domingo, 30 de mayo de 2021

Uno de nosotros (Thomas Bezucha 2020)


Estados Unidos parece empeñado en realizar una profunda radiografía de una parte olvidada, la América rural realizando brutales descripciones. Las hemos visto en películas como Minari (Lee Isaac Gung 2020) o Hillbilly Elegy (Ron Howard 2020) o, incluso, con otro tono la celebrada Nomadland (Chloé Zhao 2020). Nos llega ahora otro film que nos describe con crudeza un universo rural, esta vez en Dakota del Norte. Uno de nosotros es un trabajo del director y escritor Thomas Bezucha, que nos deja un sólido drama que no auguraban algunas de sus películas anteriores.  
La historia de una pareja de abuelos intentando recuperar a su nieto le sirve para hacer una radiografía de dos modelos familiares muy diferentes, el que representan el matrimonio Blackledge, Margaret y George, interpretados de forma espléndida por Diane Lane y Kevin Costner, por un lado, y los Weboy, una familia de hombres construida alrededor de la matriarca, Blanche, con una gran interpretación de la actriz Lesley Manville. La obra enfrenta esos dos modelos imperfectos de familia en donde las dos mujeres arrastran a los que están a su alrededor un enfrentamiento para hacerse con el pequeño.

Cada familia representa una cierta forma de poder. Margaret arrastra a George a tratar de sacar al pequeño de entre los Weboy; Blanche cierra filas para impedirlo. El desenlace, no vamos a descubrirlo, nos muestra las consecuencias de hechos pasados que no han sido asumidos. En el fondo, es una primitiva lucha por la continuidad en la vida.


La película se centra en dos poderosos elementos tras la historia: en primer lugar la buenas interpretaciones de los actores y actrices que representan papeles con muchos matices. Hay que entrar en ellos, en sus frustraciones, para poder ver las dimensiones últimas de unos personajes que van más allá de los estereotipos. 

El dúo Lane-Kostner está impecable en su trabajo mostrando el "soft-power" de Margaret. Parece que no pasa el tiempo por una actriz como Diane Lane, manteniendo esa fuerza única como actriz que comenzó a llenar la pantalla desde aquel lejano Calles de fuego,  de Walter Hill, que fue la película que le elevó directamente a esa extraña dimensión de las personas que enamoran a las cámaras. Su naturalidad es la que necesita el personaje para que comprendamos su fondo. Como contrapartida, un contenido Kevin Costner, que hace reflejar a su personaje la dependencia que de ella tiene. Frente a la naturalidad tranquila de ambos, el universo infantil de la matriarca de los Weboy, un grupo de crecidos y brutales hijos alrededor de una madre dominante.


La película nos habla de un mundo perdido, primitivo, de fuerzas primarias alrededor de la familia. Kayli Carter, con el personaje de Lorna, la viuda y madre el niño en disputa, es la pieza clave en este mundo brutal, pues en ella se han fijado primero el joven Blackledge y después un Weboy. Ella es la bisagra sobra la que todo el juego se articula. La actriz le da un aire vulgar al personaje que oculta el atractivo que uno y otro le encontraron.



Lejos de un maniqueísmo simplista, Thomas Bezucha le sabe dar a la historia matices, muchos de ellos ofrecidos desde el plano visual, de la composición estética. El segundo factor importante es la fotografía. La geografía explica a los individuos, en cierto sentido. La dureza del mundo en el que viven les forja y da sentido a sus historias personales. La fotografía sabe captar esa conexión entre los personajes y sus territorios, que defienden con violencia, pues es el centro de sus vidas. Lo que se nos muestra es primitivo y brutal, seco.
La historia es un drama que afecta a las relaciones posesivas sobre los hijos, sus reacciones y los efectos de su pérdidas. Son los motores que están bajo la acción, explicando el drama que gira sobre esos hijos perdidos a los que se desea retener con efectos desastrosos.



La película es otra aportación a esa radiografía de la América interior, esta vez ambientada a comienzo de los 60 (parece ser que la historia original lo estaba en los 50). Se está convirtiendo en el escenario en el que se pueden desarrollar estas tragedias familiares, desnudas de artificio, que muestran las pasiones primarias y la presión sobre los miembros de las familia. La tragedia en estado rural.

Joaquín Mª Aguirre



Uno de nosotros (2020)   

Director: Thomas Bezucha

Guionista: Thomas Bezucha

País: USA

Intérpretes: Diana Lane, Kevin Costner, Kayli Carter, Lesley Manville, Jeffrey Donovan, Booboo Stewart


sábado, 24 de abril de 2021

Bajo las estrellas de París (Sur les Étoiles de Paris 2020)


  Otra sorpresa francesa en esta época de pandemia, distribuida ante la falta de productos norteamericanos, que no se arriesgan en las taquillas (solo Tenet y Wonder Woman 84 y alguna más lo han hecho). La pandemia ha permitido un cine más cotidiano, con historias más centradas en nuestro mundo sufriente renunciando a mundos imaginarios o distantes. El arte se adapta a nuestras circunstancias, como debe ser.

Bajo las estrellas de París (Sur les Étoiles de Paris 2020) es una película dirigida por Claux Drexel y coescrita junto a Olivier Brunhes. El título poético, en realidad, es literal: nos describe la vida en las calles de una mendiga parisina, Christine, una mujer sobre la que se insinúa un pasado trágico, que vive recogiéndose en lugares escondidos por las noches y comiendo en dispensarios. Una noche escucha un ruido junto a la verja del lugar abierto junto al río, un almacén que dejan abierto para que pueda dormir allí en el crudo invierto parisino. Lo que ve es a Suli, un niño africano de ocho años que deambula solo por la ciudad, empapado. Christine le deja pasar la noche allí a regañadientes y, poco a poco, se va formando una amistad sin palabras, ya que el niño no habla francés. Pronto descubre que hay una foto de la madre y una orden de deportación, que el niño conserva. Tras diversas vicisitudes, comienzan el rastreo de la madre.

La película es un filme sobre la humanidad y sobre su otra cara, la deshumanización moderna de nuestras ciudades. El recorrido del filme es así doble, la profundización de una amistad entre ambos personajes, por un lado; por el otro, se nos muestra la dureza, el desprecio de los otros, reducidos a molestia para la vista, a espectáculo indeseado en la ciudad.



Bajo las estrellas de París es una película que nos muestra nuestro mundo inmisericorde. Cómo la mendiga va acercándose al niño, contrasta con la forma en que son tratados por aquellos que están asentados y los ven problemáticos. El hombre que le dio un jersey a Christine montará en cólera cuando se dé cuenta que lo lleva puesto un negro. El racismo lo percibimos en muchos momentos de la película con poca sutileza. Pero es solo una parte, la falta de caridad la podemos ver en el trata que le dan a ella cuando va al Centro de Retención.

La sencillez de la acción que se nos cuenta contrasta con estas duras pinceladas que nos muestran una crueldad innecesaria en muchos momentos. La búsqueda de la madre de Suli se convierte así en un descenso al infierno de alguien que ya creía estar en él al vivir en la calle. Christine se dará cuenta que si ella vivía una vida de mendiga hay todavía categorías que sufren más humillaciones y ataques.



Con todo esto se podían haber hecho películas buenas y malas. Esta es un recorrido que se lleva bien con su metraje (86 minutos) y que no se recrea demasiado en las emociones que despierta, llevándonos a la siguiente sin demasiadas concesiones.

Más allá de su crítica social y su canto a la humanidad, la película es un inesperado duelo interpretativo con una gran actriz, Catherine Frot, y un asombroso intérprete, el niño Mahamadou Yaffa, que nos arrastra con su naturalidad en todo momento. En cualquier momento, ese equilibrio se podría haber roto cayendo en lo sensiblero. No es así y ello se debe a la labor de los actores, a la química existente entre ellos.



La película emociona y conmociona. El París tantas veces retratado y llevado con alegría se transforma en una ciudad fantasmal (magníficas las imágenes, casi surrealistas, del cantante callejero o de las mujeres fantasmales que lo recorren en la noche), al igual que el plano que cierra la película, con la ciudad al fondo.

Es una película que hace falta, que necesitamos que nos recuerden que por muy mal que alguien lo pase, siempre hay gente que lo pasa peor. Una llamada a la solidaridad; a veces los que menos tienen son los que más dan.

Joaquín Mª Aguirre


 

Bajo las estrellas de París (2020)    

Director: Claus Drexel

Nacionalidad: Francia

Guionistas: Olivier Brunhes, Claus Drexel

Intérpretes: Catherine Frot, Mahamadou Yaffa, Jean-Henri Compère


domingo, 28 de marzo de 2021

Nomadland (2020)


La directora china Chloé Zhao sorprendió en la entrega virtual de los últimos premios Grammy, en los que ganó el de mejor dirección. Ganó el de mejor película (drama) y el de mejor dirección, quedándose como nominada al mejor guión. La sorpresa venía de la sencillez de su presencia frente al glamur reinante en estas galas. Verdaderamente, Chloé Zhao era de otro mundo, más que de otro continente o cultura. Cuando ves Nomadland entiendes su presencia y sus palabras.

La película es arrebatadora por su fascinante sencillez, por su economía de recursos. Nomadland no es una película "norteamericana"; es una película sobre "América" y, más allá, sobre la vida y su significado. En las antípodas de Hollywood, Zhao ha hecho una de las película más llena del espíritu norteamericano que se recuerda, un privilegio al alcance de los pocos que han sido capaces de ver la América natural y no la América fabricada a través de unos procesos de enmascaramiento de todo orden, ideológicos y visuales.




Desde el punto de vista de las ideas, Zhao separa ya desde el guión y luego con las imágenes la filosofía del éxito que se ha identificado como "norteamericana" creando un mundo competitivo y la mayoría de las veces despiadado. Lo hemos visto a través de miles de películas: tanto tienes, tanto vales; el mundo se divide en ganadores y perdedores.

La película de Zhao, por el contrario, nos muestra seres humanos solidarios que se relacionan por con esquemas vitales distintos, dando prioridad al momento de cada vida. Ni siquiera se les puede llamar "rebeldes" otro estereotipo que el cine norteamericano ha convertido en señas de identidad. Simplemente viven y lo importante es la sucesión de momentos. Vivir es vivir; no vivir para conseguir metas. En este sentido, la idea subyacente de Chloé Zhao tiene mucho de sabiduría del no desear para no sufrir con lo que se pierde. Tener es sufrir, es perder continuamente; desprenderse de todo es no desear, tener apego al movimiento.

Aquí se recoge algo profundamente americano, la "carretera" como estructura vital y punto de encuentro. "Nos vemos en el camino". No quedan en lugares especiales, simplemente se encuentran en ciclos naturales, en lugares en que coinciden. Si alguien falta algún día porque ha fallecido, les recuerdan. Llevan ahora su propio camino.



De Jack Keoruac a Easy Rider, la carretera, el camino, es la vida. Es actitud contraria al ser sedentario, al que busca acumular en el lugar en el que se asienta. "¿No tienes hogar?", les preguntas. "Sí, lo que no tengo es casa", responden. La carretera es su hogar, su furgoneta, que ejerce ese doble papel, de refugio y de movilidad. ¿El límite? El mar, allí donde se acaba la tierra, las posibilidades de seguir rodando.

Una película con esos principios solo podía tener una forma, la que Zhao le ha dado. No es una historia avanzando hacia un punto; no son acontecimientos de una trama. La película nos acostumbra a otro tipo de estructura, mucho más real, cercana a la propia experiencia. Las cosas pasan, en el doble sentido del término: suceden y quedan atrás. Hay lo previsto medianamente, como el trabajo, y aquello que es encuentro, experiencia que se acoge y se almacena en la memoria como experiencia.

Cuando todo se deja de lado, solo quedan dos cosas: los amigos y la tierra. Los amigos son aquellos que te encuentran y a los que encuentran, con los que compartes fuego y cosas que ya no necesitas, a los que les das lo que tienes. La escena en la que Fern (Frances McDormand) le entrega su mechero al joven al que no conoce es reveladora de ese compartir como filosofía, como actitud ante la vida.

La película te va adentrando en esa corriente gracias a la forma de entender la interpretación, convertida en naturalidad, llena de conversaciones sencillas pero reveladoras del sentido profundo. Cuando Fern va de visita a la casa de un compañero de viajes, descubre que aquellos con los que hablan se dedican precisamente a la venta de tierras para la construcción de casas, que viven de alimentar las ataduras a deudas e hipotecas con las que no podrán moverse durante toda su vida. Ellos son los que alientan los sueños de éxito, de futuro, frente al presente del que nada debe y puede moverse por el país.



Ambientada en 2011, la película revela precisamente la crisis que llevó al desastre a medio mundo, crisis financiera y de hipotecas, crisis de vivir por encima de lo que se podía, de haberse gastado lo que no se tenía.

Magistral esa gran actriz que es Frances McDormand. Ya sea sola o con otros, McDormand se mueve con el paisaje convirtiéndolo en espacio real, vivo, frente a la fácil tentación estética. Esto es importante para la película y su idea. Es precisamente la belleza de lo desnudo lo que se prioriza. Es un sentido de lo natural que choca con el ojo educado en valorar otro tipo de belleza. Aquí se conjugan la sencillez con la grandiosidad porque es a la vez paisaje exterior, pero también interior.

Hay una idea que se manifiesta en la película: los nómadas son una tribu, la verdadera tribu americana, los que recorren el país de un lugar a otro. Los que solo se llevan los recuerdos de lo vivido frente a la economía de la acumulación de lo poseído.

En este sentido, es una directora que viene de fuera quien ha dado una visión tan primitivista de la vida norteamericana logrando esa mirada que funde imagen e idea, lo visto y el sentimiento, como nos revela la propia actriz a través de la mirada.



Nomadland compite por el Oscar a la mejor película con otra película que hemos visto aquí, Minari, la visión de un surcoreano emigrado a la América profunda. Es interesante desde el punto de vista cultural el fenómeno de una directora china y de un hijo de inmigrantes surcoreanos dándonos la visión perdida de unos Estados Unidos cerrados sobre sí mismos, olvidadas sus ideas fundacionales y compitiendo entre ellos. Es una contestación al mundo de los Trump y compañía.

Nomadland es una gran película en muy diversos aspectos, de su contenido humanista a su visión estética, de la música a la interpretación, pasado por la fotografía. No tiene mucho que ver con las historias convencionales que consumimos; nos muestra lo contrario, la falsedad de las historias que se alejan de la vida.

Joaquín Mª Aguirre

 



Nomadland (2020)    

Directora: Chloé Zhao

Guionista: Chloé Zhao, basado en el libro de Jessica Bruder

País: USA

Intérpretes: Frances McDormand, David Strathairn, Linda May

sábado, 13 de marzo de 2021

Minari. Historia de mi familia (2020)


 "Minari. Historia de mi familia" ha conseguido el Globo de Oro a mejor película de habla no inglesa. Tiene muchísimas nominaciones y premios. Unas veces se ha premiado el guión, otras la dirección y en muchas ocasiones ambos, que son obra de Lee Isaac Chung, un descendiente de inmigrantes coreanos nacido en Denver, Colorado. Dirección e historia encajan a la perfección bien cubiertas por la labor de los actores, realmente meritoria en todos los niveles. Especialmente premiada, Youn Yuh-jung, en el papel de la abuela llegada de Corea para ayudar al proyecto de la familia.

Minari es una magnífica película. Solo un gran talento narrativo, tanto en historia como en la forma de narrarla puede tenernos fascinados con aspectos tan sencillos y cotidianos como los que se nos traen.

Viendo una película como esta comprendemos cuánto se distancia el cine de la vida real en su exceso de concentración de elementos para crear la tensión. No es necesario, nos demuestra crean grandes enfrentamientos, grandes villanos, no hablemos ya de persecuciones o destrozos apocalípticos para hacer que el espectador se conmueva insensible ya por el bombardeo de sus sentidos y mente. Minari es una historia sencilla, de gente sencilla que vive sus propios problemas sin necesidad de fantasías. E este sentido, la película se mueve en la dimensión humana. Si hay un opositor en el filme es la vida misma mostrando que es una lucha de sueños y realidades sin necesidad de mucho más. Ya es bastante, nos dice Chung.



En Minari no hay villanos. Esperamos que surjan en cada nueva cara, en cada nueva situación. Pero no llegan o no llegan como esperamos. Estamos demasiado acostumbrados a las complicaciones artificiales para comprender las de la vida cotidiana, que son las nuestras, lejos de las luchas del bien y del mal. Nuestra vida es una suma de pequeñas o grandes resistencias, de malentendidos y desacuerdos, de fatalidades indeseadas a manos de quien nos quiere. El director las muestra desde el principio en lo que es la diversidad de sueños en una familia en donde el amor se manifiesta en discusiones, en tensiones contenidas, en escenificaciones privadas.

Una gran definición de los personajes y de sus relaciones, que se miden por su credibilidad conjunta. Es la historia de "mi" familia, una pertenencia que se deja clara en el deseo de cada uno de los personajes, ya que es la familia de todos porque así lo vive cada uno.

El "minari" es una hierba comestible que crece libremente junto a los lechos de los ríos, en zonas húmedas. La abuela trae sus semillas desde Corea y las suelta en el lugar que le parece más adecuado. Frente a esta libertad de la naturaleza, nos encontramos la lucha del campesino por conseguir hacer crecer, unos cientos de metros más allá, su cosecha de plantas coreanas para abastecer a la pequeña comunidad de su país. Es su idea de cómo sobrevivir en Arkansas, trasladado desde California, para intentar alcanzar un éxito que le reivindique ante los suyos. 

El "minari" es la hierba que sirve para calmar el hambre de los que nada tienen y que la naturaleza les ofrece gratis. La llaman el "perejil japonés" y en Corea es muy popular. Sopas y condimentos, el minari está presente en la vida y solo hay que recogerlo allí donde crece.



La película se construye sobre esa metáfora, lo dado y lo que necesitamos construir y puede ser nuestra frustración. Jacob (Steven Yeun) ha arrastrado a su familia desde California hasta la Arkansas profunda. Él tiene un sueño. Su hijo pequeño tiene un problema de corazón que hace que su esposa, Mónica (Yeri Han), se sienta intranquila y molesta, reticente a un traslado que les lleva lejos de hospitales y de una vida social. Viven en una casa prefabricada que ha sido llevada hasta un terreno cuyo anterior dueños se suicidó por la improductividad de la tierra. Se traerán a la abuela (Youn Yuh-jung) desde Corea para que pueda vigilar a David (Alan S. Kim), el pequeño, y Anne (Noel Kate Cho). De California a la mitad de la nada, a una Arkansas profunda, llena de supersticiosos granjeros que intentan salvar los males de la tierra y la casa con conjuros y exorcismos.

En manos de otro director, esto habría sido un filme épico, lleno de enfrentamientos entre visiones del mundo distintas. Pero en manos de su director y guionista, es un filme lírico apoyado en una magnífica planificación que nos sitúa en otra dimensión narrativa, la interior de cada personaje y las relaciones conjuntas.



La magnífica fotografía y montaje, la música, todo ello contribuye a esa fuerza del filme, que se ha ido haciendo con sus espectadores y críticos señalándolo como una de las mejores aportaciones cinematográficas del año. La dirección de actores es espléndida de la premiada Yun Yu-jung como estrambótica abuela a una contenida e interiorizada Yeri Han, la esposa que lleva en su interior la frustración provocada por los sueños de su marido, bien encarnado por Steven Yeun. Los dos niños demuestran una madurez interpretativa que nos dice mucho de la capacidad de su director para manejar actores. La sobriedad de todos ellos contrasta con la del personaje encarnado por un magnífico Will Patton, el campesino que recorre el camino con su propia cruz cada domingo. El resto es la tierra, el cielo, el agua.



Minari. Historia de una familia es como recorrer un camino en el que van ocurriendo cosas, un río que fluye con diversas velocidades según se estrechan sus márgenes. No hacen falta enemigos; la resistencia de la vida misma a nuestras pretensiones es suficiente para mostrarnos en nuestras distintas percepciones. Sencillamente, la vida no es siempre como queremos.

Joaquín Mª Aguirre

 

 


Minari. Historia de mi familia (2020)    

Director y guionista: Lee Isaac Chung

Nacionalidad: USA

Intérpretes: Youn Yuh-jung, Alan S. Kim, Yeri Han, Noel Cho, Steven Yeun, Darryl Cox, Esther Moon, Ben Hall, Eric Starkey, Will Patton

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