lleva al género hacia otros derroteros, modestos en la presentación, pero intensos en las motivaciones. No es necesaria una gran parafernalia para construir una historia que, como en este caso, sabe jugar bien con su idea inicial y se centra en lo que es el centro, el mundo atormentado de la adolescencia, la manipulación de la culpa, el miedo de uno mismo y el descubrimiento del quién eres. Todo ello en un espacio cerrado, opresivo, bien aprovechado para transmitir esa sensación realista de lo cotidiano, un poco siniestro, pero teniendo en cuenta el mundo en que estamos, un poco más cerca. Ese espacio, entre médico y carcelario, entre religioso y correccional, presidido por la estatua del ángel que oculta su cara, representa simbólicamente el mundo exterior que no llegamos a ver más que en recuerdos irreales.
Puede que no haya mutantes tal como los vemos, pero la manipulación y la maldad, desde luego, están ahí. La película, tras una gran metáfora, nos lo recuerda. Habla de nosotros.
J.A.


Los nuevos mutantes (2020)    
Director: Josh Boone
Guionistas: Josh Boone y Knate Lee
Intérpretes: Maisie Williams, Anya Taylor-Joy, Charlie Heaton, Alice Braga, Blu Hunt, Henry Zaga, Adam Beach, Thomas Kee, Colbi Gannett, Happy Anderson, Dustin Ceithamer


sábado, 1 de agosto de 2020

La caza (Craig Zobel 2020)



Esta época de incertidumbre, casi de desastre cinematográfico en el que a la pandemia se le suma el verano, hace que se estén estrenando películas que es poco probable que hubieran estrenado en nuestras carteleras, donde el número de salas es el que hay. Reservados los grandes estrenos para tiempos mejores o plataformas de pago, nos llegan saludables series B, películas de directores que se estrenan después de su experiencia televisiva o publicitaria, en cortos y documentales. La caza (2020), dirigida por Craig Zobel, es uno de estos casos, una película dirigida a un público particular, capaz de disfrutar con el espectáculo que se nos propone.
Ante  La caza es poco probable que haya una actitud intermedia, o te quedas y te ríes o te vas. Eso nos lo dejan ya claro en la primera secuencia, la del avión, donde se nos plantea ya el 80% de lo que es la película. Y es que La caza no es una película de terror basada en sustos sino en el ingenio, en la crítica social de fondo de este espectáculo entre Rebelión en la granja y La matanza de Texas, por poner dos referencias en el tono y la oscilación.
Como no es ningún secreto y se nos dice desde el título, el argumento parte de doce personas secuestradas a las que se libera en un espacio para ser cazadas. No es nuevo y nos remonta a un clásico de los años 30, El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, Irving Pichel y Ernest B. Schoedsack 1932). El tema de los psicópatas dedicados a la caza humana ha tenido desde entonces diversos planteamientos y siempre con un cierto fondo de fábula, dando salida a las paranoias de cada época, que nos eran mostradas con los megalómanos cazadores de turno.


La caza no solo no es diferente en esto sino que incide fuertemente en este sentido de fábula con la referencia de Rebelión en la granja, la distopía animal de George Orwell que le sirvió para la crítica del autoritarismo dogmático desarrollado en el periodo de entreguerras. El cerdo que nos saluda desde el cartel ya nos llama a esa distopía cada vez más real sobre los Estados Unidos, en donde todo es posible desde la llegada de Trump. En el futuro se tendrá que escribir sobre lo que su presidencia ha hecho en los géneros cinematográficos. Cuando tengamos un poco más de perspectiva, saldrán cosas interesantes sobre películas como Nosotros (Us, Jordan Peele 2019), Midsommer (Ari Aster 2019) o El hombre invisible (Leigh Whannell 2019), que nos dicen bastante de los tiempos que las han producido y de la sensibilidad receptiva del público.
No son tiempos de sutilezas, sino más bien brutales, de sacudidas al espectador, acostumbrado a todo tipo de imágenes circulando por redes y televisiones, buscando el impacto y el salto en el asiento. La caza es una película que se mueve en una brutalidad que nos acerca a la sátira con el exceso.


Partiendo de esa situación inicial de la cacería, la película avanza en dos direcciones, para los personajes saber cómo salir de la situación y para los espectadores tratar de comprender los motivos de los personajes para haber llegado a esa situación. En el cruce de los dos, situación y explicación, es donde radica el ingenio de los personajes cuyas particularidades son las que nos van sorprendiendo. La fábula es más complicada de lo que se esperaba.
No esperemos psicología, matices o cualquier otra sutileza. La abstracción de la fábula nos presenta personajes planos, al servicio de la sátira social y política. ¿No lo habíamos mencionado? La caza es finalmente una película en clave política, si bien en un sentido paranoide y conspiranoico, como se suele decir con frecuencia en los tiempos de Trump. Nada es lo que parece, pero todo es lo que se espera.


Si se supera el primer nivel, el de la violencia, se puede pasar al de la comedia de humor ácido y negro. Si nos fijamos en el cartel norteamericano, los textos que lo integran son ya un aviso de lo que nos encontraremos y, sobre todo, de la intención satírica.
Como en todas las películas que se basan en un juego de ingenio, la pregunta es ¿lo consiguen? Es un juego delicado y dependerá de sus gustos, de lo que le divierta. La caza puede convertirse para unos en una película de culto y para otros en una película odiada.
Lo que si hay que resaltar es el sufrido trabajo de la actriz Betty Gilpin. No son personajes para los matices, sino para encontrar el tono estereotípico adecuado y ella lo encuentra. Sin psicología, solo queda la caricatura, la exageración o la frialdad. Igualmente, Hilary Swank cumple dándole la réplica en una competición sin fin por la supremacía. Los demás personajes encarnan esos estereotipos con humor y convencimiento en el camino de la sátira.


Hay situaciones realmente divertidas dentro del modelo que se ha elegido, el que refleja parte de la vida política norteamericana y del abismo en el que se encuentran unos y otros gracias a las delicias de la presidencia. No es para todos los paladares y, como señala algún espectador crítico en sus comentarios, el ingenio puede convertirse en exhibicionista en momentos.
J.A.


La caza  (The Hunt 2020) 
Director: Craig Zobel
Guionistas: Nick Cuse y Damon Lindelof
Intérpretes: Betty Gilpin, Hilary Swank, Ike Barinholtz, Wayne Duvall, Ethan Suplee, Emma Roberts

domingo, 3 de noviembre de 2019

Doctor Sueño (2019)


Doctor Sueño (Mike Flanagan 2019) es una película contra un mito un tanto peculiar. Es normal que las películas de terror tengan maldiciones, pero en este caso sabemos que la maldición fue la Stephen King hacia la adaptación que Kubrick había realizado de su novela El resplandor, en 1980. Es un caso muy conocido, por lo que no es necesario que entremos en ello. Por eso choca un poco el camino elegido para este Doctor Sueño, una secuela de lo ocurrido en El resplandor.
La película ha sido dirigida, escrita y montada por Mike Flanagan, un especialista en películas de terror, ya sea para la televisión o el cine. Es indudable que el género de terror está viviendo una resurrección (nunca mejor dicho) que lo está convirtiendo en uno de los géneros más vitalistas y productivos a través de determinadas series que van de muñecas malvadas a tableros con demasiada iniciativa, como ocurre con "Ouija. El origen del mal" (2017), una de las obras previas de Flanagan.
Pero El resplandor es otra cosa. Es una película de culto de uno de los directores de culto de la historia del cine. Si Kubrick hizo "su" El resplandor frente a King, Mike Flanagan no ha podido hacer en su totalidad su Doctor Sueño frente a Kubrick, ante el que ha tenido que rendirse finalmente.


Tengo sentimientos mezclados respecto a lo que he visto en Doctor Sueño. Podemos decir que la historia comienza y acaba en lo que fue el mayor logro de Kubrick: la conversión viso-espacial del terror. En aquella película, el protagonismo lo tenía el espacio del hotel, un espacio recorrido por un niño, el hijo del enloquecido Jack Torrance, Danny que es el protagonista ya adulto de esta nueva entrega cinematográfica de S. King.
El espacio era esencial en la película, un espacio recorrido en sus laberintos de interiores (pasillos), exteriores (el jardín de los setos) y mentales (las apariciones fantasmales). La película de Flanagan busca una acción tensa, pero finalmente necesita de lo que era el sello visual de Kubrick. El valor de la película nueva es hacernos apreciar el sentido de la vieja, la realizada en 1980.
Si lo comparamos con las recientes It (2017 y 2019), ambos capítulos, veremos que igualmente, el director ha sabido crear el espacio específico para el payaso Pennywise, algo integrado en la propia historia como búsqueda de los desaparecidos. Todo nos lleva a ese espacio en el que "todo flota".


Por el contrario, en Doctor Sueño, no hay esa fijación del espacio, quizá con la excepción de la pared de la habitación de Danny Torrance, convertida en forma de comunicación. El espacio es inexistente. Los personajes se mueven de un lado a otro (tanto héroes como villanos) impidiendo la formación de algo necesario para la obra. De esta forma solo quedan las montañas y el hotel Overlook, el espacio creado por Kubrick.
Los intentos de convertir a nuevos actores en los viejos personajes (Jack Nicholson, Shelley Duvall, el propio hijo) lleva a momentos un poco "extraños", en los que debemos creernos que un actor con cejas puntiagudas es el viejo Jack Torrance con cara de Nicholson o la repetición del famoso plano del hacha con la puerta, etc. Son momentos en los que el recuerdo juega en contra de la película, que quizá se deberían haber resuelto de otra manera.


Hasta la música está vinculada al espacio. Las repetitivas notas que nos advierten del peligro cambian cuando la cámara nos muestra ya las montañas que llevan al hotel, momento en el que el director se siente poseído por el espíritu de Kubrick. 
Demasiados fantasmas y homenajes de planos que no tienen sentido más que como una rendición incondicional al genio de Kubrick. No se puede entender más que de esta forma.
Lo mejor de la película es la interpretación de Kyliegh Curran, como la joven Abra Stone, que cumple a la perfección su papel y, además, es libre de no tener que parecerse a nadie, lo que le permite ser natural en su interpretación. Ewan McGregor es un buen actor capaz de muchos papeles, entre ellos este de hijo de Jack Torrance. Rebecca Ferguson es quizá demasiado sofisticada para este papel de mala milenaria, pero no es culpa suya. Los demás proscritos de ultratumba cumplen con su diabólico cometido. El siempre eficaz Bill Curtis está bien en su papel de amigo y compañero de Ewan McGregor.
Como he dicho, este Doctor Sueño no me acaba de convencer, pero tiene el valor de servir para comprender las relaciones que se establecen entre un texto cinematográfico importante, un autor renegado y un director que se tiene que enfrentar a lo que no quería para resolver un problema.
El Hotel Overlook es demasiado poderoso. Sus imágenes quedaron prendidas en el recuerdo y por más que se tratara de un ejercicio de distanciamiento, al final la lógica de la atracción gravitacional ha hecho que la película de más masa atraiga a que tiene menos. Quizá no seamos justos al comparar dos películas de esta diferencia. Pero lo cierto es que es ella misma la que nos invita a hacerlo.
J.A.


Doctor Sueño (Doctor Sleep 2019)    
Director: Mike Flanagan
Guión: Stephen King (autor), Mike Flanagan
Intérpretes: Rebecca Ferguson, Ewan McGregor, Kyliegh Curran, Cliff Curtis, Bruce Greenwood, Emily Alyn Lind, Zahn McClarnon



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