domingo, 15 de febrero de 2026

Cumbres borrascosas (2026)

 Las adaptaciones de clásicos suelen ser polémicas. Lo son porque luchan contra algo que es amado, contra algo que nos ha gustado anteriormente, contra un recuerdo enquistado. En el caso de Cumbres borrascosas, la lucha en doble: contra una novela amada y una película clásica, con actores que hicieron época.

Como ha ocurrido con el reciente Frankenstein, de Guillermo del Toro, la lucha con el pasado es una dura batalla.  Pero estas batallas son necesarias cuando el gusto y la cultura de la que se alimenta cambian en el tiempo. El movimiento cultural es una suma de relecturas, de adaptaciones constantes a los cambios que el propio tiempo produce.

La pregunta, por tanto, es: ¿es el Cumbre borrascosas de Emerald Fennell una relectura adecuada a los tiempos que la gestan? Se trata de dilucidar si se trata de una lectura correcta (sea lo que sea esta) de una novela que fue mal leída en su momento, pero que fue creciendo hasta llegar a ser a una de las cimas literarias de la lengua inglesa y, por extensión, de la novela moderna. ¡Curioso destino el de las hermanas Brontë, encerradas en su casa por los prejuicios patriarcales y produciendo la más importante literatura de su época... percibidas desde otra!

En los últimos tiempos algo ha cambiado. Lo percibimos en las lecturas distintas de ciertos clásicos. Es un signo de que necesitamos nuevas interpretaciones para mantener el fondo.

Cumbres borrascosas, de Emerald Fennell, es una lectura de hoy, lo que gusta a unos y molesta a otros. Es claramente un proyecto personal que engloba tanto a la dirección y guión de Fennell, que tiene una muy buena trayectoria de éxitos, y es un proyecto personal de producción e interpretación por parte de Margot Robbie, otra sólida y valorada actriz.

En sus manos Cumbres borrascosas tiene personalidad y empaque, también valor, porque enfrentarse a un clásico consolidado no es fácil. Y lo han hecho a sabiendas del riesgo, algo que también hay que valorar.

En el terreno cinematográfico, Cumbres borrascosas se mueve entre una forma naturalista y la abstracción visual, lo que determina su estilo. Pasamos de los primeros planos expresivos de los actores a la construcción de encuadres sofisticados que nos hacen mantener las distancias. Se busca nuestra implicación y, a la vez, nos distanciamos en un ejercicio estilístico complejo.

Los actores están soberbios. Tanto Robbie como Jacob Elordi transmiten el apasionamiento de un amor que se vuelve condena y resulta odioso para quien lo contempla, que somos nosotros, conocedores del malentendido y de las fuerzas negativas que lo producen y sostienen. Es el uso del amor para hacer daño lo que vertebra el filme, lejos de cualquier idealización. De las distancias sociales a las personales, Cumbres borrascosas puede calificarse de muchas formas, menos de romántica. Y en esto se nota el paso del tiempo, en un distanciamiento casi brechtiano respecto a cualquier idealización del amor, que pasa a ser carnal y vengativo, incontrolable y destructivo.

El Cumbres borrascosas de Emerald Fennell es un mundo sin idealizar, sin la idea vieja de que el amor libera, como se puede ver a través de un personaje esencial, el de Isabella (¡magnífica Alison Oliver!), que nos da las claves del fondo y permite comprender el alcance maléfico de los planes amorosos y vengativos de Heathcliff con quien tiene una escena cumbre, que nos muestra el control y la misoginia del personaje.

Buena fotografía y buena música nos acompañan a lo largo de la proyección, dando forma a lo que pasa a ser un recital interpretativo, tanto en la contención como en el exceso, en la franqueza como en la doblez de los personajes, como en el caso de otro gran trabajo de Hong Chau, que interpreta a Nelly.

Resaltar la fascinante fotogenia de Jacob Elordi en todas las dimensiones del personaje. Sabe construirlo con su sola presencia. Esto implica un gran trabajo en la selección y dirección de los actores, un trabajo notable de la directora.


En su conjunto es un trabajo notable, que podemos valorar por sí mismo o por su destrucción de convenciones y clasicismo. A lo mejor nuestra idealización romántica se resiste a ver esta manera de mostrarnos un amor destructivo.


Cumbres borrascosas (2026)

Directora: Emerald Fennell

Guionistas:  Emerald Fennell, según la novela de Emily Brontë

Intérpretes: Margot Robbie, Jacob Elordi, Hong Chau, Shazad Latif, Alison Oliver, Martin Clunes...

Fotografía: Linus Sandgren

Música: Anthony Willis

Producción: Reino Unido

Duración: 2 horas 16 minutos

sábado, 27 de diciembre de 2025

Anaconda (Tom Gormican 2025)

 

Anaconda es la típica película  en la que la gente sería nunca reconoce haberse reído. Yo me he reído y la mayoría de los espectadores en la sala también. Puede que haya dejado de ser serio o que quizá no lo fui nunca, solo lo aparentaba.

La película es una obra que se ríe de sí misma, de sus personajes y del mundo del cine, tres niveles que cuando se reúnen van añadiendo riesgo uno a uno.

En su primera mitad, la película funciona como una comedia convencional. En la segunda mitad nos tienen reservado un ejercicio de comicidad autodestructiva, con varios puntos en los que se superan las barreras cómicas del gag sin temor alguno. Es aquí, en estos picos, donde nos reímos con más ganas, dejándonos caer por la rampa que se nos ofrece. Lo verosímil deja de ser un obstáculo y nos dejamos arrastrar. Resistirnos no tiene sentido y es mejor salir de la sala.


Podríamos pensar que es una película hecha al azar, dejándose llevar por los problemas, tal como se nos propone en la ficción, pero en el cine siempre es engañosa la apariencia de improvisación, y si Anaconda funciona es porque está meticulosamente calculada.

La misma elección de los actores trabaja en el sentido de dar protagonismo a actores que no son habitualmente protagonistas, lo que les permite sentirse adecuadamente como divos de pacotilla para mayor disfrute de los espectadores y probablemente de ellos mismos. La verdad es que están todos ellos perfectamente metidos en sus papeles y cumplen su función de equilibrio en el grupo, como debe ser en una comedia que se precie.

La película tiene un trabajado guión bajo su apariencia disparatada y la realización de Tom Gormican es ajustada para llevar el ritmo adecuado tanto en el humor verbal como en los gags visuales.

En este falso reboot de un filme ya existente, Anaconda (Luis Llosa 1997), sus referencias a él son constantes y ya nos define a los personajes, deseosos de alcanzar el éxito en sus fracasadas vidas, algo que pretenden cambiar. En el cine no solo sueñan los espectadores, sino los que aspiran a producir sus propios sueños.

Cabe señalar que la Anaconda de 1997 apenas tiene un 2,9 en FilmAffinity, mientras que está, el "reboot", sobrepasa el 5 y el 6 en la IMDB. ¡Ironías de la vida!

El guión está firmado por el propio Gormican y por un guionista que ya ha trabajado anteriormente con él, Kevin Etten, con experiencia en series televisivas mayoritariamente.

Merece destacarse la música estupenda de Dave Fleming que acompaña perfectamente las peripecias y los paisajes del filme. La fotografía de Nigel Bluck también nos deja secuencias de enorme belleza y calidad, especialmente en un par de las nocturnas en la jungla.

Anaconda resulta divertida de ver porque es una película que se mete en todos los berenjenales y los sortea. Las personas serias, como decimos, le dirán que no se han reído, pero dé por seguro que lo han hecho. Será pronto un clásico para ver en casa con los amigos un sábado de lluvia. 

 


Anaconda (2025)

Director: Tom Gormican

Guionistas: Kevin Etten & Tom Gormican

Intérpretes: Jack Black, Paul Rudd, Steve Zahn, Thandiwe Newton, Daniela Melchior...

Fotografía: Nigel Bluck

Música: Dave Fleming

Producción: USA

sábado, 8 de noviembre de 2025

Predator: Badlands (Dan Trachtenberg 2025)

 


En estos tiempos de remakes y secuelas, de enésimas partes cuyos inicios se pierden en la noche de los tiempos nos llega este singular filme "Predator: Badlands" que, pese al número de precedentes, se nos presenta como novedoso, algo que no es fácil de encontrar.

La película cuenta con tres elementos únicos: un buen guion, una buena dirección y Elle Fanning, que es una muy buena combinación. Lo demás son efectos especiales de buena factura y justificado por la historia que se nos cuenta.

Ha sido buena idea de los guionistas meter al predator en una historia familiar de clanes y competencias que nos muestran que Sigmund Freud también tenía razón fuera de la Tierra. El conflicto logra algo a lo que se dedica la primera parte, a humanizar al extraño y ponernos en su lugar, algo que no era fácil dados los antecedentes fílmicos de la saga. Sin embargo, se consigue, nos metemos en su cochambrosa piel y sufrimos con él la aventura.

La película logra un equilibrio entre el drama familiar, casi un drama griego, y el filme de acción, de combate constante llevado con buen ritmo y planificación.

Pero el peso del filme lo tiene Elle Fanning, que nos da nuevos motivos para seguir siendo devotos admiradores desde que la vimos en aquel lejano "Súper 8" (J.J. Abrams 2011) donde daba un recital interpretativo con unos poquitos años.

¿Cuántas actrices habrían aceptado el papel/es de Fanning, el de Thia? Muy pocas o desesperadas. Leído, sobre el papel, sonaría increíble e inasumible. Sin embargo, la actriz da el contrapunto a todo el mundo bárbaro que existe a su alrededor. ¡Y todo porque a algún programador se le fue la mano con los "sentimientos" para entender o empatizar con las salvajes criaturas del planeta!

El guion de "Predator: Badlands" es una pura locura, pero un locura que se cree a sí misma, con fe,que se nos ofrece atónitos desde la pantalla y ¡funciona! Es una demostración que la fantasía solo necesita no buscarle demasiadas explicaciones, sino que los que la montan se la crean.

¿Por qué no van a tener los predators los vicios de los conflictos familiares y los "sintéticos" una programación emocional? Todo lo que se nos muestra entre luchas tiene su propia lógica. A ello contribuye  Elle Fanning con su talento interpretativo, a dar forma a lo que apriori nos hace levantar una ceja escéptica ante el argumento.

Predator: Badlands es un ejemplo de cómo la fe en lo que se hace es necesaria para llegar a buen término.

Nos quedan muchas cosas de este filme, entre otras cosas una sonrisa por cómo se han desarrollado los acontecimientos.

 

 

Predator: Badlands (2025)     

Director: Dan Trachtenberg

Guionista: Patrick Aison, Dan Trachtenberg, Jim Thomas

Intérpretes: Elle Fanning, Dimitrius Schuster-Koloamatangi, Ross Duffer, Michael Homik, Matt Duffer, Stefan Grube...

Música: Sarah Schachner, Benjamin Wallfisch

Fotografía: Jeff Cutter

Nacionalidad: Estados Unidos

Duración:  107 minutos

martes, 7 de octubre de 2025

Una batalla tras otra (Paul Thomas Anderson 2025)

 

Esta película es una obra maestra para casi todos y un aburrimiento para Carlos Boyero, algo bastante habitual. Lo que no me parece habitual es la insistencia en las críticas en qué es “muy divertida”, algo que afecta a mi sentido de la diversión.

En realidad, lo que la película nos presenta como ficción es un acercamiento a la realidad subyacente de los Estados Unidos de Donald Trump, como lo era otra película reciente “Guerra Civil” (Civil War, Alex Garland 2024).

El cine, como otras artes, puede vincularse con el mundo en que se da de muchas maneras e incluso ignorándolo se define. Hay películas que viven de espaldas al mundo, al igual que otras tratan de ser documentos del presente y dejar testimonio. Otras eligen un camino más complejo, advertir de dónde nos lleva el presente anticipando el futuro. Creo que “Una batalla tras otra” (Paul Thomas Anderson 2025) entra en ese último supuesto. Es una radiografía del futuro.

Si se parte de ese supuesto, maldita la gracia que se le encuentra a una sociedad en la que el supremacismo blanco campa a sus anchas, está organizado y se considera un crimen haber tenido relaciones con alguien de otro color; una sociedad en la que se puede matar impunemente tras ser decretado por un grupo que decide sin control alguno, militar o paramilitar, que aquí viene a ser lo mismo. ¿Dónde está la gracia?


La película de P.T. Anderson anticipa el recorrido de una sociedad que se encamina al totalitarismo pasando por el supremacismo blanco como eje principal. Se parte de un grupo de revolucionarios que se deshizo en su momento y que vuelve a ser perseguido pasado el tiempo.

Que haya cierto grado de caricatura en algunos personajes no supone una “diversión” sino una forma de crítica a lo que representan. Es una forma de “distanciamiento”, no un cambio de género. Muestran las incongruencias de su forma de ser y pensar.

Lo terrible del filme es que no puedes dejar de ver en pantalla lo que has visto horas antes en los noticiarios, en esa realidad de la que está prohibido hablar por las amenazas de ser declarado antiamericano o, peor, terrorista, un etiquetado cada vez más frecuente en los Estados Unidos.

La película surge de la novela “Vinelad” (1990) del muy injustamente olvidado Thomas Pynchon. Se recogen en ella los proyectos clandestinos del FBI para deshacerse de los grupos revolucionarios desde los años cincuenta en adelante.


En el artículo firmado por Juan Manuel Vial, con el título “La macabra lucidez de Pynchon” (Revista UDP 09), se apunta un dato de interés: 

Las conspiraciones descritas en los libros de Pynchon no son, como pudiera pensarse en un primer instante, producto de una imaginación enfurecida y desatada. Allí, en ese rasgo perturbador, radica uno de los más grandes placeres de leer a Pynchon: su inventiva afiebrada no se desboca a la hora de describir conflagraciones; las conflagraciones están y siempre estarán ahí, a tiro de piedra. Leer a Pynchon implica calibrar la paranoia del que escribe y, luego, en mayor o menor grado, comenzar a sentirla en carne propia. Es sorprendente el número de personajes secundarios reales (o si se prefiere “históricos”) que animan las ficciones de Pynchon, así como también lo es el llamativo número de complots genuinos, aunque no muy conocidos, que el escritor plasmó en sus novelas. Tras leerlas, siempre persiste una macabra interrogante: ¿y si Pynchon estuviera en lo cierto?

Creo que es una lúcida idea. Puede que Pynchon aplicara el sarcasmo a sus personajes y textos, pero es probable que lo que atrajo a Paul Thomas Anderson para realizar esta película fuera precisamente la pregunta que el presente nos deja:  ¿y si Pynchon estuviera en lo cierto?

Cada adaptación, cada remake habla a su tiempo con palabras de hoy. Anderson seleccionó el texto de Pynchon porque le decía algo sobre el hoy. De esta forma nos habla con un presente inquietante, el de esa América trumpista.

Una batalla tras otra no es una película divertida; es una buena película. Es meticulosa en su trama para evitar ser malinterpretada. Los actores crean sus personajes desde lo que representan, más que desde lo que son. Son piezas en un juego conjunto del que importa el mosaico formado. Es importante esta supeditación de lo individual al conjunto para evitar que se pierda el efecto buscado, que creo que es algo patente en esta obra.


Los actores funcionan bien, tanto los veteranos como los noveles. DiCaprio, del Toro, Penn y Regina Hall componen sus personajes desde la experiencia, con grados de histrionismo variable. Para los nuevos, se reserva otra forma de actuación. Estupenda la joven Chase Infinity, que pasa a ser el eje de la historia.

Creo que, con la excepción de Boyero, la crítica ha sido unánime. Se trata de una película ácida (no divertida, que maldita la gracia) sobre un mundo posible, cada vez más posible.


Una batalla tras otra (2025)      

Director: Paul Thomas Anderson

Guionista: Paul Thomas Anderson, Thomas Pynchon

Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Sean Penn, Benicio Del Toro,  Teyana Taylor, Regina Hall, Chase Infiniti...

Música: Jonny Greenwood

Fotografía: Michael Bauman

Nacionalidad: Estados Unidos

Duración:  161 minutos


 

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