sábado, 23 de noviembre de 2019

Frozen II (2019)

Son muchas las cosas que se puede valorar en una película de animación respecto a una película "normal". La animación en un mundo en sí mismo que aporta valores tanto de lo puramente expresivo cinematográfico como de los avances tecnológicos que aporta en cada ocasión.
Frozen II (Chris Buck y Jennifer Lee 2019) repite reparto y guión y dirección. No ha habido que esperar tanto tiempo para una segunda parte como para Los Increíbles, por ejemplo, porque la primera parte se estrenó en 2013, lo que en términos de animación no es mucho. Seis años de aprovechamiento para preparar la llegada de esta segunda parte. Cuando se estrenó Frozen, creo que todo el mundo estuvo de acuerdo en que se trataba de un "clásico" instantáneo, producido además en una época de oro de la animación por cantidad, variedad y calidad. 
La tecnología ha dado un gran salto desde el dibujo animado y del stop-motion, donde se mantuvo durante décadas, a la animación por ordenador, un mundo que abrió Toy Story (1995). Entre otras (dejando de lado la animación japonesa), hemos podido ver películas como Ratatoutille (2007), Zootrópolis (2016) o la ya mencionada, Los Increíbles (2004). Cada una de estas películas, junto a otras, han ido aportando nuevas posibilidades técnicas y artísticas diluyendo las fronteras entre las películas de animación y la "reales", de las que es importante decir que han diluido también muchas fronteras al convertir en "realistas" cosas que solo eran posibles en la animación. Los ejemplos de la Marvel son suficientemente claros en este sentido. Hoy tenemos un continuo que va desde el documental realista a lo que la fantasía pueda o quiera soñar. En términos pictóricos, significa que podemos ir de Antonio López a Miró, pasando por el surrealismo como punto medio entre realidad y fantasía. Hoy todo es posible en términos de cine, del sueño a la pantalla.


Cuando asistimos a una película como Frozen II (o Los Increíbles II) nos fijamos en la historia que nos cuenta, en cómo nos la cuentan y en cómo se han ampliado las formas de contarla respecto a las anteriores.
Pero hay un cuarto elemento que en este tipo de cine es importante y no se suele tener en cuenta, centrados en el filme. La sala a la que asistí estaba llena de familias, de niñas (algunas vestidas de princesas) y niños ansiosos por ver una película que representa algo importante para ellos. Al fin y al cabo, es una película para ellos, por lo que hacer sesudas reflexiones está muy bien, pero no es lo mismo. Cuando veía a las niñas vestidas de princesas esperando nerviosas para entrar, intento meterme en esa mente, pero es difícil de conseguir. Puedo intentarlo, como escucho al niño que llora cuando Olav desaparece deshecho en copos. Nos olvidamos de todo esto porque somos demasiado expertos espectadores, curtidos en risas y lágrimas. Pero, como se pedía en el siglo XVIII, no hay que negar las lágrimas a los héroes, porque eso es abundancia de corazón. 
Los niños viven Frozen II como una experiencia continuada respecto a Frozen, que sigue siendo algo importante para ellos. Lo que para nosotros es una película pasada, para ellos es actual, vista una y mil veces. Es como para las niñas del traje, una segunda piel con la que disfrutar la fantasía que la película aporta. Nosotros estamos lejos y miramos con cierta nostalgia la pérdida de esa forma de mirar, leer o escuchar, que es vivir.
Frozen II tiene una historia que se sigue bien y acorde con los tiempos de cambios climáticos y pérdida de la naturaleza. Los espíritus de la tierra tienen protagonismo frente a otros filmes como Los Increíbles o Ratatouille, que son quizá más adultas. La historia juega con la baza cómica de Olav y del propio Sven. Las chicas son adultas, solidarias y preocupadas por el mundo, como lo eran en la película anterior. Ellos se preocupan por ellas y les siguen y confían, dispuestos cuando es necesario.


La naturaleza de las relaciones lleva a que Sven y Olav tengan dos divertidos números musicales cómicos. La película ha ahondado en la faceta musical. No entro en la calidad de los números en sí, sino en el carácter teatralizado de los números musicales. De alguna forma, los números musicales se separan de la acción en sí y crean su propio espacio y tiempo, el de la canción, en el que se modifican, por ejemplo, las condiciones de la iluminación, como si se tratará de un escenario. Me imagino que este carácter tiene mucho que ver con lo que serán las futuras representaciones musicales en el teatro.
Hoy las películas ya tienen fijado su destino posterior en los escenarios, tal como antes había novelas que se escribían pensando en el cine. No es achacable a Disney, otros lo han hecho y no solo en el cine de animación. Se trata de explotar al máximo la vida del "proyecto" del que la película es solo una parte, la que sirve de introducción a otros espectáculos, de ballets sobre hielo a musicales en los escenarios de las capitales del mundo. El "Disney on Ice: Frozen" ha sido un espectáculo que ha recorrido el mundo y probablemente ocurra lo mismo con Frozen II. Es el mundo de las empresas y de los espectáculos. Pero eso será el futuro y fuera de las pantallas.
El segundo aspecto de Frozen II es su aspecto cinematográfico. La realización de Frozen II avanza en el sentido antes dicho y de forma espectacular. La forma de colocación de las cámaras (contrapicados, por ejemplo) no son frecuentes y muestran la ampliación de posibilidades que la técnica de la animación permite con unos entornos absolutamente realistas, especialmente los paisajes de los bosques, que se nos muestran reales (ya lo hacían en Brave). Pudimos comprobar esta libertad de movimientos en el que se lanzó a hacerlo, Brad Bird en Los increíbles 2, en donde el espacio ya se ajustaba a las características de las ópticas utilizadas en espacios reales. Se acabaron los espacios planos, los fondos estáticos. El ojo sigue a los personajes en un entorno que no se diferencia de los reales en su aspecto físico. Se juega con las distancias focales como lo haría un director de fotografía en cualquier película rodada al natural.


Un tercer aspecto en la animación es la interpretación, aquí entendida como la capacidad gestual de transmitir información, de ajustar la relación entre las palabras y el movimiento. En Frozen II, los personajes se expresan con la totalidad del cuerpo, son capaces de "escuchar", es decir, de reaccionar de forma legible para el espectador ante lo que escuchan. Un ejemplo de esto es el del oficial Mattias, cuya voz original la pone Sterling K. Brown. Se ha tratado al personaje, un secundario, con el mismo nivel en la escucha que en el habla; esto quiere decir, que nunca está quieto, sino que está respondiendo con ligeros movimientos del cuerpo, gestos de atención o hasta con el parpadeo. Eso supone un enorme esfuerzo (y probablemente amor) para quien se encarga de la animación de ese personaje, que busca en él la máxima expresividad.
Por supuesto, los personajes protagonistas están cuidados al máximo, hasta el más mínimo detalle. Podemos fijarnos en el momento en el que las dos hermanas se toman las manos y comprobamos la naturalidad y afecto que se transmiten entre ellas y que se trata que los espectadores perciban como una totalidad. Cosas que por verlas tan naturales nos parecen sencillas, son el fruto de la atención cuidadosa de los que intervienen en la creación del cine de animación.


Creo que Frozen II asegura un buen rato a los aficionados a la animación (yo lo soy) y a los que se dejan llevar por una historia sencilla, bien realizada por dos especialistas, como son Chris Buck y Jennifer Lee, crecidos cinematográficamente en el proyecto Frozen
El público infantil, el verdadero destinatario del filme, sale encantado de la sala habiendo liberado sus sueños. Esa es su suerte. Los que querían otra película, tendrán que hacérsela ellos.
J.A.



Frozen II (2019)    
Directores: Chris Buck y Jennifer Lee
Guionistas: Jennifer Lee (guión). Jennifer Lee, Chris Buck, Marc Smith Kristen, Anderson-Lopez y Robert Lopez (historia)
Intérpretes (voces versión original): Kristen Bell, Idina Menzel, Josh Gad, Santino Fontana, Jonathan Groff, Sterling K. Brown, Alan Tudyk, Evan Rachel Wood, Alfred Molina, Martha Plimpton, Jason Ritter, Rachel Matthews

viernes, 15 de noviembre de 2019

Le Mans '66 (2019)

El hombre, la máquina, el sistema
No soy aficionado a las películas de carreras, quizá a La carrera del siglo (Blake Edwards 1965), rodada un año antes del momento en que esta Le Mans '66 en su título español y con título original Ford vs Ferrari tiene lugar. Esto dice del planteamiento publicitario en estos tiempos de confrontaciones y nacionalismos populistas. Pese a todo, creo que es meramente circunstancial, lo más superficial de la película. Hay una lucha más fuerte que la que se da entre Ferrari y Ford, dos empresas y sus países. Es la que afecta a las personas y a los sistemas.
La película está magníficamente dirigida por James Mangold, un director con buenos títulos en su historial, como Logan (2017), Inocencia interrumpida (1999), Cop Land (1997) o la biografía de Johnny Cash, En la cuerda floja (2005). Las películas anteriores son muy distintas, pero todas ellas tienen sentido dramático y buen ritmo. Le Mans '66 tiene las virtudes que Mangold ha ido mostrando cuando le han dejado en estos años de carrera.
La película funciona como una máquina perfectamente engrasada, con los segundos contados. Dura dos horas treinta minutos y nos trasladamos a Le Mans exactamente tras una hora y cuarenta y cinco minutos. Los 45 minutos finales son los que cubren la carrera y el epílogo. La primera parte ha sido una meticulosa preparación del duelo final que se decide a varias bandas.
Pese a ser una película con personajes históricos, es decir, reales, con sus acontecimientos conocidos, lo importante es que la película avance con su propia dinámica, arrastrándonos a través de los nudos narrativos, proponiendo su retos y alcanzando sus desenlaces propios. En eso la película cumple a la perfección, a lo que ayudan el sólido guión y el preciso montaje tanto de las secuencias unas con otras (los engarces de la historia), como el de los planos dentro de cada secuencia (el desarrollo visual).
Pero cualquier obra que se queda solo en lo que se ve, queda coja. La obra de Mangold, guionista, escritor o ambas cosas de algunas de sus mejores películas, es una gran metáfora americana, la del espíritu indomable, la del individualista, frente al sistema. Y el sistema en este caso es nada menos que uno de los símbolos nacionales, el automóvil. La sutileza es que en este caso hay que distinguir entre el Ford y la Ford, entre la máquina y la empresa, entre el objeto creado por personas que dejan lo mejor de sí y la maraña de burócratas y advenedizos ambiciosos, carentes de genio, intrigantes, que forman las compañías. El genio inicial de Henry Ford se ha perdido por el camino en la poderosa industria que hace dinero y más dinero, en manos de Henry Ford II. Pero, como se nos recuerda expresamente en la película, Henry Ford II no es Henry Ford. Solo está al frente de una compañía.


Que las historias se repitan no tiene nada de particular. Algunos teóricos sostienen que el número de tramas posibles está fijado, pero que se pueden contar de muchas maneras. Esta historia la hemos visto en manos de directores, por no salir de los Ford, como un John Ford entre otros muchos. Son las historias en las que los bancos ganan siempre y los perdedores se alejan melancólicos para perderse en el desierto o son llorados por sus sencillos camaradas de armas. Son historias melancólicas de perdedores que no se lo merecen y ganadores que tampoco, mostrando así que lo importante no es ganar sino la dignidad con que se vive la vida. En términos de la película, la "vuelta perfecta", el momento en el que el hombre y la máquina, su creación, se hacen uno.
Son dos horas y media de película en la que se va tejiendo una historia humana con todas las facetas que se muestran en un mundo de tiburones. Es la distancia entre el mono azul de mecánico y la manos de grasa y los caros trajes oscuros en los cómodos despachos. Unos comen un bocadillo en los boxes, mientras otros son recogidos en helicóptero para llevarlos a cenar a un restaurante. El mundo se divide en dos y los que quedan en medio intentando resolver lo irreconciliable.
Los actores están magníficos, tanto los protagonistas,  como los personajes de segundo nivel y los secundarios que forman los equipos de unos y otros.
Los dos principales papeles —las buenas películas americanas tratan de la amistad, de la camaradería y sus altibajos— están encomendados a Matt Damon, como Carroll Shelby, y a Christian Bale, en el papel del piloto Ken Miles, un mito de la conducción deportiva. Caitriona Balfe está magnífica como Mollie Miles, con dos escenas estupendas, la del coche que conduce con Bale, y su llegada al hangar durante la carrera que se está radiando. El joven Noah Jupe cumple su papel de mirada admirada sobre su padre, Ken Miles, usándolo como percepción exterior en muchos momentos del drama.


Vemos a Jon Bernthal en un papel con un tono poco usual, interpretando con gran convencimiento a Lee Iacocca. Es el contrapunto a un Josh Lucas al que vemos en su despreciable papel de Leo Beebe, el trepa sobre el que recaen todas las iras de dioses y espectadores. Le está bien empleado el peinado, por perverso ¿o quizá es al revés? Tracy Letts está magnífico en su papel de Henry Ford II, una roca de confianza poderosa, todo ello como preparación de su secuencia a bordo de uno de los coches de carreras. Estupenda secuencia.
Entre el resto de los actores, especial mención mereces el veterano Ray McKinnon, presencia discreta, constante y eficaz a lo largo de casi toda la película, uno de esos personajes que parecen no tener definición, pero cuya presencia es esencial en las tramas y pantallas. Perfecto en su papel de Phil Remington.
La película tiene una estética que nos lleva a través de la planificación y el color a los años 60. En este sentido, la ambientación es solo una parte. Hay una voluntad estilística, sobre todo en la primera parte, de esa conexión con los filmes característicos de la pasión por las grandes carreras de la década de los 60.
Una mención especial la merece la música. Se trabaja con dos formas distintas, la ambiental, que nos crea un cierto ritmo y situación, pero hay secuencias en las que la música tiene una función. Escuchen el contrabajo que suena y cómo suena en la secuencia en la que los enviados a Italia le llevan a Henry Ford II la respuesta de Ferrari. La música es una de las mejores piezas de esta catedral que es la película, con sus arquitectos y constructores, levantada pieza a pieza hasta dotarla de una personalidad propia.


Son dos horas y media de película que se pueden disfrutar por aquellos a los que nos les gustan los coches o no tienen carnet de conducir, como es mi caso. La virtud de una buena película sobre carreras de coches es que no te acaben importando los coches sino quienes los pilotan. En realidad ese es el drama central de las películas, las diferencias de temperamentos entre quienes construyen los coches y los pilotan y quienes los venden. Esa diferencia llega incluso hasta a quienes los compran, llamados por la fama y el prestigio que otros alcanzan, pero incapaces de relacionarse con ellos "hasta hacerse uno en el espacio y el tiempo".
J.A.


Le Mans '66 (Ford vs Ferrari 2019)
Director: James Mangold
Guionistas: Jez Butterworth, John-Henry Butterworth y Jason Keller
Intérpretes: Caitriona Balfe, Christian Bale, Matt Damon, Jon Bernthal, Noah Jupe, Josh Lucas, Ray McKinnon, JJ Feild, Jenelle McKee, Wyatt Nash, Tracy Letts, Adam Mayfield

viernes, 8 de noviembre de 2019

Terminator: Destino oscuro (2019)


Las películas de Terminator tienen una estructura básica: un robot llegado del futuro te persigue y te intenta matar; alguien trata de evitarlo. Las variables son pocas y se refieren unas al modelo de terminator enviado y otras a quien trata de evitarlo. Pero las piezas están fijadas: la película es una persecución.
Dicho esto, Terminator: Destino oscuro (Terminator: Dark Fate), la nueva entrega, saca todo el provecho posible a lo poco que nos quedaba de innovación y ofrece otras cosas que anteriormente no hemos tenido. La película es honesta con su pasado y cierra el futuro al menos al terminator original, el encarnado por Arnold Schwarzenegger, aunque con estas cosas del tiempo y de los efectos especiales, nunca se sabe.
Fui a ver la película condicionado por los titulares de algunas críticas que había visto. Salí satisfecho de una estupenda película de acción que recupera algo perdido por muchas otras: el montaje, el lenguaje cinematográfico básico. Quizá sea junto a la interpretación de la colombiana Natalia Reyes, lo mejor de una película que consigue que la acción te lleve de escena en escena hasta el final.
El responsable de la película es prácticamente un novato en la dirección, con una estimada dirección anterior, la película Deadpool. Hasta ese momento, la actividad de Tim Miller ha sido variada, de diseñar títulos de crédito a efectos visuales en videojuegos. Terminator: Destino oscuro es sobre todo una película "visual" construida por un magnífico montaje que logra que el equilibrio entre la acción física y la acción dramática. Las combinaciones de planos, el encadenamiento para crear la tensión, nos deja secuencias magníficas, como las del avión o de la fuga del centro de detención, en las que destaca el ritmo dramático. El montaje es algo más que imprimir velocidad a la acción rodada. Aquí nos permite estar junto a los personajes y vivir con ellos la tensión.


Deadpool era una comedia cínica y sarcástica intensa con acción violenta. Aquí tenemos unos personajes, sobre un esquema trillado, que acaban teniendo su papel en un conjunto bien construido. No necesitan destacar con grandes parlamentos, sino hacerlo cuando deben. El guión es la historia. En esa historia se administra bien la información que nos hace entender los cambios con giros que ellos (y nosotros) vamos comprendiendo.
Un aspecto interesante es la "latinización" de la historia a través del espacio y de los personajes. Vi la película en versión original subtitulada y casi la mitad es en español, lo que nos permite ver el buen trabajo, sobre todo, de Natalia Reyes.
La voz es importante porque nos permite conocer a través de ella un fenómeno sutil: la deshumanización de Sarah Connor y la humanización, del primer terminator, el T-800, el interpretado por Schwarzenegger. Este juego dramático es una parte esencial de la película y permite crear entre ellos su propia relación  y también con los demás y da un sentido al conjunto de las películas anteriores.
Natalia Reyes es una fuerza de la naturaleza. Es una actriz capaz de transmitir la fuerza y la debilidad, el desconcierto y la determinación. Espero que esta película ayude a que le lleguen papeles dramáticos con los que podamos disfrutar su capacidad interpretativa más allá de los estereotipos con los que el cine norteamericano marca a los actores.


Esto es otra cosa que hay que agradecer a la película, lo que hemos llamado "latinización", pese a estar hecha mayormente en España y después en Budapest, la película es "argumentalmente" mejicana, reflejando el mundo de hoy. Es "No Wall" escrito en el muro que han de sortear, dice bastante, como lo dice el centro de detenciones o las actitudes de los policías de la frontera respecto a las personas. Una de las mejores escenas de la película, con algunas hermosas líneas de guión, es la secuencia del tren. No es un momento de acción; es un momento de realidad, de actualidad, en la que se integran estos personajes que luchan por salvar el futuro de la humanidad. La humanidad la estamos viendo apiñada en el techo de un tren en la noche.
Hay películas que juegan con las sorpresas y las novedades. Esta lo hace por la buena construcción fílmica, en un pulcro ejercicio de cinematográfico, una escritura plano a plano. La acción crece desde las escenas de persecuciones de automóviles hasta las espectaculares del avión con su continuidad en la presa, un largo final que seguimos sin poder dejar de mirar una pantalla.


El mundo se divide en dos, el terminator REV-9 (encarnado por Gabriel Luna), el perseguidor, y los perseguidos, para los que se han construidos lazos de amor y de odio, de esperanza y de venganza, creando los dos bloques de edad, los jóvenes, con Dani (Natalia Reyes) y Grace (Mackenzie Davis), la enviada para protegerla. No es fácil sacarle provecho a unos esquemas repetidos ya de donde solo caben "protegidos", "protectores" y "agresores", sin embargo este Terminator: Dark Fate sabe jugar con el pasado sin ser presa de él, lo aprovecha en lo que puede. Por más que la película pueda parecer simple, es muy meritorio hacer una película sólida con tan poco. Por eso el mérito es mayor y sale de la labor de los guionistas, del montador y del director, también de la capacidad de los actores de entenderlo.
No es, desde luego, un terminator rutinario que aporte tan solo los efectos especiales. Hay una voluntad de trabajo y un cariño claro a unos personajes y a una historia a la que le falta poco para alcanzar el tiempo de sus propias profecías.
J.A.


Terminator: Destino oscuro (2019)  
Director: Tim Miller
Guionistas: Billy Ray, David S. Goyer, Justin Rhodes, Josh Friedman
Intérpretes: Linda Hamilton, Arnold Schwarzenegger, Natalia Reyes, Mackenzie Davis, Gabriel Luna

domingo, 3 de noviembre de 2019

Doctor Sueño (2019)


Doctor Sueño (Mike Flanagan 2019) es una película contra un mito un tanto peculiar. Es normal que las películas de terror tengan maldiciones, pero en este caso sabemos que la maldición fue la Stephen King hacia la adaptación que Kubrick había realizado de su novela El resplandor, en 1980. Es un caso muy conocido, por lo que no es necesario que entremos en ello. Por eso choca un poco el camino elegido para este Doctor Sueño, una secuela de lo ocurrido en El resplandor.
La película ha sido dirigida, escrita y montada por Mike Flanagan, un especialista en películas de terror, ya sea para la televisión o el cine. Es indudable que el género de terror está viviendo una resurrección (nunca mejor dicho) que lo está convirtiendo en uno de los géneros más vitalistas y productivos a través de determinadas series que van de muñecas malvadas a tableros con demasiada iniciativa, como ocurre con "Ouija. El origen del mal" (2017), una de las obras previas de Flanagan.
Pero El resplandor es otra cosa. Es una película de culto de uno de los directores de culto de la historia del cine. Si Kubrick hizo "su" El resplandor frente a King, Mike Flanagan no ha podido hacer en su totalidad su Doctor Sueño frente a Kubrick, ante el que ha tenido que rendirse finalmente.


Tengo sentimientos mezclados respecto a lo que he visto en Doctor Sueño. Podemos decir que la historia comienza y acaba en lo que fue el mayor logro de Kubrick: la conversión viso-espacial del terror. En aquella película, el protagonismo lo tenía el espacio del hotel, un espacio recorrido por un niño, el hijo del enloquecido Jack Torrance, Danny que es el protagonista ya adulto de esta nueva entrega cinematográfica de S. King.
El espacio era esencial en la película, un espacio recorrido en sus laberintos de interiores (pasillos), exteriores (el jardín de los setos) y mentales (las apariciones fantasmales). La película de Flanagan busca una acción tensa, pero finalmente necesita de lo que era el sello visual de Kubrick. El valor de la película nueva es hacernos apreciar el sentido de la vieja, la realizada en 1980.
Si lo comparamos con las recientes It (2017 y 2019), ambos capítulos, veremos que igualmente, el director ha sabido crear el espacio específico para el payaso Pennywise, algo integrado en la propia historia como búsqueda de los desaparecidos. Todo nos lleva a ese espacio en el que "todo flota".


Por el contrario, en Doctor Sueño, no hay esa fijación del espacio, quizá con la excepción de la pared de la habitación de Danny Torrance, convertida en forma de comunicación. El espacio es inexistente. Los personajes se mueven de un lado a otro (tanto héroes como villanos) impidiendo la formación de algo necesario para la obra. De esta forma solo quedan las montañas y el hotel Overlook, el espacio creado por Kubrick.
Los intentos de convertir a nuevos actores en los viejos personajes (Jack Nicholson, Shelley Duvall, el propio hijo) lleva a momentos un poco "extraños", en los que debemos creernos que un actor con cejas puntiagudas es el viejo Jack Torrance con cara de Nicholson o la repetición del famoso plano del hacha con la puerta, etc. Son momentos en los que el recuerdo juega en contra de la película, que quizá se deberían haber resuelto de otra manera.


Hasta la música está vinculada al espacio. Las repetitivas notas que nos advierten del peligro cambian cuando la cámara nos muestra ya las montañas que llevan al hotel, momento en el que el director se siente poseído por el espíritu de Kubrick. 
Demasiados fantasmas y homenajes de planos que no tienen sentido más que como una rendición incondicional al genio de Kubrick. No se puede entender más que de esta forma.
Lo mejor de la película es la interpretación de Kyliegh Curran, como la joven Abra Stone, que cumple a la perfección su papel y, además, es libre de no tener que parecerse a nadie, lo que le permite ser natural en su interpretación. Ewan McGregor es un buen actor capaz de muchos papeles, entre ellos este de hijo de Jack Torrance. Rebecca Ferguson es quizá demasiado sofisticada para este papel de mala milenaria, pero no es culpa suya. Los demás proscritos de ultratumba cumplen con su diabólico cometido. El siempre eficaz Bill Curtis está bien en su papel de amigo y compañero de Ewan McGregor.
Como he dicho, este Doctor Sueño no me acaba de convencer, pero tiene el valor de servir para comprender las relaciones que se establecen entre un texto cinematográfico importante, un autor renegado y un director que se tiene que enfrentar a lo que no quería para resolver un problema.
El Hotel Overlook es demasiado poderoso. Sus imágenes quedaron prendidas en el recuerdo y por más que se tratara de un ejercicio de distanciamiento, al final la lógica de la atracción gravitacional ha hecho que la película de más masa atraiga a que tiene menos. Quizá no seamos justos al comparar dos películas de esta diferencia. Pero lo cierto es que es ella misma la que nos invita a hacerlo.
J.A.


Doctor Sueño (Doctor Sleep 2019)    
Director: Mike Flanagan
Guión: Stephen King (autor), Mike Flanagan
Intérpretes: Rebecca Ferguson, Ewan McGregor, Kyliegh Curran, Cliff Curtis, Bruce Greenwood, Emily Alyn Lind, Zahn McClarnon



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