sábado, 5 de septiembre de 2020

Antebellum (2020)


A
ntebellum
(2020) es una gran película en muchos aspectos. De género indefinible, la etiquetan como "terror", pero lo que causa el terror no es un mundo fantasmal sino la realidad del mal, en este caso centrada en lo que muchos —el expresidente Joe Biden y actual pretendiente a la Casa Blanca entre otros lo hizo ayer— han llamado el "original sin", el pecado original de los Estados Unidos: el racismo. No es necesario creer en fantasmas o inventar monstruos para la pantalla cuando la historia nos los ofrece... y la actualidad misma nos los muestra cada día.

Esta es una película producida, escrita y realizada para el mundo del "Black Lives Matter" que abarca el ayer y el hoy en un arco trágico que es el de la esclavitud y la maldad infinita que supone. Sus directores, tiene dos, son Gerard Bush y Christopher Renz, el primero afroamericano, el segundo no. Creo que este detalle, que podría no ser de importancia, aquí, en el mundo de Trump lo tiene. Es ya una declaración. Sin medias tintas, es una película anti racista, no solo una película sobre la esclavitud. Es sobre todo una película de entonces y ahora y de ahora y entonces que nos explica que el racismo es algo más que la esclavitud y que esta también tiene muchas formas en la realidad. Es ese pecado original que no ha sido lavado por purificación alguna y que sigue latiendo en la sociedad norteamericana.



Antebellum se abre con un espectacular plano secuencia que nos muestra magistralmente la vida existente en una plantación de algodón, con esclavos recolectores, condenados al silencio, sometidos a una brutalidad que no se nos esconde en ningún momento.

Puedo ponderar las virtudes de esta película, pero no puedo ir más allá porque los espectadores deben seguir el proceso que se nos propone paso a paso, momento a momento, fotograma a fotograma.

Antebellum es una película profundamente cinematográfica, cien por cien visual. No todas lo son. Esa eficacia visual, con cada plano cumpliendo una función expresiva, llevándonos de un lugar a otro, mostrando la crueldad que pervive bajo múltiples apariencias y detalles. Antebellum debe ser recorrida de principio a fin para vivir el trayecto que se nos propone y así vivir desde dentro el horror de la esclavitud y del racismo en que se funda y justifica.

No se cuestione lo que ve; solo déjese llevar. Es lo que se le propone con buen juicio estético. Deje que su mente vaya recogiendo las piedras dejadas en el camino, por el excelente guión y el flujo de las imágenes. Dejen que juegue con usted; todo arte es de alguna manera prestidigitación, ilusión, sugestión. Antebellum lo es.


La interpretación de una gran actriz en alza, Janelle Monáe, cantante de éxito y modelo es un punto destacado. Lo es más si tenemos en cuenta la diversidad de su propio personaje. Monáe se ha definido a través de papeles comprometidos con su negritud, como ha ocurrido con las excelentes Figuras ocultas (Hidden Figures, Mary Jackson 2016) sobre el papel ignorado de las mujeres negras que fueron decisivas en los proyectos de la NASA como "calculadoras" vivientes, y también con Harriet (Mary Buchanon 2019), dedicada a Harriet Tubman, una de las heroínas de la liberación de la esclavitud. Janelle Monáe también tenía un papel en una película infravalorada y muy original, Regreso a Marwen, una agridulce tragicomedia sobre el abuso y la homofobia, sobre la violencia latente en la sociedad norteamericana y cómo se vuelca con los más débiles. Como puede apreciarse, Janelle Monáe es una actriz que invierte su tiempo en proyectos comprometidos con causas que merecen la pena. Es su opción y me parece bien y justo por los resultados de dejar al descubierto la historia olvidada, distorsionada, tachada.

El resto del reparto cumple perfectamente con sus papeles, muchas veces de un esquematismo necesario que es precisamente con el que se caracteriza el mal, ese pecado original que ha sido analizado desde autores como el poeta, novelista, ensayista y crítico Robert Penn Warren (1905-1989) en su ensayo Poesía y Democracia o novelas como Matar un ruiseñor, el célebre texto de Harper Lee y la película inolvidable (Robert Mulligan).

En otro espacio escribí que el año anterior, 2018, había sido un año de denuncia de la discriminación y del racismo. Lo fue con películas como la ganadora del oscar Green Book (Peter Farrelly 2018) o Infiltrado en el Klan  (BlackKKlansman, Spike Lee 2018) o el mismísimo éxito de Marvel Black Panther (Ryan Cogleer 2018), cuyo actor principal ha fallecido hace unos pocos días con enorme eco en todo el mundo. Antebellum tiene mucho de las anteriores en su espíritu reivindicativo, pero ha elegido un camino muy distinto al de cualquiera de ellas. Quizá esté más cerca de películas como Déjame salir (Get Out, Jordan Peele 2017) o Nosotros (Us, Jordan Peele 2019), películas con las que comparte productor.


Antebellum
tiene belleza en lo formal y denuncia y crudeza en su contenido. Técnicamente, la cámara se mueve dando sentido al universo en que se encuentran, al espacio o espacios que se nos presentan. Es una película por encima de los géneros, pues se mueve de uno a otro llevando al espectador sorprendido.

Magnífico guión de sus directores y magnífica fotografía; la música no se queda atrás marcando las transiciones y las emociones en una película que nos remite a un discurso emocional, de choque, poniendo a prueba nuestro sentido de la realidad, que se va desmoronando conforme avanzamos.

Quisiera poder ser más preciso, pero es importante que el espectador descubra por sí mismo el juego que se le plantea, los caminos que ha de recorrer. Cuando salimos de la sala debemos seguir trabajando, ordenando nuestros pensamientos tratando de unir las piezas de la figura que se ha formado ante nosotros, que no es más que el espejo de la realidad. Es la magia del cine.

J.A.

 



Antebellum (2020)  

Directores: Gerard Bush, Christopher Renz

Guionistas: Gerard Bush, Christopher Renz

Intérpretes: Janelle Monáe, Arabella Landrum, Jena Malone, Eric Lange, Tongayi Chirisa, Achok Majak, Jack Huston, Kiersey Clemons, T.C. Matherne, Robert Aramayo, Marque Richardson, London Boyce, Bernard Hocke, Dayna Schaaf, Gabourey Sidibe

viernes, 28 de agosto de 2020

Los nuevos mutantes (2020)


Los nuevos mutantes es una película extraña dentro del mundo creado por Marvel, una película que te va haciendo saltar de género en un espacio cerrado doble: el escenario opresivo del centro en el que los jóvenes están encerrados y en las mentes bloqueadas de los adolescentes que se defienden de sus propios miedos. Quizá habría que elegir este último motivo psicológico, el miedo, junto con la culpa, ya que son los dos que definen la adolescencia, el tema central de la película.
Los nuevos mutantes, está dirigida con corrección, en un difícil equilibrio, por Josh Boone, director de dos películas, Bajo la misma estrella (2014) y Un invierno en la playa (2012). 
Me gusta cómo ha definido el director y guionista su creación en la entrevista concedida a La Vanguardia: "Es horror sobrenatural. Las películas de X-Men son de fantasía y ciencia ficción, mientras que aquí es una combinación entre Alguien voló sobre el nido del cuco y El resplandor, o entre Inocencia interrumpida y Pesadilla en Elm Street 3. Es una película de horror realista que se convierte en algo diferente en el último acto."
Creo que toda película, probablemente toda obra de arte, forma parte de una red; es un punto en el que se entrecruzan múltiples líneas, tal como hace Josh Boone para tratar de definir su película. Lo nuevo se explica por lo conocido puesto que nada surge de la nada, sino que es un equilibrio entre lo existente y lo que somos capaces de hacer con ello. El arte es reciclado creativo, jugar con las piezas existentes y darles sentido en nuevos juegos creativos.


La película tiene la virtud de hacernos ver como algo nuevo aquello que hemos conocido a través de muchas otras, tanto del universo de los X-Men como de la cultura popular. En este sentido es un punto de encuentro. Me ha gustado ver las dos referencias a un universo anterior, me refiero a los momentos en los que aparece el personaje de Rahne Sinclair (Maisie Williams) contemplando la televisión. La vemos en pantalla viendo dos fragmentos de la innovadora serie de televisión Buffy Cazavampiros. En aquella serie precisamente se expresaba la crisis de la adolescencia a través de un mundo primigenio y terrorífico  surgido de suelo bajo el instituto, un portal infernal del que emergían esas criaturas del mundo monstruoso. La serie seguía al grupo de adolescentes a través del instituto y posteriormente a la universidad.
Son interesantes los dos fragmentos seleccionados, de apenas unos segundos, porque nos acercan al personaje de Maisie: el beso entre las adolescentes Willow y Tara en la serie nos anticipa lo que ocurrirá, para la primera parte, y una batalla contra los monstruos, con Buffie al frente en la segunda. Es una forma de cita visual que se reconoce como parte de un género mixto y de una tradición, y además se sitúa en el flujo narrativo de la propia película integrándose como un fondo premonitorio. Hay muchas referencias visuales a otros filmes, pero Buffy es la más explícita y próxima narrativamente hablando, algo más que un homenaje, ya que forma parte del personaje de Maisie. La serie fue innovadora y ya va saliendo la generación que bebió de ella.


Ese "horror realista" del que habla el director describe bien el sentido de la película, porque el verdadero mal al que se enfrentan es fruto de la manipulación que han sufrido por aquellos que dicen protegerlos. La película nos muestra a unos adolescentes torturados por su pasado, bloqueados por sus peores miedos para ser manipulados.
Como ya ocurría en Buffy Cazavampiros, el horror es un elemento que simboliza los males sociales. Me viene a la memoria un ejemplo de uno de sus episodios en el que hay una chica invisible. Su invisibilidad se ha producido porque todos la ignoran en el instituto. A fuerza de dejar de mirarla, han dejado de verla.
Los nuevos mutantes conecta con X-Men, donde la escuela de mutantes es también una forma de protección frente al mundo "normal" o la manipulación les puede llevar hacia el mal, convirtiéndose en criminales como reacción al rechazo social. Esta película regresa a los principios, al fondo de la adolescencia a través de esos dos conceptos señalados, el miedo y la culpa, que son las herramientas básicas del control social desde el principio de los tiempos.


Cada personaje representa una forma de culpa o, si se prefiere, una forma de manipulación para los objetivos para los que serán utilizados. La película tiene algo de El club de los Cinco (The Breakfast Club 1985), el clásico de la adolescencia del director John Hughes, pero en términos de ese terror realista. Los conflictos, la manipulación, la lucha, la superación, etc. forman parte de esos motivos narrativos que se repiten en tonos distintos.
Los actores cumplen con sus papeles capaces de mostrar creíblemente esa lucha de emociones, unas veces escondidas  y otras explosivas, que caracterizan a sus personajes adolescentes. El peso de la película se sostiene sobre seis personajes, los cinco adolescentes y su guardiana, la doctora Reyes, interpretado por Alice Braga. El resto de los personajes son recuerdos, miedos, apoyos, en sus mentes torturadas.


Como ocurría en El Club de los Cinco, cada personaje representa una forma de estar en el mundo, cada uno con su miedo, con su culpa. La llegada de la joven Dani Moonstar, interpretado por Blu Hunt, que sirve de eje sobre el que rota la película, nos permitirá ir comprendiendo la fachada de los demás personajes, la agresiva Illyana Rasputin, interpretada por Anya Taylor-Joy; su opuesto, la dulce Rahne Sinclair, interpretada por Maisie Williams, por la parte femenina;  el conquistador Roberto, a cargo de Henry Zaga, y finalmente Charlie Heaton interpretando al atormentado personaje de Sam Guthrie. Todos ellos cumplen con sus papeles en los que se da ese proceso de ocultación tras la máscara para evitar exponer sus miedos.


La película funciona bien y lleva al género hacia otros derroteros, modestos en la presentación, pero intensos en las motivaciones. No es necesaria una gran parafernalia para construir una historia que, como en este caso, sabe jugar bien con su idea inicial y se centra en lo que es el centro, el mundo atormentado de la adolescencia, la manipulación de la culpa, el miedo de uno mismo y el descubrimiento del quién eres. Todo ello en un espacio cerrado, opresivo, bien aprovechado para transmitir esa sensación realista de lo cotidiano, un poco siniestro, pero teniendo en cuenta el mundo en que estamos, un poco más cerca. Ese espacio, entre médico y carcelario, entre religioso y correccional, presidido por la estatua del ángel que oculta su cara, representa simbólicamente el mundo exterior que no llegamos a ver más que en recuerdos irreales.
Puede que no haya mutantes tal como los vemos, pero la manipulación y la maldad, desde luego, están ahí. La película, tras una gran metáfora, nos lo recuerda. Habla de nosotros.
J.A.


Los nuevos mutantes (2020)    
Director: Josh Boone
Guionistas: Josh Boone y Knate Lee
Intérpretes: Maisie Williams, Anya Taylor-Joy, Charlie Heaton, Alice Braga, Blu Hunt, Henry Zaga, Adam Beach, Thomas Kee, Colbi Gannett, Happy Anderson, Dustin Ceithamer


viernes, 21 de agosto de 2020

Un amigo extraordinario (Marielle Heller 2019)

He visto, de nuevo en soledad, otra de esas películas esperadas que la pandemia interrumpió para su distribución en España.
El filme está dirigido por la actriz, guionista y directora Marielle Heller, salida desde la factoría de Sundance, la creada por Robert Redford, que empieza a recoger cosecha de sus cursos y seminarios, becas, etc. además de la promoción de películas que buscan una orientación más hacia la realidad que el cine comercial habitual. La experiencia de Heller como directora es The Diary of a Teenage Girl (2015) (también guionista), ¿Podrás perdonarme algún día? (2018) (tres nominaciones a los Oscar y muchos premios) y varios capítulos de las series televisivas "Casual" y Transparent". Con este Un amigo extraordinario también ha conseguido abundantes nominaciones y premios, especialmente los que ha merecido el trabajo de Tom Hanks, que nos vuelve a regalar un personaje memorable.
Un amigo extraordinario es una película minimalista centrada sobre todo en el trabajo de los actores, encabezados por un Hanks soberbio, pero también por un trabajo excepcional de Mathew Rhys, contrapunto del de Hanks, con dos formas de actuación opuestas. Ambos actores ya trabajaron juntos en el filme de Stephen Spielberg Los papeles del Pentágono (2017), pero es en este filme, mucho más intimista frente al coral de Spielberg donde se puede apreciar el encuentro de ambos actores.
La directora, Marielle Heller
La película se basa en un artículo publicado a finales de los 90 y que significó la amistad entre el entrevistado, Fred Rogers o Mr. Rogers (Tom Hanks), un célebre presentador de un espacio televisivo infantil y un torturado periodista, Lloyd Vogel (Matthew Rhys) al que le encargan que le entreviste para un número sobre héroes americanos. La explicación de por qué juntar a dos seres tan distintos es sencilla y clara, según le explica su jefa a Vogel: es la única personalidad que ha aceptado ser entrevistado por él. Vogel arrastra una visión del mundo muy negativa, lastrado por el conflicto que mantiene con su padre desde que les abandono a su hermana y a él cuando su madre enfermó. El resentimiento hacia su padre, magistralmente interpretado por Chris Cooper, ha marcado toda su vida y ahora renace cuando vuelve a ella por la boda de su hermana.

Chris Cooper
La película desarrolla el encuentro entre el presentador, con su visión positiva de la vida, y el entrevistador con su carga de resentimiento y negatividad que le acaba hundiendo su vida. El juego del cambio de roles, con un Mr. Rogers indagando en la vida y sentimientos de su entrevistador, es parte esencial de la entrevista. Vogel irá descubriendo que Mr. Rogers es algo más que un presentador sonriente y afable. Hay un momento en la película en que Vogel queda sorprendido por los temas que trata Mr. Rogers en sus programas infantiles, del divorcio a la muerte. Su mensaje es claro: no hay que ocultar el mal del mundo, hay que vencerlo y eso requiere de una actitud específica. No hay que enseñar a los niños que los adultos pueden con todo, explica cuando da por buena una toma en la que ha sido incapaz de montar una tienda de campaña.
Una frase, que es todo un principio, se pone en boca de Mr. Rogers: " todo lo humano es formulable y todo lo que es formulable es manejable". Lo que se esconde en el interior y no sale a la superficie, acaba pasando factura. En este sentido, Mr. Rogers ejerce de auténtico terapeuta de su entrevistador.



La directora elige una puesta en escena muy especial, jugando con el valor de los espacios. Los exteriores son sustituidos por decorados de juguete creando un mundo extraño, distante de la realidad con la que mantiene semejanza y continuidad. De igual forma, el plató se convierte un espacio irreal, lejos del mundo cotidiano y sus problemas, que es el del periodista.  Ese "vecindario" que se nos muestra es una realidad extraña, mediada por las marionetas que Mr. Rogers maneja para expresar distintos personajes. Frente a ello están las secuencias realistas, el mundo en que vive Lloyd Vogel con sus problemas familiares que no ha logrado transformar. ¿Vive Mr. Rogers en un mundo real o es una fantasía distante en la que se refugia?


El filme traza una figura de Mr. Rogers que niega ser un santo o un héroe, que es como aparece a los ojos de los demás ("no arruines mi infancia", le dice su esposa a Vogel cuando se entera de que va a entrevistar a uno de sus personajes más queridos). 
Mr. Rogers ayuda a los demás con su capacidad de comprensión, pero el periodista que Vogel lleva dentro quiere ver lo que hay tras esa imagen bondadosa y controlada. Todos los que intervienen tienen sus debilidades, ¿qué pasa con Mr. Rogers? Magnífico el plano final que nos muestra el estudio apagándose y a Mr. Rogers, en su soledad, al piano.



La película es un filme positivo, sin caer en lo blando. Hay que aprender a gestionar lo que el mundo produce en nosotros para evitar convertirnos en nuestra peor versión. Hay varias escenas memorables, como la del vagón de metro cuando es reconocido Mr. Rogers por todos, o el encuentro de las tres generaciones en la soledad de la noche.
Los tres actores que dan vida a este conflicto sobre la paternidad crean un ambiente creíble en su densidad emocional. El conflicto con el padre, al que no se perdona mantiene atascada la propia vida de Vogel y es la aparición de esa nueva figura paterna positiva, la representada por Mr. Rogers, la que ayudará a superar es infancia mal digerida. Es interesante en la película la especificación del conflicto masculino frente al papel conciliador que las mujeres representan. Los egos masculinos parecen más complicados de reparar, lo que creo que es verdad.
De nuevo otro filme que se sitúa en las antípodas del heroísmo fantástico. No hay súper poderes para resolver el mal o el dolor del mundo, que está ahí, muchas veces causado por nosotros mismos. Existe la voluntad de ayudar, de ofrecer otra cara de nosotros mismos, que puede suponer un esfuerzo, pero finalmente puede imponerse esa idea del mundo como vecindario. Es una pena que la traducción del título original arruine la metáfora del "vecindario" y del "vecino" como quienes están próximos. El prójimo es el próximo, el que está a nuestro lado y al que podemos ayudar o hundir. Ayudar a otros es la mejor forma de ayudarnos a nosotros mismos. Eso es lo que entendió Mr. Rogers. Y es una gran verdad.
J.A.



Un amigo extraordinario (A Beautiful Day in the Neighborhood 2019)
Directora: Marielle Heller
Guionistas: Micah Fitzerman-Blue y Noah Harpster, sobre un artículo de Tom Junod
Intérpretes: Tom Hanks, Matthew Rhys, Chris Cooper, Susan Kelechi Watson, Maryann Plunkett, Enrico Colantoni, Wendy Makkena, Tammy Blanchard...




domingo, 9 de agosto de 2020

The Way Back (Gavin O'Connor 2020)


Este fin de semana he tenido ocasión de ir a los estrenos de dos películas diametralmente opuestas: una "basada en hechos reales" que resultaba imposible de creer y otra que nos ha sido contada mil veces de formas distintas, pero conseguía convertirse en creíble. Son las paradojas de la narrativa, cuya magia da coherencia a las historias o las deshace cuando se incumplen sus reglas sencillas, pero poderosas.
The Way Back se nos ofrece desde los medios con un aliciente morboso por los males adictivos pasados por su protagonista, el actor Ben Affleck, que se quiere que veamos reflejados en el drama que se nos presenta. 
No es necesario, eso es igualmente periférico; lo importante es la credibilidad que los actores son capaces de transmitir, no su pasado. Si los acores son capaces de canalizar su experiencia y transformarlas en vivencias del personaje en la historia, pues estupendo, pero no es esa la base, sino de nuevo la coherencia del personaje, la que se desprende de su propia evolución y vemos en la pantalla.
La historia de The Way Back se nos ha contado muchas veces en distintos tonos. Es la historia del que hundido por los males de la vida logra aparentemente superarlos a través de una actividad deportiva, el baloncesto, en este caso. 
Dio la casualidad que esta misma semana me montara en casa el "reestreno" de la película de 1992 "Ellas dan el golpe" (A League of Their Own, Penny Marshall), donde tenemos también a una vieja gloria del deporte, interpretada magistralmente por Tom Hanks, alcoholizada tras abandonar su carrera por una lesión causada precisamente por una caída durante una borrachera. Le sirvió a Marshall para hacer una memorable comedia sobre el valor comunal del deporte, en este caso el baseball, uno de los centros de la cultura norteamericana, y la reivindicación feminista. Pero, al igual que en este filme, no es el deporte el que cura, sino la capacidad de salir de uno mismo, dejar de ser egoísta y pensar en los demás.


La historia de The Way Back tiene la figura caída, la vieja gloria deportiva recordada por todos, pero cuyo presente es una mera sombra de lo que fue. Luego, la llamada del deporte. Pero conforme la película avanza vamos viendo que es algo más que el valor terapéutico del deporte lo que se nos está mostrando. Una vez más se nos muestra el grupo desastroso, el que necesita ser redimido y convertido en una comunidad que crea en sí misma. Aunque eso es el principio, no es suficiente para todos.
La inteligencia de la película está precisamente en su conocimiento del modelo narrativo que desarrolla. No es de extrañar, pues su director, Gavin O'Connor, ya tiene el precedente de Warrior (2011), en donde también el deporte —esta vez las artes marciales— le servían de fondo para un drama familiar entre un padre alcohólico y sus hijos.
The Way Back es un título con muchas interpretaciones, una vez vista la película, ya que puede ser interpretado como el regreso al mundo del baloncesto o el descenso hasta el centro del dolor, necesidad para la curación, un camino de enfrentamiento con uno mismo.


En una historia ya contada, lo importante son los detalles, que es lo que le da consistencia. Y la película está llena de estos detalles en los que los personajes secundarios ofrecen el reflejo o el contrapunto del personaje de Jack Cunningham, interpretado por Ben Affleck. No ha sido este actor uno de los favoritos de la crítica. Su estilo interpretativo seco, tanto para comedias, tragedias o acción, no ha contribuido a la valoración excesiva de su trabajo. Sin embargo, en esta película —quizá uno de sus mejores papeles— logra transmitir el drama interior y hacernos ver lo que no muestra a los que le rodean.
A esto contribuye en gran medida el tono dado por el director a la película, que es la unión de dos partes, la de la soledad autodestructiva y la de la comunidad en la que el personaje de Jack puede dar salida a lo que en otras circunstancias no quiere sacar a la luz.
La dirección muestra un buen ritmo en el montaje, una cierta voluntad de estilo, a la que la fotografía da unidad. El montaje nos muestra el mundo repetitivo, cerrado, del alcohólico frente al dinámico del deporte, dos escenario tratados de forma diferente para mostrarnos su vida doble, con un espacio intermedio, el bar.
La película se sigue con interés y logra equilibrar el mundo del personaje central con los otros personajes, de la familia y amigos a los miembros del equipo, pasando por el equipo compuesto por el segundo entrenador y el capellán.


La película recuerda la universalidad del drama unamuniano. de aquel capaz de ayudar a los demás pero al que le resulta imposible ayudarse a sí mismo. Quizá sea ahí donde comienza la redención, el camino de regreso, The Way Back. El regreso comienza con un acto de perdón, incluido el perdón propio.
La otra película, aquella basada en hechos verdaderos, se deshacía en su propia artificialidad, mientras que esta iba adquiriendo consistencia ante nuestros ojos conforme avanzábamos en ella. Es labor del guionista (Brad Ingelsby) y del director, de los actores darse cuenta de dónde nace la esencia de las historias. No se trata de parecerse a algo, sino de encontrar la coherencia página a página del guión, fotograma a fotograma.  No se imita la vida; se crea.
J.A.



The Way Back (2020)   
Director: Gavin O'Connor
Guionista: Brad Ingelsby
Intérpretes: Ben Affleck, Al Madrigal, Janina Gavankar, Michaela Watkins, Brandon Wilson, Will Ropp, Fernando Luis Vega, Charles Lott Jr., Melvin Gregg, Ben Irving, Jeremy Radin, John Aylward, Da'Vinchi, Matthew Glave, Nico David

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