domingo, 22 de octubre de 2023

Los asesinos de la Luna (Martin Scorsese 2023)

 

El metraje de Los asesinos de la luna, la última se acerca a las tres horas y media. No es un reproche en absoluto sino la constatación de que el objetivo del director era hacer algo más que una película. Creo que Scorsese ha encontrado un tema que ha querido desarrollar sin dejar resquicio. La película pues nos da todo tipo de detalles de una forma de ejercer la maldad humana que pocas veces se puede percibir con tanto desprecio hacia sus causas.

El tema es sencillo en su planteamiento: las pobres tierras que se les han dado a la tribu de los indios Osage adquieren un nuevo valor cuando comienza a manar el petróleo en ellas. Lo que era un lugar abandonado y sin interés comienza a convertirse en un foco de gasto económico y perdición moral para quedarse con el dinero de los indios. La película nos muestra la hipocresía y la bajeza moral de los que allí van a destruirles haciéndoles despilfarrar el dinero y concentrándolo mediante matrimonios y muertes.

Es difícil hacer una radiografía más precisa de la bajeza humana, de la hipocresía. Para ello Scorsese nos lo muestra en los dos niveles, el general de la población, con su mundo de gastos enloquecidos para sacarles el dinero, y, en otro plano, la bajeza personal mostrándonos un caso específico, el representando por la pareja compuestas por Ernest Burkhart (Leonardo di Caprio) y Mollie Burkhart (Lily Gladstone), su esposa india.

La película es un proyecto claramente personal, llevado hasta el milímetro en todas sus dimensiones. Una película de estas dimensiones no se centra en las escenas, sino en el conjunto, en su articulación. Scorsese nos va mostrando esa premeditada destrucción, llevada con toques de hipócrita santidad, tratando de "corregir el error" de que los indios pudieran ser ricos y, por ejemplo, tener "criadas blancas", algo contra natura y alguna que otra ley divina a los ojos de los que se asientan en la reserva para hacerse con el dinero mediante todo tipo de estafas y engaños, llevándolos a la degradación para desangrarlos económica y físicamente.

La labor de los actores es excelente en todos los niveles. La película gira sobre el centro que es William Hale, interpretado con la solidez habitual por Robert de Niro, cuyo personaje es el centro de toda la trama de destrucción paulatina de la tribu. Su forma de ver el mundo, entre el hermano masón y el mafioso, entre la bondad predicada y la maldad ejercida, quedará como uno de esos villanos despreciables que el cine nos da de vez en cuando.

Di Caprio hace también una creación de un personaje entre la maldad y el recelo, incapaz de sentir nobleza alguna en su vida y actos. La que hace un extraordinario papel por todos sus matices dentro de una cierta buscada inexpresividad es Lily Gladstone en el papel de la esposa. Es sobre ella que Scorsese hace girar la trama. Ella se convierte en el punto en el que tratamos de ver la reacción ante tanta maldad reunida.

El sólido trabajo de los secundarios se cierra en su parte final con las intervenciones de algunos secundarios de lujo, como John Lithglow y Brendan Fraser, que bordan sus breves e intensos papeles.

No creo que la intención de Scorsese haya sido solo describir un momento de la historia, un acontecimiento único. La película es metáfora de la maldad, de la codicia, de la hipocresía y la desidia. Todos ellos son males que siguen acosándonos porque muchos son los que se benefician de ellos. La película es, en este sentido, sobre todo moral.

El guion está bien construido; de otra forma, el metraje se hubiera hecho insufrible. Las piezas van encajando en su diseño, que es el que nos muestra precisamente el deterioro moral, la maldad de todos y cada uno de los participantes. La hipocresía racista en la que un personaje dice tener escrúpulos para matar, hasta que le dicen que se trata de matar un indio, en cuyo caso los escrúpulos desaparecen. En este sentido la radiografía de Scorsese es implacable. Puede que muchos no se lo perdonen.

La historia del Oeste o elementos relacionados con él nos ha mostrado todo tipo de tropelías, pero no recuerdo algo como lo que Scorsese, sobre una obra de David Grann, periodista de The New Yorker y escritor, nos muestra. Quizá sea esa normalidad, esa impunidad  que se nos muestra lo que espanta.

Llama la atención ese resumen final en términos radiofónicos, en un programa patrocinado por el FBI, en el que se nos da cuenta del destino de los personajes. Es un cierre a una ironía creciente que se aplica a los personajes y a la sociedad misma que no quiere ver lo que no le conviene ver. La autopsia social no se detiene ante ningún elemento y se nos muestra su abuso de forma nítida.

En el aspecto técnico, la fotografía es impecable y el ritmo de la secuencias bien medido para dar el punto de vista necesario. Scorsese sabe ser épico, sentimental e irónico al mostrarnos el espectáculo de la maldad.

Los asesinos de la luna es una película que devuelve al cine algo más que el entretenimiento; le devuelve sentido de la denuncia, una moral a la que el arte no tiene porqué renunciar. Es difícil olvidar esta película. Y así debe ser.

Joaquín Mª Aguirre

 

 

Los asesinos de la Luna (2023)     

Director: Martin Scorsese

Guion: Eric Roth y Martin Scorsese, David Grann (autor del libro)

Intérpretes: Robert de Niro, Leonardo di Caprio, Lily Gladstone, John Lithglow, Brendan Fraser...

Nacionalidad: USA

domingo, 1 de octubre de 2023

The Creator (Gareth Edwards 2023)

 

Ahora que tenemos todos los días en las noticias algo sobre la Inteligencia Artificial, The Creator nos presenta una perspectiva nueva, la de un mundo dividido entre humanos y simulantes. Pero creo que la película apunta a otro conflicto, esta vez de tipo geopolítico y especialmente el de la propaganda.

La Ciencia-Ficción siempre ha servido como crítica del presente proyectada hacia el futuro y The Creator nos habla tanto de hoy como de mañana. Es un mañana postnuclear, gestionado desde la política y desde una cultural imperialista que se percibe desde el inicio en la propia geografía que se nos propone.

The Creator es una buena película de Ciencia-Ficción. Es una película de género, pero que establece sus propias leyes que la hacen muy especial. Es una intensa historia de amor por encima del mundo, con sus golpes de guión. Pero es también una forma de plantear un problema de hoy proyectándolo hacia el futuro.

Toda película de Ciencia-Ficción tiene que crear o recrear un mundo, un momento en el que definir su forma. La manera elegida por Gareth Edwards, su director, y guionista junto a Chris Weitz, es un presente definido por la reclusión de los enemigos de la IA en Asia, adoptando sus formas y también una cultura budista que asumen como fondo.

La definición del universo creado, de su historia y acontecimientos, de sus hábitos y "normalidad" es esencial en la Ciencia-Ficción y de ello depende en gran medida la coherencia de la acción y nuestra capacidad para asumirla. En The Creator se nos ofrece un mundo coherente en el que se desarrolla una idea inicial simple que liga lo general (la guerra) con lo particular (la peripecia sentimental) convirtiendo al mismo objeto, en este caso una niña fruto de la Inteligencia Artificial, en la confluencia de ambas.

La historia está bien planificada en su sencillez, bien contada en su complejidad visual, y bien interpretada asumiendo los personajes el universo en el que se mueven. Es mérito de la dirección haber logrado dar cohesión al conjunto y hacer confluir las líneas hacia un final en el que todo se acelera. El espacio de los sentimientos deja lugar a la acción donde son los diseños de ese mundo tecnológico los que prevalecen. Una buena combinación entre mundos sin que se rompa la relación entre ellos.

Visualmente, la película es atípica en la Ciencia-Ficción que tiende más a mostrar la tecnología creada y a la concentración en espacio de este tipo. En The Creator hay una predilección por contrastar ambos mundos, el natural en el que habitan los simulantes, contemplado desde sus propias creencias budistas y espacios, frente al de la frialdad del producido por los norteamericanos, identificados como tales en esta guerra desigual.

Buenas interpretaciones de John David Washington, de una actriz como Allison Janney siempre pendiente de buenos papeles para dar lo bueno que tiene, con Gema Chan y la niña Madeleine Yunba Voyles. Presencia eficaz del veterano Ken Watanabe.

El director ha sabido crear un ambiente sórdido para este mundo contrastando los dos escenarios principales, el norteamericano y el asiático, donde logra recrear esas diferencias extremando los elementos culturales dándoles prioridad sobre los tecnológicos. La idea es que en ese mundo futuro, capaz de desarrollar las inteligencias artificiales con plena humanidad, los simulantes adoptan la humanidad en todas sus consecuencias.

Una película atípica en muchos aspectos, como ya lo era Rogue One dentro del universo Star Wars. Su fondo es la idea de "verdad oficial", de manipulación, del descubrimiento de una verdad aceptable.

Joaquín Mª Aguirre

 

 

The Creator (2023)    

Director: Gareth Edwards

Guion: Gareth Edwards y Chris Wietz

Intérpretes: John David Washington,Madeleine Yuna Voyles, Gemma Chan, Allison Janney, Ken Watanabe, Sturgill Simpson, Amar Chadha-Patel...

Nacionalidad: USA

domingo, 23 de julio de 2023

Oppenheimer (Christopher Nolan 2023)

Con Oppenheimer (2023), Christopher Nolan le da la vuelta a su "reversible" película anterior Tenet (2020). Si en aquella el tiempo fluía en diversas direcciones, en Oppenheimer Nolan ha apostado por un realismo en dos tiempos, con saltos entre ellos, pero manteniendo una linealidad, la de la Historia, la de los acontecimientos ligados unos con otros, aunque necesitados de constante lectura y relectura. En efecto, la Historia no son los acontecimientos, sino la forma en que los ordenamos para darles un sentido, que no es definitivo sino algo que se modifica conforme disponemos de más datos. En este sentido, Nolan sigue su preocupación por cómo leemos el mundo que nos rodea en su multiplicidad, en su incompletitud.

Oppenheimer es una serie de acontecimientos ocurridos ante la vista de todos, pero también de lo que permanece oculto en nuestras mentes y en los hilos que desconocemos. En este sentido, la película es un ejercicio de prestidigitación: mientras la acción se nos muestra con la mano derecha, es la izquierda la que está moviendo los hilos haciéndonos creer que lo que vemos es una realidad única, absoluta, compartida. Y nada más lejos de la realidad.

Las tres horas del filme son tres horas de descubrimiento y redescubrimiento. Las iniciales ideas sobre el mundo cuántico, un mundo dentro de otro mundo, son la gran metáfora que usa Nolan para describir que lo que percibimos es solo una apariencia, un engaño sensorial que nuestro cerebro acepta. El mundo no es sólido, como nuestro tacto nos hace creer, sino un vacío apenas rellenado.

Oppenheimer es algo más que una biografía de un científico. Es una seria reflexión sobre lo que entendemos y de cómo somos manipulados, empezando por la propia obra fílmica que nos muestra solo una parte de la realidad, siempre parcial porque implica un punto de vista, un espacio-tiempo percibido por una conciencia que lo vive, pero diferente en cada percepción. El incidente entre Oppenheimer (Cillian Murphy) y Albert Einstein (Tom Conti) es percibido por un tercero, Lewis Strauss (Robert Downey Jr.). Son tres momentos, tres percepciones, un acto poliédrico distinto para cada uno. Ver es suponer, interpretar.

Los dos tiempos de la película son resueltos por Nolan usando el blanco y negro y el color cuando es necesario. De la misma forma, el uso estilístico de encuadres y movimientos de cámara nos hacen sentir una "realidad" que distingue entre un aparente "documental" y uno dramático. Esto le permite jugar a Nolan con una amplia gama de registros que hace que se vayan marcando los niveles. Entre el plano del documental y otros plenamente expresionistas o incluso fantasías imaginadas por los personajes respecto a los otros, como ocurre en la escena en que Kitty Oppenheimer "ve" a Jean Tatlock (Florence Pugh) durante la vista.

Entre el realismo documental y la subjetividad de la mente, Nolan se mueve de un registro a otro con una fluidez extraordinaria. Técnicamente la película es impecable, algo que permite a los actores desarrollar su trabajo.

Cillian Murphy hace un trabajo interpretativo realmente apabullante. Le acompaña un actor que se reivindica a sí mismo, Robert Downey Jr. en un papel de enorme complejidad ya que supone el otro eje de la narración, integrada por dos espacios públicos, la sesión privada de aprobación de sus permisos para Oppenheimer y la sesión pública para el acceso a un puesto gubernamental. De esta forma, Nolan nos muestra que la "verdad" que ambos grupos buscan en cada caso es un elemento manipulable, una "convención" en la que el poder y la capacidad de manipulación determinarán finalmente que es "verdad".


Especial reconocimiento merecen las dos actrices principales en un reparto esencialmente masculino y de enorme brillantez en los papeles secundarios. Tanto Florence Plugh como Emily Blunt hacen unos trabajos magníficos, actuando como contrapunto de las preocupaciones de los hombres en ese mundo en el que se encuentran. Florence Pugh nos transmite con eficacia a la depresiva Jean Tatlock, todo el drama interior de su personaje, y Emily Blunt —una actriz capaz de dar vida a Mary Poppins y de ponerse a cazar narcotraficantes o alienígenas con el mismo convencimiento— nos muestra las diversas etapas de la pareja en su evolución. Un gran trabajo el de ambas.


El poder contar con tan buenos actores en papeles más pequeños es signo del entusiasmo que un buen guion y una sólida trayectoria fílmica pueden lograr. Como ocurre con otros grandes directores, lo buenos actores quieren quedar en sus filmes. Es la forma de ser recordados, de que su trabajo quede años por delante. Oppenheimer es una película que quedará, sin duda. Pese a su duración, se sigue con interés en todo momento.

Nolan usa el sonido de forma muy expresiva, no de simple acompañamiento. Le sirve para dar matices y sentido a determinados momentos de la película. Al igual que las metáforas visuales sobre el invisible mundo cuántico, el sonido también participa de esa corrientes simbólica que la película maneja frente al puro realismo de superficies (la verdad no es lo que ves, que es ilusión, percepción sensorial).


La película tiene sus diferentes dimensiones: política, científica, humana. Las primeras son las del poder (políticos, militares) y del control de trabajo de los científicos, que es finalmente donde radica el dilema moral, el tratar de separar el conocimiento y su aplicación, en este caso, militar al final de una guerra que ya no daría mucho de sí. Nolan nos muestra esa parte, más conocida, del conflicto moral que supuso para muchos científicos la creación de una tecnología que podía acabar con el propio mundo. Son diferentes círculos concéntricos sobre los que gira la película. Nolan nos va llevando de uno a otro plano y desde diferentes perspectivas.

Christopher Nolan va teniendo su público; la sesión a la que acudí estaba prácticamente llena. Una trayectoria cinematográfica como la suya no es de desdeñar. Puede que nos siempre le salgan las cosas como quiere, pero arriesga, que es lo importante. Esta vez ha acertado de pleno.

Joaquín Mª Aguirre (UCM) 

Oppenheimer (2023)     

Director: Christopher Nolan

Guionistas: Christopher Nolan (con base en las obras biográficas de Kai Wird y Martin Sherwin)

Intérpretes: Cillian Murphy, Robert Downey Jr., Emily Blunt, Florence Pugh, Matt Damon, Kenneth Branagh, Alden Ehrenreich, Jason Clarke, Matthew Modine, Rami Malek, Olivia Thirlby, Casey Afleck, James Remar, Gary Olman...

País: USA

domingo, 18 de junio de 2023

Asteroid City (Wes Anderson 2023)

 No merece la pena contar el argumento de Asteroid City. ¿Para qué? Contar el argumento sirve de algo cuando el argumento, la historia, sirve para algo. Pero en las películas de Wes Anderson el argumento sirve para otras cosas, es algo diferente a lo que habitualmente suele ser. No digo que el argumento de Asteroid City no sirve para nada, sino simplemente que sirve para otra cosa, que mantiene una relación distinta con el desarrollo de las imágenes. No es una forma convencional, sino una historia que busca su propia forma.

Cuando una película tiene un reparto millonario, una acumulación de actores de primera línea de tal calibre significa dos cosas: la primera es que los actores desean trabajar en el proyecto, que sienten admiración por su trabajo y desean formar parte de él; en segundo lugar, significa también que no es un producto del star system, algo que también nos dice muchos sobre estas películas de Anderson.

Todo esto nos deja algunas preguntas, pero sobre todo nos permite disfrutar de una película en la que la trama va por su lado y los actores pueden dejar de ser estrellas, incluso, parodiarse ellos mismos.

Anderson desvía la mirada de la historia —cuanto más absurda, más eficaz— y del fetichismo del actor —cuantas más estrellas menos fijación en ellas— para concentrarse en la forma cinematográfica, que es lo que queda cuando quitas historia y actores.

La forma de hacerlo es la autoconsciencia de la narración. Nos sitúa dentro de una historia contada —¡estupendo Bryan Cranston en su actuación imitación del presentador televisivo Ed Sullivan, una vieja gloria de la época heroica del medio!— que nos hace conscientes de la fabricación de la historia, una obra teatral llamada "Asteroid City". Cranston es simplemente "the host", no un personaje, sino una función, alguien que nos separa de un mundo "real" en blanco y negro, para presentarnos un mundo ficticio en color. "El presentador" es lo que marca ese mundo intermedio entre la ficción y los espectadores, a los que se dirige para "explicar" lo que vamos a ver. Y lo que vamos a ver es un mundo dividido en "actos" y "escenas", del que conocemos los "seres reales", empezando por el "autor" de la obra y a los "actores", que preparan sus intervenciones en lo que serán "su" visión en ese mundo. Solo que, a diferencia de lo que ocurre en otros filmes que utilizan ese doble plano, los actores pueden ser ligeramente distintos a los personajes que representan. Un actor representa a un actor que representa a un actor que representa. La película se nos presenta como un juego de muñecas rusas, unas dentro de otras, unas "matrioshkas".

Anderson nos escamotea lo que es habitual en un filme, la creación de una realidad ficticia para darnos una ficción dentro de una ficción dejando al descubierto toda la artificialidad del proceso creativo para hacernos olvidar algo: que estamos ante una construcción, pieza a pieza, gesto a gesto, plano a plano.

En este sentido Asteroid City acumula "distanciamientos" en cada uno de sus planos, en cada una de sus secuencias, en el conjunto armado con todo ello. Un filme es una construcción, una pieza elaborada a golpe de imágenes artificiales, que no nos deja olvidar que no es real. Allí donde otros buscan la ilusión, Wes Anderson busca otra cosa: hacernos conscientes de ella. Para ello nada mejor que un argumento delirante y absurdo y retorcer el concepto de plano, la idea de composición.

La película hay que verla plano a plano porque así lo requiere, ver cómo cada escena está construida específicamente rompiendo las reglas de la composición y creando las propias en cada caso. Las conversaciones desde sus ventanas entre Midge Campbell (Scarlett Johansson) y Augie Steenbeck (Jason Schwartzman) obligan a una forma de componer diferente. Lo que vemos en las ventanas en los travelling laterales que recorren las fachadas nos permite cambiar los planos en el mismo movimiento. La cámara, en estos casos, busca a los personajes en sus espacios hasta hacerlos visibles. Se desplaza en giros que dan cuenta de ese espacio cerrado por el que se mueven. Están allí y los tránsitos son como paradas en cada uno de ellos, tras lo cual sigue buscando hasta encontrar a los siguientes.

Cada personaje tiene construida su propia historia, absurda la mayoría de los casos, que requiere su propio tratamiento, como en el caso de la historia del fotógrafo y las tres niñas y el hermano, a los que se añadirá el abuelo (Tom Hanks). El personaje del general Grif Gibson (Jeffrey Wright) es un ejemplo claro de cómo cada personaje lleva asociado su propio tratamiento visual y escenificación dentro de ese mundo cerrado (en cuarentena) que es Asteroid City. Ese mundo solo es atravesado por persecuciones de criminales que pasan y se alejan o perturbado momentáneamente por explosiones nucleares. Asteroid City es solo un punto en el mapa imaginario en el que se han encontrado una serie de personajes salidos de la mente de un autor problemático.

Interpretaciones dislocadas, montaje distanciante y un color significativo que busca la artificialidad de los decorados, ya de por sí artificiales, crean este mundo extraño que se nos va haciendo familiar conforme nos adentramos en las historias locales (el asteroide) y las conmemoraciones, con una extraña conjunción de actores desdoblados, niños prodigio que deben recibir un premio, un fotógrafo y su familia (sin la madre fallecida), una actriz en busca de sí misma y hasta una banda de música country que pondrá música y baile a una canción compuesta para los extraterrestres.

No es una película realista, sino una construcción de niveles, del autor teatral a los actores participantes, con ese presentador intermedio. Las historias fluyen por los dos niveles, en el de los intérpretes y en el de lo interpretado. La racionalidad se pone al servicio del puro disparate en ambos niveles. No estamos viendo el mundo, sino una "película" dentro de una película, con sus propios créditos, con su propio color, otra forma de establecer capas.

No es el tipo de cine que le gusta a todo el mundo. Es un ejercicio precisamente de desmontaje de la ilusión cinematográfica edificando una forma casi brechtiana de hacer cine. Como en películas anteriores de Anderson, la historia del cine sirve para no repetirla, como fuente de motivos y formas que se han de eludir jugando con ellas. Como se nos dice en el filme, "lo importante es seguir contando"; da igual dónde nos lleve.

Ayer, día de su estreno, yo estaba solo en el cine. Fue algo entre Wes Anderson y yo.

Joaquín Mª Aguirre

 

 

Asteroid City (Wes Anderson 2023)

Guión: Wes Anderson, Roman Coppola

Intérpretes: Jason Schwartzman, Scarlett Johansson, Tom Hanks, Jeffrey Wright, Tilda Swinton, Bryan Cranston, Edward Norton, Adrien Brody, Liev Schreiber, Hope Davis, Steve Park, Rupert Friend, Maya Hawke, Steve Carell, Matt Dillon, Hong Chau, Willem Dafoe, Margot Robbie, Tony Revolori, Jake Ryan, Jeff Goldblum, Grace Edwards, Aristou Meehan, Sophia Lillis, Ethan Josh Lee...

Producción: USA

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