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viernes, 22 de enero de 2021

Hope (2019)


Hope es una película noruega que representará a su país en los Oscar de 2021. Dos son sus puntos fuertes, un guión que no va metiendo en una historia sobre lo irreal de la vida real, por un lado; el otro punto importante son los actores principales que la convierten en un filme que nos llega en su humanidad, lejos de cualquier tipo de artificiosidad. Ambos aspectos tienen el refuerzo de la dirección de Maria Sødahl, muy eficaz en su sencillez y en encontrar el punto expresivo cinematográfico. El filme, en este sentido, busca un equilibrio entre aspectos expresivos del estilo, como ocurre en la magnífica secuencia de la boda, tratada de una forma especial hablando mediante el tratamiento distinto de imagen fotográfica y del sonido.

Me imagino que esta película llevará a muchos a recordar una referencia importante del cine nórdico, Ingmar Bergman, maestro en el tratamiento del alma humana, de sus conflictos internos, especialmente es ese escenario bélico llamada pareja, con sus correspondientes extensiones familiares.  La película recoge sus propias experiencias tras haber pasado por un cáncer de cerebro; esto no es garantía ninguna para hacer una película, pero es un punto de partida para quien sabe contar como escritora y directora,  y Maria Sødahl es ambas cosas. 

La película tiene dos grandes líneas principales, la de la pareja y la del sentido de la vida. La noticia de que un cáncer ha pasado del pulmón de antigua fumadora al cerebro es trasladada a unos días muy señalados, los de la navidad. La historia nos muestra lo ocurrido unos días antes, cuando le revelan el cáncer y el momento en el que entrará en el quirófano. Una medicación que transformará su comportamiento, con subidas y bajadas, sensibilidades y momentos agresivos, le mostrará aspectos de su vida a los que nos se había enfrentado, ocasiones que había dejado pasar entre apatías y rutinas.

Andrea Bræin Hovig (Anja) y Stellan Skarsgård (Tomas) hacen dos soberbias interpretaciones, que pude apreciar en su totalidad durante unos 7 minutos. Me explico: en la sala estábamos dos espectadores. Cuando la película comenzó, tras un par de minutos iniciales, descubrí con agrado que la película estaba en versión original noruega con subtítulos españoles, lo que me pareció un acierto y un progreso. Pero la dicha dura poco y el otro espectador en la sala salió y regresó pocos minutos después acompañado con personal del cine. ¡Había ido a protestar! ¡El quería verles hablar en español, como estaba mandado! Ya me extrañaba a mí. No era un "acierto", sino un "error". La película se interrumpió mostrándonos en su reinicio los efectos de un rápido aprendizaje de nuestra lengua, sacándolos de la barbarie nórdica. Mi gozo en un pozo. Habrá que esperar a que salga la edición en BD para disfrutar de estos actores magníficos, de los que solo pude atisbar un poco en su lengua original.



La historia que Anja y Tomas nos cuenta de un matrimonio previo de él, con tres hijos, que fueron a vivir con ellos. A estos tres, se les sumaron los otros tres que tuvieron en su vida conjunta. Es esa vida de artistas —ella es directora teatral, el es productor— les ha llevado a valorar más lo que tenía fuera, sus éxitos, que lo que compartían dentro.

El nuevo tumor les hará enfrentarse a sus propias trayectorias, que han dejado sumergir en las rutinas. La película nos muestra la vida pasada a través del recuerdo de unas historias que cada uno ha vivido y valorado de distinta forma. Han estado juntos, pero han vivido distintas vidas. Ese apartado de la película es interesante y permite ahondar en ese aspecto muy real. ¿Estar junto implica una misma historia o cada uno ha estado percibiendo su relación de una manera distinta? "No hemos vivido la misma vida", dice Anja en un momento del repaso entre ellos, al ver las enormes diferencias entre cómo percibía cada uno de ellos lo que les ocurría.

La película nos muestra una inteligente gradación de los espacios. Están los espacios públicos, los de los amigos, compañeros de profesión, que reflejan la imagen que tienen de ellos desde el exterior. Es el mundo de lo social y profesional, que se refleja en fiestas y encuentros. Hay un mundo más  cercano que es el de la familia, donde las diferencias de edad entre los hijos muestran las diferencias en cómo los ven.



El gran problema al que se enfrentan es cómo contar a los hijos la reaparición del cáncer y el riesgo que supone. Aquí se nos muestra ya un problema comunicativo. Buscarán desesperadamente el apoyo de profesionales que les asesoren sobre cómo decirlo a sus hijos, la gran preocupación de Anja. El discurso propio contrasta con el estereotipado de los profesionales, refugiándose en los tecnicismos para expresar una realidad, comunicar la muerte de una manera que no les hiera, pero ¿es esto posible? Ellos no pueden usar ese discurso técnico; necesitan otra forma. Tampoco el discurso religioso le servirá. "¡No ha dicho nada!", dirá Anja tras la salida del sacerdote de la habitación del hospital donde se reúnen a hablar con él. No hay discurso exterior; lo que necesitan solo lo pueden encontrar en ellos mismos.

Finalmente están los espacios íntimos, que van del dormitorio a los baños pasando por el interior de los automóviles, donde se desarrollarán los diálogos de más interés por su profundidad humana, tanto de Anja con su hija adolescente, como con Tomas. Los diálogos más auténticos se producen en espacio cerrados Son los diálogos que se han eludido por décadas. 

Maria Sødahl tiene la habilidad de hacer hablar al silencio en ciertas situaciones y lo logra gracias al poder de las miradas. Los ojos y el silencio hablan cuando hemos sabido crear el contexto adecuado para comprender el interior del personaje. Hay eficaces planos en los que las miradas, los silencios llenan la pantalla y nos permiten acercarnos a la profundidad de los personajes.

Los pasos marcados por los cambios en los espacios tiene una inteligente escena en la que Anja sorprende a Tomas mientras habla por teléfono. Queda escuchando es conversación que ella no debería escuchar, un aspecto importante en la construcción de la historia. Al inicio de la película se nos muestra al más pequeño de sus hijos que se entera de lo que ocurre gracias al "espionaje" que realiza, a la escucha constante de las conversaciones de los otros. Ha descubierto que el mundo está construido por diferentes espacios comunicativos entre los que puede que haya enormes barreras. "Le han roto el corazón", informa el niño a su madre sobre su hermana mayor, para decirle que lo ha escuchado a los otros. "¿Has estado espiando?", le dice la madre. 

Al final, el acceso a una visión diferente del mundo es introducirse en nuevos espacios de diálogo, allí donde se habla de lo que no se habla en otros lugares, donde se dice lo que tú no debes escuchar, o donde se confiesa a otros lo que no nos atrevemos a decir a los demás.



Maria Sødahl ha tejido la historia con pequeños núcleos narrativos que nos revelan en esencia la sucesión de momentos que es una vida, algo que no controlas, no comprendes hasta que es demasiado tarde. ¿Qué es tu vida? Tus recuerdos, la forma en la que la ordenas y valoras. Las emociones determinando, juzgando a los otros y a nosotros mismos. A lo mejor, no quiere mostrar la directora, no sabemos reconocer o interpretar lo que tenemos.

Hope es una película de interés, bien construida y bien interpretada. Es a la vez coral e intimista, como la vida propia. Vivimos sobre un fondo, pero descubrimos lo que somos en las distancias próximas, en esos espacios íntimos en los que no podemos escapar, dejar de enfrentarnos a las cuestiones de la propia vida, las existenciales.

La película comienza sobre un escenario en donde se representa un montaje de Anja. Como artista, ella representa la vida sobre las tablas, pero ha sido incapaz de representarse su propia vida, de encontrar el papel adecuado en una trayectoria llena de malentendidos y momentos desaprovechados. Todo ello irá saliendo a la luz, lo que ella necesita, lo que necesitan los demás de ella. Esos pocos días que la película nos muestra son los momentos en los que la vida te arrincona contra la pared y te exige enfrentarte a aquello de lo que has huido por unos motivos u otros.

En este sentido, la película es vitalista. No se puede recuperar lo que dejaste atrás, pero puedes recuperar el sentimiento con el que juzgas tu propia vida y a los demás. Es una película sobre la comunicación en un mundo en el que la gente se protege tras sus teléfonos móviles, tras discursos técnicos y silencios. Es un mundo doble, de secretos esenciales y de protagonismos sociales. En este sentido, el filme es un tratado de las relaciones humanos pervertidas por la falta de sinceridad, por las rutinas protectoras, y del olvido de lo que nos sostiene vitalmente en beneficio de trabajos, premios, aplausos, nada de lo que unos puede llevarse al otro mundo. "Me gustaría que me acompañaras al otro mundo", frase absurda que, sin embargo, refleja una gran verdad, la que no ha sabido reconocer. Puede que no sepamos si existe el otro mundo, pero seguro que sí tenemos alguna idea de qué nos llevaríamos para pasar la eternidad. Eso es lo más importante y lo que desperdiciamos más a menudo. 

JMª Aguirre

 



Hope (2019)     

Directora / guión: Maria Sødahl

Intérpretes: Andrea Bræin Hovig, Stellan Skarsgård

País: Noruega

 

sábado, 26 de diciembre de 2020

Saint Maud (2019)


Saint Maud es el primer largometraje de la directora británica Rose Glass. Es una obra personal, con guión propio. La película está nominada en cuatro categorías para los British Independent Film Awards, como mejor filme independiente, mejor guión, mejor directora y mejor debut como guionista. No está mal. Ha ganado con esta película una mención de honor en el London Festival Film en 2019. En los Sunset Film Circle Awards ha estado nominada en la categoría de directora a la que hay que seguir, es decir, una directora a la que se le vaticina trabajos que habrá tener en cuenta. En 2015 estuvo nominada por su cortometraje Room 55 (2014) al mejor UK Short Film. La obra de Rose Glas, hasta el momento, es de un largometraje —Saint Maud, que ahora se estrena— y cinco cortometrajes. Teniendo en cuenta que Room 55 era un trabajo académico, de estudiante, el futuro que tiene por delante es más que prometedor.

La película Saint Maud "técnicamente" la hemos visto tres personas. En estos tiempos de pandemia se invierte poco en promoción y nos quejamos mucho sobre lo que supone estrenar. Es difícil que la gente vaya al cine más allá de ese tonto eslogan de "la cultura es segura". El drama de las buenas películas con promoción cero es algo que va más allá del COVID-19 y es muy anterior. Ahora que los estrenos se dejan para las plataformas de pago, las buenas películas independientes se merecen algo más que ser obras de relleno de la cartelera. No sé lo que hacen los críticos, pero desde luego no mucho por el cine más allá de los blockbusters.



Saint Maud es una muy buena película, atípica en tiempos en los que la escritura cinematográfica, tanto en los guiones como en la dirección, se encuentran estancadas en la corrección. Lo único que se le puede decir a Saint Maud es que es la película menos navideña que hay en la cartelera, pero eso es una mera coincidencia, una fatalidad irónica que hace esbozar una sonrisa al final.

Cuando entré en el cine no tenía casi ningún tipo de información sobre lo que iba a ver. Solo esa socorrida etiqueta de "terror" que solo vale para el "género" en algunas de sus variantes. No creo que valgan mucho para Saint Maud.

Pasados los tres o cuatro primeros planos, nos damos cuenta que estamos ante un filme con lo que podríamos llamar voluntad de estilo, con una escritura gráfica precisa y al servicio de la expresión de esa voz  que nos acompaña, la de Maud, una oscura enfermera que ha dejado el hospital en el que trabajaba para hacerse cargo del cuidado de una enferma de cáncer, una antigua bailarina.



La voz narrativa en primera persona puede llegar a ser "impertinente" y hasta "no pertinente", pero en este caso nos muestra la visión del personaje, su percepción de sí misma y de los demás. Curiosamente, esa voz no será la que nos dé la información necesaria, que nos llega por otras vías.

El reconocimiento de la dirección y del guión por vías separadas nos habla precisamente de esa buena conjunción confluyente en el relato, que se sigue con atención, creándonos expectativas, como debe ser en este tipo de relato. Por ser un poco más preciso, el relato está más cerca de Dostoievski que de Stephen King, de una indagación en la mente que en una realidad alternativa.

No se debe contar mucho de la trama en un filme que nos hace avanzar en la historia agarrados a cada momento del relato, que no seduce visualmente a través de una técnica expresionista que van dando forma en la pantalla a la mente de Maud.

Una de las cosas más sobresalientes de la película es su ritmo, que se establece por la forma de llevar la historia, perfectamente conjuntada por la secuencia de los planos, por su encadenamiento en el montaje. La banda sonora hace el resto, creando la tensión emocional hacia un final que estalla ante el espectador.



La labor de las actrices es más que meritoria, tanto por parte de Morfydd Clark en el papel de la torturada Maud como por una Jennifer Ehle, en el papel de Amanda, la bailarina enferma. Ambas están magníficas en sus papeles y nos hacen entrar en sus diálogos, que centran gran parte de la  historia. Lily Knight y Lily Frazer las acompañan como ramas colaterales de la historia principal que acaba convirtiéndose en una densa lucha.

La historia y su realización, fondo y forma, relato y discurso... unos y otros se sostienen sólidamente en esta pieza sólida, en la que el terror está donde siempre se ha agarrado mejor, en la propia mente. Destacable la fotografía que tiende a reflejar el mundo interior del personaje y el espacio en que se desenvuelve.

Habrá, efectivamente que ver las próximas realizaciones de Rose Glass porque posee un sentido del relato, del desarrollo dramático y un sentido del ritmo (en su verdadera expresión interna) realmente notables. Cada plano está donde debe estar, con unos encuadres expresivos de los propios personajes, con un cuidado del detalle, de los pequeños gestos que muestran una mirada que nos guía de forma meticulosa.

Es una pena que los propios encargados de la "cultura" dejen las películas a su suerte, que solo se perciba, como otras cosas, la "temporada navideña" mientras que este tipo de filmes parece que solo sirven de relleno. Es algo injusto.

JMª Aguirre

 


Saint Maud (2019)   

Directora y guionista: Rose Glass

Intérpretes: Morfydd Clark, Jennifer Ehle, Lily Knight, Lily Frazer, Rosie Sansom, Marcus Hutton...

Producción: Reino Unido

domingo, 20 de septiembre de 2020

Pinocho (2019)


Vaya por delante, el Pinocho de Matteo Garrone es una pequeña joya cinematográfica. La perversión de los tiempos la considera una "live-action" considerando, como suelen hacer los norteamericanos, que todo comenzó con Disney, lo que no le quita ningún mérito a la versión de dibujos. Pero sí es importante entender que no es lo mismo que han hecho con El rey león o con Aladdin, intentos comerciales —con mejor o peor fortuna— de reeditar sus éxitos con una nostalgia calculada por el paso del tiempo. Pinocho existe antes de Disney; es un tesoro de la literatura italiana y, por extensión, europea.

La historia del muñeco desobediente que llega a ser niño porque aprende a sacrificarse por los otros, a controlar su peligroso deseo de independencia e irresponsabilidad pertenece a un momento pedagógico tanto en Italia como en el resto de Europa, que empieza a utilizar la literatura ejemplar destinada a la infancia a través de una pedagogía basada en la acción y en la emoción, antes que en teorías o normas abstractas. Forman parte de una forma de entender la literatura infantil y, por ello, la infancia. Los cuentos infantiles siempre han sido directos y muchas veces terribles. Esos elementos terribles estaban destinados a ejercer la fuerza pedagógica más vieja, el miedo. De Pulgarcito a Caperucita, la gran enseñanza es que el que se desvía del camino y se deja seducir por sus atractivos peligros acaba muy mal.


El Pinocho de Garrone es una mezcla sutil y eficaz de poesía visual, acertada interpretación y crudeza de las situaciones. Es un ejemplo de lo que llamaríamos sin duda "realismo mágico" porque esa es la forma de la imaginación. El realismo nos muestra una época de hambre, de maldad por los caminos; la magia permite que un muñeco tome vida y sea aceptado por quien lo talló como la bendición de un hijo.

Pinocho es una película bella. Lo son sus imágenes, hermosamente compuestas y maravillosamente iluminadas con una fotografía delicada, que nos introduce en la poseía tanto como en el drama. Sí, la fotografía de Nicolai Brüel merece resaltarse junto a la música de Dario Marianelli, que forman una perfecta unidad que sitúa al espectador en el punto emocional justo. Cada plano de Pinocho está compuesto de forma equilibrada. Los paisajes y los personajes se engarzan en encuadres armónicos y equilibrados visualmente. No hay un mal plano, por decirlo así, y su ritmo hace que miremos sorprendidos el reloj, ¡han pasado 125 minutos de proyección sobre los que hemos viajado sin darnos cuenta!


La historia de Pinocho, como la vida, es un camino. Es una narrativa itinerante en la que se van salvando escollos. Los personajes son estereotipos de la maldad, de la codicia, del desinterés. La inocencia de Pinocho y su incapacidad de obedecer le sacan del camino correcto y le dejan a merced de esos criminales y parásitos que abusarán de él. Finalmente, Pinocho aprende la dureza de la vida y el valor del esfuerzo y sacrificio. La narrativa infantil tenía como función mostrar al niño que el destino está en comprender el mensaje que los adultos que le quieren le transmiten, que ellos velan por su bien y que alejarse es peligroso. Cuando Pinocho comprenda la dura lección podrá alcanzar su máximo deseo, ser un niño de verdad, un niño de buen corazón.

Quizá todo esto convierte a Pinocho en una película "poco infantil" porque los niños del siglo XXI no son los del siglo XIX. Carlo Collodi (Collodi era el nombre del lugar de nacimiento de su madre) era un autor de su época con objetivos y estrategias de su época y una de ellas era precisamente la renovación educativa humanizándola. De todos los personajes de la película, ninguno es tan repulsivo como el brutal maestro que se nos muestra.


La "Storia di un Burattino" ("Historia de un muñeco") se comenzó a publicar en 1881.  Dos años después saldría con el título que todos conocemos "Le avventure di Pinocchio". Pero es esa misma distancia temporal la que da libertad al director para hacer una bella historia, no supeditada a los gustos pedagógicos actuales, sino darle una dimensión más allá de la infancia, atemporal y universal. Pinocho es una especie de "ello" freudiano guiado por la búsqueda del propio placer que deberá asumir el "principio de realidad", asumir que la vida es dura y que sobrevivir es un ejercicio de contención, de respeto a los demás, de sacrificio por lo que se ama y no solo por lo que se desea.


La elección de Roberto Benigni es acertadísima. No solo porque sea un gran actor, sino porque encarna a la perfección a quien ha mantenido en su interior el espíritu inocente del niño y ha mantenido, en la pobreza extrema, una visión optimista de la vida. Su amor le permite vivir y eso será lo que aprenda Pinocho de él. El personaje de Pinocho está maravillosamente interpretado por el niño Federico Ielapi y con una sorprendentemente madura Alida Baldari Calabria en el papel del hada niña. Todo el reparto, de los niños a los adultos, de los que están tras un maquillaje animal o los que se nos presentan como humanos cumplen este espectáculo mágico en su forma, realidad en su fondo.

Pinocho es un placer visual. Es cine más allá de la historia por una enorme armonía de todos sus planos, fotografía, música. Eso es muestra de un enorme amor por el proyecto por parte de todos los que han participado y también de una idea clara de hacia dónde se camina.

Una película hermosa, una pequeña joya.

J.A.

 

 

Pinocho (2019)  

Director: Matteo Garrone

Guionistas: Matteo Garrone y Massimo Ceccherini

Intérpretes: Federico Ielapi, Roberto Benigni, Rocco Papaleo, Massimo Ceccherini, Marine Vacth, Gigi Proietti, Alida Baldari Calabria, Alessio Di Domenicantonio, Maria Pia Timo, Davide Marotta, Paolo Graziosi, Massimiliano Gallo...

viernes, 21 de agosto de 2020

Un amigo extraordinario (Marielle Heller 2019)

He visto, de nuevo en soledad, otra de esas películas esperadas que la pandemia interrumpió para su distribución en España.
El filme está dirigido por la actriz, guionista y directora Marielle Heller, salida desde la factoría de Sundance, la creada por Robert Redford, que empieza a recoger cosecha de sus cursos y seminarios, becas, etc. además de la promoción de películas que buscan una orientación más hacia la realidad que el cine comercial habitual. La experiencia de Heller como directora es The Diary of a Teenage Girl (2015) (también guionista), ¿Podrás perdonarme algún día? (2018) (tres nominaciones a los Oscar y muchos premios) y varios capítulos de las series televisivas "Casual" y Transparent". Con este Un amigo extraordinario también ha conseguido abundantes nominaciones y premios, especialmente los que ha merecido el trabajo de Tom Hanks, que nos vuelve a regalar un personaje memorable.
Un amigo extraordinario es una película minimalista centrada sobre todo en el trabajo de los actores, encabezados por un Hanks soberbio, pero también por un trabajo excepcional de Mathew Rhys, contrapunto del de Hanks, con dos formas de actuación opuestas. Ambos actores ya trabajaron juntos en el filme de Stephen Spielberg Los papeles del Pentágono (2017), pero es en este filme, mucho más intimista frente al coral de Spielberg donde se puede apreciar el encuentro de ambos actores.
La directora, Marielle Heller
La película se basa en un artículo publicado a finales de los 90 y que significó la amistad entre el entrevistado, Fred Rogers o Mr. Rogers (Tom Hanks), un célebre presentador de un espacio televisivo infantil y un torturado periodista, Lloyd Vogel (Matthew Rhys) al que le encargan que le entreviste para un número sobre héroes americanos. La explicación de por qué juntar a dos seres tan distintos es sencilla y clara, según le explica su jefa a Vogel: es la única personalidad que ha aceptado ser entrevistado por él. Vogel arrastra una visión del mundo muy negativa, lastrado por el conflicto que mantiene con su padre desde que les abandono a su hermana y a él cuando su madre enfermó. El resentimiento hacia su padre, magistralmente interpretado por Chris Cooper, ha marcado toda su vida y ahora renace cuando vuelve a ella por la boda de su hermana.

Chris Cooper
La película desarrolla el encuentro entre el presentador, con su visión positiva de la vida, y el entrevistador con su carga de resentimiento y negatividad que le acaba hundiendo su vida. El juego del cambio de roles, con un Mr. Rogers indagando en la vida y sentimientos de su entrevistador, es parte esencial de la entrevista. Vogel irá descubriendo que Mr. Rogers es algo más que un presentador sonriente y afable. Hay un momento en la película en que Vogel queda sorprendido por los temas que trata Mr. Rogers en sus programas infantiles, del divorcio a la muerte. Su mensaje es claro: no hay que ocultar el mal del mundo, hay que vencerlo y eso requiere de una actitud específica. No hay que enseñar a los niños que los adultos pueden con todo, explica cuando da por buena una toma en la que ha sido incapaz de montar una tienda de campaña.
Una frase, que es todo un principio, se pone en boca de Mr. Rogers: " todo lo humano es formulable y todo lo que es formulable es manejable". Lo que se esconde en el interior y no sale a la superficie, acaba pasando factura. En este sentido, Mr. Rogers ejerce de auténtico terapeuta de su entrevistador.



La directora elige una puesta en escena muy especial, jugando con el valor de los espacios. Los exteriores son sustituidos por decorados de juguete creando un mundo extraño, distante de la realidad con la que mantiene semejanza y continuidad. De igual forma, el plató se convierte un espacio irreal, lejos del mundo cotidiano y sus problemas, que es el del periodista.  Ese "vecindario" que se nos muestra es una realidad extraña, mediada por las marionetas que Mr. Rogers maneja para expresar distintos personajes. Frente a ello están las secuencias realistas, el mundo en que vive Lloyd Vogel con sus problemas familiares que no ha logrado transformar. ¿Vive Mr. Rogers en un mundo real o es una fantasía distante en la que se refugia?


El filme traza una figura de Mr. Rogers que niega ser un santo o un héroe, que es como aparece a los ojos de los demás ("no arruines mi infancia", le dice su esposa a Vogel cuando se entera de que va a entrevistar a uno de sus personajes más queridos). 
Mr. Rogers ayuda a los demás con su capacidad de comprensión, pero el periodista que Vogel lleva dentro quiere ver lo que hay tras esa imagen bondadosa y controlada. Todos los que intervienen tienen sus debilidades, ¿qué pasa con Mr. Rogers? Magnífico el plano final que nos muestra el estudio apagándose y a Mr. Rogers, en su soledad, al piano.



La película es un filme positivo, sin caer en lo blando. Hay que aprender a gestionar lo que el mundo produce en nosotros para evitar convertirnos en nuestra peor versión. Hay varias escenas memorables, como la del vagón de metro cuando es reconocido Mr. Rogers por todos, o el encuentro de las tres generaciones en la soledad de la noche.
Los tres actores que dan vida a este conflicto sobre la paternidad crean un ambiente creíble en su densidad emocional. El conflicto con el padre, al que no se perdona mantiene atascada la propia vida de Vogel y es la aparición de esa nueva figura paterna positiva, la representada por Mr. Rogers, la que ayudará a superar es infancia mal digerida. Es interesante en la película la especificación del conflicto masculino frente al papel conciliador que las mujeres representan. Los egos masculinos parecen más complicados de reparar, lo que creo que es verdad.
De nuevo otro filme que se sitúa en las antípodas del heroísmo fantástico. No hay súper poderes para resolver el mal o el dolor del mundo, que está ahí, muchas veces causado por nosotros mismos. Existe la voluntad de ayudar, de ofrecer otra cara de nosotros mismos, que puede suponer un esfuerzo, pero finalmente puede imponerse esa idea del mundo como vecindario. Es una pena que la traducción del título original arruine la metáfora del "vecindario" y del "vecino" como quienes están próximos. El prójimo es el próximo, el que está a nuestro lado y al que podemos ayudar o hundir. Ayudar a otros es la mejor forma de ayudarnos a nosotros mismos. Eso es lo que entendió Mr. Rogers. Y es una gran verdad.
J.A.



Un amigo extraordinario (A Beautiful Day in the Neighborhood 2019)
Directora: Marielle Heller
Guionistas: Micah Fitzerman-Blue y Noah Harpster, sobre un artículo de Tom Junod
Intérpretes: Tom Hanks, Matthew Rhys, Chris Cooper, Susan Kelechi Watson, Maryann Plunkett, Enrico Colantoni, Wendy Makkena, Tammy Blanchard...




sábado, 18 de julio de 2020

La familia que tú eliges (The Peanut Butter Falcon 2019)


La película tiene, nos dicen en la IMDB, 21 premios y 16 nominaciones. Esto es solo un dato, pero un dato de interés en una cinta que cuenta con dos estrellas (Dakota Johnson emergente, y otra, Shia LaBoeuf, casi desaparecido), un viejo actor recuperado (Bruce Dern), un debutante (Zack Gottsagen) y dos directores, Tyler Nilson y Michael Schwartz, que prácticamente se estrenan , y son guionistas de este personal proyecto.
Una historia sencilla de la otra América, sí, porque hay otra América más allá del éxito, la de vivir tu vida y disfrutar de las cosas sencillas, como un Huckleberry Finn bajando por el río Mississippi con Jim, el esclavo fugado. 
Creo que la idea de la película parte de ese fondo de la inocencia enfrentada a la maldad del mundo. ¿Es posible en este mundo ser inocente? es la pregunta que se nos lanza como una reflexión. El título español, no el original, pone el dedo sobre esta cuestión. Uno no elige su familia, pero sí muchas otras cosas.
En un mundo perverso y deshumanizado, de hipocresías y culpas, recuperar la inocencia es dejarse arrastrar en una balsa por el río. La naturaleza es dura, pero no mala. Esta es una idea muy presente en la mentalidad norteamericana y se remonta a la idea rousseauniana del "buen salvaje". Inocencia e inocencia perdida, lo importante es el deseo, la voluntad, la redención.


Si en el cielo solo entran los que se hacen como niños, en la vida hay que traspasar otras puertas, la del regreso a la inocencia, saber desprenderse de la maldad acumulada y las corazas que la vida social impone para la auto conservación para poder ser feliz.
La película es un Bildungsroman, una historia de aprendizaje, en el que el maestro es el más sencillo de todos, Zac, un joven con síndrome de Down, que decide dejar de estar encerrado, que no ha perdido su deseo de salir del confinamiento en que se encuentra para cumplir sus sueños, ser luchador de lucha libre, como su héroe el "Paisano de Agua Salada", el luchador que aparece en una cinta de vídeo que ve una y otra vez. Y así, Zac el inocente del que todos se sienten superiores, acabará demostrando que la vida está en los sueños y no en la trampas "vitales" que nos rodean en este mundo. Los soñadores nos salvan en un mundo que nos devora.


La historia es sencilla y está estupendamente contada, con su propio ritmo, con una magnífica naturalidad que es lo que los directores han conseguido a través de los diálogos o de las escenas sin ellos, lo bastante elocuentes como para irnos mostrando los cambios de los personajes. Hay convencionalismo, por supuesto. Pero todo ello se supera en la historia a través precisamente del encanto que logran llenar las imágenes. No todo son palabras en el cine, ni todo acción o intriga. Aquí hay poca acción y menos intriga, pero es precisamente este carácter lírico del filme lo que nos hace disfrutarlo en gran medida. Hay un cine lírico, como hay un cine épico.
No es una trama de intriga y sabemos en todo momento lo que acabará ocurriendo, con pocas sorpresas, pero el encanto de la película está en el cómo y no en el qué. Y es ahí donde se centra el papel de los actores, que han sabido comprender que sus papeles son corales alrededor de la personalidad mágica del joven Zac. Lo importante es aprender a pensar como él, que es lo que acaban haciendo los personajes.


Los directores han decidido, con buen juicio, dejar que la película crezca al ritmo del crecimiento de los propios personajes. La elección de los actores es buena, creando los dos extremos con LaBoeuf como personaje con sus demonios interiores y Dakota Johnson avanzando para descubrir lo que realmente vale la pena. Ambos sobreviven a la mayor prueba cinematográfica, tener que compartir plano con un actor natural, por decirlo así. Lo logran, porque sin ello la película no se sostendría.
La historia, por fantástica precisamente, es profundamente humana y, como en Rebelde sin causa, los que no tienen familia acabarán formando una porque lo inhumano es no poder amar por una cosa o por otra, vivir encorsetados o desconfiando de los que te rodean, por motivos más que suficientes.


Magnífica la fotografía, importante en la película, y se disfruta una música muy bien seleccionada y compuesta, algo que ha sido reconocido y premiado entre sus galardones. Dicen que es la cinta indie más taquillera del año 2019. Si se hace bien, con bajo presupuesto, se pueden crear grandes cosas porque las emociones estarán siempre por encima de los efectos especiales o de los grandes decorados.
Hay que ser como niños, sí, para poder vivir esta película, para entrar en ella, sin ser una película infantil. Quizá, como les pasa a los personajes, tengamos que perder la inocencia para poder echarla de menos y querer recuperarla después. Puede que estemos a tiempo.
Un canto a la amistad y a esa familia elegida, cuando la que te toca venía sin instrucciones.  Es la película que Donald Trump nunca entendería.
J.A.


La familia que tú eliges (The Peanut Butter Falcon 2019)  

Directores: Tyler Nilson y Michael Schwartz
Guionistas: Tyler Nilson, Michael Schwartz
Intérpretes: Zack Gottsagen, Ann Owens, Dakota Johnson, Shia LaBoeuf Bruce Dern, Thomas Haden Church



viernes, 6 de marzo de 2020

Cuestión de justicia (2019)


 El gusto por los filmes que digan algo caracteriza las tres películas del director de origen hawaiano Destin Daniel Cretton (1978), del que se ha estrenado esta última semana el filme Cuestión de justicia (2019). Las dos primeras fueron Las vidas de Grace (2013) y El castillo de cristal (2017), ambas películas para pensar durante la proyección y dedicarle un buen rato a seguir haciéndolo, a ser posible el resto de la vida.
Cuestión de justicia es una película judicial, un subgénero norteamericano que tiene su razón de ser porque los agujeros del sistema son muchos, en especial en relación con las profundas desigualdades en el acceso a la justicia causadas por el racismo, en especial en el Sur de los Estados Unidos. La película transcurre en Alabama, estado al que llega un joven abogado afroamericano recién egresado de Harvard que decide ejercer en un bufete (una Iniciativa para la Justicia) para ayudar con asistencia legal en los casos en los que, al revisarlos, se dan cuenta de que los condenados han sido mal asesorados o, sencillamente, dejados a su suerte.
El descubrimiento de la flagrante injusticia aplicada sobre los negros, que son mandados al corredor de la muerte incluso antes de celebrarse el juicio, la asignación de abogados a los que nada les importa el caso, la manipulación de pruebas o la ignorancia de la exculpatorias, etc. supone un revulsivo de las conciencias, algo a lo que no escapa el espectador en su butaca.
Hay películas que cuentan historias y hay películas que cuentan la Historia. Cuestión de justicia es de estas últimas, basada en casos reales, con personajes reales cuyo destino se nos muestra desde la impotencia de ante un sistema cuyo único sentido es mantener a los afroamericanos al otro lado de la valla.


La película está ambientada en los años 80 y 90 y se sitúa espacialmente en Alabama, pero en un lugar muy simbólico: el pueblo de Monroeville, el lugar donde transcurre la famosa novela (Harper Lee) y película (Robert Mulligan), Matar un ruiseñor. Este dato es importante para el simbolismo de la propia película pues se muestra la distancia existente entre un pueblo que le ha dedicado un museo a Harper Lee y el pueblo real, que sigue practicando un brutal racismo treinta años después.
Como es sabido, Harper Lee solo escribió una obra, Matar un ruiseñor, basada en su infancia en el pueblo, con su padre abogado —Atticus Finch, interpretado por Gregory Peck— y durante un juicio contra un ciudadano negro. La historia del caso del juicio guarda muchos paralelismos con la propia obra de Lee. Aquella niña de entonces llegaría a ser fiscal. En 2015, un año antes de su muerte, se publicaría una novela que de alguna forma era el primer borrador de lo que sería más tarde Matar un ruiseñor, ganadora del Pulitzer.
La película nos cuenta una historia real, la del condenado a muerte Walter McMillian (Jamie Foxx), acusado de haber matado a una  mujer blanca y cuyo juicio ha sido un despropósito de arbitrariedades, falsas acusaciones y manipulación. Al pueblo llega Bryan Stevenson (Michael B. Jordan), un joven abogado que ha decidido revisar los casos del corredor de la muerte, que trabajará junto a una joven psicóloga, Eva Ansley (Brie Larson).


La película cuenta con una realización puesta al servicio de la historia —excelente guión del propio director, basado en la obra del propio Bryan Stevenson contando su historia— y de los actores, todos ellos magníficos en sus papeles. Foxx, no siempre ocurre, está aquí medido dando vida convincentemente al condenado, mostrando sus fases anímicas en función de las esperanzas y su propio sentimiento de culpa respecto a su familia. Realmente magnífico está Michael B. Jordan, que es capaz de transmitirnos su horror ante el espectáculo social de la injusticia que el racismo sostiene en el pueblo de Monroe. Brie Larson repite con el director, ya que era la protagonista de Las vidas de Grace. Su papel es más modesto pero lo cumple con enorme eficacia en las dos o tres escenas comedidas que tiene en el filme y con su presencia. Larson es una gran actriz, ganadora de todos los premios con su La habitación, una actriz capaz de todos los registros.
Hay que resaltar un papel en la película, el del preso acusador, Ralph Myers, con el actor Tim Blake Nelson, en una interpretación compleja, psicológica y físicamente. Es la pieza determinante en el juicio ya que sobre él se basaba la acusación. El actor sabe dar las transiciones de un personaje, mezcla de víctima y villano.
El guión trata de marcar los cambios en distintos personajes ante la evidencia de la injusticia cometida. La realización sabe darle el tono a los momentos, como en la secuencia de la ejecución de uno de los presos en el corredor de la muerte y su despedida por los compañeros, una magnífica interpretación del actor Rob Morgan.


Una película con un buen tono en todas su líneas y que tiene a su favor la voluntad de denuncia de un sistema injusto. El cine es muchas cosas, entre ellas la posibilidad de actuar sobre la realidad reflejándola. Si sirvió de algo la novela de Harper Lee y la película de Mulligan en los 60, esperemos que la película de Destin Daniel Cretton sirva también para sacudir las conciencias. Las buenas intenciones se olvidan pronto y la situación norteamericana, a vueltas con la presión del supremacismo blanco de la época Trump (y la post Obama) vuelve a requerir nuevos esfuerzos.
Cuestión de justicia es una reivindicación de lo obvio, de aquello que —como se nos dice— es lo que propio sistema promete, pero no cumple. No es nada extraño lo que se pide. Solo justicia.
J.A.


Cuestión de justicia (2010)    
Director: Destin Daniel Cretton
Guionistas: Destin Daniel Cretton y Andrew Lanham (guión) y Bryan Stevenson (libro)
Intérpretes: Jamie Foxx, Michael B. Jordan, Brie Larson, Charlie Pye Jr., Michael Harding, Christopher Wolfe, Michael B. Jordan, J. Alphonse Nicholson, Adam Boyer, Jacinte Blankenship, Bryan G. Stevenson, Brad Sanders, Charmin Lee...


domingo, 9 de febrero de 2020

El escándalo (Bombshell, 2019)

 Pese a todo, la Fox News sigue. Por algún motivo extra cinematográfico, la Fox News se ha convertido en un fenómeno cinematográfico, casi en un subgénero. Evidentemente, la línea política y la cinematográfica van cada una por un lado, pero dentro del mismo paquete. Son ya al menos tres los intentos de centrar el doble debate político sobre los Estados Unidos actuales en la coincidencia de un personaje, Roger Ailes, cerebro del ultraconservadurismo y entrepierna del acoso sexual. Con esos dos puntos, cerebro y entrepierna, Ailes le allanó el terreno a Donald Trump, como queda medianamente claro en esta historia de mujeres que se encuentran en la tesitura de sumar sus testimonios contra este depredador empresarial y sexual.
Por la película desfilan un montón de caras medio conocidas de la Fox, señal de que todos o casi todos han sobrevivido a lo que la película Bombshell, o El escándalo en versión española, nos cuenta.
Hollywood ha preferido calentar motores con la televisión y con la Fox News antes de entrar en sus propias historias, todavía dando vueltas por los juzgados y los titulares. Hace falta algún tiempo para no atragantarse, dejar que maceren.
El cine norteamericano se está centrando en lo irreal o lo real, como hemos tenido ocasión de comentar  con películas como Richard Jewell (C. Eastwood 2019), en donde se sacan los casos de la prensa misma, reportajes que sirven de base a las historias contadas. El cine se convierte entonces en periodismo narrado, una aproximación a la verdad, nunca la verdad última que es esquiva.
Comparto mucho de lo que han dicho sobre la película. La obsesión por ser fieles resulta coactiva para el trabajo de los actores, más preocupados por ser identificados que por poder construir un personaje que los exprese. La verdad no es el parecido.

Esto perjudica especialmente a dos de las actrices sobre las que se centra la historia, Charlize Theron, en el personaje de Megyn Kelly, y Nicole Kidman, que interpreta a Gretchen Carlson, ambas estrellas de la Fox News. No lo hace, en cambio, con Margot Robbie, quien actúa sin lastre y de la que hablaremos más tarde.
Jay Roach tenía un antecedente en este tipo de filmes, vamos a considerarlo de realismo político, la interesante Dalton Trumbo, la lista negra de Hollywood (Trumbo 2015) sobre el guionista apartado de su trabajo por el macartismo. En cierto sentido, ambas películas tienen varios puntos en común: el mundo de los medios (cine en uno, televisión en otro) y el ultraconservadurismo como ideología imperante.
La variante de los nuevos tiempos es la fusión entre el ultraconservadurismo y el patriarcado dominador que se muestra en la figura de Roger Ailes y los que giran a su alrededor.
Ailes fue el exitoso creador de la fórmula política más piernas. Llenó los platós de mujeres cuya función era primero exhibirse dentro de unos marcos sacados de un muestrario de la época de Betty Friedan y en segundo lugar servirle de entretenimiento dentro de un mundo de silencios cómplices.
Es curioso que el papel central de la película esté semioculto. Es el interpretado por Holland Taylor, la secretaria de Roger Ailes, la mujer que le busca víctimas y que mantiene el control de la puerta. Ese personaje tiene mucho de la clave ya que es en realidad quien mantienen la virtud que Ailes exige, "lealtad". Es ese concepto el que le une a sus víctimas o, quizá, el que une a sus víctimas con él. Descubriremos por los testimonios posteriores que Ailes no solo las acosa o mantiene relaciones sexuales con ellas, sino que también exige que lo tengan con quien él les indique.
Roger Ailes es algo más que un depravado. Es un hombre que ha construido un imperio político que controla desde dentro y desde fuera, ya que al convertirse en una potencia mediática, el control sobre el exterior es grande. Es lo que se trata de ver en la lucha de los hijos de Rupert Murdoch y Ailes, quién controla el mundo de la derecha norteamericana y quién puede llevar a su candidato a la Casa Blanca o quien puede impedirlo lanzando las huestes mediáticas con los que le molesten.


La película, pese a lo que muchos vean, es una radiografía de cómo se manipulan y usan las mujeres para formar parte de ese ejército que responde a sus órdenes. Ailes es un paranoico que exige obediencia, pero para quienes las mujeres no son solo objeto de placer sino unas herramientas tanto hacia la audiencia, a la que seduce, como hacia el interior. Ailes sabe cómo controlar un mundo competitivo, cómo manejar a unos contra otros, como bien se explica en una de las secuencias. Mantiene así los celos profesionales, las envidias, los conflictos en los que él puede ser el árbitro al que todos recurran para mantener sus cuotas.
En este sentido, Bombshell es un ejercicio político que se queda corto al ceñirse a la forma y no tanto al fondo. El personaje de Roger Ailes, bien interpretado por un John Lithgow, es más que un mujeriego: es el constructor de un imperio político que ha llevado a la Casa Blanca a un presidente, fanático de la Fox News, cuya audiencia permanece fiel pese a los "escándalos" pasados, presentes y probablemente futuros. Roger Ailes ha esculpido a los Estados Unidos a su imagen y semejanza con la Fox News, una forma de moldear las mentes mediante la información diaria. Ha sabido dar a América lo que necesitaban.
La dirección de Jay Roach se hace con el guión de Bombshell, firmado por Charles Randolph, ganador de un Oscar por su guión de La gran apuesta (The Big Short 2015), con éxitos como Amor y otras drogas (2010), La intérprete (2005, también con Nicole Kidman) y, sobre todo, la muy interesante película La vida de Eric Gale (2003), un alegato contra la pena de muerte. No era sencillo construir esta película con múltiples focos, entremezclando tres historias, y teniendo cuidado de que los personajes "reales" no sientan la tentación de la demanda.

Dejamos para el final la actuación de Margot Robbie, que representa la joven que llega a la Fox News con ganas de ascender. Ella le sirve al guionista para ejemplificar el proceso por el que han pasado muchas mujeres de la cadena: llegada, promesa de ascender y sometimiento. Si las dos grandes estrellas, Nicole Kidman y Charlize Theron están atadas en lo físico a los personajes reales que interpretan, con maquillaje incluido, Margot Robbie, en cambio, brilla libre con su composición del personaje —inventado para la historia—, que pasa de la inocencia a la culpabilidad hasta llegar a la vergüenza. La escena de la llamada telefónica en la calle, junto al "amigo" que espera en el restaurante es magistral, sencillamente y rebela lo que es, una enorme actriz capaz de hace en un mismo año el personaje de Sharon Tate en la película de Tarantino, de la alocada Harley Quinn, un sádico personaje de comic, y este brillante papel de Kayla Pospisil. Allí donde las otras tienen "pasado", la recién llegada sufrirá el acoso cuando es seleccionada por la suministradora de víctimas a Ailes. 


Bombshell es algo más que El escándalo. Es mucho más que una cuestión de los medios. Representa la Norteamérica precisamente que no se escandaliza por lo sucedido. Cayeron algunos de sus más sonados nombres, pero el edificio donde se concentraba la América conservadora, como se dice cuando se muestra el plano de las distintas plantas, sigue en pie. En el fondo, las mujeres no les importaban nada ni a unos ni a otros. Se tomó como un juego de poder mediante el que se deshicieron de algunos viejos estorbos, como se ve con los hijos de Murdoch.
Donald Trump quiso imponer el estilo "Fox" en las mujeres en la Casa Blanca. El personaje de Margot Robbie es transformada al estilo Fox si quiere prosperar en la casa. Es la manera de despersonalizar, de convertirlas en juguetes, demostrando que son posesiones. Era un síntoma más de una enfermedad que no ha desaparecido.
El cine se hace una vez más escalpelo de una realidad reciente, aproximándose a los hechos y personas, a los entresijos del poder.
J.A.



El escándalo (Bombshell 2019)
Director: Jay Roach
Guión: Charles Randolph
Intérpretes: Charlize Theron, Nicole Kidman, Margot Robbie, John Lithgow, Kate McKinnon

sábado, 1 de febrero de 2020

Volando juntos (2019)


Dirigida por Nicolas Vanier, escritor, cineasta, aventurero y concienciador (resume lo anterior) sobre los problemas de la Naturaleza (o sea, los nuestros), nos ha llegado este fin de semana Volando juntos (Donne-moi des Ailes 2019). Si tuviéramos que condensar en una frase esta película diríamos: "historia sencilla, problemas complejos".
Quizá hace unos años, una película como esta hubiera pasado desapercibida, pero llega en el momento en el que es posible conectar lo que nos cuenta y lo que sabemos que ocurre en nuestro entorno. Habría pasado por una película sobre la naturaleza, sin más. Pero lo que percibimos en una pantalla está conectado con los nos espera al salir, entre las luces y sombras de la vida. Volando juntos es una película y esa película nos plantea un problema externo y otros internos que son los que constituyen la trama de su historia.
La historia es sencilla y muchas veces previsible, pero no por ello es menos eficaz en su doble plano, el cinematográfico y el de concienciarnos de un grave problema.
La historia de Thomas, niño urbanita y centrado en los videojuegos, con unos padres recién separados, pasaría desapercibida, una más. Un padre eco-romántico, centrado en lo suyo y saltándose las reglas más elementales, para perseguir su objetivo; y una madre que trata de rehacer su vida ante el ensimismamiento de su marido y su tendencia natural a contar trolas. Todo esto lo hemos visto decenas de veces. Incluso lo que sigue después —los vericuetos familiares— son caminos trillados.

Lo importante es que todos sus problemas nos importan poco en comparación con los auténticos protagonistas, los gansos y su peligro de extinción por los obstáculos que los seres humanos hemos sembrado en los recorridos de sus migraciones. Los gansos somos todos. Que resuelva la familia sus minucias como puedan. Lo importante es otra cosa.
Los demás personajes se nos quedan dibujados como lo que son, interferencias en la vida de los gansos. Los policías nórdicos, la periodista, el alcalde, etc. cumplen la misión de cualquier narración, poner obstáculos o ayudar. Pero el viaje real, el de los ganso, ya está lleno de dificultades. Nosotros somos su dificultad.
Interesa lo esencial: que Thomas llegue a conectar con el mundo exterior. ¿Qué es esto ante la extinción de una especie?
Vivimos así entre dos historias, pasando de una a otra. Los padres discuten, sí; pero preferimos a los gansos y a cómo Thomas se convierte en su guía, al que seguirán a travesando Europa desde el círculo ártico hasta el sur de Francia.
La película tiene momentos de enorme belleza, pero lo que podría ser decorativo en otras no lo es aquí por lo señalado anteriormente. Lo importante es el viaje, el de los gansos con Thomas, que él remeda inspirándose en el clásico de Selma Lagerloff, El maravilloso viaje de Nils Holgersson.
El enorme mérito de Nicolas Vanier es mantener las dos partes de la película, el proceso del cambio de Thomas y el viaje en sí, bien conectadas. Esas son las verdaderas historias, por encima de las familiares, periodísticas o las prácticas promocionales de la región.


Es interesante la traducción española y el cambio del cartel anunciador. El "Dame alas" francés del titulo de la obra original de Vanier se sustituye por el más ajustado español de "Volando juntos", desplazando la imagen del padre y el hijo por la de Thomas con los gansos. Esto es mucho más acertado y aclara el sentido de la obra. Que el padre vuele con quien quiera, pero Thomas y nosotros lo haremos con los gansos.
Thomas se convierte en un ganso más, recoge esas alas mecánicas que su padre le ha dado y se transforma —gracias a los mecanismos de la impronta— en alguien que les enseña un mejor viaje, lejos de los peligros que el ser humano ha ido sembrando en sus trayectorias habituales.
La historia es sencilla; la enseñanza, en cambio, tiene mucha más trascendencia y cae en terreno abonado, especialmente para la sensibilización de los más jóvenes. Pese a la historia adulta, que a los niños les traerá un tanto al fresco, los que se encontraban en la sala irrumpieron en aplausos al terminar. Habían vivido —es de lo que se trataba— el viaje con Thomas, compartido su aventura junto a los gansos.
La interpretación, con la excepción de Thomas, que es el personaje que evoluciona y cambia, el que vive el dramatismo de la historia, es más estereotípica. Ellos representan sus papeles y se emocionan o angustian cuando deben. Los protagonistas no son ellos, sino Thomas, bien interpretado en su soledad por el joven Louis Vazquez, y los gansos.


La base de la película es el viaje, el más viejo recurso narrativo y el más eficaz, metáfora de la vida, del penar de un principio a un fin. No necesita más Vanier para enseñarnos lo que desea que veamos. El gran valor de la película es su sencillez. Deseas seguir a Thomas y a sus gansos, olvidarte de los humanos que han quedado atrás. Deseas ver la belleza que ellos perciben, pero no comprenden. Thomas sí y con él nosotros nos dejamos seducir por esa belleza desde el cielo de un mundo que apagamos entre todos.
La fotografía es de Éric Guichard, que ya firmó la magnífica Himalaya (Eric Valli y Michel Debats 1999), otro prodigio visual, una ventana a la naturaleza que nos permite percibirla en toda su grandeza.
Thomas y su familia son ellos, cada uno es alguien. Estos gansos son todos los gansos; su aventura es la de todos los gansos, aunque ellos no lo comprendan. Nosotros sí y por eso les seguimos con el corazón esperanzado y con los ojos bien abiertos en su aventura.
J.A.



Volando juntos (2019)
Director: Nicolas Vanier
Guionistas: Nicolas Vanier, Lilou Fogli, Christian Moullec, Matthieu Petit
Intérpretes: Jean-Paul Rouve, Mélanie Doutey, Louis Vazquez, Lilou Fogli, Frédéric Saurel, Grégori Baquet, Dominique Pinon, Ariane Pirié, Philippe Magnan



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