domingo, 25 de febrero de 2024

Ferrari (Michael Mann 2023)


Los denominados "biopics" suelen tender hacia ciertos formatos próximos al documental. Ferrari, la película de Michael Mann con la vida del ingeniero y propietario de la famosa empresa automovilística, se aleja de ese modelo y va en busca de otros formatos.

El filme tiene tres niveles destacados: el automovilístico, con sus modelos y carreras; el empresarial, con la supervivencia de fondo; y un tercero, el fundamental, el que indaga en la relaciones personales entre Enzo (Adam Shiver), Laura Ferrari, su esposa (Penélope Cruz)) y su amante, Lina Lardi (Shailene Woodley).

Lo primero que hay que señalar son dos aspectos esenciales sobre los que se construye la película. El primero es la solidez del guion, basado en una obra biográfica del periodista Brock Yates (1933-2016). Las páginas de información de la película hablan de un proyecto que comenzó a tejerse en el año 2000, lo que significa más de 20 años para su estreno, múltiples actores propuestos para el papel principal y muchas manos en el proyecto. Finalmente está aquí, en las pantallas. Creo que el resultado merece la pena. El guion es muy sólido y los motivos profundos que marcaron la vida de Enzo Ferrari van saliendo a la luz a través de los diálogos y enfrentamientos entre los personajes.

Una película como esta solo sale a la luz con un compromiso de los actores con sus personajes. En esto los tres protagonistas cumplen con creces. Un convincente Adam Shiver, trabajando a fondo su personaje: un más que convincente Penélope Cruz en su papel pasional reprimido y una Shailene Woodley que logra encontrar un papel a su altura tras unos cuantos años sin dar con ello. Es un trío sobre el que se puede construir una historia compleja y convincente, subterránea y explosiva. El guion ofrece a los actores la posibilidad de convivir con ese dolor, con esas frustraciones interiorizadas que solo salen a la luz en los momentos en los que el director les crea un espacio en la película.

Hay momentos realmente emocionales entre los personajes, especialmente, entre una Penélope Cruz muy italiana y un Shiver recogido en su mundo de los negocios y una vida paralela con la que trata de convivir.

La película tiene una más que correcta dirección de Michael Mann, que sabe escoger esos momentos densos y darles el tratamiento visual adecuado para que los actores puedan expresarse con la intensidad requerida. Pese a los diferentes niveles y a su espectacularidad, Ferrari es un drama de descubrimiento sentimental, de explosión de lo reprimido bajo los silencios; es el afloramiento del dolor tras la máscara.


Pronto comprendemos que los coches, las carreras, el éxito no son más que bálsamos inútiles para el verdadero dolor, el que se manifiesta ante la visita diaria a la tumba del hijo perdido. Magníficas las escenas en esos diálogos que niegan la muerte para poder seguir viviendo.

Merece especial mención la magnífica fotografía de Erik Messerschmidt y el montaje de Pietro Scalia, que le dan empaque visual tanto en los momentos de intimidad como en la espectacularidad de las carreras.

Ferrari es una película meritoria, se sigue con interés en lo humano y en lo visual. A ello contribuye lo fluido de la historia con ese entrelazado de líneas antes señalado. Es una pena que ninguno de los dos guionistas llegara a ver en pantalla el filme, dado lo prolongado de su trayectoria. Que un proyecto vaya de mesa en mesa durante 20 años nos dice bastante de su complejidad, de las dudas y, finalmente, del interés despertado por un proyecto así, que da forma a la vida de Enzo Ferrari dándole un sentido que es probable que él mismo no pudiera percibir en la claridad que Michael Mann, los guionistas y los actores han sabido darle. Esa es la función del arte, dar formas y sentido a lo que puede no tenerlo; es una tentativa de explicación.

Podríamos entender esta película como una muestra de algo que solemos olvidar: la diferencia entre el éxito y la felicidad.

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Ferrari (2023)    

Director: Michael Mann

Guionistas: Troy Kennedy Martin (1931-2009) y Brock Yates (1933-2016)

Fotografía: Erik Messerschmidt

Intérpretes: Adam Shiver, Penélope Cruz, Sheilene Woodley, Gabriel Leone, Sarah Gadon, Jack O'Connell, Patrick Dempsey, Michele Savoia, Giuseppe Bonifati, Erik Haugen...

Duración: 130 minutos

Producción: USA, Reino Unido, Italia, China

domingo, 26 de noviembre de 2023

Napoleón (Ridley Scott 2023)

  


Confieso que no iba con muchas esperanzas a ver el Napoleón de Ridley Scott. No me había animado a ello el tráiler que había visto anteriormente en otras sesiones. Por el mismo motivo debo confesar que he disfrutado de ese Napoleón, de esas dos horas y media de metraje en el que se nos vuelve a presentar el personaje.

He seguido con agrado el suceder de las imágenes, los cambios de lo personal llevado hasta lo vulgar y de lo grandioso llevado hasta la barbarie. Creo que en ello reside esta especie de biografía anti biográfica, este canto —entre grandioso y ridículo— de un personaje que nos muestra que la Historia se escribe a base de muertes y ego.

Creo que uno de los aciertos de Scott es haber convertido esta película en una sucesión de "episodios", ¿qué otra cosa es la historia? Percibimos sin perjuicio alguno esos saltos a los momentos estelares en la historia, a esos momentos en los que la muerte llega a los campos de batalla. En este sentido, el guion de David Scarpa es magnífico en su labor de costura (unión de los episodios) y bordado (dibujo de los personajes y el contexto). El resultado final es esa certera mirada sobre lo próximo y el fondo del lienzo histórico.

La recreación espectacular de los momentos de las carnicerías sin fin no tiene como objetivo hacer una película bélica, como en muchos otros filmes, en los que se disfruta de esa espectacularidad. Scott ha buscado otra cosa, otra dimensión de lo bélico, especialmente contrastada con esa indiferencia de los gobernantes que sencillamente no piensan en el sufrimiento de sus decisiones para los que están allí.

Hay un gesto que se repite en Napoleón a lo largo de la película: se tapa sus oídos tras dar la orden de disparar de los cañones. Scott centra en ese signo la simbolización que le quiere dar al filme, su sentido al personaje.

A cada batalla que se nos muestra en pantalla, Scott le da un tratamiento unitario, un cierto estilo marcado por el propio espacio, por sus características. Cada batalla es esa conjunción del momento ajustado a un espacio propio que define la acción. Eso hace que su propia filmación sea única.

Los espacios de los palacios definen igualmente el marco de la vida de Napoleón, posteriormente de Napoleón y Josefina, magníficamente interpretados por Joaquín Phoenix y Vanessa Kirby, que escenifican su propia guerra a lo largo de su vida juntos y separados.

El filme recoge una visión del personaje histórico que roza lo bufo en ocasiones. ¿Cuál es el Napoleón verdadero, el que nos cuentan los biógrafos que buscan crear una figura en el panteón de los grandes hombres? Scott le da un tono a Napoleón que Phoenix traslada al personaje con acierto. No se trata de si es "cierto" o si "se acerca al Napoleón real". No hay un "Napoleón real", sino una construcción desde un punto de vista que lo puede mostrar "heroico", "megalómano", "vulgar", "despiadado"... según el interés. Lo único "real", que se nos da en los rótulos finales, son las muertes que la gloria conlleva.

El filme de Scott nos da tres planos para contarnos al personaje: el del campo de batalla, el de las intrigas y relaciones políticas tanto francesas como europeas para hacerse con el poder en cada nivel, y finalmente el de la vida privada, en donde se muestran las relaciones de Napoleón y Josefina. El gran Napoleón, el estratega, el político audaz, por un lado, y el amante vulgar, zafio, superado por una Josefina que hace del sexo su arma y de la natalidad su fracaso.

Hay muchas secuencias memorables en la película, como las que nos muestran a Napoleón frente a la momia en Egipto, la de la huida perseguido por los diputados cuando pretender hacerse con el poder en el triunvirato, la batalla de Austerlitz o la final de Waterloo.

Creo que el Napoleón de Ridley Scott es una buena película a la que el tiempo dará solera y maduración. Encontrará su público, algo que no va siendo fácil para muchos cineastas de generaciones anteriores, enfrentados hoy a una forma de ver, hacer y criticar cine que carecen de sintonía.

Scott no ha hecho esta película para el público mayoritario de hoy. Es una película hecha para sí misma, con un estilo diferente, una fotografía diferente y una forma de contar diferente a lo que se está haciendo.

Es, junto a Oppenheimer (Christopher Nolan) y Los asesinos de la Luna (Martin Scorsese), una de las tres películas grandes de 2023. Son películas grandes y grandes películas, son películas que son de enorme riqueza y calidad, pero no hechas para un público cada vez más cercano a fórmulas contrarias. Las tres películas definen un momento en el que el proyecto se opone al cálculo previo. Son tres cineastas de peso que deciden hacer tres películas contracorriente, apostando por el cine, por su historia, pos su evolución, más que por la taquilla, a la que no hay que despreciar, pero tampoco idolatrar. Hay muchas formas de definir el éxito.

La película de Ridley Scott está llena de amor por el detalle, por el ajuste a la realidad del momento, la realidad de los palacios y alcobas, la realidad de los campos de batalla. Merece la pena ver este Napoleón que nada tiene que ver con los napoleones anteriores, sin gloria. Obsérvese si no el momento de su muerte, una genialidad simple que nos dice mucho de lo que el filme contiene.

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

 


Napoleón (2023)   

Dirección: Ridley Scott

Guion: David Scarpa

Intérpretes: Joaquin Phoenix, Vanessa Kirby, Tahar Rahim, Rupert Everett, Mark Bonnar, Ben Miles, Riana Duce, Ludivine Sagnier, Edouard Philipponnat, Miles Jupp...

Producción: USA

Duración: 158 minutos

domingo, 22 de octubre de 2023

Los asesinos de la Luna (Martin Scorsese 2023)

 

El metraje de Los asesinos de la luna, la última se acerca a las tres horas y media. No es un reproche en absoluto sino la constatación de que el objetivo del director era hacer algo más que una película. Creo que Scorsese ha encontrado un tema que ha querido desarrollar sin dejar resquicio. La película pues nos da todo tipo de detalles de una forma de ejercer la maldad humana que pocas veces se puede percibir con tanto desprecio hacia sus causas.

El tema es sencillo en su planteamiento: las pobres tierras que se les han dado a la tribu de los indios Osage adquieren un nuevo valor cuando comienza a manar el petróleo en ellas. Lo que era un lugar abandonado y sin interés comienza a convertirse en un foco de gasto económico y perdición moral para quedarse con el dinero de los indios. La película nos muestra la hipocresía y la bajeza moral de los que allí van a destruirles haciéndoles despilfarrar el dinero y concentrándolo mediante matrimonios y muertes.

Es difícil hacer una radiografía más precisa de la bajeza humana, de la hipocresía. Para ello Scorsese nos lo muestra en los dos niveles, el general de la población, con su mundo de gastos enloquecidos para sacarles el dinero, y, en otro plano, la bajeza personal mostrándonos un caso específico, el representando por la pareja compuestas por Ernest Burkhart (Leonardo di Caprio) y Mollie Burkhart (Lily Gladstone), su esposa india.

La película es un proyecto claramente personal, llevado hasta el milímetro en todas sus dimensiones. Una película de estas dimensiones no se centra en las escenas, sino en el conjunto, en su articulación. Scorsese nos va mostrando esa premeditada destrucción, llevada con toques de hipócrita santidad, tratando de "corregir el error" de que los indios pudieran ser ricos y, por ejemplo, tener "criadas blancas", algo contra natura y alguna que otra ley divina a los ojos de los que se asientan en la reserva para hacerse con el dinero mediante todo tipo de estafas y engaños, llevándolos a la degradación para desangrarlos económica y físicamente.

La labor de los actores es excelente en todos los niveles. La película gira sobre el centro que es William Hale, interpretado con la solidez habitual por Robert de Niro, cuyo personaje es el centro de toda la trama de destrucción paulatina de la tribu. Su forma de ver el mundo, entre el hermano masón y el mafioso, entre la bondad predicada y la maldad ejercida, quedará como uno de esos villanos despreciables que el cine nos da de vez en cuando.

Di Caprio hace también una creación de un personaje entre la maldad y el recelo, incapaz de sentir nobleza alguna en su vida y actos. La que hace un extraordinario papel por todos sus matices dentro de una cierta buscada inexpresividad es Lily Gladstone en el papel de la esposa. Es sobre ella que Scorsese hace girar la trama. Ella se convierte en el punto en el que tratamos de ver la reacción ante tanta maldad reunida.

El sólido trabajo de los secundarios se cierra en su parte final con las intervenciones de algunos secundarios de lujo, como John Lithglow y Brendan Fraser, que bordan sus breves e intensos papeles.

No creo que la intención de Scorsese haya sido solo describir un momento de la historia, un acontecimiento único. La película es metáfora de la maldad, de la codicia, de la hipocresía y la desidia. Todos ellos son males que siguen acosándonos porque muchos son los que se benefician de ellos. La película es, en este sentido, sobre todo moral.

El guion está bien construido; de otra forma, el metraje se hubiera hecho insufrible. Las piezas van encajando en su diseño, que es el que nos muestra precisamente el deterioro moral, la maldad de todos y cada uno de los participantes. La hipocresía racista en la que un personaje dice tener escrúpulos para matar, hasta que le dicen que se trata de matar un indio, en cuyo caso los escrúpulos desaparecen. En este sentido la radiografía de Scorsese es implacable. Puede que muchos no se lo perdonen.

La historia del Oeste o elementos relacionados con él nos ha mostrado todo tipo de tropelías, pero no recuerdo algo como lo que Scorsese, sobre una obra de David Grann, periodista de The New Yorker y escritor, nos muestra. Quizá sea esa normalidad, esa impunidad  que se nos muestra lo que espanta.

Llama la atención ese resumen final en términos radiofónicos, en un programa patrocinado por el FBI, en el que se nos da cuenta del destino de los personajes. Es un cierre a una ironía creciente que se aplica a los personajes y a la sociedad misma que no quiere ver lo que no le conviene ver. La autopsia social no se detiene ante ningún elemento y se nos muestra su abuso de forma nítida.

En el aspecto técnico, la fotografía es impecable y el ritmo de la secuencias bien medido para dar el punto de vista necesario. Scorsese sabe ser épico, sentimental e irónico al mostrarnos el espectáculo de la maldad.

Los asesinos de la luna es una película que devuelve al cine algo más que el entretenimiento; le devuelve sentido de la denuncia, una moral a la que el arte no tiene porqué renunciar. Es difícil olvidar esta película. Y así debe ser.

Joaquín Mª Aguirre

 

 

Los asesinos de la Luna (2023)     

Director: Martin Scorsese

Guion: Eric Roth y Martin Scorsese, David Grann (autor del libro)

Intérpretes: Robert de Niro, Leonardo di Caprio, Lily Gladstone, John Lithglow, Brendan Fraser...

Nacionalidad: USA

domingo, 1 de octubre de 2023

The Creator (Gareth Edwards 2023)

 

Ahora que tenemos todos los días en las noticias algo sobre la Inteligencia Artificial, The Creator nos presenta una perspectiva nueva, la de un mundo dividido entre humanos y simulantes. Pero creo que la película apunta a otro conflicto, esta vez de tipo geopolítico y especialmente el de la propaganda.

La Ciencia-Ficción siempre ha servido como crítica del presente proyectada hacia el futuro y The Creator nos habla tanto de hoy como de mañana. Es un mañana postnuclear, gestionado desde la política y desde una cultural imperialista que se percibe desde el inicio en la propia geografía que se nos propone.

The Creator es una buena película de Ciencia-Ficción. Es una película de género, pero que establece sus propias leyes que la hacen muy especial. Es una intensa historia de amor por encima del mundo, con sus golpes de guión. Pero es también una forma de plantear un problema de hoy proyectándolo hacia el futuro.

Toda película de Ciencia-Ficción tiene que crear o recrear un mundo, un momento en el que definir su forma. La manera elegida por Gareth Edwards, su director, y guionista junto a Chris Weitz, es un presente definido por la reclusión de los enemigos de la IA en Asia, adoptando sus formas y también una cultura budista que asumen como fondo.

La definición del universo creado, de su historia y acontecimientos, de sus hábitos y "normalidad" es esencial en la Ciencia-Ficción y de ello depende en gran medida la coherencia de la acción y nuestra capacidad para asumirla. En The Creator se nos ofrece un mundo coherente en el que se desarrolla una idea inicial simple que liga lo general (la guerra) con lo particular (la peripecia sentimental) convirtiendo al mismo objeto, en este caso una niña fruto de la Inteligencia Artificial, en la confluencia de ambas.

La historia está bien planificada en su sencillez, bien contada en su complejidad visual, y bien interpretada asumiendo los personajes el universo en el que se mueven. Es mérito de la dirección haber logrado dar cohesión al conjunto y hacer confluir las líneas hacia un final en el que todo se acelera. El espacio de los sentimientos deja lugar a la acción donde son los diseños de ese mundo tecnológico los que prevalecen. Una buena combinación entre mundos sin que se rompa la relación entre ellos.

Visualmente, la película es atípica en la Ciencia-Ficción que tiende más a mostrar la tecnología creada y a la concentración en espacio de este tipo. En The Creator hay una predilección por contrastar ambos mundos, el natural en el que habitan los simulantes, contemplado desde sus propias creencias budistas y espacios, frente al de la frialdad del producido por los norteamericanos, identificados como tales en esta guerra desigual.

Buenas interpretaciones de John David Washington, de una actriz como Allison Janney siempre pendiente de buenos papeles para dar lo bueno que tiene, con Gema Chan y la niña Madeleine Yunba Voyles. Presencia eficaz del veterano Ken Watanabe.

El director ha sabido crear un ambiente sórdido para este mundo contrastando los dos escenarios principales, el norteamericano y el asiático, donde logra recrear esas diferencias extremando los elementos culturales dándoles prioridad sobre los tecnológicos. La idea es que en ese mundo futuro, capaz de desarrollar las inteligencias artificiales con plena humanidad, los simulantes adoptan la humanidad en todas sus consecuencias.

Una película atípica en muchos aspectos, como ya lo era Rogue One dentro del universo Star Wars. Su fondo es la idea de "verdad oficial", de manipulación, del descubrimiento de una verdad aceptable.

Joaquín Mª Aguirre

 

 

The Creator (2023)    

Director: Gareth Edwards

Guion: Gareth Edwards y Chris Wietz

Intérpretes: John David Washington,Madeleine Yuna Voyles, Gemma Chan, Allison Janney, Ken Watanabe, Sturgill Simpson, Amar Chadha-Patel...

Nacionalidad: USA

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