lunes, 30 de diciembre de 2019

Cats (2019)


Fui a ver Cats  (Tom Hopper 2019) como el que lanza a la piscina con la advertencia previa de ya de que no hay agua. Fui por la curiosidad de saber porqué ha desatado la mayor reacción en contra de los últimos tiempos, de críticos a usuarios. Por una cosa o por otra, a nadie le ha gustado Cats. Tiene la puntuación más baja que recuerdo haber visto en la IMDB y en el mundo hay películas muy, muy malas.
Los lectores de este blog saben ya que no me gusta despellejar películas. Si no me gustan, sin más no pierdo tiempo en añadir más tiempo perdido escribiendo sobre ella. Lo que para algunos constituye un placer, para mí constituye una tarea insufrible y va en contra de mi propia naturaleza. Si no me gusta, como tantas otras cosas en la vida, prefiero asumirlas como propios. Por eso me ha llamado la atención esta tremenda unanimidad sobre una película que tenía todo a su favor, de un director premiado a una lista de artistas talentosos, y una historia exitosa sobre los escenarios. ¿Por qué es tan malo, pues, Cats? O, si se prefiere, ¿por qué no nos gusta?
En críticas escritas en este espacio he mostrado los aspectos más positivos de películas que no habían recibido mucha atención crítica y pocos espectadores. Recuerdo el caso de Midsommar (Ari Aster 2019), con la sala vacía y nula publicidad. Hoy está entre las listas internacionales de "lo mejor del año". Es frecuente que esto ocurra, que muchas películas de interés pasen desapercibidas. Por ello es menos frecuente que hasta la misma productora (hay titulares diciendo que la retiran de la "carrera de los Oscar") haga gestos de lo mismo. Me imagino incluso, que las presentaciones que se están escribiendo ya para los premios de este año, incluirán todas comentarios jocosos sobre los gatos, gatos negros, mala suerte, etc. Es el precio de la atención excesiva, la que ha logrado la unanimidad que habla de forma natural del "desastre" de Cats o titulares como "Un engendro en el tejado" (El País), "La PEOR película del Año" (La Zona Cero), " Is it a cat-astrophe?" (BBC), "The First Reviews of Cats Are, Well, A Catastrophe" (FuzzFeed).


¿Qué pasa, entonces, con una película que era una apuesta fuerte de éxito y que incluso fue sometida a una reconstrucción antes de su estreno para evitar lo peor? Pero ¿qué era peor que este resultado de público y crítica? Comentando con la gente del cine antes de entrar, me dijeron que había gente que abandonaba la película. No se produjo en mi pase, pero éramos tan pocos...
Creo que interesante saber por qué —al menos preguntarse— cuál ha sido el fracaso de Cats, la "cat-astrofe" de esta película porque sirve de algo aprender de los errores de este tipo. ¿Por qué si "Todos los perros van al cielo" (All The Dogs Go to Heaven, Don Bluth 1989), los gatos no pueden hacerlo?
En primer lugar, creo que hay que salvar a los actores. No es en ellos donde está el problema. Han hecho lo que les han dicho. Lo mejor de la película son ellos y, por encima de todos, esas dos glorias vivientes que son Dame Judi Dench (cuando aparece le sobra la piel, con la mirada es suficiente) y  Sir Ian McKellen (precioso su número). El trabajo de ambos actores, creo, es un indicador de por qué Cats no funciona. Podemos echarle, como algunos hacen, la culpa a la extraña caracterización de los actores como gatos, pero el cine ha sobrevivido a cosas peores. Quizá deberían haber salido con disfraces más tipo el "león" en El Mago de Oz, en opinión de algunos, pero no creo que esto sea el problema.


El problema de Cats es Cats. ¿Por qué no funciona el musical que ha batido todos los récords de premios y permanencia en los escenarios por todo el mundo? Creo que en la pregunta está la respuesta. Creo que Cats es la culminación de un movimiento que empezó hace algunas décadas de teatralización del musical cinematográfico.
Por más que el teatro musical haya ofrecido magníficas ocasiones para crear grandes musicales, el mayor problema se lo plantearon aquellos que se dieron cuenta que no es lo mismo un escenario teatral que una pantalla. Y hubo un tiempo en que esto estaba claro, muy claro. Si pensamos en un filme como West Side Story, uno de los grandes musicales de la historia del cine, tuvo que hacerse sobre una historia representada en los escenarios que representaba un barrio de Nueva York. Cuando se rodó la película, hubo que ir a las calles de Nueva York para restituirle lo que la estilización teatral había recreado. Es decir, tuvo que volverse a la naturalidad que el cine reclama por muy artificial que la propuesta sea. Puede que no esté muy claro qué es el lenguaje cinematográfico en forma abstracta, pero sí está clarísimo que no es el teatral. Y Cats es plenamente teatral. Es algo que a quien está sentado en una butaca de un teatro no le extraña, pero sí a quien lo ve en una sala de cine. Hay momentos en que intenta luchar contra su propia teatralidad, pero no consigue vencer ni convencer.
Su estructura narrativa (o la ausencia de la misma) es teatral. ¿Por qué? Hace tiempo que las artes del espectáculo se han empezado a pensar en términos de un marketing que crea franquicias. Una película es el envoltorio para llevar a la gente a las salas de teatro que es donde se va a hacer el negocio, además (en su caso) del correspondiente merchandising. Para eso se necesita que se establezca una interacción entre el espectáculo teatral y la película que se va a encontrar después y viceversa, el espectador que va al teatro debe reconocer la obra sobre el escenario y reconocerla en la pantalla. Se trata de crear una estructura válida para las dos obras. Pero no siempre funciona. 
Si pensamos en musicales como "Chicago" o "Nine", hacía explícito en la pantalla su montaje teatral. En unos casos ha funcionado mejor que en otros (en Chicago había una buena historia). La propia estructura de los musicales, cerrada por letra y música y la coreografía, ha contribuido a que se hiciera más complicada su libertad creativa fílmica. Se trataba de "fotografiar" un mundo teatral (como en el caso de la también fallida "Into the Woods"). El musical que mejor resolvió el problema del respeto coreográfico y su integración al lenguaje visual fue West Side Story, que la sacó a la calle naturalizándola.


Esta reducción del cine a filmar el teatro hace que en un caso como Cats se derrumbe porque Cats es una película sin apenas argumento.  Sobre un escenario esto no impide el disfrute de los números. Pero la pantalla es otra cosa, otro lenguaje, se necesita una historia. 
El cine es un medio narrativo y aquí apenas hay nada que contar más que una jerga mal explicada (los "jélicos", palabra repetida unos cuantos cientos de veces sin que lleguemos a saber de qué se trata realmente). Se nos queda finalmente en un compendio de... ¡teología para gatos!
El terrible final con las estatuas londinenses es representativo de lo ocurrido en el proceso. Nos damos cuenta que hemos asistido a un despropósito en el que el problema no ha sido hacer una película, algo sobre una historia. Comprobamos que lo espectacular de un escenario, un vestuario, una música, unos bailes... no son nada si no se acepta la naturaleza del medio, su lenguaje, sus propias leyes. Un número tras otro no crean una historia
Las peripecias que aquí se nos muestran son mínimas y más bien tontas. Bajo esto no hay nada que sostenga la película y como tal fracasa. Recordemos que Eliot solo escribió una rimas divertidas para niños, sin pretensión de historia alguna. 
Los que quisieron crear un espectáculo con ello lo hicieron levemente, a sabiendas de que el espectáculo teatral (como enseñan las "variedades" musicales) no necesitan estructura, si se piensa en "números" sucesivos. Pero eso es demasiado débil para una película que requiere una narración que la vertebre.
En tu recuerdo queda apenas nada, unas cuentas frases sobre la felicidad y consejos simbólicos, de dudoso cumplimiento, sobre cómo tratar a los gatos. Demasiadas metáforas y poca limonada.


Cuando hicimos la reseña de Mascotas 2 (no es una ironía) dijimos que la historia está por encima de los personajes, que se deben subir a ella. Dijimos entonces que la primera parte era ingeniosa, pero que la película avanzaba como tal cuando estos personajes ingeniosos se integraban en una historia común, en algo nos hacía interesarnos por ellos. En Cats se ve el ejemplo claro de las consecuencias de no seguir este principio básico. Un personaje tras otro caminando sin sentido, contando su propia experiencia, pero incapaces de ir más allá. Con cada número nos preguntamos, ¿qué sentido tiene si no hay conjunto? Eso se nos ofrece, un conjunto de piezas sin sensación de totalidad y menos de forma. Eso se paga.
Sobreviví a Cats por la curiosidad. No la que mató al gato, sino la que lo trajo al mundo de las pantallas de forma tan desajustada. La pregunta ahora es importante: ¿habrá servido para algo? No es trivial ni casual lo que ha sucedido. Vivimos en un momento en el que todo se convierte en musical (lo último, creo, la película Ghost). 


La crisis de inventiva y de taquilla del teatro ha hecho que el musical se convierta en el medio más conservador frente al teatro de "vanguardia". Todo se nos ha llenado de musicales desde hace más de una década, hasta las canciones de Mecano o Abba se convierten en musicales de éxito. Pero se están apretando demasiado las tuercas desde el teatro mismo. Ya no se piensa en el teatro, sino en ampliar el público extendiendo el espectáculo a través del cine por todo el mundo para volver a llenar las salas. Pero, como vemos, no es tan sencillo ni todo funciona. 
La publicidad negativa alcanzada mundialmente por la película hará pensar un poco. Mientras tanto se siguen buscando culpables para responsabilizar del fracaso de lo que se presumía era un éxito cantado. ¿Qué podía fallar? Paradojas gatunas.
J.A.


Cats (2019)  
Director: Tom Hooper
Guión/composición: T.S. Eliot (basado en "Old Possum's Books of Practical Cats"), Lee Hall y Tom Hooper (guión) y Andrew Lloyd Webber (compositor)
Intérpretes: Francesca Hayward, Taylor Swift, Laurie Davidson, Robbie Fairchild, Idris Elba, James Corden, Rebel Wilson, Judi Dench, Jennifer Hudson, Mette Towley, Ian McKellen, Naoimh Morgan, Jason Derulo, Ray Winstone, Laurent Bourgeois, Steven McRae, Danny Collins, Larry Bourgeois, Daniela Norman...

viernes, 27 de diciembre de 2019

Mujercitas (2019)


Hay películas a las que no se puede llamar remakes. Mujercitas (Greta Gerwig 2019) es una película original en muchos aspectos y que, pienso, quiere ir más allá de repetir lo dicho, aunque sea de forma diferente.
Lo que se nos muestra en pantalla es la fuerza de una obra literaria que tradicionalmente ha sido considerada una obra menor, por femenina, en un mundo de crítica masculina. Ya el título parece una ofensa pues la mujer, en esos momentos, no pasaba de ser una menor de edad eterna cuya finalidad era el matrimonio. Como se nos explica bien en la película, solo la mujer que tuviera una renta propia podía aspirar a liberarse de su destino natural, el matrimonio.
La historia de la familia Marsh y sus relaciones es conocida ya por los espectadores. Lo interesante de la obra de Louisa May Alcott es cómo ha dejado de ser un libro "femenino" para romper el cerco e ir más allá de una "independiente" Jo. La forma en que el sistema condenaba las obras que podía subvertirlo eran reducir a la "literatura juvenil" y, peor todavía, "Literatura femenina juvenil". 
Quizá sea necesaria una versión como la de Greta Gerwig, directora y guionista, directa al grano, para que deje de ser femenina (siempre esto ha tenido un sentido negativo en el arte) y se convierta en otra cosa (feminista también ha tenido un sentido negativo en el arte).


Quisiera hacer un paralelismo que a algunos les parecerá extraño, pero es lo que ha llegado a mi mente. Me refiero a otra directora con una primera película reveladora e independiente, como ocurre con Ladybird, la primera película de Gerwig, y una segunda de ambiente victoriano, como es Mujercitas. La directora que tengo en mente es Haifaa Al-Mansour y sus dos primera películas, La bicicleta verde (Wadjda, 2012) y la película Mary Shelley (2017). También vemos en ella una primera película muy personal, actual en el tiempo, y una siguiente película en la que regresan al siglo XIX a obras o situaciones en las que se muestra a mujeres luchando por su espacio y por modificar su función, ambas con el deseo de ser artistas, como ocurre con Mary Shelley y con Jo Marsh, en Mujercitas. No pretendo ir en el paralelismo mucho más allá, pero creo que no es coincidencia que a un primer texto cinematográfico con carácter más personalizado en ambas directoras, haya un descenso a las raíces más clásicas, a los modelos revertidos hacia una lectura femenina de lo que había sido alienado o reducido. Las directoras son distintas, pero hay en ellas ese deseo de representar a su manera algo que lo ha sido de otra.


Mujercitas, no podía ser de otra forma, se construye sobre la capacidad de los actores de ser creíbles como personajes. También aquí la tradición pesa, pero debemos decir que es uno de los aspectos más importantes de esta nueva versión. La selección de actrices que ha hecho Gerwig es de una fuerza explosiva, con la siempre vibrante Saoirse Ronan —una actriz con una fuerza expresiva arrolladora—, pero con un reparto femenino apabullante, con Merryl Streep y Laura Dern como veteranas. La elección de las actrices es clave en este filme pues se tiene que percibir entre ellas esos lazos y tensiones de una comunidad poco abierta al exterior, sus diferencias y sus similitudes, lo que les es propio y lo que obligación de comportamiento. El reparto femenino ha sido cuidadosamente seleccionado con actrices jóvenes pero de gran experiencia en papeles muy diversos, la más veterana quizá Emma Watson, pero también unas enormes actrices la británica Florence Pugh (tras su vibrante papel en la terrorífica Midsommar y el anterior en Lady Macbeth) y la australiana Eliza Scanlen (de la exitosa serie Sharp Objets, junto a Amy Adams). En el reparto masculino destaca el personaje sobre el que se centra parte de la historia, el decadente "Laurie", encarnado por Timothée Chalamet que le da forma adecuada y expresiva a su vaciedad y deseo. Una de las mejores escenas de la película es su diálogo de declaración  con Saoirse Ronan o la escena del baile en el exterior de la casa. Da la réplica a todas las actrices con las que tiene escenas en un papel difícil de sostener ante unas intérpretes brillantes. Un acierto para ese papel, como lo son los demás actores con papeles más limitados pero eficaces para el conjunto (Kob Odenkirk, Tracy Letts, James Norton). Estupendo Chris Cooper transmitiendo la emoción de la pérdida de la hija primero y de la pianista Beth, que llenó de notas y recuerdos una casa vacía.


Brillante, como siempre, Merryl Streep en el papel de la tía, al que dota del enfado justo al personaje. Su aparición convierte a la película en un desfile generacional, junto a Laura Dern, de actrices.
Dos aspectos, tras los actores, resaltan en la película. El primero es el guión. Frente a una historia lineal, Greta Gerwig se ha decidido por mostrar un puzzle que se va construyendo a lo largo de la película. Hay que distinguir las escenas del montaje final de la estructura que le ha dado al filme. La escritura del guión es buena en sí misma, dando a los personajes la capacidad de desarrollar su potencial a través de palabra, gesto y situación. La escena de la negociación con el editor sitúa el conjunto en la ápoca y en lo duro del sueño de Jo, pero también que ese sueño se hará realidad. Greta Gerwig logra hacer que la negociación de un copyright se convierta en símbolo del arte femenino, de su liberación y rechazo de la dependencia.
Me gustaría resaltar un último aspecto, la iluminación. Creo que es fundamental y un acierto la fotografía para poder percibir ese mundo sin luz eléctrica, iluminado con velas, de gente próxima a las ventanas para recoger la luz del exterior. El papel de las ventanas es importante en la película como lo era en la época, según podemos apreciar en obras desde Madame Bovary, siempre en su ventana leyendo y mirando, o a esta Jo mirando y aprovechando la luz del día para escribir. Es la mejor forma de transmitir el encierro que suponía vivir. El deseo de viajar —a ver a los vecinos, a la ciudad, a Europa...— era algo que se podían permitir pocos o a lo que se veían obligados por necesidad.


En ese sentido, el guión y la fotografía contribuyen a que comprendamos lo que era el encierro aburrido, construido por pequeñas cosas a falta de grandes, donde el desarrollo del arte era una alternativa a dejar de sentir el paso del tiempo, especialmente para la mujeres, convertidas en seres que esperan... la llegada de algo distinto, lo que sea, lo que las saque de esos encierros en los que viven, mejor o peor, peros siempre teniendo que inventarse un mundo alternativo para superar el aburrimiento. El dibujo, el piano, escribir... formas de matar el tiempo con la aspiración que se pueda destacar en ellas y salir de allí. El filme refleja bien esa frustración de no lograrlo en la mayoría de los personajes. Solo Jo y su "libro", gracias a su fe en ella misma lo lograrán.
La película merece verse con detenimiento y es un ejercicio fino, de detalles interpretativos, estilísticos, que nos permiten confirmar a un grupos de buenas actrices de las que hay que esperar muchos buenos momentos y a una buena directora cuyo cine es valiente e imaginativo, capaz de dar el salto de una película modesta como Ladybird a esta Mujercitas sacando lo mejor de lo más granado del cine del momento.
No es necesario comparar esta versión de Mujercitas con las anteriores. Es sencillamente una versión de hoy, que es para lo que se reactualizan los textos. Tiene sentido hoy, aquí para nosotros. Y eso ya es dar mucho.
J.A.



Mujercitas (Little Women 2019)  
Directora: Greta Gerwig
Guión: Greta Gerwig
Intérpretes: Saoirse Ronan, Emma Watson, Florence Pugh, Eliza Scanlen, Laura Dern, Timothée Chalamet, Tracy Letts, Bob Odenkirk, James Norton, Louis Garrel, Jayne Houdyshell, Chris Cooper, Meryl Streep

sábado, 21 de diciembre de 2019

Star Wars: El ascenso de Skywalker (2019)


Creo que uno de los grandes aciertos para el final de Star Wars ha sido el fichaje de J.J. Abrams. En una noticia de El diario El País, fechada el 13 de septiembre de 2018, se anuncia el despido del director previstos anteriormente y la recuperación de Abrams para la última entrega, dirección y parte en el guión. Y así ha sido. Abrams ha mostrado ya su conexión con este tipo de obras que son parte de su crecimiento y de su estilo narrativo.
Era lógico que el cierre de la serie que empezó en 1977 tuviera sus discusiones sobre cómo terminar una historia que al final unía el destino las galaxias con los genes familiares. No se trata de otra cosa de que de líos de familia, pero eso es la base de las narraciones del teatro griego hasta hoy. Desde el principio se nos hablaba de caballeros e imperios, de luchas por hacerse con los tronos, de hijos descarriados y de bastardos en la sombra, del bien y del mal. La Guerra de las Galaxias nunca fue ciencia-ficción, sino épica-espacial, un espacio muy peculiar, en el que —como en esta entrega— se puede cabalgar a lomos de cuadrúpedos, casi caballos, sobre el casco de las naves, pero ¿a quién le importa eso?
Para esta entrega final, se ha creado un gran espectáculo visual con una estética bien diseñada, grandiosa en algunos momentos. Se combinan lo operístico con lo emocional, los grandes movimientos escénicos con los detalles de las emociones que estallan.
Es la película, literalmente, más oscura de la saga. Esa oscuridad sirve para desarrollar una iluminación que intensifica el dramatismo de las secuencias y, sobre todo, el fondo de los personajes en busca de su identidad.


La mayor parte discurre en escenarios oscuros y solo una pequeña parte en escenarios abiertos (la jungla, el desierto...). La acción es trepidante y, como ya es habitual, desde el comienzo mismo nos encontramos en medio de una persecución. Las persecuciones y las batallas o combates en que terminan son parte de la esencia misma de la película, más en su cierre. Quizá haya que decir que desde su mismo inicio, pues el "Wars" es el que define el espacio en el que nos encontramos. Rebeliones, dominaciones son el fondo global de la saga. Esa es la superficie. En el fondo, los dramas de la identidad, los conflictos de ambiciones y lealtades.
Además del acierto de la dirección de Abrams para mí el gran éxito de esta parte final de la saga es haber sabido encontrar a dos actores capaces de darle la profundidad que se necesitaba para hacer convincentes sus intervenciones. Me refiero a Daisy Ridle (Rey) y Adam Driver (Kylo Ren). No era fácil encontrar unos actores jóvenes capaces de arrastrar y de sobrevivir a la historia que les pisaba los talones, la de los doblemente míticos personajes que hacen el grupo de los mayores, de la malograda Carrie Fisher, cuya vida y muerte podemos seguir a través de la saga; Mark Hamill y, sobre todo, Harrison Ford, el actor que ha sido el centro del cine de aventuras.
Los últimos episodios se han sostenido en gran medida gracias al carisma radiante de Daisy Ridley y un actor capaz de hacer de cualquier cosa, Adam Driver, de lo mejor de su generación, convincente siempre, transmitiendo las contradicciones internas de Kylo Ren. Al final, las buenas historias se resuelven en conflictos internos, que al fin y al cabo es lo que representan desde el inicio la "fuerza" y su "lado oscuro".


Hay magníficas escenas en la película, sobre todo desde su aspecto plástico. Me gusta la enorme diferencia de tamaño de los personajes con las que se juega en diversos momentos. Pasamos de primeros planos dramáticos a unos enormes planos generales, oscuridades rotas por el rayo, por franjas de luz, por destellos, en la que los personajes apenas son perceptibles en pantalla. Se escenifican así el poder del destino y la lucha para escapar de él. Es la base de la tragedia, la maldición del nacimiento, la superación de la atracción del abismo.
Esa intensidad es la que deja en lugar aspectos más flojos en las otras tramas que quedan reducidas a batallar sin descanso y a tratar de lograr un imposible protagonismo. El centro está copado por el drama de los protagonistas hacia el que la historia nos ha ido llevando.
Como en las viejas obras tradicionales, el secreto del nacimiento es lo que explica las angustias, las llamadas y los sentimientos incomprensibles que atenazan a los personajes. Con el paso del tiempo, la saga fue adentrándose más en las mentes y sus oscuridades, en las contradicciones humanas.
Es indudable que lo que nació de la mente de George Lucas en los 70 marcó una parte de la Historia del cine y a sus espectadores. Ha sido una educación visual y narrativa en la que se rompieron los límites de las películas para explorar galaxias emocionales y de consumo. Cine arte y cine espectáculo de la mano.


Me he divertido y emocionado viendo la película. Hay algo de ella que ha quedado en nuestras vidas, al menos de dos generaciones, que nos emociona ya cuando escuchamos las primeras notas de la música de John Williams. Es una reacción emocional, incontrolada, una señal que reaviva los sueños galácticos, el tiempo pasado que vuelve a nosotros.
Hay películas que debemos evaluar con otros parámetros. Star Wars es un caso único y solo debemos dejarnos arrastrar por las corrientes que nos llevaron hasta este final. Este episodio IX es un final con gran orquestación, en el que las emociones desplazan a los detalles, hasta llegar a esa Rey, La Chatarrera, jugando a deslizarse en la arena recuperando una infancia que nunca tuvo.
J.A. 


Star Wars Episodio IX: El ascenso de Skywalker (2019)
Director: J.J. Abrams
Guionistas: J. J. Abrams, Chris Terrio
Intérpretes: Carrie Fisher, Mark Hamill, Adam Driver, Daisy Ridley, John Boyega, Oscar Isaac, Anthony Daniels, Naomi Ackie, Domhnall Gleeson, Richard E. Grant, Lupita Nyong'o, Keri Russell, Joonas Suotamo, Kelly Marie Tran, Ian McDiarmid, Billy Dee Williams

sábado, 7 de diciembre de 2019

La gran mentira (2019)


Los cimientos de una película sólida son un buen guión, unos actores que no lo pifien y un director que no perjudique a todo lo anterior. En este sentido, Bill Condon, el director, es el encargado de que un buen guión y unos buenos actores sean envueltos para un regalo a los espectadores. Lo consigue a través de una puesta en escena que dirige nuestra atención hacia el escenario ocupado por las figuras. No estamos ante una película de "divos", por el contrario, nos encontramos ante una película compacta, bien construida. 
Podemos enfrentarnos a La gran mentira como una comedia, un drama o como a un encuentro entre dos grandes actores, lo que no es más que recordar algo obvio. Es comedia y es drama en cada uno de sus diferentes momentos, pues el filme se transforma cuando se transforma su trama y con ella se transforman sus intérpretes.
Nada es lo que parece ni tiene porque serlo. Cada nivel es creíble gracias a la normalidad con la que se mantiene la duplicidad, lo que ellos ven y lo que nosotros creemos que sabemos de ellos. Todo es una gran mentira, como se nos anuncia desde el título. La mentira que comienza con las citas por Internet va adquiriendo nuevas capas que ganan en profundidad y dramatismo hasta llegar a la desnudez de las propias vidas.
Helen Mirren y Ian McKellen son dos soberbios actores que hacen desvanecerse la idea de que no se escriben historias para la gente de más de 50 años. Es una queja sin fundamento cuando vemos a Mirren haciendo papeles de reina o de espía y a McKellen papeles que van de Magneto a Sherlock Holmes. Pero Helen Mirren y Ian McKellen, que pasan sobradamente los 50, son Mirren y McKellen, dos grandes monstruos (como se decía cuando no estaban de moda las películas de monstruos) de la interpretación. Aquí lo demuestran por su variedad de registros y capacidad de construir conjuntamente. No hay duelo, sino comprenetración.


No importa lo rocambolesca que pueda ser la historia. Lo importante es que son ellos quienes realizan la danza interpretativa en cada momento ante nuestros ojos. Y lo que realizan en la pantalla es la mentira, la doble mentira y la triple mentira. Nadie es como parece porque probablemente hay algún momento en la vida en que perdemos el rumbo y tenemos que inventarnos. Ellos lo hicieron, una y otra vez dando sentido a sus vidas o perdiéndolo por el camino. Este aspecto es el que les diferencia y determina sus finales, muy gráficamente representados al final con una enorme ironía.
No son los únicos buenos actores de la película. Los secundarios son también excelentes y dan su credibilidad a sus propias mentiras dentro del engaño, centro de sus vidas y de la película.
La ambientación era importante pues los espacios son las prolongaciones de los personajes, es decir, una forma más de engaño, como vamos comprendiendo. Cada uno de ellos ha fabricado su ser y su estar para que las historias sean convincentes.
En una película que se estrenó la semana anterior, a la que no le dimos reseña, un policial de comedia con muchísimas estrellas, Puñales por la espalda (Rian Johnson 2019), todo el mundo engañaba en un universo digno de Agatha Christie (por no decir inspirado en las novelas de Poirot), por lo que el tono acababa siendo de comedia. Aquí, el proceso es el inverso, no nos preguntamos quién es el asesino, sino cuál es el crimen. No se extiende el mundo a través de los personajes, sino que esté se va concentrado (como una salsa) sometida al calentamiento dramático.


Magnífica la música, desde el mismísimo principio, de Carter Burwell, y buena fotografía de Tobias A. Schliessler, en un filme sólido en su acabado.
Una película que habrá que esperar a que se nos ofrezca en su versión original para apreciar el trabajo meticuloso de tan enormes actores.
J.A.



La gran mentira (2019)   
Director: Bill Condon
Guión: Jeffrey Hatcher (guión), Nicholas Searle (novela)
Intérpretes: Helen Mirren, Ian McKellan, Russell Tovey, Jim Carter

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