miércoles, 14 de julio de 2021

Viuda Negra (Cate Shortland 2021)


 No era fácil reabrir el universo Marvel para hacerle sitio a la Viuda Negra, personaje encarnado modélicamente por una Scarlett Johansson que ha sabido estar al lado de sus compañeros Vengadores en todo momento, cumpliendo las tareas complementarias que se le pedían junto a musculosos compañeros, gente mordida por arañas o dioses venidos de un Olimpo nórdico. La Viuda Negra no venía de otro planeta sino de este, de una época de Guerra Fría que no encajaba mucho con este mundo vibrante e imaginativo.

Pero se ha logrado y la Viuda ha pasado con nota por el universo Marvel sin tener que echar mano de otros héroes, que siguen por ahí dando tumbos por aquello de Sokovia, ya saben, un lío diplomático y político del que es difícil salir airoso.

En el MCU, es decir, en el Universo Cinemático Marvel (cuyas siglas en español, UCM, coinciden con mi Universidad y prefiero no seguir por esa línea), las conexiones con la realidad no son muchas, pero en el caso de Natasha eran obligadas por su propio origen, algo que es aprovechado para fabricarle esas raíces oscuras con las que se rodeaba al personaje. Natasha, como se decía antes, tenía un pasado.

¡Y vaya pasado!



La película elige sabiamente el descubrimiento de la oscuridad del pasado de Nat a través de la reconstrucción de su grupo básico, la familia, convertido en nuevo entorno conflictivo. ¿Qué familia no lo es?; La cuestión es hasta qué punto. En este sentido, la película es un retrato de familia llevado con una enorme ironía y sentido del humor que nos hace pasar de la épica a la comedia negra entremezclando lo heroico con lo satírico. "¡Ponte derecha"!, le dirán a la Viuda Negra. Nunca se deja de ser niños cuando la familia se reúne, aunque hayan pasado decenas de años.

Para que este tono, aparentemente tan fácil, funcione, la buena elección de los actores era esencial. Con la propia Johansson, cuyo nombre aparece en la producción, el proyecto tenía que ser personal y el reparto está especialmente bien elegido, con actrices como la emergente Florence Plugh, la consolidada Rachel Weisz y el enormemente eficaz David Harbour. El resto del reparto funciona como fondo o motivo de este debate intrafamiliar.

Las interacciones en el grupo muestran estilos muy distintos que enriquecen el filme y hacen disfrutar de los matices que cada uno sabe dar a sus personajes configurando la unidad familiar, con sus problemas internos sin resolver, y sus enfrentamientos con el mundo exterior.



Había empeño en que la película fuera dirigida por una mujer. Tiene sentido por el propio nivel simbólico dado a la película, algo que ya se abrió con el éxito de Wonder Woman y Patty Jenkins, en el universo de la competencia (DC), al frente. En este sentido, la película es más modesta y muy personal. Es mucho más que una película Marvel sobre superhéroes y toda ella funciona en el plano simbólico feminista de una manera clara, con todas esas mujeres con la voluntad secuestrada, al servicio del malvado psicópata de turno, Dreykov, un estupendo Ray Winestone.

La película ha tenido buenas críticas y se ve en ella mucho de esfuerzo personal por hacer una película distinta, darle su propia personalidad. Parte de esa personalidad para por la autocrítica y la parodia del propio género, cosa que se hace de forma equilibrada, dotándola de un sentido del humor que no agrede al género, sino que lo muestra como una forma competitiva y celosa de los propios héroes entre sí.



La dirección de Cate Shortland es ajustada a lo que la película quiere ser, un equilibrio entre comedia negra, parodia y género de aventuras con el telón de fondo de los restos de la guerra fría. De esta forma se mide con sus precedentes y, a la vez, se distancia como para tener vida propia. El componente feminista en un universo musculoso y tecnológico no es de despreciar; como se ha señalado, la película tiene un fondo de fábula  sobre la dominación y los roles de género que no es despreciable en absoluto.

Para los fans del UCM la película debería tener alicientes suficientes por el desarrollo de un personaje que ha estado en el fondo de casi todas las películas de Marvel funcionando con eficacia. El UCM puede expandirse con las bases puestas en esta entrega, algo que probablemente los fans agradezcan si se toma en serio, como es el caso.

La película cumple los fines dobles de su integración en el UCM y de sus valores como película independiente, algo que es importante para su propio futuro.

Joaquín Mª Aguirre




Viuda Negra (2021)    

Directora: Cate Shortland

Guionistas: Jac Schaeffer, Ned Benson

País: USA

Protagonistas: Scarlett Johansson, Florence Pugh, David Harbour, Ray Winstone, Rachel Weisz, O. T. Fagbenle, William Hurt

domingo, 30 de mayo de 2021

Uno de nosotros (Thomas Bezucha 2020)


Estados Unidos parece empeñado en realizar una profunda radiografía de una parte olvidada, la América rural realizando brutales descripciones. Las hemos visto en películas como Minari (Lee Isaac Gung 2020) o Hillbilly Elegy (Ron Howard 2020) o, incluso, con otro tono la celebrada Nomadland (Chloé Zhao 2020). Nos llega ahora otro film que nos describe con crudeza un universo rural, esta vez en Dakota del Norte. Uno de nosotros es un trabajo del director y escritor Thomas Bezucha, que nos deja un sólido drama que no auguraban algunas de sus películas anteriores.  
La historia de una pareja de abuelos intentando recuperar a su nieto le sirve para hacer una radiografía de dos modelos familiares muy diferentes, el que representan el matrimonio Blackledge, Margaret y George, interpretados de forma espléndida por Diane Lane y Kevin Costner, por un lado, y los Weboy, una familia de hombres construida alrededor de la matriarca, Blanche, con una gran interpretación de la actriz Lesley Manville. La obra enfrenta esos dos modelos imperfectos de familia en donde las dos mujeres arrastran a los que están a su alrededor un enfrentamiento para hacerse con el pequeño.

Cada familia representa una cierta forma de poder. Margaret arrastra a George a tratar de sacar al pequeño de entre los Weboy; Blanche cierra filas para impedirlo. El desenlace, no vamos a descubrirlo, nos muestra las consecuencias de hechos pasados que no han sido asumidos. En el fondo, es una primitiva lucha por la continuidad en la vida.


La película se centra en dos poderosos elementos tras la historia: en primer lugar la buenas interpretaciones de los actores y actrices que representan papeles con muchos matices. Hay que entrar en ellos, en sus frustraciones, para poder ver las dimensiones últimas de unos personajes que van más allá de los estereotipos. 

El dúo Lane-Kostner está impecable en su trabajo mostrando el "soft-power" de Margaret. Parece que no pasa el tiempo por una actriz como Diane Lane, manteniendo esa fuerza única como actriz que comenzó a llenar la pantalla desde aquel lejano Calles de fuego,  de Walter Hill, que fue la película que le elevó directamente a esa extraña dimensión de las personas que enamoran a las cámaras. Su naturalidad es la que necesita el personaje para que comprendamos su fondo. Como contrapartida, un contenido Kevin Costner, que hace reflejar a su personaje la dependencia que de ella tiene. Frente a la naturalidad tranquila de ambos, el universo infantil de la matriarca de los Weboy, un grupo de crecidos y brutales hijos alrededor de una madre dominante.


La película nos habla de un mundo perdido, primitivo, de fuerzas primarias alrededor de la familia. Kayli Carter, con el personaje de Lorna, la viuda y madre el niño en disputa, es la pieza clave en este mundo brutal, pues en ella se han fijado primero el joven Blackledge y después un Weboy. Ella es la bisagra sobra la que todo el juego se articula. La actriz le da un aire vulgar al personaje que oculta el atractivo que uno y otro le encontraron.



Lejos de un maniqueísmo simplista, Thomas Bezucha le sabe dar a la historia matices, muchos de ellos ofrecidos desde el plano visual, de la composición estética. El segundo factor importante es la fotografía. La geografía explica a los individuos, en cierto sentido. La dureza del mundo en el que viven les forja y da sentido a sus historias personales. La fotografía sabe captar esa conexión entre los personajes y sus territorios, que defienden con violencia, pues es el centro de sus vidas. Lo que se nos muestra es primitivo y brutal, seco.
La historia es un drama que afecta a las relaciones posesivas sobre los hijos, sus reacciones y los efectos de su pérdidas. Son los motores que están bajo la acción, explicando el drama que gira sobre esos hijos perdidos a los que se desea retener con efectos desastrosos.



La película es otra aportación a esa radiografía de la América interior, esta vez ambientada a comienzo de los 60 (parece ser que la historia original lo estaba en los 50). Se está convirtiendo en el escenario en el que se pueden desarrollar estas tragedias familiares, desnudas de artificio, que muestran las pasiones primarias y la presión sobre los miembros de las familia. La tragedia en estado rural.

Joaquín Mª Aguirre



Uno de nosotros (2020)   

Director: Thomas Bezucha

Guionista: Thomas Bezucha

País: USA

Intérpretes: Diana Lane, Kevin Costner, Kayli Carter, Lesley Manville, Jeffrey Donovan, Booboo Stewart


sábado, 24 de abril de 2021

Bajo las estrellas de París (Sur les Étoiles de Paris 2020)


  Otra sorpresa francesa en esta época de pandemia, distribuida ante la falta de productos norteamericanos, que no se arriesgan en las taquillas (solo Tenet y Wonder Woman 84 y alguna más lo han hecho). La pandemia ha permitido un cine más cotidiano, con historias más centradas en nuestro mundo sufriente renunciando a mundos imaginarios o distantes. El arte se adapta a nuestras circunstancias, como debe ser.

Bajo las estrellas de París (Sur les Étoiles de Paris 2020) es una película dirigida por Claux Drexel y coescrita junto a Olivier Brunhes. El título poético, en realidad, es literal: nos describe la vida en las calles de una mendiga parisina, Christine, una mujer sobre la que se insinúa un pasado trágico, que vive recogiéndose en lugares escondidos por las noches y comiendo en dispensarios. Una noche escucha un ruido junto a la verja del lugar abierto junto al río, un almacén que dejan abierto para que pueda dormir allí en el crudo invierto parisino. Lo que ve es a Suli, un niño africano de ocho años que deambula solo por la ciudad, empapado. Christine le deja pasar la noche allí a regañadientes y, poco a poco, se va formando una amistad sin palabras, ya que el niño no habla francés. Pronto descubre que hay una foto de la madre y una orden de deportación, que el niño conserva. Tras diversas vicisitudes, comienzan el rastreo de la madre.

La película es un filme sobre la humanidad y sobre su otra cara, la deshumanización moderna de nuestras ciudades. El recorrido del filme es así doble, la profundización de una amistad entre ambos personajes, por un lado; por el otro, se nos muestra la dureza, el desprecio de los otros, reducidos a molestia para la vista, a espectáculo indeseado en la ciudad.



Bajo las estrellas de París es una película que nos muestra nuestro mundo inmisericorde. Cómo la mendiga va acercándose al niño, contrasta con la forma en que son tratados por aquellos que están asentados y los ven problemáticos. El hombre que le dio un jersey a Christine montará en cólera cuando se dé cuenta que lo lleva puesto un negro. El racismo lo percibimos en muchos momentos de la película con poca sutileza. Pero es solo una parte, la falta de caridad la podemos ver en el trata que le dan a ella cuando va al Centro de Retención.

La sencillez de la acción que se nos cuenta contrasta con estas duras pinceladas que nos muestran una crueldad innecesaria en muchos momentos. La búsqueda de la madre de Suli se convierte así en un descenso al infierno de alguien que ya creía estar en él al vivir en la calle. Christine se dará cuenta que si ella vivía una vida de mendiga hay todavía categorías que sufren más humillaciones y ataques.



Con todo esto se podían haber hecho películas buenas y malas. Esta es un recorrido que se lleva bien con su metraje (86 minutos) y que no se recrea demasiado en las emociones que despierta, llevándonos a la siguiente sin demasiadas concesiones.

Más allá de su crítica social y su canto a la humanidad, la película es un inesperado duelo interpretativo con una gran actriz, Catherine Frot, y un asombroso intérprete, el niño Mahamadou Yaffa, que nos arrastra con su naturalidad en todo momento. En cualquier momento, ese equilibrio se podría haber roto cayendo en lo sensiblero. No es así y ello se debe a la labor de los actores, a la química existente entre ellos.



La película emociona y conmociona. El París tantas veces retratado y llevado con alegría se transforma en una ciudad fantasmal (magníficas las imágenes, casi surrealistas, del cantante callejero o de las mujeres fantasmales que lo recorren en la noche), al igual que el plano que cierra la película, con la ciudad al fondo.

Es una película que hace falta, que necesitamos que nos recuerden que por muy mal que alguien lo pase, siempre hay gente que lo pasa peor. Una llamada a la solidaridad; a veces los que menos tienen son los que más dan.

Joaquín Mª Aguirre


 

Bajo las estrellas de París (2020)    

Director: Claus Drexel

Nacionalidad: Francia

Guionistas: Olivier Brunhes, Claus Drexel

Intérpretes: Catherine Frot, Mahamadou Yaffa, Jean-Henri Compère


domingo, 28 de marzo de 2021

Nomadland (2020)


La directora china Chloé Zhao sorprendió en la entrega virtual de los últimos premios Grammy, en los que ganó el de mejor dirección. Ganó el de mejor película (drama) y el de mejor dirección, quedándose como nominada al mejor guión. La sorpresa venía de la sencillez de su presencia frente al glamur reinante en estas galas. Verdaderamente, Chloé Zhao era de otro mundo, más que de otro continente o cultura. Cuando ves Nomadland entiendes su presencia y sus palabras.

La película es arrebatadora por su fascinante sencillez, por su economía de recursos. Nomadland no es una película "norteamericana"; es una película sobre "América" y, más allá, sobre la vida y su significado. En las antípodas de Hollywood, Zhao ha hecho una de las película más llena del espíritu norteamericano que se recuerda, un privilegio al alcance de los pocos que han sido capaces de ver la América natural y no la América fabricada a través de unos procesos de enmascaramiento de todo orden, ideológicos y visuales.




Desde el punto de vista de las ideas, Zhao separa ya desde el guión y luego con las imágenes la filosofía del éxito que se ha identificado como "norteamericana" creando un mundo competitivo y la mayoría de las veces despiadado. Lo hemos visto a través de miles de películas: tanto tienes, tanto vales; el mundo se divide en ganadores y perdedores.

La película de Zhao, por el contrario, nos muestra seres humanos solidarios que se relacionan por con esquemas vitales distintos, dando prioridad al momento de cada vida. Ni siquiera se les puede llamar "rebeldes" otro estereotipo que el cine norteamericano ha convertido en señas de identidad. Simplemente viven y lo importante es la sucesión de momentos. Vivir es vivir; no vivir para conseguir metas. En este sentido, la idea subyacente de Chloé Zhao tiene mucho de sabiduría del no desear para no sufrir con lo que se pierde. Tener es sufrir, es perder continuamente; desprenderse de todo es no desear, tener apego al movimiento.

Aquí se recoge algo profundamente americano, la "carretera" como estructura vital y punto de encuentro. "Nos vemos en el camino". No quedan en lugares especiales, simplemente se encuentran en ciclos naturales, en lugares en que coinciden. Si alguien falta algún día porque ha fallecido, les recuerdan. Llevan ahora su propio camino.



De Jack Keoruac a Easy Rider, la carretera, el camino, es la vida. Es actitud contraria al ser sedentario, al que busca acumular en el lugar en el que se asienta. "¿No tienes hogar?", les preguntas. "Sí, lo que no tengo es casa", responden. La carretera es su hogar, su furgoneta, que ejerce ese doble papel, de refugio y de movilidad. ¿El límite? El mar, allí donde se acaba la tierra, las posibilidades de seguir rodando.

Una película con esos principios solo podía tener una forma, la que Zhao le ha dado. No es una historia avanzando hacia un punto; no son acontecimientos de una trama. La película nos acostumbra a otro tipo de estructura, mucho más real, cercana a la propia experiencia. Las cosas pasan, en el doble sentido del término: suceden y quedan atrás. Hay lo previsto medianamente, como el trabajo, y aquello que es encuentro, experiencia que se acoge y se almacena en la memoria como experiencia.

Cuando todo se deja de lado, solo quedan dos cosas: los amigos y la tierra. Los amigos son aquellos que te encuentran y a los que encuentran, con los que compartes fuego y cosas que ya no necesitas, a los que les das lo que tienes. La escena en la que Fern (Frances McDormand) le entrega su mechero al joven al que no conoce es reveladora de ese compartir como filosofía, como actitud ante la vida.

La película te va adentrando en esa corriente gracias a la forma de entender la interpretación, convertida en naturalidad, llena de conversaciones sencillas pero reveladoras del sentido profundo. Cuando Fern va de visita a la casa de un compañero de viajes, descubre que aquellos con los que hablan se dedican precisamente a la venta de tierras para la construcción de casas, que viven de alimentar las ataduras a deudas e hipotecas con las que no podrán moverse durante toda su vida. Ellos son los que alientan los sueños de éxito, de futuro, frente al presente del que nada debe y puede moverse por el país.



Ambientada en 2011, la película revela precisamente la crisis que llevó al desastre a medio mundo, crisis financiera y de hipotecas, crisis de vivir por encima de lo que se podía, de haberse gastado lo que no se tenía.

Magistral esa gran actriz que es Frances McDormand. Ya sea sola o con otros, McDormand se mueve con el paisaje convirtiéndolo en espacio real, vivo, frente a la fácil tentación estética. Esto es importante para la película y su idea. Es precisamente la belleza de lo desnudo lo que se prioriza. Es un sentido de lo natural que choca con el ojo educado en valorar otro tipo de belleza. Aquí se conjugan la sencillez con la grandiosidad porque es a la vez paisaje exterior, pero también interior.

Hay una idea que se manifiesta en la película: los nómadas son una tribu, la verdadera tribu americana, los que recorren el país de un lugar a otro. Los que solo se llevan los recuerdos de lo vivido frente a la economía de la acumulación de lo poseído.

En este sentido, es una directora que viene de fuera quien ha dado una visión tan primitivista de la vida norteamericana logrando esa mirada que funde imagen e idea, lo visto y el sentimiento, como nos revela la propia actriz a través de la mirada.



Nomadland compite por el Oscar a la mejor película con otra película que hemos visto aquí, Minari, la visión de un surcoreano emigrado a la América profunda. Es interesante desde el punto de vista cultural el fenómeno de una directora china y de un hijo de inmigrantes surcoreanos dándonos la visión perdida de unos Estados Unidos cerrados sobre sí mismos, olvidadas sus ideas fundacionales y compitiendo entre ellos. Es una contestación al mundo de los Trump y compañía.

Nomadland es una gran película en muy diversos aspectos, de su contenido humanista a su visión estética, de la música a la interpretación, pasado por la fotografía. No tiene mucho que ver con las historias convencionales que consumimos; nos muestra lo contrario, la falsedad de las historias que se alejan de la vida.

Joaquín Mª Aguirre

 



Nomadland (2020)    

Directora: Chloé Zhao

Guionista: Chloé Zhao, basado en el libro de Jessica Bruder

País: USA

Intérpretes: Frances McDormand, David Strathairn, Linda May

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