sábado, 27 de junio de 2020

Bloodshot (2020)


La película era lo de menos. Lo importante era regresar a la sala, volver al cine de nuevo, las sensaciones de que no se había perdido.
La oferta en este primer fin de semana de reapertura eran los estrenos que se habían quedado en el tintero con el cierre, algunos de los estrenos de la temporada —Jojo Rabitt o Cuestión de Justicia— y algunos clásicos como Cazafantasmas, de Iván Reitman, Cinema  Paradiso, pasando por Wonder Woman, con Gal Gadot.
Muchas películas, poco espectadores. Yo estaba solo en la sala. No es la primera vez que ocurre, pero esta vez es diferente. En la crisis económica anterior, los cines se quedaron medio vacíos. Poco a poco se fueron llenando y estos últimos años ha habido un importante regreso. Los Marvel han tenido mucho que ver al llevar público adepto a este universo narrativo; también la animación ha tenido un papel importante y las versiones "re" animadas de los clásicos de Disney.
Pero esta vez era diferente. La primera alegría fue ayer al ver que el cine estaba abierto. Pero la más importante ver que estaban casi todos allí, que ninguno de los que estaban estos años quedaba fuera, tanto por el coronavirus como por sus secuelas económicas. Eso dice mucho. Hay muchas empresas de gatillo fácil.
Saqué la entrada y gaste la hora que faltaba en recorrer el supermercado en busca de cosas que me hacían falta y finalmente entré en la sala, a mis asientos en la fila de siempre.
Empezaron los anuncios comerciales y los tráileres de próximos estrenos, entre ellos Mulán, el remake de Disney del clásico de la cultura china. Por lo que se ve, pura épica.
Y comienza la película, que no sé muy bien de qué va. Pero me da igual.


Se trata de Bloodshot (2020), cuya fecha de estreno estaba prevista para marzo en España y que finalmente se ha estrenado, para evitar el desastre, en plataformas online antes del tiempo que suele ser habitual. Ahora la veo en pantalla grande y con el estupendo sonido Dolby Atmos de la sala.
La IMDB resume la película en una fórmula, " Bloodshell= Volverine + RoboCop x 'Memento'", lo cual no deja de ser ingenioso y no faltar del todo a la verdad. Se trata de una adaptación realizada por el debutante como director (solo contaba con un cortometraje anterior de una serie en 2019), Dave Wilson.
La trayectoria de Wilson es básicamente en los efectos visuales, en los que ha trabajado en "Los Vengadores: La era de Ultron" (2015), pero sobre todo es un especialista en videojuegos, de los que ha trabajado igualmente en los efectos visuales. Es, en este sentido, el director que la película parecía necesitar pues estos tienen un papel esencial en lo que la historia nos muestra. Los mejores momentos son aquellos en los que el director se luce y deja lucirse a su protagonista, Vin Diesel, que carece aquí de la "humanidad" simpática de un Toretto, aunque motivos no le faltan, como descubrirán los que la vean o que no descubrirán los fanáticos del cómics original, que apareció por primera vez en 1992, firmado por Kevin VanHook, Don Perlin y Bob Layton, publicado por Valiant Comics.


La lista en la IMDB del personal de "Efectos especiales" y de "efectos visuales" es una lista inmensa, lo que explica la elección de un director como Wilson, un experto en este campo, alguien que debe dialogar con ellos.
¿El género? Pues una mezcla entre thriller y ciencia ficción llegado desde un cómic, que parecen haberse convertido en los clásicos de la mitología contemporánea que es amplificada finalmente por el cine. Lo que fue el mundo clásico para la edición de la "gran cultura", lo son hoy los comics para la cultura popular, que actúa como un agujero negro absorbente de todos los fenómenos que se producen a su alrededor.
La película no pasará a la historia (pese a que parece dejar al equipo listo para acciones en el futuro). Es simplemente entretenida, aunque tampoco se convierte en pesada. La acción está bien llevada y para alguien, como yo que desconoce el material original, tiene giros (al menos alguno) narrativos que te van llevando. También contiene sus gotitas de reflexiones casi existenciales sobre la vida y lo inesperado, que en el contexto más bien físico en que se mueve apuntan elementos críticos.

Entre los actores, Guy Pearce da vida al villano y la mejicana Eiza Gonzalez tiene presencia en la pantalla en sus transiciones emocionales y en sus escenas de acción. Lamorne Morris le da el toque cómico al personaje en una película que debe reírse un poco de sí misma para funcionar.
El gran protagonista, sin duda, es el efecto especial que aquí —por la propia trama— podemos apreciar como parte de ese universo traidor de los sentidos. Tanto en esas escenas en las que se nos muestran un mundo "construido", como aquellas que aceptamos como "reales", los "efectos" contribuyen al espectáculo, que es lo que se busca.
La película era lo de menos. Pero no quería dejar de retomar estas sensaciones y contarlas. Especialmente en un contexto en el que muchos agoreros hacen ya el canto coronavírico a la muerte de las salas y dan la bienvenida al negocio de la emisión a través de las plataformas de pago.
Arte y sala, sala y arte, a los dos nos referimos como "cine". Ir al cine, ver el cine. Hoy estaba solo. Por un lado, la angustia de la salida a lo público se atenuaba; por otro, la soledad de la sala abruma, aunque se disipa cuando las luces se apagan y quedas en la oscuridad viendo la magia de la luz en la pantalla. El mundo exterior queda en suspenso.
J.A.



Bloodshot (2020)  
Director: David S.F. Wilson
Guionistas: Jeff Wadlow y Eric Heisserer
Intérpretes: Vin Diesel, Eiza González, Sam Heughan, Toby Kebbell, Talulah Riley, Lamorne Morris, Guy Pearce, Jóhannes Haukur Jóhannesson



viernes, 6 de marzo de 2020

Cuestión de justicia (2019)


 El gusto por los filmes que digan algo caracteriza las tres películas del director de origen hawaiano Destin Daniel Cretton (1978), del que se ha estrenado esta última semana el filme Cuestión de justicia (2019). Las dos primeras fueron Las vidas de Grace (2013) y El castillo de cristal (2017), ambas películas para pensar durante la proyección y dedicarle un buen rato a seguir haciéndolo, a ser posible el resto de la vida.
Cuestión de justicia es una película judicial, un subgénero norteamericano que tiene su razón de ser porque los agujeros del sistema son muchos, en especial en relación con las profundas desigualdades en el acceso a la justicia causadas por el racismo, en especial en el Sur de los Estados Unidos. La película transcurre en Alabama, estado al que llega un joven abogado afroamericano recién egresado de Harvard que decide ejercer en un bufete (una Iniciativa para la Justicia) para ayudar con asistencia legal en los casos en los que, al revisarlos, se dan cuenta de que los condenados han sido mal asesorados o, sencillamente, dejados a su suerte.
El descubrimiento de la flagrante injusticia aplicada sobre los negros, que son mandados al corredor de la muerte incluso antes de celebrarse el juicio, la asignación de abogados a los que nada les importa el caso, la manipulación de pruebas o la ignorancia de la exculpatorias, etc. supone un revulsivo de las conciencias, algo a lo que no escapa el espectador en su butaca.
Hay películas que cuentan historias y hay películas que cuentan la Historia. Cuestión de justicia es de estas últimas, basada en casos reales, con personajes reales cuyo destino se nos muestra desde la impotencia de ante un sistema cuyo único sentido es mantener a los afroamericanos al otro lado de la valla.


La película está ambientada en los años 80 y 90 y se sitúa espacialmente en Alabama, pero en un lugar muy simbólico: el pueblo de Monroeville, el lugar donde transcurre la famosa novela (Harper Lee) y película (Robert Mulligan), Matar un ruiseñor. Este dato es importante para el simbolismo de la propia película pues se muestra la distancia existente entre un pueblo que le ha dedicado un museo a Harper Lee y el pueblo real, que sigue practicando un brutal racismo treinta años después.
Como es sabido, Harper Lee solo escribió una obra, Matar un ruiseñor, basada en su infancia en el pueblo, con su padre abogado —Atticus Finch, interpretado por Gregory Peck— y durante un juicio contra un ciudadano negro. La historia del caso del juicio guarda muchos paralelismos con la propia obra de Lee. Aquella niña de entonces llegaría a ser fiscal. En 2015, un año antes de su muerte, se publicaría una novela que de alguna forma era el primer borrador de lo que sería más tarde Matar un ruiseñor, ganadora del Pulitzer.
La película nos cuenta una historia real, la del condenado a muerte Walter McMillian (Jamie Foxx), acusado de haber matado a una  mujer blanca y cuyo juicio ha sido un despropósito de arbitrariedades, falsas acusaciones y manipulación. Al pueblo llega Bryan Stevenson (Michael B. Jordan), un joven abogado que ha decidido revisar los casos del corredor de la muerte, que trabajará junto a una joven psicóloga, Eva Ansley (Brie Larson).


La película cuenta con una realización puesta al servicio de la historia —excelente guión del propio director, basado en la obra del propio Bryan Stevenson contando su historia— y de los actores, todos ellos magníficos en sus papeles. Foxx, no siempre ocurre, está aquí medido dando vida convincentemente al condenado, mostrando sus fases anímicas en función de las esperanzas y su propio sentimiento de culpa respecto a su familia. Realmente magnífico está Michael B. Jordan, que es capaz de transmitirnos su horror ante el espectáculo social de la injusticia que el racismo sostiene en el pueblo de Monroe. Brie Larson repite con el director, ya que era la protagonista de Las vidas de Grace. Su papel es más modesto pero lo cumple con enorme eficacia en las dos o tres escenas comedidas que tiene en el filme y con su presencia. Larson es una gran actriz, ganadora de todos los premios con su La habitación, una actriz capaz de todos los registros.
Hay que resaltar un papel en la película, el del preso acusador, Ralph Myers, con el actor Tim Blake Nelson, en una interpretación compleja, psicológica y físicamente. Es la pieza determinante en el juicio ya que sobre él se basaba la acusación. El actor sabe dar las transiciones de un personaje, mezcla de víctima y villano.
El guión trata de marcar los cambios en distintos personajes ante la evidencia de la injusticia cometida. La realización sabe darle el tono a los momentos, como en la secuencia de la ejecución de uno de los presos en el corredor de la muerte y su despedida por los compañeros, una magnífica interpretación del actor Rob Morgan.


Una película con un buen tono en todas su líneas y que tiene a su favor la voluntad de denuncia de un sistema injusto. El cine es muchas cosas, entre ellas la posibilidad de actuar sobre la realidad reflejándola. Si sirvió de algo la novela de Harper Lee y la película de Mulligan en los 60, esperemos que la película de Destin Daniel Cretton sirva también para sacudir las conciencias. Las buenas intenciones se olvidan pronto y la situación norteamericana, a vueltas con la presión del supremacismo blanco de la época Trump (y la post Obama) vuelve a requerir nuevos esfuerzos.
Cuestión de justicia es una reivindicación de lo obvio, de aquello que —como se nos dice— es lo que propio sistema promete, pero no cumple. No es nada extraño lo que se pide. Solo justicia.
J.A.


Cuestión de justicia (2010)    
Director: Destin Daniel Cretton
Guionistas: Destin Daniel Cretton y Andrew Lanham (guión) y Bryan Stevenson (libro)
Intérpretes: Jamie Foxx, Michael B. Jordan, Brie Larson, Charlie Pye Jr., Michael Harding, Christopher Wolfe, Michael B. Jordan, J. Alphonse Nicholson, Adam Boyer, Jacinte Blankenship, Bryan G. Stevenson, Brad Sanders, Charmin Lee...


domingo, 1 de marzo de 2020

El hombre invisible (Leigh Whannell 2020)


Lo interesante de los remakes es ver cómo se adaptan a sus propios tiempos. Estamos en otros tiempos y los temas viejos necesitan de labor de ajuste a las necesidades y nuevas formas de expresión. En la cultura, lo que no se recicla se pierde. "El hombre invisible" (2020), dirigida por el actor, guionista y director australiano Leigh Whannell es un ejemplo de reciclado a los nuevos tiempos. Esta es su tercera película y las tres han estado dentro del género de terror (Upgrade e Insidious 3)
En realidad, la estructura del "hombre invisible" es muy sencilla y así se ha solido presentar en adaptaciones anteriores, que nunca han dejado de faltar. Una versión sobre la invisibilidad la tuvimos en El hombre sin sombra (Hollow Man 2000), interpretada por Kevin Bacon y Elizabeth Sue, dirigidos por el holandés Paul Verhoeven. La película todavía se repone en nuestras televisiones. Ha sido la ciencia ficción lo que ha servido de cimiento, con sus toques de terror inquietantes, bajo la etiqueta del "científico loco", un Prometeo castigado por desafiar la lógica del mundo.
Sin embargo, esta nueva versión ha preferido dar un paso más y convertirse en una fábula, situando el centro no en la tecnología (el peligro de su descontrol), sino en los terrores que nos acosan todo los días. Con ello, de los peligros de la Ciencia descontrolada hemos pasado a los peligros del acoso y del maltrato y al no ser creída la víctima. El eje narrativo se desplaza así del inventor a su víctima, la esposa.


En las versiones tradicionales, el grupo era acosado por el compañero científico descarriado. Aquí la soledad es la principal enemiga de la persona a la que se ha aislado para su control.
Normalmente es ese aislamiento al que están sometidas las víctimas, una distancia social con los demás, lo que hace que sean difícil de creer las situaciones que cuentan dentro de la estrategia manipuladora que se le ha aplicado.
Leigh Whannell sabe aprovechar las buenas dotes de la protagonista, una estupenda Elisabeth Moss, capaz de pasar por los diferentes registros que le provocan las situaciones de acoso. Moss lleva el peso de la película ya que le toca sobrevivir como incomprendida en un mundo poco receptivo. Eso supone que pasa la mayor parte del tiempo desesperada, por decirlo así. Aunque estamos de su lado, percibimos en ella la paranoia que ven los que no la creen y cómo su soledad va aumentando.
La metáfora social es clara y no necesita de mucha explicación. Son las deformaciones morales del acosador, posesivo y narcisista, que castiga a sus propias víctimas. La idea de un narcisista invisible podría parecer descabellada, pero es la invisibilidad la que ofrece más poder y control sobre los demás. En este sentido, la fábula se sostiene.


Los demás actores, especialmente Oliver Jackson-Cohen y Michael Dorman, en su papel de hermanos, dan bien el inquietante registro que se les ha encomendado. Igualmente, la australiana Harriet Dyer, en el papel de la hermana de la protagonista, sabe reflejar todos los matices de la complicada relación entre ellas. Quizá la película hubiera ganado algo si en vez de preocuparse por discutir quién ha mandado un email, se centrara en los motivos psicológicos por lo que la hermana cree con tanto convencimiento que ha sido ella.
En este sentido, la película adolece de ciertos baches en los que se trata de desarrollar lo que ya lo está o no se desarrolla lo que se debería desarrollar. Quiza su metraje por encima de las dos horas podría haberse reducido en la parte final, lo que hubiera mejorado el ritmo y se habrían dejado algunas incongruencias fuera. 
Algunas reacciones son poco convincentes, más en los personajes que le rodean que en ella. No es tanto problema de los actores, que cumplen, sino un problema de guión, de cómo se han escrito sus escenas. Por muy fantástica que sea una película, la congruencia es necesaria.


Como adaptación de una obra de H.G. Wells sobradamente conocida, la película introduce esas interesante innovaciones que la revitalizan, por un lado, pero que la distancian de su origen, por otro. La "invisibilidad" posee una serie de connotaciones que se ajustan bien a la fábula. Es ahí donde hay que insistir para conducirla hacia su finalidad crítica. La fábula siempre tiene una intención moral y en esta los espectadores tendrán que decidir al final sobre su propia "moraleja".
La producción de la película es mezcla de Australia, Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. Cada vez hay más que unen esfuerzos para aprovechar los talentos repartidos.
J.A.


El hombre invisible (2020)   
Director: Leigh Whannell
Guionistas: Leigh Whannel, H.G. Wells (novela)
Intérpretes: Elisabeth Moss, Oliver Jackson-Cohen, Harriet Dyer, Aldis Hodge, Storm Reid, Michael Dorman

domingo, 23 de febrero de 2020

Manhattan sin salida (21 bridges 2019)

Manhattan sin salida es lo que se llamaba antes una película de serie B, es decir, una película bien hecha alejada de las líneas de fuerza de los presupuestos de promoción. Hay muchas películas de serie B que han resistido el paso del tiempo mejor que muchos de los éxitos del momento, que cayeron en el olvido al pasar la moda o el interés por alguno de sus protagonistas.
Manhattan sin salida es un sólido thriller en la línea de las películas contrarreloj, es decir, aquellas que condensan el tiempo de la acción al máximo con lo que esta se acelera. Su título inglés es precisamente 21 bridges, que son los que deben existir en la isla de Manhattan, convertida en espacio cerrado, que va siendo cada vez más reducido hasta acorralar a los criminales a los que se persigue.
Tiempo reducido, espacio menguante y acción, mucha acción. La película sabe equilibrar estos factores, que se combinan además con los caracteres de la psicología de los personajes, típica de este tipo de filmes.
El director de este thriller clásico es el irlandés Brian Kirk en su debut en la pantalla grande. Ahora que muchos se pasan a la Televisión, Kirk da el salto al cine. Su historial televisivo es magnífico, con dirección de episodios en series grandes, como Juego de Tronos, Luther, Dexter, Boardwalk Empire, Los Tudor, La ley de Murphy, Father and Son, o Penny Dreadfull entre otras. Es un largo entrenamiento de casi 20 años (dirigió su primer episodio de serie en 2001) hasta llegar a la gran pantalla.


La historia es del actor, director y guionista Adam Mervis, que participa en el guión. Como es propio en un thriller de estas características, de "cine negro" clásico, la historia debe ser crítica con el poder y destilar ambigüedad moral que haga sacudirse las conciencias en los dilemas que se presentan.
Los actores son otra baza fuerte, con un estupendo Chadwick Boseman —Black Panther en el universo Marvel— como protagonista, con un personaje tipo en estas películas, claramente inclinadas hacia el género. No se busca la originalidad sino la eficacia en los tipos y Boseman lo encarna con convencimiento. La actriz Sienna Miller abandona el registro anterior, plenamente dramático, de American Woman (2018) y su papel en la serie televisiva La voz más alta (2019), sobre los aspectos más oscuros de la cadena FoxNews. Aquí interpreta un personaje bien construido, la agente de narcóticos que acompañará a Boseman a lo largo de la investigación.
El canadiense Taylor Kitsch cumple perfectamente con su papel, dándole la intensidad fría del criminal profesional. Su compañero es interpretado por otro canadiense, Stephan James, creando un buen contrapeso a su compañero de crímenes. De esta forma, la película se monta sobre dos pares de personajes con visiones de la vida diferentes y en conflicto. Eso hace cada momento tenga una doble tensión, la persecución y el debate moral que implica.
Siempre eficaz J.K. Simmons, en su papel de jefe de Policía.


La película es sobre todo acción y acción bien llevada tanto desde la dirección como desde un montaje ajustado en el que los choques son el eje central del filme. A ello contribuye una magnífica fotografía nocturna que nos muestra una ciudad oscura, un Manhattan aislado a la espera del amanecer.

La combinación de persecuciones en coche, a pie por las calles, en el metro o por el interior de edificios más o menos angostos es uno de los ingredientes fuertes de la película, que es completamente honesta en su sencillez narrativa y complejidad técnica. Como en la persecución, vamos pasando de escenarios más amplios a otros que llegan a ser claustrofóbicos en una bien graduada reducción del espacio. La cámara se mueve con eficacia por todos estos escenarios.
A la creación de este clima de persecución, con cambios de perspectiva de perseguidores y perseguidos, además de la fotografía y el montaje, contribuye una buena banda sonora, que acompaña tanto la acción como el movimiento dramático de los personajes en la pantalla.
El comentario de una pareja al salir del cine resume lo que esta película de género provoca: "muy entretenida". Hemos visto muchas veces estas situaciones, estos personajes... pero ese el sentido del cine de género, construye nuevas variaciones eficaces. No se trata de dar muchas sorpresas sino sostenerse sobre la solidez de las historias y los actores. A veces no se trata de ser muy original, sino de aprender bien del legado. Y creo que Brian Kirk lo ha hecho. Por eso le bastan unas pinceladas para crear los personajes, que se sostienen sobre los tipos del género. No hace falta mucho más cuando se camina sobre senderos sólidos, probados en el tiempo.
J.A.


Manhattan sin salida (21 bridges 2019)
Director: Brian Kirk
Guionistas: Adam Mervis (guión e historia) y Matthew Michael Carnahan
Intérpretes: Chadwick Boseman, Sienna Miller, J.K. Simmons, Stephan James, Taylor Kitsch, Keith David, Alexander Siddig, Louis Cancelmi...

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